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Opinión



Opinión



Published: Fri, 24 Nov 2017 03:28:09 GMT

Last Build Date: Fri, 24 Nov 2017 03:28:09 GMT

 



El Cupo y la estabilidad política

Fri, 24 Nov 2017 01:49:04 GMT

(image) Ahora que el Cupo vasco ha sido aprobado de forma definitiva en el Congreso y que el clima de inseguridad que sufre Cataluña se está atenuando gracias a la activación del artículo 155 de la Constitución, es el momento de que el PNV deje a un lado el tactismo electoralista y regrese a la senda de la sensatez y la responsabilidad para garantizar la estabilidad política en España, tal y como se comprometió con el Gobierno el pasado verano. El Congreso otorgó ayer luz verde a la modificación del Concierto económico vasco y al nuevo cálculo del Cupo para el quinquenio 2017-2021, fijado en 1.300 millones de euros al año, tras recabar el apoyo de casi todos los grupos parlamentarios, a excepción de Ciudadanos y Compromís, que votaron en contra, y EH Bildu, que se abstuvo. La aprobación del Cupo no solo responde al cumplimiento de un precepto constitucional, cuya renovación se produce cada cinco años desde 1981, sino que, en este caso, llega con retraso, puesto que la última negociación tuvo lugar en 2007. La recuperación económica y la necesidad de pactar los Presupuestos Generales del Estado para 2017 permitieron impulsar una renovación del cupo que llevaba años estancada. Sin embargo, la seriedad y rectitud que ha mostrado el Gobierno a la hora de cumplir los términos del acuerdo alcanzado con el PNV contrasta con los vaivenes que han protagonizado los nacionalistas en los últimos meses, ya que no dudaron en tomar como excusa la afrenta independentista que tuvo lugar en Cataluña para intentar sacar un mayor rédito, tanto a nivel político como económico, de la negociación presupuestaria de cara a 2018. El PNV debe abandonar su egocentrismo y satisfacer su compromiso de defender la estabilidad institucional en estos tiempos tan convulsos.



Pedro Sánchez, el error de vetar a Inés Arrimadas

Fri, 24 Nov 2017 01:45:43 GMT

(image) El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, avanzó ayer que si una hipotética investidura de la candidata de Ciudadanos en Cataluña depende de los votos que pueda proporcionarle el PSC, Inés Arrimadas no será proclamada presidenta de la Generalitat. Sánchez hizo hincapié en que el PSC no servirá de muleta para un hipotético Gobierno de ERC, pero tampoco lo será para Ciudadanos, al que identificó como un partido de derechas que se ha convertido en la «media naranja» del PP. De nuevo el socialismo se instala en esa ambigüedad que le ha llevado a convertirse en una formación carente de influencia en el Parlamento de Cataluña. A priori, las expectativas electorales del PSC son más favorables que en los anteriores comicios, pero también lo es que esos mismos pronósticos apuntan a un crecimiento de Ciudadanos, reforzando su posición como segunda fuerza más votada en Cataluña. Dada la fragmentación política y la ausencia de listas unitarias del separatismo, las alianzas para la formación de un Gobierno estable serán imprescindibles. Semanas atrás, Sánchez dio un ejemplo de lealtad institucional apoyando al Ejecutivo de Rajoy en la aplicación del artículo 155 de la Constitución para restaurar el orden allí donde los secesionistas lo habían fulminado. Es un error de Sánchez y de Miquel Iceta rechazar de plano su apoyo a un Gobierno de constitucionalistas en esa autonomía si la aritmética parlamentaria lo permitiese. De hecho existe la posibilidad de que el PSC se convierta en la bisagra real para la conformación de un Gobierno soberanista o, por el contrario, de convertirse en el cemento aglutinador de un Ejecutivo constitucionalista que cambiase el devenir de la historia reciente en Cataluña. Es indudable que por más que ERC o la candidatura liderada desde Bélgica por el huido Carles Puigdemont anuncien ahora que rechazan la vía unilateral como opción de declarar la independencia en el futuro, sus múltiples trampas los han convertido en partidos no fiables y peligrosos para la convivencia. La fractura social y la masiva fuga de empresas de Cataluña así lo atestiguan. Por eso, la apuesta del PSC, si se produjera una mayoría constitucionalista suficiente, nunca debería ser el bloqueo institucional táctico en busca de una repetición de elecciones. Es legítimo no querer «contaminarse» a izquierda y derecha en aras de recuperar un espacio propio que el PSC perdió hace tiempo. Pero vetar pactos con Ciudadanos y con el PP es tanto como renunciar a la política de Estado que está permitiendo a Sánchez desmarcarse de Podemos y de los múltiples errores, y de aparecer ante la opinión pública como un hombre de Estado. Las promesas se demuestran con hechos. Su aval al 155 es un hecho. Pero si llegado el momento, y por mero oportunismo, el PSC frustra una Generalitat constitucionalista, su gesto será imperdonable.



Un creyente

Thu, 23 Nov 2017 20:02:31 GMT

PASADOS más de veinte años, ¿cerrará la condena de Ratko Mladic, finalmente, la tragedia de lo que fuera un día Yugoslavia y es hoy nada? Poca esperanza cabe de eso. Nada extingue las heridas del pasado. Y la doctrina de los primeros Padres de la Iglesia, que defendían cómo ni siquiera Dios podía hacer que lo que fue no haya sido, cobra toda su hondura en los pasajes trágicos de la historia de los hombres. Y en los abominables. En los abominables, sobre todo. Lo hecho, hecho queda eternamente; nada puede redimir el mal sembrado. En 1981 moría Josip Broz, al cual todos conocemos por su nombre de clandestino: Tito. Y Yugoslavia entraba en la agonía que habría de durar un decenio y medio. Tito había sido uno de los personajes más extraños del atormentado siglo XX europeo. Formado en la implacable escuela estaliniana de la Komintern, había velado armas en la guerra de España. Y fue más tarde el único dirigente comunista que logró alzar en su país una fuerza guerrillera capaz de dar batalla al ejército alemán y de vencerlo. Fue, de inmediato, en 1948, el único dirigente comunista que logró enfrentarse a Stalin y mantenerlo a raya: a él y a sus sucesores. Fue –y es lo más prodigioso– el gobernante que logró el milagro de mantener unido a un país imposible. A lo largo de cuatro decenios. ¿Era lo suyo una dictadura? Lo era. Pero no comparable a la de sus vecinos del imperio soviético. Las fronteras de Yugoslavia estaban abiertas a los viajeros occidentales. Y, desde 1968, los ciudadanos yugoslavos podían viajar al exterior sin mayor problema. Algo que fue impensable en el resto del Este hasta 1989. A inicio de los noventa y caído el muro, todos pensábamos en Yugoslavia como la nación mejor preparada de la zona para adaptarse al modelo europeo. Fue un espejismo. La semilla del odio estaba viva. Y esa semilla tenía un origen histórico atroz: las matanzas perpetradas, durante la ocupación alemana, por los nazis croatas de la Ustacha contra la población serbia. Apenas Tito muerto, las piezas del mosaico yugoslavo saltaron. Y bastó el error fatal de Alemania y del Vaticano, al propiciar la independencia de la católica Croacia, para que el rencor mutase en guerra. De exterminio. Quienes una semanas antes de aquel trágico 1991 eran cordiales vecinos, se transformaron en verdugos. Como siempre que el rencor impera, como siempre en los nacionalismos, quedó abolido el tiempo. Y todos retornaron a la carnicería en el punto en el que la interrumpió la derrota alemana de 1945. Ratko Mladic es un producto paradigmático del odio fósil propio a los creyentes de esa religión homicida llamada nacionalismo. Su padre había sido asesinado por la Ustacha cuando él tenía dos años. Entró muy joven en el ejército. E hizo de la mística nacionalista su única fe y el único sentido de su vida. Cuando Eslovenia primero, luego Croacia y Bosnia-Herzegovina, rompieron la unidad que él juzgaba sagrada, Mladic fue el ángel exterminador para quien nunca existieron límites. Ni en Sarajevo ni en Srebrenica. La condena de ayer se limita a alzar acta de lo sabido: diez mil civiles en la primera, más de ocho mil en la segunda, fueron ejecutados por el entonces jefe máximo del ejército serbio. El mayor genocidio sobre suelo europeo desde la segunda guerra mundial. Mladic es hoy un hombre viejo y roto. No sobrevivirá, con seguridad, mucho en su prisión perpetua. Pero, ¿va a cerrar su muerte la tragedia de ese desbarajuste que fue un día Yugoslavia? No soñemos imposibles.



Manson en España

Thu, 23 Nov 2017 20:02:26 GMT

EN el verano californiano de 1969, Charlie Manson liquidó en dos noches la inocencia del sueño hippy, al ordenar a sus adoradores una masacre a navajazos. Hijo de una madre soltera muy pobre y de solo 16 años, su carácter complicado asomó rápido y pronto se convirtió en un delincuente juvenil. El ratero era en realidad un psicópata. En 1968 cautivó a media docena de veinteañeros despistados, blancos de clase media, y los arrastró a un festival psicotrópico y sexual que pronto derivaría en violencia. Se movían en el efervescente ambiente contracultural de Los Ángeles y hasta vivieron una temporada en la villa de otro bala, el batería de los Beach Boys, Dennis Wilson, quien moriría ahogado entre las olas de Marina del Rey con solo 39 años (por cierto, me atrevo a recomendar su único y formidable disco, «Pacific Ocean Blue»). En agosto del 69, Manson lanzó a sus fieles a matar. Entraron en la casa de Roman Polanski en Bel-Air y acuchillaron hasta la muerte a cinco personas. Una de ellas era la actriz Sharon Tate, la mujer del cineasta, embarazada de ocho meses y de 26 años. Embadurnaron las paredes con pintadas a sangre, con títulos de canciones de The Beatles. Al día siguiente entraron en otra mansión y acabaron con un matrimonio. Manson señalaba los objetivos y ataba a las víctimas, pero no ejecutó personalmente las matanzas. Los detuvieron enseguida y él fue condenado a muerte. Una suspensión temporal de la pena capital lo salvó de la silla eléctrica y le conmutaron el castigo por una cadena perpetua. Nunca volvió a pisar la calle. El domingo pasado murió a los 83 años en un hospital carcelario, tras 48 años en prisión. Así funcionan las cosas en la gran democracia americana. Ian Brady era un inglés pálido, un sádico con cara de pez frío, que a mediados de los sesenta violó y mató a seis niños en los páramos de las afueras de Mánchester. Fue condenado a cadena perpetua por sus crudelísimos crímenes. Nunca volvió a pisar la calle, a pesar de que recurrió a huelgas de hambre reiteradas y dio constantes muestras de locura. Murió en mayo en un hospital carcelario, a los 79 años. Así funciona la gran democracia inglesa. Javier Estrada vivía en La Coruña con su pareja y unos mellizos de una relación anterior de ella, dos niños de diez años. Estrada, un treintañero, quedó un día a cargo de los niños. Les puso a jugar con unos relojes, pero uno de ellos tiró uno al suelo. El hombre lo mató a golpes. A continuación hizo lo mismo con su hermano, atacándolo con un sillín de bicicleta. Se entregó sin mostrar remordimiento alguno. Explicó que había tenido «un mal día», que había dormido poco y estaba nervioso. Lo condenaron a 40 años de cárcel. Cuando llevaba cinco, la Audiencia Provincial redujo su pena a 20 (diez años de reclusión por niño asesinado a golpes). En la cárcel se porta muy bien, hasta cultiva la jardinería. Se cree que en cinco años empezará a disfrutar de sus primeros permisos por la calle. Me considero un tipo normal, nada amigo de los extremismos. Pero me resulta muy claro qué países imparten justicia y cuál arrastra un sistema penal absurdo.



Las joyitas de la monja Caram

Thu, 23 Nov 2017 12:51:23 GMT

(image) La crisis económica y el independentismo catalán, tan íntima y oscuramente unidos, han parido ejemplares que uno descambiaría si pudiera. Ahí está Pablo Iglesias, un profesor universitario que no hubiera pasado de pegar pasquines en el hall de la Facultad de Políticas de Somosaguas si la recesión no hubiera activado la pulsión destructiva que todos llevamos dentro. Él solito se ha encargado luego de malbaratar ese respaldo social poniéndose al lado de unos golpistas en Cataluña y puede que termine de nuevo con pasquines 3.0 en el campus de la Complutense. Pero en esa nómina de productos de temporada brillan con luz propia Gabriel Rufián, Anna Gabriel, Ada Colau, y yo tengo especial debilidad por Lucía Caram, la monja menos piadosa que conozco, que emplea el tiempo que debería dedicar a los comedores sociales a ofender, menospreciar y humillar con su venenosa lengua a cuantos no comulgan con ella, políticamente hablando, claro. La conocí en las tertulias que funcionaron como ventiladores de rencor contra Rajoy durante la crisis económica, donde crecieron mediáticamente monumentos a la inteligencia como Ramón Espinar, Juan Carlos Monedero o sor Lucía, que contaba sus intervenciones por ataques crudelísimos contra todos aquellos que no militaran en Podemos, sus satélites sociales o el independentismo catalán. Recuerdo haber discutido agriamente con ella por llamar genocida, delincuente o dictador sanguinario a dirigentes democráticos. No hablaba de Hitler, Stalin o Idi Amín, sino de políticos españoles que, mal o bien, dirigían nuestro país o aspiraban a hacerlo. Háganse cargo del shock que sentí la primera vez que tuve que recordarle a una evangelizadora de la palabra de Dios qué significa la caridad cristiana y cuán lejos estaba su verbo de esa virtud teologal. Convertida en una estrella, esta monja argentina a la que el mismísimo obispo de Vic tuvo que reconvenir porque sostuvo en un programa de televisión –dónde iba a ser si no– que María no era virgen y mantuvo sexo con su esposo José, ha entregado su vida a algo tan propio de una dominica contemplativa como el delirio de los Puigdemont y Junqueras y atiza a todo el que se mueve en las redes sociales, lo que le ha granjeado algún tímido tirón de orejas del Vaticano. Pero ella erre que erre defendiendo una ideología xenófoba, excluyente y antisolidaria. Lo que alguien tendrá que explicar es por qué una empresa tan seria como la joyería Tous, que se afana en los últimos meses por proclamar su respeto a los españoles y a su Constitución para evitar el indeseable –yo así lo creo– boicot a sus productos, había elegido a una joyita como Caram para trastear en su fundación y elegir de paso a los miembros de su Patronato, como si el hábito otorgara poderes de caza talentos. Ahora la familia de joyeros ha tenido que prescindir de los indefendibles fichajes de la monja, la mujer de Mas y Pilar Rahola. Pero que los Tous no se equivoquen: la auténtica joya de la "República" es la monja contemplativa.



Un privilegio invotable

Thu, 23 Nov 2017 11:36:29 GMT

(image) Hacen bien Ciudadanos y Compromís negándose a votar el cupo vasco. Cualquier otra posición resultaría incoherente con lo que ambas formaciones defienden. Y si bien la incoherencia es la manera habitual de estar en política hoy en día, parece lógico y aún encomiable que no todos los actores de nuestro escenario patrio se presten a representar la farsa. El cupo vasco, cantidad que dicha comunidad autónoma abona al Estado español por los servicios no transferidos que éste presta en dicha región, es tan constitucional como injusto, insolidario, injustificable en términos fiscales e impropio de un país miembro de la Unión Europea. Lo es en el importe del cheque en cuestión tanto como en el sistema que hace posible su existencia. Porque deriva de un «concierto», rescatado de los fueros medievales vigentes en buena parte de España y progresivamente eliminados, cuya inclusión en la Carta Magna para las comunidades vasca y navarra se debió exclusivamente a la necesidad de atraer al nacionalismo mal llamado «moderado» al bando constitucional, en pleno azote de terrorismo etarra. O sea, a un chantaje, uno de tantos, perpetrado en ese tiempo en el que unos sacudían el árbol y otros recogían las nueces. ETA ya no mata, pero el cupo sigue ahí, en forma de privilegio cada vez más ventajoso para sus beneficiarios. Este año, de hecho, les sale a devolver. ¡Fíjense ustedes qué pedazo de ganga! Tras dos lustros de negociación infructuosa, la mayoría insuficiente del PP ha proporcionado a los de Urkullu una baza ganadora en la disputa por esta bicoca. Sus cinco diputados resultan cruciales para la aprobación de los presupuestos generales, lo que convierte en perfectamente legítimo lo que hasta ayer era inaceptable: rebajar en 540 millones de euros la cantidad a abonar por las haciendas forales a la estatal en 2017 y obligar a esta última a transferirles 1.400 millones en concepto de «atrasos» o «desajustes» acumulados durante la última década. A resultas de lo cual los residentes en el País Vasco seguirán disfrutando de una financiación enormemente más generosa que la del común de los españoles (4.100 euros per cápita frente a los poco más de 2.000 a que somos acreedores los demás), pagando menos impuestos, gozando de sueldos más altos en el sector público y recibiendo mejores servicios en sanidad, educación, etcétera. ¿Cómo casar ese chollo con la igualdad y solidaridad consagradas en la Constitución? El sistema de concierto y de cupo deriva de un criterio político antaño apaciguador, hoy pragmático hasta el cinismo. De la voluntad de comprar una lealtad tan falsa como oportunista a costa de perjudicar al conjunto de la población. ¿Por qué ha de tener ventajas sustanciales un bilbaíno con respecto a un valenciano o un ovetense? ¿En base a qué razonamiento mínimamente democrático puede justificarse semejante agravio? Figurando Navarra y Euskadi entre las comunidades más ricas de España, ¿cómo explicar que no solo no contribuyan al sostenimiento de las más pobres, siguiendo el ejemplo de Madrid, Cataluña o Baleares, sino que reciban del fondo común más de lo que aportan? Cuando el Ejecutivo catalán, acogiéndose al precedente, demanda un trato similar, se le deniega, alegando que las costuras fiscales del país no soportarían un mordisco así dado el peso de Cataluña en el PIB nacional. Argumento tan veraz como carente de legitimidad, si damos algún valor a los principios más allá de las cantidades. Si creemos en la igualdad de derechos y obligaciones como un pilar democrático fundamental. Hacen bien Ciudadanos y Compromís negándose a votar este privilegio invotable. Alguien tiene que plantarse ante el abuso de la minoría insolidaria.



Técnica de un golpe de Estado

Thu, 23 Nov 2017 09:48:56 GMT

(image) El gran relato sobre la trama de la rebelión secesionista lo ha escrito la jueza Carmen Lamela en su informe al Tribunal Supremo. En sólo veinte folios bien documentados, la magistrada de la Audiencia explica lo que Curzio Malaparte llamaría la técnica de un golpe de o contra el Estado. Una organización ramificada, «compleja y heterogénea», unida en el propósito de la secesión con una precisa coordinación interna. Un ajustado reparto de papeles diseñado con minuciosa sincronización de la estrategia. Un «concurso de voluntades» aglutinadas para cumplir la estricta planificación del designio unilateral de la independencia. Es la existencia de ese plan articulado la que aconseja unificar en un solo tribunal la investigación, según el criterio de la jueza que ha mandado a prisión a los Jordis y a Oriol Junqueras. Porque de su análisis documental se desprende una actuación combinada de numerosos elementos concomitantes al servicio de una finalidad idéntica. Lo que describe es una conspiración de ruptura institucional, una revolución coral proyectada para su ejecución acompasada como la partitura de una orquesta. Sólo desde esa perspectiva de conjunto puede entenderse la estructura de una empresa que cometió, a juicio de Lamela, diversos delitos concurrentes: sedición, malversación de caudales públicos, prevaricación y desobediencia. La atribución de papeles resulta esencial en el desarrollo del proceso. Los líderes de la Generalitat y del Parlamento como autores intelectuales del proyecto, creadores de una legalidad paralela, ejecutores administrativos y proveedores del dinero. Las asociaciones civiles, ANC y Omnium, como agentes de desestabilización social encargados de la agitación de masas, de las redes de propaganda y de la extensión de un clima de rechazo antiespañol para favorecer el levantamiento. Y los Mozos de Escuadra como factor de intimidación, espionaje (sic) a las fuerzas de seguridad nacionales y protección del referéndum; 17.000 efectivos armados actuando con la disciplina de un ejército. Cada brazo de la trama con sus jefes: Puigdemont, Forcadell, Junqueras, los consejeros de su Gobierno, los dos Jordis y el mayor Trapero. Ése es el plano de la insurrección, el guión del motín y la nomenclatura del movimiento. La prosa judicial detalla la hoja de ruta de las leyes inconstitucionales, la consulta ilegal, la asonada callejera y la declaración parlamentaria que proclamaba la república y el Estado nuevo. La clave de comprensión es la de que los presuntos quebrantamientos de la ley obedecían a un objetivo común y formaban parte de un sistema conexo; de ahí que la instructora solicita que sea una sola instancia la que entienda sobre ellos. Veinte folios de descripción de situaciones y hechos más otros nueve de antecedentes investigativos y relación de documentos. Ahí está todo: la revuelta de octubre contada para escépticos.



La próxima estación del nacionalismo

Thu, 23 Nov 2017 04:22:42 GMT

Uno de los mayores errores que se cometen a la hora de abordar los sucesivos desafíos del movimiento nacionalista desde el arranque de nuestra democracia se fundamenta en nuestra capacidad infinita de abrazarnos siempre al escenario más cómodo, al que arrastrados por nuestra comodidad deseamos que se produzca, en definitiva, al que más nos conviene. Esta elección del escenario más favorable a la hora de definir el siguiente jalón del movimiento nacionalista, confirma la actual prevalencia de la mentira sobre la verdad, de la que siempre tratamos de huir como si de la peste se tratara, consecuencia de una sociedad en la que el relativismo moral es moda dominante. Los ejemplos de esta actitud muy generalizada resultan obvios y cercanos en el tiempo: ayer derrotamos a ETA, anteayer el Plan Ibarretxe fue triturado por la democracia española y hoy hemos descabezado y ridiculizado el Plan Puigdemont. Si no cambiamos de actitud quienes por otro lado creemos profundamente en España, vamos a hacer buena la expresión: «De victoria en victoria hasta la derrota final». Da la impresión de que no queremos aceptar la naturaleza y el significado del conjunto del movimiento nacionalista, y seguimos sin comprender la expresión de las diferentes y diversas vanguardias del mismo, que se han ido manifestando sucesivamente en estos años como si de un equipo de relevos de atletismo se tratara. Hoy tenemos delante de nosotros un «procés» que se expresa en Cataluña pero que no puede ni debe aislarse de un «proceso» que se puso en marcha en España hace muchos años, y que se aceleró singularmente hace más de una década con el mal llamado «Proceso de paz», protagonizado por el Gobierno de Rodríguez Zapatero y ETA. El «procés» ni arranca solo en Cataluña ni se va a agotar en sí mismo, como los hechos posteriores confirmarán, porque es apéndice, parte y consecuencia del «proceso». No solo es la expresión del mal llamado problema catalán, como tampoco aquel Plan Ibarretxe no solo era la consecuencia del también mal llamado problema vasco. Como tampoco ETA, cuando mataba y asesinaba, era solo una organización terrorista, sino la expresión de un proyecto de ruptura de España; esa era su auténtica naturaleza. Este proyecto de ruptura en el que ETA era su vanguardia, una vez asumido y aprobado por el conjunto del nacionalismo, sin excepción, desde los acuerdos escenificados en Estella y Perpiñán, utilizando un símil montañero: instaló sucesivamente dos nuevas vanguardias, dos campamentos base para, posteriormente, conquistar la cima de la fractura de España: el Plan Iberretxe, esto es, la ruptura sin rebelión, y el «procés», esto es la ruptura con rebelión. El movimiento nacionalista es uno; no hay tres movimientos estancos, el vasco, el catalán y el gallego, entre otros. No tiene marcha atrás ya que está impulsado por la inercia de la insatisfacción y el resentimiento, por ello solo tiene una marcha adelante. El fenómeno nacionalista es en su propia naturaleza un movimiento y como tal, exige movimiento permanente, se puede admitir que arranca en un sentimiento pero culmina en un resentimiento. Del sentimiento al resentimiento a través del movimiento y en consecuencia, valga la redundancia, no hacemos frente a un sentimiento sino a un resentimiento. El movimiento nacionalista no se ha detenido, porque ni lo sabe ni lo puede hacer, ya que es contrario a su naturaleza. Por ello, lo que tenemos que preguntarnos es cuál va a ser su siguiente hito, su nuevo jalón. Pero no tengamos duda alguna, no vacilemos; la única pregunta que cabe hacerse es cuál va a ser la modalidad, el método, la forma, la estrategia, el plan, la manera en la que sus protagonistas van a poner en marcha el movimiento nacionalista una vez más. Para ello, es preciso recordar y comprender los dos hitos anteriores, lo[...]



El mayor tesoro de los españoles

Thu, 23 Nov 2017 03:34:29 GMT

(image) La lengua española representa un capital económico y una de nuestras fuentes principales de riqueza. Hoy por hoy genera el 16% del PIB, es decir, 164.000 millones de euros, sin necesidad de depender del tiempo o de las reservas naturales. Es un regalo de la historia que ya quisieran tener países como Francia o Alemania. No es de extrañar que desde la órbita del inglés, que es la lengua más dinámica del mundo contemporáneo, empiecen a mirar con interés la necesidad de aprender también español, porque reconocen que hay un mundo tanto o más interesante que el anglosajón en la lengua de Cervantes. En una sociedad globalizada, las lenguas del futuro son también aquellas que han traspasado los límites estrechos de las barreras nacionales. Además de en España, nuestra lengua se habla en América de forma predominante y en muchas otras partes del mundo. Toda la inversión que haga el Estado en su difusión, a través del Instituto Cervantes u otros medios, la recuperará con creces en el futuro, a través de una mayor presencia de España y lo español en la economía mundial, que será la clave de nuestro futuro bienestar. El problema es que, como demuestra el informe que publicamos hoy en páginas de Cultura, son los demás los que advierten esta riqueza potencial de nuestro idioma, mientras que nosotros relegamos o menospreciamos su valor. Y no se trata de recordar la obtusa política educativa en materia lingüística que practican ciertas comunidades autónomas, que arrinconan a nuestra lengua común como si fuera un estigma. También sería bueno que los principales gestores de la economía -públicos y privados- tuviesen permanentemente en cuenta los beneficios que nos procura a todos la expansión de nuestro tejido productivo y nuestra propia proyección social a través de una de las lenguas más extendidas y más pujantes del mundo.



Deuda pública, el riesgo a atajar

Thu, 23 Nov 2017 03:25:43 GMT

(image) España ha logrado importantes avances en materia económica a lo largo de los últimos años gracias a las reformas y ajustes emprendidos en la pasada legislatura, saliendo, poco a poco, del profundo atolladero de la crisis, pero todavía quedan tareas por hacer y riesgos que es necesario atajar para garantizar el mantenimiento de la recuperación a medio y largo plazo. El hecho de que la Comisión Europea otorgara ayer luz verde al plan presupuestario para 2018, que prorroga las actuales cuentas por el bloqueo político que ha generado la crisis catalana, es una señal positiva, ya que avala la política económica y financiera que está siguiendo el país. En concreto, Bruselas estima que el proyecto «cumple en términos generales» los criterios que fija el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE, a pesar de que prevé un déficit ligeramente superior al límite acordado del 2,2 por ciento del PIB, lo cual supone, sin duda, una clara señal de confianza hacia el Gobierno. No en vano, el PP ha logrado reducir el agujero fiscal del 9,6 por ciento registrado en 2011 al 3,1 con el que cerrará el presente ejercicio, a un paso de abandonar el procedimiento de déficit excesivo que imponen las autoridades comunitarias. Aunque es cierto que la incertidumbre que ha generado Cataluña puede afectar al crecimiento, los moderados y razonables cálculos que ha elaborado el Gobierno ya han previsto ese posible impacto. Prueba de ello es que la Comisión Europea estima que España crecerá un 2,5 por ciento el próximo año, frente al 2,3 que avanza el Ministerio de Economía. La prórroga de las cuentas públicas, por tanto, no truncará el ritmo de crecimiento y de reducción del déficit en caso de que no sea posible aprobar unos nuevos Presupuestos. Sin embargo, las autoridades comunitarias también alertan de ciertos problemas, como el paro y la elevada deuda pública. En cuanto al primero, Bruselas advierte del alto desempleo juvenil y de larga duración, así como de la excesiva temporalidad del mercado laboral, pero también reconoce y aplaude que el paro esté bajando «muy rápido», reconociendo así las grandes mejoras llevadas a cabo. No sucede lo mismo con la deuda pública. Mientras que familias y empresas han hecho un enorme esfuerzo para reducir su abultado nivel de endeudamiento, el sector público ha disparado la deuda hasta cotas próximas al 99 por ciento del PIB. Semejante cuantía no solo supone un alto coste en el pago de intereses y una onerosa factura para el conjunto de los contribuyentes, sino que, en última instancia, lastra el crecimiento potencial de la economía española y representa un factor de debilidad en caso de que surjan nuevas turbulencias financieras. Ahora que España está próxima a equilibrar sus cuentas, urge amortizar deuda para reforzar la solvencia del Estado.



No, por supuesto

Wed, 22 Nov 2017 17:42:42 GMT

(image) Una de las formas más seguras de fracasar en la vida es despreciar aquello que pretendes vender o defender. Nadie sale a ligar proclamando que es un tacaño de Molière, que tiende a la misantropía y que por la noche ronca como un oso pardo. Así no te jalas un rosco. Nadie vendería una gran berlina antigua, un Bentley de solera, explicándole al público que el vehículo está totalmente obsoleto: «Las puertas no cierran bien, el embrague rasca, los asientos son de muelles y te destrozan la chepa, el único airbag es el careto del conductor y el cacharro está tan anticuado que las ventanillas se bajan con manivela. Pero tal vez a usted pueda interesarle...». Por supuesto que no le va a interesar. Un vendedor normal que aspire a colocar el Bentley dirá todo lo contrario: «Este coche lleva cuarenta años en carretera y no ha dado ni un problema mecánico serio. Su línea clásica es muy armónica, ha envejecido de maravilla. La habitabilidad resulta excelente. Una joya. Enorgullecería a cualquier propietario». En política sucede lo mismo. En el referéndum del Brexit, Cameron hizo campaña a favor de la UE pregonando que a él en realidad no le gustaba. Muchos ingleses extrajeron la conclusión lógica: «Si a ti no te gusta Europa y me pides que vote por ella, aviado vas, campeón». España acaba de ganar una batalla durísima en defensa de su legalidad constitucional. No ha resultado sencillo, porque décadas de propaganda a cañón libre, manipulación en las escuelas e intoxicación mediática construyeron un enemigo complicado, que había tejido una intrincada red de intereses. Por eso supone un absurdo tremendo que cuando estamos todavía inmersos en la lucha por España y su Constitución proclamemos que la Carta Magna es defectuosa y necesita una reforma. Con tal actitud lo que estamos haciendo es depreciar aquello que se supone que queremos defender. Es un delirio naif pensar, como hacen Sánchez y algunos ilustres buenistas -destacados juristas incluidos-, que los separatistas catalanes van a aflojar en su obsesión supremacista porque se acometa una reforma federal de la Constitución (que además de facto ya lo es). ¿Se van a amoldar a la legalidad española Junqueras, Puigdemont y la CUP porque el Senado se convierta en una cámara territorial, o porque se hagan retoques semánticos en la denominación de las regiones para alzaprimar simbólicamente a la ya multipremiada Cataluña? ¿Debemos reformar hoy la Constitución que nos devolvió la democracia y ha propiciado la etapa más libre y próspera de España? No, por supuesto. Todo retoque que tienda a fomentar un mayor autonomismo constituirá además una bofetada en la cara del sentir dominante entre los españoles, que abogan mayoritariamente por el modelo actual, o en todo caso por fortalecer el Estado. Por fortuna, Rajoy le hará un fino Lampedusa al torpe Sánchez. Todo tendrá que cambiar para que nada cambie. Tengan por seguro que tardará en tocarse la magnífica Constitución de 1978. España no puede correr a rebufo de unos golpistas.



El cuarto oscuro

Wed, 22 Nov 2017 17:42:18 GMT

(image) Tenemos dos Españas, la que tiene AVE y la que no. Y dentro de la que no tiene AVE, hay una más privilegiada que otra. Ni Extremadura ni el País Vasco tienen AVE, pero el tren que va al norte, aunque tarde desde Madrid, no es el que va al oeste. El que va a Extremadura tampoco se diferencia mucho del que iba a Oregón en el siglo XIX. Sólo les falta el «traed madera» de Groucho (nunca dijo «más madera» y, además, es una traducción libre de la adaptación española porque en la versión original lo que hay es un chiste en torno a la confusión entre agua y queroseno). El siglo XIX tiene mucho predicamento en la España del XXI. Del siglo XIX también es el cupo vasco. El Concierto económico vasco tiene su origen en 1878, tras las últimas guerra carlistas, cuando el debilitado Estado acordó que las diputaciones vascas le entregasen una parte de los impuestos que pagaba la burguesía vasca. Nació el Cupo. Franco suspendió el concierto en Vizcaya y Guipúzcoa por traidoras. El estatus se recuperó durante la Transición. La Constitución reconoce esta singularidad del País Vasco y Navarra. Una excepción también fuera de las fronteras españolas. Ya llevábamos meses con la historia de que el Gobierno del PP y el de Euskadi habían alcanzado un acuerdo sobre el Cupo a cambio del apoyo del PNV a los Presupuestos. Mañana se aprobará el nuevo Cupo y el País Vasco recibirá más dinero del que aporta a España. Mientras Rufián hace el ridículo en el Congreso y hace que el Congreso haga el ridículo para nada (sólo para darnos de qué escribir), Aitor Esteban, con su tractor, que no ha necesitado llevar al hemiciclo, recoge los frutos de la desigualdad histórica y constitucional. Mañana, Albert Rivera defenderá el rechazo de Ciudadanos al nuevo cálculo del Cupo (se negocia cada cinco años pero desde 2007 no se había renovado por falta de acuerdo). Y, encima, al País Vasco le sale a devolver. El Gobierno le reembolsará 1.400 millones. De «atropello parlamentario» habla Rivera (por el trámite de urgencia). Un Rivera que, ahora sí, está haciendo lo que Rosa Díez durante muchos años, ser la única oposición. Ciudadanos cree en una financiación autonómica justa. Lógicamente, la formación votará en contra del cupo. Es más, ha acusado al Gobierno de haber entrado en un «cuarto oscuro» para pactar con el PNV. Lo peor es que no se trata de un cuarto oscuro. O si es un cuarto oscuro, todos sabemos qué guarreridas estaban haciendo ahí dentro. Esto es como el acoso sexual de Weinstein y otros, que todo el mundo conocía. Una impunidad natural o habitual. En lo de Alsina dijo Rivera que Ciudadanos será el primer partido de la historia en votar en contra del Cupo (da igual, PP y PNV tienen apoyos de sobra). Dijo también que los derechos los tienen los ciudadanos, «no las piedras» (por los derechos históricos). El sábado se manifestaron en Madrid miles de extremeños por un tren digno. En Extremadura no hay ni un kilómetro de vía electrificada en uso. Ni Alvias ni AVE. Y hubo un Talgo. Hasta 2010. Uno se sube a uno de esos trenes y cree que está en «Doctor Zhivago». Espera que aparezcan Omar Sharif y Geraldine Chaplin. Que nos den instrucciones para remover la paja y que Klaus Kinski diga que es un hombre libre. Las reivindicaciones en España son como el feminismo. No es lo mismo el feminismo en Suecia que el feminismo en Sudán. El feminismo de bla bla bla y el de pretender que no te traten como basura. Por un lado, las pretensiones de Cataluña y el País Vasco. Y lo que obtienen. Por otro, las de Extremadura. Casi todos somos Extremadura.



Deseos y realidades

Wed, 22 Nov 2017 11:54:25 GMT

(image) ¿Pero qué pasa en Cataluña?, me pregunta el vecino tras saludarnos después de tantos meses. Y el quiosquero, al comprar los periódicos y el portero del edificio donde vivo, cuya prima pensaba ir estas navidades a Barcelona, y se lo está pensando. No crean que es fácil responder. Son muchos los neoyorkinos que conocen Cataluña y no se explican que aquella gente tan amable ande ahora desgañitándose en manifestaciones, mientras sus políticos huyen o están en la cárcel. Los corresponsales de estos medios tampoco parece que hayan aclarado la situación y como explicar la crisis sería demasiado largo, les aconsejo que sigan adelante con sus planes viajeros, pues en Cataluña hay más ruido que nueces, para cerrar la faena con «Ya sabe usted lo que es el nacionalismo». Lo que convence sólo a los mayores, sobre todo si son de procedencia europea, pero el resto se queda como estaba. Para los que insisten tengo la respuesta más efectiva: «Bueno, a fin de cuentas, ustedes también han elegido a Trump», con lo que se acaba la charla aunque, por desgracia, no el asunto. Sospecho que me ocurriría lo mismo de haber ido a Alemania. De hecho, en las conversaciones telefónicas con los familiares de mi mujer, el tema Cataluña nunca falta en los últimos meses. Nadie se explica que quiera separarse con lo bien que se vive allí. Ha sido posiblemente el mayor error de los secesionistas: daban por hecho que el gobierno español se opondría. Pero confiaban que Europa les respaldaría, al menos en parte. Y ha resultado al revés: la Unión Europea ha sido mucho más tajante en el asunto que el Gobierno español, Rajoy nunca diría que el nacionalismo «es veneno» como ha dicho Juncker, que lo conoce mejor. La prueba de que ese frente comunitario va a mantenerse cerrado a cal y canto a tal brote secesionista acaba de ofrecérnosla la negativa de trasladar a Barcelona la Agencia Europea del Medicamento, después de haber sido la principal candidata desde el comienzo. Ha quedado la última. Como los conocemos, no nos extrañaría que echasen la culpa al gobierno español. Sólo les queda la mentira, como la de Turull y Rull aceptando el 155 para salir de la cárcel sin renunciar a sus objetivos. Se les ha unido el más duro del grupo, Forn, y al final lo harán todos. Para resumir, seguirán mintiendo, negando incluso la realidad, que les sale al paso como un comendador de piedra impidiéndoles avanzar hacia su objetivo. No importa. Dirán que el traslado de la sede social de 2500 de sus empresas es también simbólico, como la declaración de independencia. Así, de simbolismo en simbolismo, Cataluña quedaría reducida a una isla a la deriva fuera de Europa. Triste destino para los tenidos por más europeos entre los españoles. Hegel decía que un geniecillo irónico mueve los hilos de la historia. ¿Irónico? Yo diría de una mala leche tremenda con quienes confunden deseos con realidades. Yo sigo aconsejando a los neoyorkinos que vayan y vean. Ni en Broadway hay mejor show.



Franquicia blindada

Wed, 22 Nov 2017 11:50:25 GMT

(image) En el terreno de los principios políticos, el cupo y el concierto vasco son inaceptables. El modelo español de solidaridad interterritorial chirría con la admisión de una foralidad heredera de privilegios carlistas y hasta medievales, que saca del reparto común de cargas a dos comunidades. Fue una concesión constitucional influida por la existencia de ETA y con la que se pretendía premiar al nacionalismo "bueno" por alejarse de la violencia y de la sangre, aunque la haya pagado con frecuentes deslealtades. Desaparecido el terrorismo, la franquicia se mantiene porque es conforme a la ley aunque ya no la entienda casi nadie. En un sistema ex novo no habría modo de encajar hoy este beneficio desfasado contra el que el partido Ciudadanos ha levantado una bandera de combate. La posición de Rivera es teóricamente impecable, pero se sostiene, como otras que le resultan electoralmente muy rentables, en que su ausencia de responsabilidades de Gobierno le facilita la posibilidad de formular críticas sin involucrarse. Con la cuestión catalana abierta en canal, lo último que puede permitirse el Estado es la extensión del incendio nacionalista al tablero vasco. Debido a la escasa masa crítica de las dos autonomías favorecidas, la prerrogativa foral ha funcionado absorbida por el modelo fiscal sin demasiados estragos, por más que la infrafinanciación de otras regiones comienza a ensanchar el sentimiento de agravio. Sin embargo la política, como arte de lo posible, consiste a menudo en escoger el remedio menos malo. El apaciguamiento casi nunca es buena solución, pero cuando los problemas se acumulan conviene esforzarse en no aumentarlos. El cupo y el concierto están en la Constitución, y mientras no se suprima la Disposición Adicional Primera sólo se puede discutir sobre su cálculo, que el PNV exprime a su favor haciendo valer ante el Gabinete de Rajoy su condición de inestable aliado. Los dirigentes de Cs lo saben y conocen también el peligroso efecto rebote que en este momento supondría la decisión de revisarlo: echar al monte a otro nacionalismo y provocar un nuevo conflicto territorial victimista en el momento menos adecuado. A la gente de Rivera le encantan ciertos brindis testimoniales que son vestigios de su inicial proyecto de reformismo adánico, aunque supongan, como le decía Di Stéfano a un portero torpón, meter en la portería balones que iban fuera del campo. Sucede que la democracia española no es un régimen en construcción y hay que atenerse a sus reglas en tanto no se cambie el marco. Claro que se puede cambiar pero a día de hoy los resabios forales, sin duda injustos, desiguales e insolidarios, además de socialmente antipáticos, constituyen un derecho blindado. Y para suprimirlos, por mucha simpatía que suscite la idea, hace falta un proceso bastante más complejo, escarpado y largo que el simple y genérico repudio abstracto.



Oda a la hipocresía

Wed, 22 Nov 2017 08:02:15 GMT

(image) Si Ada Colau no fuera alcaldesa de Barcelona se habría opuesto a que la ciudad albergara la sede de la Agencia Europea del Medicamento por las siguientes razones: 1.- "La UE es un descomunal engaño surgido de las élites empresariales y financieras que necesitaban de un mercado común y de una moneda única para imponer su filosofía neoliberal". 2.- "La UE no es de los ciudadanos ni los pueblos, sino de los mercaderes y los bancos". 3.- "La UE es el refugio de los nuevos paraísos fiscales". 4.- "La UE auspicia golpes de Estado financieros contra sus propios Estados miembros". 5.- "La UE negocia a puerta cerrada tratados de libre comercio de espaldas a los intereses de la gente". 6.- "La UE reduce derechos laborales y políticas sociales para competir a la baja en un mercado globalizado, mientras recrudece su agresiva política comercial exterior". 7.- "La UE recorta derechos y libertades en aras de la seguridad y la lucha contra el terrorismo que ella misma engendró". 8.- "La UE levanta muros, centros de internamiento masivos y alambradas". 9.- "La receta de la UE consiste en combinar empobrecimiento, capitalismo salvaje e intolerancia". 10.- "La UE tiene un plan que engendra monstruos y reaviva viejos fantasmas". Por eso, en bajito y no hace tanto, Ada Colau les decía a los suyos: "No deis mucho la lata con la Agencia Europea del Medicamento. No habléis mucho de ella porque la EMA es un tema que no es del agrado de las bases". Eso decía, pero como Ada Colau es alcaldesa de Barcelona y vedete principal del cinismo populista, ahora le ha echado la culpa del fracaso al Gobierno por aplicar el artículo 155. A la presentación en Bruselas de la candidatura de Barcelona, el pasado 18 de octubre, no acudieron ni Colau ni el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello. El pasado 18 de octubre, la actividad institucional del Ayuntamiento de Barcelona estaba suspendida en protesta por el encarcelamiento de los "presos políticos" Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. O sea, que el pasado 18 de octubre, Ada Colau –en lugar de acudir a Bruselas a defender los intereses de Barcelona– le estaba bailando el agua al independentismo. Propongo que en lo alto de la Torre Glòries, sede frustrada de la Agencia Europea del Medicamento, se instale un retrato gigante de la alcaldesa junto a una (tiene varias) de sus frases luminosas: "Quemar bancos hubiera sido perfectamente razonable". Tan perfectamente razonable como que Barcelona –dadas las circunstancias– cayera en la primera ronda de las votaciones. Nota del autor: Todas y cada una de las frases que aparecen entrecomilladas reproducen de forma literal declaraciones realizadas por Ada Colau o por dirigentes de formaciones que integraron Barcelona en Comú, la plataforma encabezada por la hoy alcaldesa en las elecciones municipales de 2015.



Es de todos

Wed, 22 Nov 2017 06:14:39 GMT

El pasado 9 de noviembre se celebró en Madrid un clamoroso concierto en homenaje a la cantautora Cecilia (Evangelina, Eva, Sobredo), con ocasión del cuarenta aniversario de su muerte. Mañana se clausura en Valladolid un congreso de historiadores sobre El franquismo a debate, con un concierto dedicado también a Cecilia. Hace unos meses, sus hermanos escribieron, con el mismo motivo, que las múltiples versiones de sus canciones subidas a internet, con diversos y hasta contradictorios mensajes, sugieren que son muchos los youtuberos que piensan que, si Cecilia viviera, sería de los suyos: los populistas herederos del movimiento del 15-M y los que se sublevan contra la corrupción; los que sueñan con una España republicana y los que piensan que nunca hemos vivido mejor que bajo la Constitución de 1978; los defensores de la unidad nacional, y hasta algún republicano catalán extraviado; o los que, simplemente, se sienten orgullosos de pertenecer a esta gran y pluricentenaria nación que es España. Todos parecen pensar, y alguno escribe: «Cecilia, hoy, sería de los nuestros». Esta constatación cobra ahora actualidad porque, con motivo de los críticos momentos que España atraviesa en Cataluña, son muchos los que, en las redes sociales y en los periódicos, recuerdan las canciones de Cecilia. Así, hemos leído que en la manifestación de desbordante españolidad del 8 de octubre en Barcelona una multitud avanzaba portando señeras al ritmo de Mi querida España, con un cierto regusto de «progresismo ochentero». Sobre Cataluña y Cecilia ya se había escrito, con ocasión del 9-N de 2014, que la historia de su Ramito de violetas podía aplicarse a España, que sería como el marido-amante secreto de Cataluña, que le enviaba violetas sin que ella lo supiera y reconociera… Y hasta un autoconfeso republicano catalán acaba de escribir que cuando oiga cantar Mi querida España en las manifestaciones españolistas comenzará a plantearse una reconciliación. Sería muy discutible elucubrar sobre lo que pensaría y cantaría Cecilia si viviera hoy. Pero podemos, con cierta objetividad, intentar interpretar la letra de Mi querida España. Fue cantada por primera vez en 1975, antes de la muerte de Franco, lo cual explica la bien conocida existencia de sus dos versiones: una censurada —la que canta en el disco comercializado por CBS— y otra libre -la que cantaba algunas veces en privado y también en público-. Así, en abril de ese mismo año se arriesgó a cantar, en una gala retransmitida en directo por TVE, una versión distinta de la que, después, fue comercializada. En ella sustituyó los versos iniciales de cada una de las tres estrofas, que son invariablemente «Esta España mía / esta España nuestra», por, sucesivamente, «Esta España viva / esta España muerta», «Esta España nueva / esta España vieja» y «Esta España en dudas / esta España cierta». (En alguna ocasión también cantó «Esta España blanca / esta España negra»). Mantuvo, por supuesto, en todas las versiones «Esta España mía / esta España nuestra», como estribillo final repetido, de modo que el bello ritornelo suena hasta seis veces en la canción. Por ello, esos tres versos, se han integrado en nuestro lenguaje colectivo sin que mucha gente sea realmente consciente de su origen. (Como cantaba Charles Trenet: la foule les chante … en ignorant le nom de l’auteur). Ya en 1983, el Rey Juan Carlos en su mensaje de Navidad nos hablaba de «un destino que nos une a todos en esta España nuestra». El Rey Felipe VI también ha utilizado la misma expresión en alguno de sus recientes discursos. Y Mi querida España[...]



Bloqueo político en Alemania

Wed, 22 Nov 2017 03:36:30 GMT

(image) El bloqueo político de Berlín confirma que, en este campo, Alemania no es una excepción, sino que, a pesar de sus brillantes resultados económicos, también le afectan las turbulencias electorales por las que han pasado otras naciones, España entre ellas. Dicho eso, el fin de las negociaciones para formar una coalición no es una buena noticia para nadie. Especialmente por la forma en la que esa ruptura se ha producido, porque ha creado una barrera de desconfianza y animadversiones –casi en el terreno personal– que puede hacer muy difícil la convivencia futura en un gobierno federal. En todo caso, la intervención del presidente de la República, Franz-Walter Stenmaier, para poner a los líderes políticos ante sus responsabilidades resultaba imprescindible, porque el colapso institucional en Alemania no solo afecta a los propios alemanes, sino que, por razones evidentes, repercutirá en las decisiones a escala europea en un momento especialmente sensible para la UE. Muchos se preguntan ahora si esta situación inesperada no podría ser la señal que anticipe un fin de ciclo para la canciller Angela Merkel. La líder democristiana ha gobernado hasta ahora con acierto y moderación, pero la crisis de los refugiados ha marcado un punto de inflexión en la vida del país cuyos efectos probablemente no supo prever. De ahí –entre otras consecuencias– la irrupción de los radicales de Alternativa para Alemania y la consiguiente fragmentación del panorama político germano. La repetición de las elecciones no sería un drama, como tampoco lo fue en España, pero pondría a un socio comunitario de la importancia de Alemania ante un riesgo innecesario. Merkel asegura que no le asusta este horizonte, aunque para ella podrían ser las últimas.



El cupo vasco y la solidaridad

Wed, 22 Nov 2017 03:33:08 GMT

(image) La actualización del cupo vasco –la cantidad que paga el País Vasco al Estado por los servicios que este le presta– está siendo motivo de enfrentamiento entre el Gobierno del PP y su socio de investidura, Ciudadanos. La formación de Rivera se opone no al Concierto Económico, que está refrendado por la Constitución, sino a la forma en la que el Gobierno y el PNV han alcanzado su acuerdo sobre el importe del cupo y a las bases que se han aplicado para su cuantificación. Es una polémica incómoda para el Gobierno porque Ciudadanos maneja argumentos muy sensibles para el electorado del PP, como la unidad tributaria de España y la igualdad fiscal de los españoles. Y no solo para los populares, también para Pedro Sánchez pues tres comunidades de gobierno socialista (Andalucía, Asturias y Comunidad Valenciana) vinieron ayer a poner pegas al nuevo cupo mientras no se resuelva el nuevo modelo de financiación regional. La queja atañe a Rajoy, claro, pero también a la autoridad del secretario general en el seno del PSOE. La cuestión del cupo, como el Concierto Económico –fundamento de la soberanía fiscal vasca–, es resultado de una coyuntura histórica, como fue la derrota definitiva del carlismo y la supresión de algunos privilegios medievales de los territorios históricos vascos en el último cuarto del siglo XIX. Es evidente que la fragmentación de regímenes fiscales en España no es la situación más coherente con el principio de solidaridad ni se compadece con la convergencia fiscal europea. Pero está en la legislación y hasta que no se modifique, lo que hay que buscar es que el montante sea lo más justo posible. También hay que tener en cuenta que la defensa del Concierto y del cupo es compartida por nacionalistas y no nacionalistas, lo que supone un elemento de consenso en la sociedad y la clase política vascas. En todo caso, el cupo, aun estando consagrado por la Constitución, no debe convertirse en un precio de saldo para que el Gobierno logre los votos del PNV que apoyen los Presupuestos Generales del Estado. En un momento histórico crítico como el actual, en el que la insurrección separatista en Cataluña ha puesto en evidencia los errores del pasado entreguismo a las fuerzas nacionalistas, conviene al Gobierno del PP ser muy prudente en sus pactos con el PNV, más aún si esta formación no solemniza de manera explícita y definitiva su respeto al régimen constitucional de 1978. Si hay cupo debe haber lealtad al sistema que lo consagra. La situación de España emplaza al Gobierno de Rajoy a un difícil equilibrio entre las necesidades económicas del país –la primera de ellas es contar unos Presupuestos que den estabilidad– y la gestión política de unos conflictos nacionalistas patentes, como el catalán, o latentes, como el vasco. Es una cuestión de prioridades.



Los que engordan al dragón

Tue, 21 Nov 2017 14:29:57 GMT

(image) Una viñeta de Miki y Duarte sobre un precioso e inofensivo animalito convertido en terrible dragón ha tenido un gran éxito en las redes sociales en las últimas semanas. En ella se resume parte de la historia de los nacionalismos en los últimos cuarenta años a través de cuatro viñetas, tres en las que los presidentes González, Aznar y Zapatero alimentan y engordan encantados a la simpática cría de dragón, y una cuarta en la que el público arenga a Rajoy para que acabe con el monstruo terrible en que se ha convertido el dragoncito después de tanto alimento. Se trata de un buen análisis en clave de humor que pone de manifiesto la primera de las tres grandes simplificaciones sobre los nacionalismos y la crisis catalana, aquella que responsabiliza a Rajoy del crecimiento del independentismo catalán, cuando Mariano Rajoy es el primer presidente que ha negado la comida al dragón. Y no sólo porque ha utilizado por primera vez en cuatro décadas el 155, sino porque ha sido el único que no ha hecho nuevas concesiones a los nacionalistas. Bien es cierto que no sólo por sus propias convicciones políticas, también porque el dragoncito había engordado tanto que Rajoy se lo encontró a punto de estallar. De hecho, ha estallado con el golpe secesionista. La segunda simplificación es la que responsabiliza al Estado del tamaño del dragón, y muy especialmente a los gobiernos. Sobre todo, con la teoría de que fue una irresponsabilidad dejar la Educación en manos de las comunidades autónomas. Y estoy de acuerdo en las lamentables consecuencias de ese sistema educativo utilizado por los nacionalistas para el adoctrinamiento. Pero el Estado tiene en esto, en el domino de los valores nacionalistas, una responsabilidad compartida con la sociedad civil. El sistema educativo es un elemento más. Pero después están los medios de comunicación, los artistas, los intelectuales, las grandes empresas que subvencionan proyectos culturales, el mundo editorial. Han hecho por el dominio nacionalista aún más que el sistema educativo dependiente del Estado. Han dado al dragón grandes raciones de alimento con constantes mensajes de simpatía y legitimación de los nacionalismos étnicos y desprecio hacia quienes hemos reivindicado el patriotismo español. Cuarenta años de ensalzamiento cultural del nacionalismo étnico como «progresista» y de cuestionamiento del patriotismo español como «retrógrado». Pero hay una tercera simplificación que conviene recordar tras ver las encuestas sobre la intención de voto el próximo 21 de diciembre. Según GAD3 en este periódico, el voto constitucionalista subirá, pero es improbable que pueda gobernar, sobre todo porque la extrema izquierda apoyará a los nacionalistas. Es decir, que los dos bloques tradicionales, nacionalistas y españolistas, se mantienen básicamente estables y la extrema izquierda también repetirá la posición tradicional, la de apoyo a los nacionalismos étnicos. Es el reflejo de una realidad que se resisten a admitir los desconocedores de la fortaleza y la persistencia de las identidades políticas, sean étnicas o ideológicas. Hay mucha autocrítica que realizar, pero sin olvidar que el dragón también se busca el alimento él solito. Que ha crecido tanto porque hay una sociedad catalana o vasca donde existe una fuerte identidad étnica que permanecerá independientemente de lo que hagan el Estado y los demás. Por eso el nacionalismo es un conflicto permanente. Habrá dragón para mucho tiempo y será muy complicado conseguir que adelgace.



Pedagogía de la frustración

Tue, 21 Nov 2017 14:29:20 GMT

(image) En la primera ronda. Como el que se quita de encima un chicharro antes de que le queme las manos o le tizne la ropa; así ha tratado la Agencia del Medicamento la candidatura de Barcelona, una de las ciudades europeas con mejor calidad de vida y una industria farmacéutica prestigiosa. Esto es lo que han conseguido a pachas los separatistas y su aliada populista Ada Colau, alcaldesa populista y lacrimógena. Que nadie tome en serio como sede de un organismo de la UE a la capital de un territorio cuya clase dirigente se quiere ir de Europa. A tenor de las encuestas, sin embargo, cabe preguntarse qué más tiene que pasar para que la mitad de los catalanes entienda hasta qué punto les perjudica el nacionalismo. Que el proyecto de independencia los arruina en vez de convertirlos en felices habitantes de ese pregonado país idílico. Que las empresas se fugan, que están bajando las tasas de productividad y de empleo, que el dichoso proceso perjudica al comercio y ahuyenta al turismo. Todo parece darles igual a esos dos millones de ciudadanos anclados en el voto secesionista, impermeables a la evidencia, subyugados por el mito. Emocionalmente convencidos, porque no se trata de una idea sino de una creencia, de formar parte de un sujeto político e histórico reprimido por la malvada España a lo largo de los siglos. Encerrados en un bucle letal de autocomplacencia y narcisismo. El independentismo ha trabajado bien en la forja de esa conciencia mitológica de un destino. Adoctrinamiento escolar, propaganda asfixiante y presión inclemente contra el pensamiento crítico; con esa tríada instrumental los nacionalistas han construido un régimen de férreo blindaje doctrinario, inmune a cualquier embate político. Un modelo a contraviento de la Historia que cosecha fracaso tras fracaso sin aflojar en la tenaz persecución de su objetivo. Un sistema de poder hegemónico que, aunque sus beneficiarios admiten que carece de mayoría social, pretende arrastrar a toda la sociedad catalana a pagar el precio de su ofuscado designio. Mientras esa abducción colectiva persista, mientras no sean los ciudadanos de Cataluña los que se rescaten a sí mismos, poco podrá hacer el Estado para reconducir el desvarío. Puede poner diques de realidad alrededor de la fantasía secesionista, condenar a la frustración, como en octubre, cualquier tentación de aventurerismo. Pero en democracia todo pueblo acaba por tener el Gobierno que se merece; son pues los propios catalanes quienes han de resistirse a vivir bajo la imposición de un delirio. Son ellos quienes han de desencantarse de la quimera adolescente con que sus élites han hipnotizado parte de su inconsciente colectivo. Sólo mediante una rebelión de madurez y de pragmatismo es posible frenar el creciente deterioro que ha provocado el disparate identitario. Aunque sea duro el despertar como siempre lo son los desengaños.