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Opinión



Opinión



Published: Thu, 21 Sep 2017 22:08:48 GMT

Last Build Date: Thu, 21 Sep 2017 22:08:48 GMT

 



Entusiasmo

Thu, 21 Sep 2017 12:40:43 GMT

Para mí el entusiasmo está íntimamente vinculado a la meditación, lo que significa que ambos talantes -el contemplativo y el entusiasta- se retroalimentan y suelen darse en las mismas personas. Quienes se mantienen asiduos a la práctica de la meditación en silencio y en quietud -fieles a unas consignas y a un camino-, irán accediendo necesariamente -de forma puntual o progresiva- a lo que se conoce como iluminación. Lo que se ilumina -generalmente tras años de una intensa vida interior, pero también súbitamente y sin una razón aparente- es la propia identidad, que es tanto como decir la propia misión. Estar iluminado es tanto como «ver» claramente (se trata de una suerte de visión) de qué va esto de la vida, para qué estamos en este mundo y, en fin, qué es lo que debemos hacer. Casi nunca se trata de algo muy distinto a lo que ya se está haciendo, aunque sí a otra dimensión, desde otra perspectiva y con otra actitud. La palabra que mejor resume esa nueva dimensión, actitud y perspectiva en las que vive el iluminado es entusiasmo, un término que, como sabemos, viene del griego antiguo: en y theos. Entusiasta es el que tiene la fuerza de los dioses dentro, aquel se ve impulsado por el Espíritu. Esta fuerza -reconocible pese a su misterioso origen- nos da un talante nuevo: más poderoso y presente, más certero y encendido. Más vivo, en una palabra. Quien vive esta experiencia -y no estaría escribiendo sobre ella si no la experimentase en persona, al menos en cierta medida- asiste a la transformación de su propia biografía. En realidad, sólo están realmente vivos quienes asisten maravillados al cambio que se va produciendo en sus vidas. Porque la vida es como el agua: si se estanca, huele mal. Olemos mal cuando nos agarramos demasiado a las personas, cosas o ideas. Nada debe, simplemente, conservarse; todo, en cambio, para que contribuya a la construcción del ser humano, es una invitación a la re-creación. La verdadera fidelidad, en pocas palabras, sólo puede ser creativa. Todo esto viene a colación porque a una persona entusiasta se la reconoce, fundamentalmente, por dos causas. Una: porque normalmente despliega una actividad insólita, fecunda y contagiosa. Las colosales obras que llevaron a cabo Vicente Ferrer o Teresa de Calcuta, por poner tan sólo dos ejemplos, son difícilmente comprensibles sin ese ímpetu, tan inconfundible como inaprensible, que llamamos entusiasmo. Y dos: los entusiastas saben -y así lo testimonian- que la fuerza de su acción no proviene de sí mismos, sino precisamente de ese theos o espíritu que les ha poseído. Esto significa que los entusiastas nunca se sienten solos, que saben que hay una Fuente que les ha utilizado como canal y que ellos, en consecuencia, son sólo mediadores de algo más grande y definitivo. Ser entusiasta un día, una semana o un mes, puede ser una experiencia relativamente normal, o al menos no tan infrecuente. Todos nos hemos encendido alguna vez ante alguna noticia, o hasta hemos actuado con cierto empuje o vehemencia durante una temporada. Pero mantener el entusiasmo durante años, eso sí que es extraordinario. A quienes así viven -arrebatados, intensos, pujantes- se les reconoce por su energía creativa: siempre están inventando, siempre están impulsando lo que han inventado… Parecen montados en un caballo salvaje y veloz que les conduce más allá incluso de donde ellos mismos imaginan. Los entusiastas -ésta es su seña de identidad- arrastran a otros, convencen, enamoran e irradian ese poder que todos reconocemos como nuestro, de ahí precisamente esa irresistible atracción que suscitan y esa desafiante confianza que ostentan. El verdadero entusiasta, por ello, siempre busca incluir, no excluir: implica a otros en sus proyectos y es, en último término, un constructor de la unidad. El entusiasta ha conocido -quizá como ningún otro temperamento puede conocerlo- qué es eso de estar solo y hasta qué punto la soledad, si es fecunda, abre a la auténtica compañía. Desde fuera, los entusiastas pueden dar la[...]



Independiente de toda la vida

Thu, 21 Sep 2017 11:28:13 GMT

Tanta murga con «El cuento de la criada» ha conseguido que al ver en un anuncio de El Corte Inglés a una señora con el pelo blanco y frito haya creído que es Margaret Atwood. La verdadera pesadilla no es lo que pasa en Gilead, es que nos den la tabarra de esta manera, como si Tirso, el tabernero pelmazo de «Amanece que no es poco», ahora llevara capa roja y cofia blanca. Si leo que Hacienda ha decidido limitar el uso que los altos cargos catalanes hacen con sus tarjetas de crédito pienso que, después de «es maligno», la segunda peor frase en cualquier idioma es «su tarjeta ha sido rechazada». Pero también pienso en la historieta de esas mujeres esclavizadas y sin derechos. Lo que Montoro anuncia pasa en la novela de Atwood, cuando de pronto las hembras no están autorizadas a usar sus tarjetas de crédito ni a tener cuentas corrientes. Ya sólo nos falta que los secesionistas se comparen con estas pesadas. Aunque como este sigue siendo un Estado de derecho, y ellos lo saben, el Gobierno catalán ha recurrido al Tribunal Supremo para suspender la intervención de las finanzas catalanas. En el TS dicen que se ha dado curso a la petición de medidas cautelares pero que ni siquiera se ha admitido a trámite el recurso. Y qué más da, Junqueras salió a anunciar la suspensión, como Zoolander sale a recoger el premio que no le dan. Lo que no sé es si mentía o sólo expresaba otra de las mentiras que cree ciertas. ¿Pero cómo no iba a engañar a la vicepresidenta del diálogo? Junqueras, como Mourinho, ha declarado la guerra a la Hacienda española, igual que en el anuncio de Licor 43 declaraban la guerra a la vulgaridad. Más vulgaridad. A Pilar Gómez, Pablo Iglesias le guiñó un ojo en el programa de Ferreras al terminar su intervención (su tabarra). «Lo de guiñar el ojo, ¿de qué va esto? Lo veo con un tono rancio, machista». Ferreras aseguró que Iglesias le había guiñado el ojo a alguien «y no eras tú, Pilar». Venga, guiñar un ojo es una memez (como coqueteo o como sarcasmo). No parece lo peor que puede hacer Iglesias. A mí que me mirara ya me parecería inquietante. Lo que no entiendo es que, con la hipersensibilidad que tienen estos con cualquier menudencia dizque machista, a Pilar Gómez se le haga luz de gas con el asunto. ¿Guiño? ¿Qué guiño? Más al sur, al pobre Juan y Medio, que estuvo pidiendo disculpas dos días por una inocente y chusca broma pactada, lo han mandado a la escuela de desasnar babosos. Juan y Medio y sus empleados tienen que recibir clases de saber tratar a las mujeres. Un curso de reeducación en igualdad. Demonios, como las de reeducación vial cuando te quitan los puntos del carnet. La RTVA ha suscrito un convenio con el Instituto Andaluz de la Mujer para extender los cursos sobre igualdad de género también a los trabajadores de las productoras. Me gustaría más asistir a una de esas clases que a Harvard, donde te puede tocar Chelsea Manning de profesora invitada. Y que aquí no hayamos llevado a La Veneno a la universidad. Para cerrar con la televisión, pero con la nuestra, el lunes volvió «El Ministerio del tiempo». El personaje de Irene dijo a Salvador: «Ser independiente no está bien visto en este país». Y el otro: «Ni el respeto a los creadores, tampoco». Es difícil de creer, pero tuvo que salir Javier Olivares, responsable de la serie, para decir que la frase no tenía nada que ver con Cataluña: «El concepto ser independiente es muy anterior al conflicto catalán». No sé si el independentismo ha producido una degeneración cognitiva en España o siempre hemos sido así de idiotas. Rosa Belmonte



¡Hay que ganar el 1-O!

Thu, 21 Sep 2017 08:22:55 GMT

(image) Tras cinco años de chulería y desacatos impunes por parte del nacionalismo secesionista, al fin ha despertado el Estado del letargo en el que sesteaba. Al fin han dado un puñetazo conjunto en la mesa los poderes Ejecutivo y Judicial, obligados a defender el orden constitucional, con el fin de parar los pies a los golpistas. ¡Más vale tarde que nunca! Hoy es preciso aplaudir y apoyar sin reservas la actuación del Gobierno, asumiendo el control del dinero destinado a la Generalitat declarada en abierta rebeldía, tanto como la de la Guardia Civil y la Policía Nacional, cumpliendo con enorme profesionalidad las instrucciones de jueces y fiscales empeñados en impedir la comisión de un delito anunciado a bombo y platillo. Podría haberse hecho antes y también haberse hecho mejor, pero llegados a este punto no cabía sino emplear todos los recursos del Estado de Derecho, incluida la fuerza, para garantizar el respeto a la legalidad, sin la cual no hay democracia posible. La única alternativa era resignarse mansamente a dar por liquidada España, lo que habría equivalido a una traición en toda regla. Los sediciosos pondrán ahora el grito en el cielo; se les da muy bien llorar. Tratarán de dar la vuelta a la realidad, presentándose como víctimas de un poder opresor, cuando llevan más de un lustro desafiando o ignorando las reglas de juego que permiten la existencia de sus instituciones autonómicas. Apelarán a sus aliados político-mediáticos, principalmente Podemos y sus televisiones altavoz, con el fin de sembrar división en el Congreso de los Diputados tanto como en la opinión pública. Redoblarán la presión ejercida sobre alcaldes, funcionarios (en especial Mossos d´Esquadra) y demás cómplices necesarios para la consumación del golpe, multiplicando las coacciones en un intento desesperado de someterlos por el miedo… Pero sobre todo recurrirán a lo que recurren todos los movimientos nazi-fascistas, comunistas, populistas y totalitarios de diverso pelaje, ayunos de razón democrática: la calle. Es lo único que les queda. A falta de vía libre para celebrar su referéndum de autodeterminación ilegal, inconstitucional, contrario a la legislación de la Unión Europea e incluso a la doctrina de las Naciones Unidas, los golpistas llamarán a la "resistencia pasiva" de sus huestes, adoctrinadas y apesebradas durante décadas en el empeño de fidelizarlas. Su plan es crear un conflicto de orden público de tal gravedad que el Gobierno se vea obligado a dar marcha atrás. El del Gobierno no puede ser otro que aguantar el pulso, cueste lo que cueste. La legitimidad está de su parte. Aciertan quienes advierten que cuando despertemos el dos de octubre el problema seguirá ahí, como el dinosaurio del cuento, necesitado de solución. Su magnitud, no obstante, dependerá decisivamente de lo que haya sucedido el uno. Si ese día los golpistas consiguen cumplir su amenaza, colocar urnas y recoger votos, aunque sea en un porcentaje bajo, habrán conseguido tal fuerza que será imposible frenar su deriva hacia la independencia. El Estado de Derecho, en cambio, demostrará una vez más su impotencia. Si, por el contrario, el 1-O se convierte en una gran frustración para los instigadores del golpe, porque los cuerpos y fuerzas de seguridad logran impedir que éste se lleve a cabo, será la democracia la que salga fortalecida del trance. Porque no solo será una victoria de España, del Gobierno y de los partidos que apoyan esta política de firmeza constitucional, esto es; PP y Ciudadanos, sino un motivo de peso para que el PSOE, hoy vacilante, bascule en la dirección correcta. A nadie le gusta apostar a caballo perdedor. Isabel San Sebastián



«Escándalo democrático»

Thu, 21 Sep 2017 07:38:03 GMT

(image) A la vista de indicios palmarios de delito, un juez de Barcelona ordenó ayer a primera hora de la mañana varias redadas para desmantelar la logística del referéndum ilegal que pretende organizar el Gobierno insurrecto de la Generalitat. La Guardia Civil, pues por desgracia parece que los Mossos ya no son fiables a la hora de velar por nuestra legalidad, actuó en consecuencia. Los agentes registraron almacenes en polígonos industriales, hallando en uno de ellos nueve millones de papeletas listas para la consulta. También se personaron en las oficinas de cuatro consejerías del Gobierno catalán, toda vez que desde ellas se estaba tramando la inteligencia y plan de acción del referéndum. En la operación hubo una docena de detenciones, como tantas veces en cualquier país democrático del mundo cuando se está combatiendo un delito grave (o a veces no tan grave). La reacción del orbe independentista fue iracunda. El tono general de su crítica se resume en una frase de Ada Colau. A su juicio, la actuación del juzgado de Barcelona supone "un escándalo democrático". No. Lo que sí constituye un escándalo democrático es aprobar dos leyes con métodos golpistas y un procedimiento exprés para establecer una presunta nueva legalidad catalana, que deroga la del Estado, desoyendo además las advertencias de los juristas de la propia Cámara y pateando el Estatuto de Cataluña. Escándalo democrático es utilizar las oficinas del Gobierno catalán, desde donde debe atenderse a todos los catalanes, del primero al último, para ponerlas al servicio de un proyecto separatista que ni si quiera cuenta con el apoyo mayoritario de la población. Escándalo democrático es estafar al pueblo catalán, invocando supuestas normas internacionales que justificarían la autodeterminación, cuando en realidad solo rigen en situaciones coloniales; o fabular asegurando que una Cataluña independiente seguiría en la UE, algo que la organización ha negado hasta el hartazgo; o mentir con la facundia impúdica y reincidente de Junqueras, quien anteayer aseguró que la intervención de las cuentas de la Generalitat había quedado en suspenso por orden del Supremo, falacia que el alto tribunal negó en minutos. Escándalo democrático es intentar romper un país del primer mundo, donde se disfruta de un régimen de libertades, sin respetar los cauces legales de ese Estado, algo que ni en sus peores sueños se les habría ocurrido a los independentistas quebequeses y escoceses, que actuaron siempre observando escrupulosamente los marcos constitucionales de Canadá y el Reino Unido. Escándalo democrático —y tufo nazi— es señalar a los concejales discrepantes con pasquines con sus fotos, cercar sus hogares, sumir en la angustia a sus hijos y familiares; acosar a directores de instituto y bedeles; o usar el dinero público de todos para comprar a la prensa local. Por último, escándalo democrático sería que el Estado español se inhibiese y no actuase para defender los derechos y libertades de todos los españoles, poniendo coto de una vez, como se comenzó a hacer ayer, a lo que en realidad no es más que el mayor abuso golpista que ha sufrido este país desde el bochorno de Tejero. Luis Ventoso



La revuelta

Thu, 21 Sep 2017 07:34:29 GMT

(image) Cambio de fase. De la rebeldía a la revuelta. De las instituciones a la calle. Los soberanistas empiezan a comprender que han perdido el referéndum, o que lo van a perder porque el Estado, acelerando su trantrán, ha desmontado al fin la mesa de los trileros, les ha incautado las papeletas y se ha llevado presos a unos cuantos de ellos. Faltan por confiscar las urnas pero acabarán apareciendo. De modo que los insurrectos han pasado al plan B, el de la agitación callera, tan vistosa para abrir los noticieros. Y en esta tarea, delegada en las plataformas que organizan la Diada y en los borrokitas de las CUP, cuentan también con la experta colaboración de las diferentes marcas de Podemos. Para la gente de Pablo Iglesias, incómoda en la rutina institucional, una oportunidad de movilizarse nunca llega en mal momento. Esa batalla, la de la propaganda y la comunicación política, quizá la pierda el Estado, como casi todos los duelos mediáticos. Las masas en las calles resultan mucho más fotogénicas que los ministros en los telediarios. Pero ahora el Gobierno sólo tiene que vencer en el pulso de autoridad; podría intentar algo más para no quedarse descolgado pero es demasiado tarde para luchar por el relato. Para lo que ha empezado a hacer, que consiste en restablecer la legalidad en medio de una rebelión, tampoco es temprano. Sólo que más vale tarde siempre que no afloje el brazo. A estas alturas no va a convencer a nadie más en Cataluña, donde la posverdad nacionalista ha triunfado al presentar a Rajoy como un trasunto de Franco. Así que ya no le queda más opción que ejercer la ética de la responsabilidad en el sentido weberiano. El presidente quería eludir el Artículo 155 para evitar lo que de todos modos ha acabado pasando. También para no descolgar al PSOE, que no sabe dónde colocarse sin quedar a contramano. Sánchez tiene un conflicto entre instinto y deber; aborrece demasiado a Rajoy para verse obligado a apoyarlo, y trata de hacer fintas y equilibrios sin entender que éste no es tiempo de funámbulos. A su favor, y al del Iceta, hay que consignar la resistencia cívica de los alcaldes del PSC, que aguantan ante las turbas radicales el duro tirón de sentirse señalados. Su papel de dique antisecesionista es fundamental porque en territorio catalán apenas hay ayuntamientos del PP ni de Ciudadanos. Al final, el Gabinete está aplicando el 155 por tramos. Y tendrá que ir a más porque los indepes van a tratar de esconder la derrota en un motín tumultuario, justo lo que el marianismo pretendía esquivar con su famoso planteamiento proporcionado. Quizás el propio Puigdemont quede pronto sobrepasado, incapaz de controlar la situación, emparedado entre la calle y los juzgados. Hay un principio histórico elemental que los soberanistas han desdeñado, y es que todo movimiento de independencia deriva siempre en un proceso revolucionario.



Enemigos

Thu, 21 Sep 2017 06:17:33 GMT

El tablón de «Enemigos del Pueblo» confeccionado en Cataluña con los rostros de los alcaldes resistentes es un recordatorio de cierta forma de desamparo que sólo al Estado concierne corregir. Al Estado: no con los movimientos de masas de choque populares con los que muchos fantasean en las cafeterías de la calle Serrano de Madrid o sacando al perro por el Retiro. Lo malo es que el Estado hace tiempo que se retiró de Cataluña donde, acomplejado y diluido como el propio PP allí, quedó amedrentado por la hipótesis viciosa de que su mera existencia era una provocación que «fabricaba independentistas». Por ello hace falta una disposición corajuda, todavía no tan heroica como la exigida antaño en los pueblos patrullados por la ETA donde el tablón era el preludio del asesinato, para asumir posiciones de desobediencia a los desobedientes. Porque no está claro que el Estado vaya a respaldarlas, que el Estado vaya a aparecer. Sobre todo cuando ahora, además de las adjudicaciones de fabricar independentistas, tendrá que hacer frente a la campaña de descrédito de una extrema izquierda que, cuando tuvo que elegir entre España y traición, siempre eligió traición. Siempre eligió ideología. Con la única excepción, tal vez, del PCE de la Transición, despreciado ahora por ello por las mutaciones podemitas que se arrogan el control de la Transición pendiente e incluso de las maniobras de guerra en el frente del Ebro, también pendientes de resolución. Ya hicimos la observación, al cubrir el mitin de Santa Coloma, de que Pablo Iglesias, con un oportunismo sin escrúpulos, había encontrado en el independentismo una herramienta con la que obtener su único propósito: el colapso del 78 y la patente de reconstrucción, incluida la exclusión de por vida de la derecha social. La complicidad trenzada por este motivo está adquiriendo, mediante el intento de sabotaje de la reacción de Estado, unas cuotas de inmundicia y de irresponsabilidad histórica que tampoco servirán para sacar de su autoengaño a los marxistas-rococós que encontraron aquí el nuevo parque temático utópico. Consideraba un alivio y un milagro, sobre todo para lo que cabía esperar de las ambiciones de Moncloa inmediata de Sánchez, que el PSOE no se hubiera dejado arrastrar a semejante lodazal pese a los pactos fáusticos alcanzados o al menos esbozados con Podemos. Al menos hasta la votación parlamentaria de ayer, que lo arruina. El PSOE fundacional del 78, pese a las veleidades revolucionarias e incluso asamblearias con las que a menudo trató de contrarrestar la fotogenia podemita en tiempos radicales, no puede causar semejante decepción que además habría dejado la defensa de España en las manos únicas de Rajoy -nunca me acuerdo de Rivera, es difícil verlo-. Nada sino eso habría querido Rajoy, pues un mínimo acierto a solas en esta encrucijada le va a permitir convocar elecciones anticipadas con una legítima confianza en la mayoría absoluta.



El Estado se impone

Thu, 21 Sep 2017 02:21:42 GMT

No había alternativa y el independentismo era plenamente consciente de lo que iba a ocurrir porque estaba avisado. La advertencia de que el Estado de Derecho no iba a permitir la voladura de España -como anoche repitió Mariano Rajoy- era nítida. El desmontaje estructural del referéndum ilegal era una necesidad democrática y una exigencia legal frente a los ejercicios de sedición diseñados por la Generalitat. Las detenciones de altos cargos del Gobierno catalán, incluido el número dos de Junqueras, jamás podrán ser una operación represiva de libertades y derechos. Fueron la respuesta proporcionada e imprescindible de un auténtico Estado de Derecho frente a quienes se han conjurado para aniquilarlo. Todo lo demás queda reducido a una parafernalia para justificar un golpe de Estado que el Gobierno y la oposición jamás podrán permitir. No hay un argumento para justificar que unos golpistas se arroguen la legitimidad de una soberanía nacional de la que carecen. Desde ayer, el Gobierno mantiene intervenidas las cuentas de la Generalitat, y eran imperiosos los registros hechos en cuatro consejerías, empresas y domicilios particulares para asestar un varapalo letal a la intendencia de la consulta. Ni el Ejecutivo ni la Justicia podían dar una imagen de indolencia frente a tanto abuso. También se requisaron diez millones de papeletas, y trescientas entidades públicas y privadas catalanas están vigiladas por Hacienda para evitar pagos incontrolados de la Generalitat violando todo tipo de sentencias. El Estado de Derecho no tenía otra opción, y la respuesta de Puigdemont solo refleja la demencial deriva en la que se ha instalado. Ni en Cataluña se ha suspendido el autogobierno, ni existe de facto un estado de excepción, ni el Gobierno carece de vergüenza democrática ni lo ocurrido responde a un régimen represivo e intimidatorio. Es el separatismo el que desde hace tiempo convirtió a Cataluña en un territorio sin ley ni derechos para millones de ciudadanos, expuestos a la amenaza, la marginación, el estigma españolista y el odio social. Y si de algo debe lamentarse el Estado es de haber tardado en hacerse presente con dignidad en Cataluña. Más allá de la firmeza con la que actuaron ayer la Justicia y el Gobierno, la pretensión de los sediciosos de promover concentraciones masivas para presentar a España como una dictadura opresora de las libertades debe ser ahora la mayor preocupación de todos. Se trata de una situación de excepcional gravedad no vivida desde el 23-F y cualquier chispa ajena a la razón puede agitar la violencia en las calles, un riesgo contra el que también alertó ayer el presidente del Gobierno. El riesgo es alto, visto el proceso de «batasunización» de la CUP. Es comprensible que Puigdemont y Junqueras se resignen a no ver urnas el 1-O, y que su llamamiento a una insumisión masiva sea solo el último recurso del derrotado. Pero las consecuencias son imprevisibles si se intenta generar conflictividad. Exigir a los catalanes que se echen a la calle e impidan la labor de jueces, fiscales y policías es la muestra más enervante de un victimismo elevado a la enésima potencia para perseverar en su fobia a España. Ayer hablaron de «declaración de guerra», tildaron de traidores a los Mossos, destrozaron una sede del PSC y agredieron a militantes, y quisieron evitar la detención de altos cargos saltando sobre furgones policiales. Defendieron la delincuencia institucional para resolver por la vía de los hechos consumados, lo que ni la ley ni la historia les conceden. Poner en riesgo la convivencia democrática alentando el caos en Cataluña no puede ser una opción. Hoy la prioridad ya no puede ser contemporizar con quienes quieren romper España. Sublimar las llamadas al diálogo cuando ni un solo independentista quiere dialogar sobre nada es mentir a la opinión pública. La prioridad es prese[...]



Agresión totalitaria nada original

Wed, 20 Sep 2017 08:18:18 GMT

No les gusta a los nacionalistas catalanes que los comparen con los nacionalsocialistas alemanes. Por eso resulta doblemente lamentable que se pasen el día emulándolos. Sería solo una fea coincidencia como hecho aislado ese fervor común por las marchas con antorchas, die Fackelzüge, que tanto emocionaban a los nazis alemanes y emocionan a los separatistas de la España del noreste. Por desgracia hay mucho más. Los pasados días 6 y 7 de septiembre orquestaron una operación en el Parlamento catalán que fue una repetición lograda de la sesión del 23 de marzo de 1933 en el Reichstag en la que se aprobaba la Ley Habilitante que liquidaba la legalidad de la República de Weimar. Días después los partidos separatistas comenzaron a acosar a los cargos de los partidos opuestos al referéndum. El propio presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, incitó a esta coacción colectiva en perfecta emulación de los llamamientos de Joseph Goebbels a perseguir a la oposición a aquella ley habilitante, «Ermächtigungsgesetz». Ayer circulaban por Cataluña pasquines firmados por Arran, las juventudes de las CUP, líderes del proceso golpista, con fotografías de miembros de partidos constitucionalistas, tachados de enemigos del pueblo merecedores de castigo. Estos filoterroristas tienen ya identificados comercios y centros cívicos, públicos y privados, frecuentados por adversarios al golpe de Estado y por ello potenciales objetivos de represalias. Ayer se dispararon las denuncias de masivas presiones y amenazas a funcionarios para que se plieguen a los intereses de los separatistas. Calcado de 1933. Todo esto era evitable. De haberse combatido el golpe de Estado en sus comienzos hace ya casi un lustro. De no haberse tolerado que se cultivara la delirante fantasía colectiva de que un par de millones de españoles fanatizados pueden destruir la patria común a los 45 millones restantes. El disparate es mayúsculo. Solo décadas de educación en el odio permitidos por todos los gobiernos de España y un lustro de dejadez, pasividad y desidia del gobierno Rajoy ante los planes evidentemente criminales de la Generalidad explican la situación actual. La situación la agrava por la existencia España de algo tan rancio, siniestro y peligroso como un movimiento comunista llamado Podemos, fuerte gracias a la crisis y al sistemático trato de favor por parte del gobierno del PP. Ellos ven su gran ocasión para la voladura, de la Constitución que nadie acata, del sistema agotado e inerme y sobre todo de la propia España. Es otra vez la alianza de dos ideologías, la separatista emuladora del nazismo en Cataluña y la comunista, aliadas para destruir las libertades y a la Nación Española, su único garante. El llamamiento de Iglesias a crear una asamblea de partidos separatistas y de izquierda es el intento chavista de crear un parlamento paralelo sin el partido más votado. Iglesias querría ser Chávez pero emula a Maduro. Pretende montar aquí una fantasmal Asamblea fuera del Congreso como el presidente venezolano montó su Constituyente para liquidar a la Asamblea Nacional. Cierto que el PSOE de Pedro Sánchez no se presta al juego. De momento. Pero es obvia la fragilidad del frente político constitucional. Nadie ha estado a la altura ni en su sitio. Ahora las decisiones son inaplazables. Dada la situación que puede derivar en tragedia, urge que gobierno asuma la responsabilidad de la defensa de las libertades pisoteadas y la neutralización de la alianza golpista. Hay instrumentos constitucionales y aparato del Estado suficientes. Después habrá de iniciarse la inevitable tarea, dura y larga, de la reconciliación, de gestionar las frustraciones de unos sueños delirantes de no pueden cumplirse sin una catástrofe histórica que nos arrastraría a todos.



La corrupción ya toca a Puigdemont

Wed, 20 Sep 2017 07:19:44 GMT

(image) La operación puesta en marcha ayer por la Fiscalía Anticorrupción en el Ayuntamiento de Gerona, del que Carles Puigdemont fue alcalde entre 2011 y 2016, revela una vez más cómo la causa nacionalista ha convertido múltiples organismos en un auténtico lodazal de corrupción. En este caso, se trata de una investigación judicial instada por la CUP en la que trata de averiguarse el destino de al menos cinco millones de euros desviados de la corporación municipal a través de la empresa pública Agissa, encargada de la gestión del agua en esa capital. De momento hay siete cargos de Agissa y de varias empresas formalmente imputados por prevaricación y malversación, pero lo más novedoso es que este caso ya cerca a Puigdemont como antiguo primer edil. Aunque la instrucción se encuentra en una fase incipiente y Puigdemont no aparece como investigado, son muchos los indicios que apuntan tanto a un enriquecimiento ilícito de personas que debían estar bajo el control del ayuntamiento, como a una vinculación con la «trama del 3%» y la posible financiación ilegal de partidos. Puigdemont y todo su entorno alegarán que esta operación responde a una persecución del "aparato represor" del Estado por liderar la consulta independentista del 1-O, y se presentará una vez más como víctima y mártir. Pero nada más lejos de la realidad. Son sus ahora socios de la CUP –los mismos que expulsaron a Mas de las instituciones y los que condicionan cualquier acción de la Generalitat–, quienes pretenden poner al Ayuntamiento de Gerona, y por extensión a Puigdemont, en la picota. Si Puigdemont tiene motivos de queja, no debería volcar su indignación con la Fiscalía o la Justicia, sino con la CUP, con quienes se fotografía orgulloso votando resoluciones ilegales, desobedeciendo a los Tribunales, o generando un odio visceral hacia el resto de España. No puede ser una casualidad que cada vez que se abre una instrucción judicial por corrupción en Cataluña, sean casi siempre dirigentes y miembros de la antigua Convergència los investigados. Se trata de un partido que aunque haya cambiado de siglas, mantiene embargadas algunas de sus sedes por orden judicial. La financiación ilegal de CiU, quedó acreditada ya en el caso Palau, y el enriquecimiento de algunos de sus antiguos líderes, entre ellos la familia Pujol en pleno, eran indiciarias de que los tentáculos de las tramas corruptas no tenían fin. En este caso, resulta ilusorio pensar que Puigdemont, en su etapa como alcalde, desconociese unas irregularidades extendidas de manera sistemática desde 1988 hasta su propio mandato. Se trata de sociedades de titularidad municipal cuya gestión motivaba pérdidas y endeudamientos permanentes mientras sus responsables obtenían cada vez más lucro aparente. Por acción o por omisión, Puigdemont, por aforado que sea, deberá dar explicaciones.



Jonás

Wed, 20 Sep 2017 05:09:40 GMT

El jefe del liberalismo de Estado, Rivera, que es nadador, propone llevar a las Cortes un cargamento de juristas que expliquen la situación. Deberá traerlos de América; aquí hay abogados (conocedores de las gateras de las leyes), pero juristas (conocedores del fundamento de las leyes) sólo deben de quedar en América, donde ya Jefferson lamentaba la abundancia de abogados en el primer Congreso. -El defecto fundamental de la Confederación -anota en sus memorias- era que el Congreso tenía un poder solamente requisitorial, sin otra coacción que el principio moral del deber… Algunos Estados contribuían poco, otros menos y otros nada; y los últimos acababan suministrando una excusa a los primeros para dejar de hacerlo. También la falta de una separación entre las funciones legislativas, ejecutivas y judiciales operaba desventajosamente. Este reconocimiento de fracaso de Jefferson lo hicieron suyo todos los padres fundadores, y en ello radica su grandeza histórica: en apenas una década, la Constitución confederada del 77 («Artículos de la Confederación y la Unión Perpetua») hacía peligrar la supervivencia de la nación, y puestos a cavilar inventaron (¡sin saberlo!) la democracia representativa («populismo», para los señoritos de pan «pringao») con la Constitución federal del 87, una obra de Hamilton, Madison, Jay, Morris… que ahí permanece, a pesar de la zapa de la posmoderna izquierda marcusiana para destrozarla. -La obra más maravillosa lograda por la inteligencia y voluntad de los hombres -en palabras de Gladstone. Una «Unión Perpetua» iba camino de cargarse una nación de diez años, pero la Constitución del 78, con el troyano encriptado en su título octavo, podría cargarse una nación de cinco siglos. ¡En vez de la ballena engullendo a Jonás, Jonás engullendo a la ballena! Y en el cargamento de Rivera, en lugar de los «Founding Fathers», vienen, en cangrejeras de andar hacia atrás (los liberales, no los cangrejos), los liberales de Rallo. Ignacio Ruiz Quintano



Querer y no querer

Tue, 19 Sep 2017 17:32:22 GMT

En esa estrategia prudente de Rajoy, en esa resistencia a aplicar medidas de autoridad democrática para no alimentar el victimismo secesionista, el Gobierno se está dejando jirones de prestigio que cuestionan el éxito de sus buenas intenciones. Por mesurado y paciente que sea el criterio adoptado, cuesta ver a todo un Estado levantando los cubiletes del trile al que lo invita una cuadrilla de provocadores. La idea de cercenar la logística del referéndum puede llevar al ridículo a las instituciones. Después de ver a la Guardia Civil corretear en busca de imprentas clandestinas, a la Fiscalía enviar citaciones masivas que pueden causar un atasco procesal, o al mismo Gabinete amenazar con cortes de luz en los locales de votación, lo que los ciudadanos perciben es que la iniciativa ha quedado en manos de unos insurgentes encantados de jugar al escondite con los legítimos representantes de todos los españoles. Porque, además, la partida no va a terminar, como bien sabe y teme el presidente, el 1 de octubre. Al contrario, los días siguientes serán decisivos aunque la consulta se convierta en una parodia porque los soberanistas difícilmente aceptarán el fracaso. Son incluso capaces de declarar la independencia; hasta ahora lo único que no se les puede discutir es que han cumplido todo lo que han anunciado. Y si eso, o cualquier hipótesis más o menos similar, sucede, será inevitable una respuesta concluyente del Estado. Con el coste de ejercer tarde la firmeza que podía haber ejercido temprano. Cuando el presidente dice que le van a obligar a hacer lo que no desea se muestra consciente de que acaso ya lo debería haber hecho. Lo hizo con la intervención financiera de la Generalitat, hasta ahora la decisión más enérgica del Gobierno. El propio Tribunal Constitucional, reticente a decretar suspensiones o inhabilitaciones de cargos, está sugiriendo que hay margen de actuación política además de la estricta aplicación del Derecho. No en el sentido de negociar con los insurrectos, como defiende la izquierda, sino en el de utilizar los poderes constitucionales en serio. Claro que eso tiene consecuencias, pero a estas alturas quizá no peores que permitir que un grupo de iluminados tome las leyes de la nación a cachondeo. Los independentistas sobrepasaron los límites de la prudencia hace rato. Hay fundamentos jurídicos, razones morales y argumentos políticos de sobra para actuar sin remordimientos en defensa del orden vulnerado. La provocación va a continuar porque el soberanismo está cómodo en ella; se gusta en ese toma y daca envalentonado y se siente fuerte en un conflicto que le concede igualdad de plano. Por tanto, es responsabilidad del Gobierno decidir hasta cuándo puede una nación democrática europea aceptar este deplorable juego del ratón y el gato. Hacer lo que se debe y no lo que se quiere: en eso consiste el compromiso del liderazgo.



El juicio de Fórum... once años después

Tue, 19 Sep 2017 06:11:56 GMT

(image) Hace once años un juzgado de la Audiencia Nacional intervino Fórum Filátelico, la sociedad dedicada a captar inversores a cambio de una rentabilidad garantizada por sellos. La estructura piramidal montada por los dirigentes de Fórum colapsó en cuanto los nuevos inversores no aportaban lo suficiente para pagar las rentabilidades de los más antiguos. La solvencia de los sellos no apareció por ningún lado. El valor de las colecciones filatélicas fue calculado en aquel momento en 86 millones de euros, frente a los 4.300 millones que defendió la empresa en 2007. El resultado es que más de 250.000 inversores perdieron sus ahorros. El caso no era aislado. Afinsa, otra empresa dedicada al mismo negocio, también quebró y sus directivos fueron condenados. Ayer se inició, finalmente, el juicio penal contra la cúpula de Fórum Filatélico. Paralelamente, en estos años se ha resuelto el concurso de Fórum Filatélico con un resultado que no alimenta el optimismo de que las víctimas puedan recibir las indemnizaciones que reclaman. La Fiscalía pide contra el principal acusado, Francisco Briones, la pena de 27 años de prisión. Se dice que la justicia siempre llega, aunque sea tarde. En este caso, es difícil aceptar que puede haber justicia si llega tan tarde. Realmente, la única esperanza de los miles de afectados, que guardan historias dramáticas, es que el Estado sea declarado responsable subsidiario por no haber fiscalizado las actividades de Fórum Filatélico. Los compromisos en tiempo electoral esperanzaron a las víctimas del fraude con soluciones que, en la práctica, son muy complicadas. Este caso también fuerza a preguntarse por la diferencia entre un negocio que sale mal y una estafa colectiva, porque nadie se sintió estafado mientras se pagan rentabilidades inverosímiles del 18%. Además, habrá que justificar de manera muy convincente que el Estado tenía un deber de vigilancia específico sobre estos negocios puramente privados. La Audiencia Nacional no tiene un papel fácil con este juicio. Los ánimos están a flor de piel y la opinión pública está muy sensibilizada con este tipo de fraudes colectivos, dando por hecho que son delictivos. Las sesiones del juicio durarán hasta diciembre y es probable que el tribunal necesite varios meses más para redactar la sentencia, la cual, a su vez, será recurrible ante la Sala Segunda del Supremo. Al largo plazo se une que las expectativas de que las víctimas puedan recuperar su inversión son inciertas sin la intervención del Estado, pero en todo caso la Justicia tiene que juzgar las responsabilidades penales y civiles de los acusados, al margen de si en un futuro podrán asumir sus costes. Al menos debe quedar claro qué sucedió con aquella red de inversiones que entrampó a decenas de miles de ahorradores.



El agujero de las pensiones en Cataluña

Tue, 19 Sep 2017 06:07:57 GMT

(image) Una de las muchas mentiras que ha difundido el nacionalismo catalán en los últimos tiempos para vender su particular proyecto secesionista a la opinión pública es que las pensiones no sufrirían problema alguno en caso de independencia, cuando, en realidad, la situación sería justo la contraria, tal y como evidencian los fríos datos de la Seguridad Social. Prueba de ello es que el 25 por ciento del déficit que registra el sistema en la actualidad, equivalente a unos 4.600 millones de euros, se concentra en Cataluña, siendo además Barcelona una de las provincias con un mayor agujero en materia de pensiones. Este sustancial desequilibrio entre ingresos y gastos se vería agravado en caso de ruptura, ya que las nefastas consecuencias económicas que traería consigo la independencia, con la consiguiente salida del mercado común europeo y de la moneda única, se traducirían en la pérdida de hasta el 30 por ciento del PIB regional y un fuerte aumento del paro, haciendo inviable la sostenibilidad de las cuentas públicas. Uno de los mayores damnificados, por tanto, serían los más de 1,5 millones de pensionistas catalanes, cuyas prestaciones no solo dejarían de estar garantizadas, sino que sufrirían importantes recortes ante el nulo margen de la Generalitat para financiarse en los mercados. La caja única de la Seguridad Social, por el contrario, asegura el pago puntual de todas las pensiones públicas gracias al esfuerzo y la solidaridad de todos los españoles. A diferencia de lo que afirman los separatistas, cuyo discurso tan solo contiene ensoñaciones y engaños para proteger sus particulares intereses políticos, Cataluña ha logrado mantener en pie las pensiones y la prestación de los servicios básicos durante la crisis debido al firme apoyo prestado por el resto de los españoles.



No es la unidad, es la convicción

Tue, 19 Sep 2017 05:46:20 GMT

Parece aceptarse como dogma de fe que para derrotar el intento de golpe sedicioso alentado desde la Generalitat de Cataluña el único requisito indispensable es mantener la unidad de los demócratas. A título probatorio de esta afirmación se cita el caso del terrorismo etarra, presuntamente vencido mediante esa estrategia. Y en aras de conseguir ese bálsamo de fierabrás, se sacrifican los principios y se diluyen las respuestas. Pues bien, ni es cierta la premisa ni tampoco la conclusión. Lo único que ha logrado esa falsa unión de partidos rivales, mucho más preocupados de conservar o incrementar sus votos que de preservar la integridad de España, ha sido descafeinar la política que habría debido hacer el Gobierno y dar alas a los golpistas. Parafraseando a Churchill, queríais unidad a cambio de firmeza y ahora tenéis división e imagen de debilidad. Un terreno de juego perfecto para los separatistas, que ni dudan de la legitimidad de su causa, ni vacilan en romper en dos la sociedad catalana, ni tampoco temen represalia alguna. Lo que colocó a la banda terrorista contra las cuerdas y habría acabado con su derrota incondicional, de no haberse sentado Zapatero a negociar con ella ignominiosas concesiones, no fue la unidad sino la determinación del Ejecutivo de Aznar. ETA fue infiltrada hasta introducir a un “topo” como conductor del cabecilla Kantauri, perseguida por la Guardia Civil a ambos lados de los Pirineos, privada de oxígeno político y financiero al ser ilegalizada Batasuna junto a los demás tentáculos de la bestia, y desacreditada ante la opinión pública mediante campañas de movilización ciudadana protagonizadas por asociaciones cívicas, como la AVT, fuertemente respaldadas desde los poderes públicos, que llegaron a cambiar radicalmente la percepción de la ciudadanía. La unidad vino después, cuando el PSOE se dio cuenta de que o se unía a ese carro victorioso o se quedaba atrás. Además, aquello nunca pasó de ser un espejismo, toda vez que mientras firmaba el Pacto Por las Libertades y Contra el Terrorismo el partido el puño y la rosa ya lo estaba traicionando en conversaciones secretas destinadas a fraguar el acuerdo que dio en llamarse “de paz”, tramado a espaldas del PP. Hoy sucede lo mismo. Con el fin de proteger esa sacrosanta unidad de acción, que no deja de ser ficticia, el Gobierno ha renunciado a aplicar en Cataluña el artículo 155 de la Constitución, previsto en nuestro ordenamiento jurídico precisamente para hacer frente a situaciones como la actual. Ha renunciado a hacer valer la Ley de Seguridad Nacional e incluso la de Estabilidad Presupuestaria, pese a la abrumadora acumulación de razones que la gestión de Puigdemont le brindaba. Ha maniatado al Tribunal Constitucional, obligado a dictar sentencias unánimes y por consiguiente aguadas por la necesidad de consenso. ¿Y todo eso para qué? Para ver cómo los secesionistas se ríen de todos nosotros, jaleados por las huestes podemitas, bajo la mirada condescendiente de un Pedro Sánchez equidistante entre defensores de la democracia y golpistas, aferrado a la demagogia hueca del “diálogo” y la “reforma”. O sea, para nada. Mariano Rajoy está solo, como siempre ha estado. Solo con sus convicciones. Suya es la responsabilidad de actuar, pues suyo es el poder de actuación que le han dado los electores. De su lado están la Ley, la comunidad internacional, los intereses generales, la historia, el sentido común y hasta las encuestas, pese a lo cual dice no querer hacer aquello a lo que está obligado: Honrar el juramento que formuló al aceptar el cargo de presidente. Después, que cada palo aguante su vela. Isabel San Sebastián



Contra la destrucción de España

Tue, 19 Sep 2017 05:40:22 GMT

No hay otra alternativa moral ni jurídica que la victoria ante el golpe de Estado perpetrado en Cataluña. No cabe otro calificativo. No es una opción política. Es un imperativo moral. Recordar la historia tiene escasa utilidad cuando ha sido durante tanto tiempo falsificada. Ya sentenció Revel que la principal fuerza que gobierna hoy el mundo es la mentira. Ahora se trata de corregir el mayor error de la Transición. Y el error es una vía regia hacia el aprendizaje. Entonces, en palabras de Julián Marías, se intentó contentar a quien sabemos que no se va a contentar. La amabilidad deviene así debilidad. Y la debilidad conduce a la derrota. Hoy en Cataluña gobierna la mentira. Y no me refiero sólo al Gobierno autonómico. Ahora sólo nos queda la defensa de la Constitución. No se trata de que el referéndum convocado sea ilegal. Es mucho más y peor que eso. No es sólo inconstitucional, que, por supuesto, lo es. Es que entraña la destrucción de la Constitución. Ella establece en su artículo 2 que «la Constitución se fundamenta en la unidad indisoluble de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas». Nunca debió incluirse el término «nacionalidades», si no hay más nación que la española. La ruptura de la unidad nacional no sería sólo inconstitucional, sino que destruiría el fundamento de la Constitución y, por ello, a ella misma. La independencia de Cataluña no exigiría la reforma de la Constitución, sino que entrañaría su destrucción. El aspecto jurídico no ofrece dudas. Tampoco es posible convencer con razones jurídicas a quien no esgrime razones jurídicas. Es evidente que se han cometido gravísimos delitos, quizá el mayor la sedición. No es, pues, un asunto de libertad de expresión ni de libertad política. El problema no es sólo Puigdemont, ni su Gobierno, ni la Mesa del Parlamento catalán y su mayoría. Son ciertamente los principales responsables, mas no los únicos. Por lo demás, si son políticamente algo se lo deben a la Constitución a la que intentan destruir. Sin la Carta Magna, Puigdemont no sería presidente de la Generalidad. De Tarradellas a Puigdemont sólo se puede transitar degenerando sin pausa. Son también responsables los catalanes que han votado a partidos independentistas. También lo son, en menor grado, los Gobiernos de España, que claudicaron y entregaron las competencias de Educación a las autonomías, el mayor error desde el comienzo de la democracia. Enorme responsabilidad tiene la mayoría de los medios de comunicación, entregados al comunismo y al separatismo, y quienes se lo han facilitado. La Conferencia Episcopal dictaminó que la unidad nacional es un bien moral, pero dudo de que esta posición haya tenido la necesaria acogida en todo el clero. Ahora el patriotismo consiste en apoyar al Gobierno para impedir el triunfo del golpismo secesionista. Y después emprender las reformar necesarias para corregir los errores cometidos: no más competencias, sino menos. Reforma de la Constitución, sí, pero no para perseverar en el error, sino para enmendarlo. Que hablen las urnas, sí, pero abiertas a todos los españoles. No entiendo tantas llamadas a la moderación cuando se trata de aplicar la Constitución y las leyes. ¿Acaso se habla así cuando se trata de otros delitos, como violaciones o violencia contra las mujeres? Pues que caiga toda la fuerza legítima del Derecho contra los golpistas. Incluido el artículo 155. ¿O no está vigente? Quienes más ignoran de España y su historia, han pr[...]



Y ahora en el metro de Londres...

Mon, 18 Sep 2017 08:54:28 GMT

Con preocupación leo unas declaraciones de mi admirado amigo Fernando Sánchez Dragó: "Entérense quienes nada saben del Corán que los musulmanes solo tienen una patria, la del islam, sin localización geográfica definida (…), y que, por ello, cualquier tentativa integradora por parte de las naciones que los acogen, les ríen las gracias y les dan palmaditas, derechos, salarios y subvenciones, está destinada al fracaso. Nunca se sentirán europeos, ni españoles, ni de ninguna parte. Tampoco respetarán las reglas de la democracia". Esta negativa opinión es compartida, por desgracia, por muchos europeos, incluso partidos políticos aún minoritarios, menos mal, que acusan a los emigrantes musulmanes de vivir al margen de la sociedad que los acoge sin intentar integrarse. Señalan estos críticos, con manifiesta mala intención, que muchos terroristas son musulmanes de segunda y tercera generación, nacidos en el país, jóvenes privilegiados que han disfrutado, como cualquier europeo, de libertades cívicas, escuelas, seguridad social, subsidios de desempleo, ayudas a la vivienda, modernos servicios y oportunidades de progreso muy superiores a las que tienen sus correligionarios en los países islámicos. Es fácil acusar a todo un colectivo basándose en las acciones reprobables de una exigua minoría casi inapreciable numéricamente frente a la inmensa mayoría, esos cientos de miles de musulmanes que cuando uno de estos luctuosos sucesos ocurren inundan la calle en espontaneas manifestaciones contra el terrorismo, los que blanden pancartas con protestas de paz y llamamientos a la unidad y a la solidaridad. Los que quieren discriminar a nuestros huéspedes musulmanes en nombre de supuestos valores occidentales deberían considerar que uno de esos valores esenciales que creen peligrar es la tolerancia, la convivencia pacífica y el respeto a las culturas diferentes, la multiculturalidad que alababa el presidente Zapatero en su celebrada propuesta de alianza de civilizaciones que tan sazonados frutos ofrece. Por eso apena comprobar que esa visión reaccionaria comienza a afectar incluso a personas antes tan inclinadas por favorecer el crecimiento de una sociedad multicultural en nuestro suelo como don Jordi Pujol, cuando cree detectar en las comunidades musulmanas "cierta actitud de reticencia, de resistencia y a veces de rechazo frente a la integración (porque) no valoran del todo el tipo de civilización que nosotros ofrecemos, porque queda lejos de la suya y porque sencillamente no la valoran". Y conste que el expresidente catalán, condecorado por Mohamed VI con el Gran Cordon del Ouissam Alauite, no es nada sospechoso de islamofobia. A su iniciativa de primar la inmigración musulmana sobre la latina se debe que Cataluña goce hoy una de las más numerosas comunidades islámicas de Europa. Esas dificultades de integración que el señor Pujol y otras personas ponderadas señalan pudieran contener algo de verdad, pero no es menos cierto que quizá se deban al desconocimiento que la sociedad anfitriona, la nuestra, tiene del carácter del islam. ¿Qué sabemos del islam? Prácticamente nada. La televisión y los noticiarios solo nos ofrecen imágenes de sus conflictos, raramente de la riqueza de sus culturas, no de su firme espiritualidad, tan alejada de nuestras descreencias. Si nos informáramos un poco seguramente los instintivos recelos que albergamos se disiparían. A los musulmanes piadosos les repugna el politeísmo o "asociación" (chirk) de Alá con otro Dios. Esto explica el hecho de que en algunos países donde los musulmanes son mayoría algunos exaltados se hayan propuesto ext[...]



Sin pena de telediario

Mon, 18 Sep 2017 06:44:13 GMT

En estos mal llamados días, aciagos para el futuro de España, me acuerdo bastante de aquella tía que tenía don José María Pemán y cuya historia contó en una Tercera de ABC, espléndida como todas las suyas, cuando la televisión llegó a Andalucía. Contaba Pemán que su tía se resistía a comprarse un aparato de televisión, como hacía todo el que tenía posibles, para pasar las noches con Perry Mason o con Franz Johan. Y cuando preguntaron a la buena señora por su resistencia a comprarse el televisor, justificó su negativa diciendo: -¿Pero cómo me voy a comprar yo ese aparato? ¿Para que se me llene la salita de gente a la que no conozco de nada? A muchos de los que estamos quizá más preocupados que algunos de los propios catalanes por «la deriva» (que se dice en tertulianés) del separatismo, nos está pasando justamente como quería evitar la tía de Pemán: cada telediario, sea de la cadena que fuere, nos llena la salita de separatistas, a los que no solamente no conocemos de nada, sino que odiamos y tememos; quienes sin pedirnos permiso nos largan su soflama independentista y encima en su lengua cooficial, cuando saben que sus palabras van a ser escuchadas en toda la nación española y hablan todos perfectamente castellano, quizá mejor que usted y que yo, aunque con otro acento. Si nos atenemos a la doctrina del Tribunal Constitucional, cada telediario nos llena la salita de delincuentes separatistas, de sediciosos rebeldes. Para ellos no hay la que llaman «pena de telediario», sino lo contrario: hay exaltación del separatismo independentista en cada telediario. Los presentan como unos héroes, para que larguen toda la fiesta que les dé la gana contra la unidad de la Patria española. Cualquier político corrupto de los miles que hay sueltos por España a babor y estribor es presentado en la televisión como en ejecución de la «pena de telediario» famosa y ágrafa de códigos. Estos son exaltados en su rebeldía y desobediencia. Y nadie propone un «apagón informativo». Dice Rajoy de su Gobierno, en su continuo recital de serenidad y prudencia que sabe Dios lo que camufla, que «nos van a obligar a lo que no queremos llegar». Bueno, pues en materia de exaltación de los delincuentes separatistas, en la propia TV pública no sólo han llegado ya, sino, como se dice en tertulianés, se han pasado veinte pueblos. Ya la gente conoce más que al presidente de su propia comunidad al de la autonomía catalana, al del mocho de fregona en la cabeza, que de hecho ha aplicado ya por su cuenta el artículo 155 de una Constitución que de momento se han saltado a la torera y después ya veremos. ¿A qué supresión de autonomía va a llegar Rajoy como le obliguen, si la Generalidad ya no aplican la de la Constitución de 1978 y se han erigido en otra cosa, en una especie de anticipo a cuenta (a cuenta del dinero de todos los españoles) de la República Catalana que quieren proclamar? Los reos de sedición y rebeldía que con cada telediario se nos cuelan en Modo Exaltación en la salita presentan el ilegal referéndum como un inofensivo juego de niños con urnas de cartón y papeletas de Ikea. Nadie dice que las familias catalanas están divididas, y que se ha hecho de nuevo trágica realidad el fandango de la guerra civil: «Tengo un hermano en los rojos/ y otro con los nacionales». Más preocupados estamos por este quilombo el resto de los españoles que muchos catalanes, exultantes. Tras cenar con un empresario catalán que pastelea tela con los separatas, un amigo me hizo la triste clasificación de esta hora. Me dijo: «Mira, ahora mismo hay tres clases d[...]



Murga insufrible

Mon, 18 Sep 2017 05:55:33 GMT

Me encantaría estar iniciando un artículo sobre la gesta de Saharon Shelah, un septuagenario de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y Maryanthe Malliaris, profesora de la Universidad de Chicago. Juntos han resuelto un problema que traía de cabeza a los matemáticos desde hace setenta años. Han logrado demostrar que dos variantes diferentes de infinito son en realidad del mismo tamaño. A los profanos nos suena a etrusco, pero el hallazgo es tan memorable que hasta «The Times» le ha dedicado un editorial. Me agradaría escribir sobre la compra de Blue River Technology por parte de la decimonónica multinacional John Deere, el gigante de los tractores verdes. Blue River es una firma de Silicon Valley que combina cámaras e inteligencia artificial para fumigar los cultivos de modo selectivo, aplicando pesticidas solo en las plantas que lo requieren. Una revolución para agricultura, la salud y el medioambiente. Los agricultores gastarán menos en plaguicidas. Los vagos como yo, que descansamos en las ensaladas de bolsa, ingeriremos menos veneno. El medioambiente saldrá beneficiado. La noticia todavía ofrece una lectura más: un fabricante de tractores da un salto al siglo XXI y pasa a convertirse en cierto modo en una empresa de AI. Vivimos avances vertiginosos, que reinventarán nuestras vidas y el mercado laboral… …Pero si yo me pusiese a escribir una columna sobre los temas anteriores, bastante más importantes para la humanidad que la lamentable patochada xenófoba y golpista de Cataluña, me convertiría en un friki, porque en España ya solo hay un tema: la rebelión catalana, que detrae atención de los problemas prioritarios. España es ya un buen país, pero si corrigiese algunos desarreglos podría situarse en primerísima punta de lanza. Sus defectos están diagnosticados: un horizonte demográfico aterrador; una clase media debilitada por la crisis y desatendida por el actual Gobierno; una educación manifiestamente mejorable y con masas de jóvenes en el limbo del pasotismo; un modelo autonómico que urge corregir, recuperando una formación común y dando a quien tiene la responsabilidad del gasto también la del ingreso, norma elemental en cualquier manual de hacienda pública; una sociedad instalada en la queja y la subvención y enemiga de la meritocracia, que escucha los cantos de sirena de un populismo neocomunista, antiespañol y económicamente analfabeto; una carencia lesiva de patriotismo y autoestima; una deuda perenne con la ciencia… Tendríamos que volcar nuestras energías en esas lagunas, pero somos rehenes de una minoría. Unos 45 millones de españoles marchamos con la lengua de fuera al son de millón y medio de separatistas catalanes, minoritarios en la propia Cataluña. El Gobierno, apocado, argumenta en reuniones privadas que no se puede parar en seco a los sediciosos porque se caldearía la calle (es decir, si el enemigo es complicado, mejor tolerar ciertas ilegalidades, como el mitin de Tarragona). España pierde energías en una revuelta irracional, y no tan poderosa como parece, mientras nadie se atreve a hacer lo que toca: detener a esos golpistas, que es lisa y llanamente lo que demanda el pueblo español. Luis Ventoso



Juncker, el faraón suicida

Mon, 18 Sep 2017 05:44:44 GMT

Si no nos tuviera acostumbrados a verle besar la calva a sus interlocutores, tirar de la corbata a dignatarios extranjeros o regañar a camareros porque se olvidan de su copa, habría cundido el pánico ante los planes de reforma de la UE expuestos hace unos días por el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. Porque es todo un arrebato de «soluciones imaginativas», como llamaba Javier Pradera a las ocurrencias suicidas. Parece un plan para convocar una larga cola de países candidatos del EXIT que sigan al Reino Unido. En descargo del viejo presidente hay que recordar que vive en un mundo especial del privilegio público y privado. Juncker es un europeista en una burbuja que nada tiene ya que ver con Europa. Sino con una inmensa oficina de empleados privilegiados, sobrevalorados e hiperremunerados, cuyo máximo celo y vocación están en preservar y aumentar esa oficina que preside Juncker y que financian todos los pobres europeos cada vez menos europeístas. En realidad es un escándalo pero a nadie puede extrañar que entre las propuestas de Juncker una de las primeras fuera pedir más dinero de los países miembros para el aparato de la Unión Europea, con su comisión, su parlamento y su ingente, desbordante, insaciable y expansiva burocracia. Es una fábrica de injerencias en las naciones y los individuos y ha creado un monstruo regulatorio y controlador que hace cada vez menos libres y más pobres a los europeos que pagan. Pero Juncker quiere más. Como no fue suficiente el desastre de mantener a Grecia dentro del euro y la crónica precariedad resultante que solo disimula un BCE con la máquina de trucos de Mario Draghi, Juncker propone la ampliación del euro a todos los 27 países miembros de la UE. A compartir todos las miserias de todos, incluidas economías como las de Rumanía y Bulgaria. Con el endeudamiento de tantos. Además quiere un ministro de finanzas para que no le molesten intereses nacionales. También quiere expandir el espacio de Schengen a los 27 para que desaparezcan los pocos controles que hay cuando realmente comienza la lucha contra el islamismo radical en todo el continente. Juncker quiere más dinero y más poder para la Comisión. Quiere más dinero para la UE pero también para el Estado de bienestar de los miembros y, ¡por supuesto! para la inmigración porque debemos ser generosos. E imponer por la fuerza a países que se resisten dicha inmigración para transformar sus sociedades nacionales en su composición étnica, cultural y religiosa. Todo el que no apruebe sus propuestas, será tachado por Juncker de antieuropeo y sospechoso de ultraderechismo. Prietas las filas, nos dice. Que ya llegará él a montar un cambalache con Alemania y Francia para perpetuar el engaño. Pero el engañado es él, Juncker. Está en marcha la rebelión contra ese europeísmo del despotismo menos ilustrado que cínico que representa hoy el presidente de la Comisión con sus faraónicos planes de hundir Europa brindando con champán.



Éxodo empresarial en Cataluña

Mon, 18 Sep 2017 04:09:31 GMT

(image) Cataluña llegó a convertirse en una de las regiones más ricas de España gracias al tamaño y diversidad que alcanzó su estructura empresarial, fuente de riqueza y empleo, pero la gestión económica y presupuestaria llevada a cabo en los últimos años, junto a la incertidumbre que genera el desafío secesionista, está minando la base de tanta prosperidad, ya que ahora las empresas huyen de dicha autonomía en busca de lugares más seguros y atractivos para su negocio. En concreto, cerca de 8.000 compañías radicadas en Cataluña han trasladado su sede social a otras comunidades autónomas desde 2008, frente a las 5.300 que decidieron instalarse en esta región durante el mismo periodo, de modo que, hoy por hoy, la economía catalana ha perdido algo más de 2.600 empresas en términos netos, lo cual es un torpedo en la línea de flotación de la creación de empleo. Se trata de un fenómeno inédito a escala nacional, ya que, a excepción de Canarias, la catalana es la única región que ha visto reducido su tejido empresarial año tras año. La explicación reside, primero, en la elevada presión fiscal y las trabas regulatorias que impuso la Generalitat desde el estallido de la crisis. El tripartito formado por el PSC, ERC e ICV, que gobernó Cataluña hasta 2010, disparó los impuestos e incluso creó nuevas figuras tributarias para intentar compensar la fuerte caída de ingresos públicos como consecuencia de la recesión, en lugar de reducir el gasto superfluo y eliminar el inútil entramado autonómico que tan solo servía a intereses políticos. La posterior llegada de los nacionalistas al poder, con Artur Mas a la cabeza, perseveró en esta ruinosa deriva, haciendo que muchas empresas huyeran hacia regiones más favorables a sus intereses. En lugar de corregir su error, la Generalitat se dedicó entonces a criticar los bajos impuestos que aplicaban otras autonomías como estrategia para evadir su responsabilidad. El segundo factor de este éxodo es el proceso independentista. Desde 2012, y pese a la recuperación económica, la fuga de compañías no ha cesado como consecuencia de la creciente inseguridad jurídica que existe en Cataluña. La incertidumbre e inestabilidad políticas constituyen pésimos compañeros de viaje para el mundo de los negocios, puesto que tanto el futuro de la empresa como la seguridad de las inversiones ya no dependen de las decisiones de sus directivos ni de la siempre cambiante coyuntura económica, sino del arbitrario rumbo que fijen los gobernantes. La obcecación de los separatistas por incumplir la ley ahuyenta a empresarios e inversores, ya que la utopía independentista pretende sacar a Cataluña de España, lo que supone su automática salida de la UE y del euro. Las consecuencias las están pagando los catalanes, con menos empresas y una mermada capacidad de crecimiento.