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argentina  escenario  fue  hacia  música  otra  otro  pantalla gigante  público  roger waters  roger  sonido  también  wall  waters 
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El Sendero Oscuro



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Updated: 2017-12-01T01:16:07.438-03:00

 



Re-Upload - Roger Waters - (2002) - In The Flesh Tour - Velez Sarfield Stadium (Argentina)

2012-03-05T23:41:59.573-03:00

Esta es una grabación completa de una radio Argentina del recital que tuve el placer de presenciar. El sonido es bueno y viene acompañado de los relatos del locutor que comienzan así:Jueves 7 de marzo de 2002, 20:30 horas. Autopista 25 de Mayo salida Alvarez Jonte embotellada. La avenida Juan B. Justo era un infierno de autos que transitaban a paso de hombre. 45.000 personas luego de una jornada de trabajo intentaban llegar puntuales a uno de los recitales más esperados, pero parecía imposible. Roger Waters en la Argentina y Gem 101.5 estaba ahí.Review:A las 20.30, hora de comienzo del recital, se pidió disculpas al público y se avisó que se iba a tener una tolerancia de ¡15 minutos! porque la congestión del tránsito retrasaba la llegada de buena parte del público al estadio. A las 20.45 en punto estallaron los acordes de In the Flesh y los fuegos artificiales, y apareció Roger Waters, vestido de negro, sereno y concentrado, para hacer lo suyo con un grupo impecable. No habló con el público, fuera de algún que otro thank you o muchas gracias. Sólo al final de la primera parte dijo sobriamente que estaba contento de estar ahí, y que se haría un intervalo de veinte minutos. Eso fue todo, y no hacía falta otra cosa. Así que empezamos bien.El sonido fue otra muestra de respeto por el público, y al que lo calculó y manejó habría que nominarlo para el Premio Nobel de Física. No fue, como se dijo en algunos medios, “cuadrafónico” (estrictamente hablando, por lo menos) sino que (como bien señaló Adriana Franco del Diario La Nación) se dispusieron cinco torres surround. Por supuesto que los que estuvimos en el campo en los primeros lugares quedamos congelados (o hirviendo, según se quiera) con la ambientación, efectos y presencia ubicua de la música. Pero lo que es de destacar, es que los que estában en las plateas altas no tuvieron nada que extrañar: la música del escenario se escuchaba nítida, también la que se emitía desde la quinta columna dispuesta en el otro extremo del estadio; y las otras columnas, dispuestas hacia el campo, tenían detrás unas bocinas apuntadas hacia el otro lado, hacia las plateas, que hicieron que todos los efectos, tan característicos de las composiciones de Waters, estuvieran perfectamente incorporados a la música. No es que esto no se haga en otros shows. Pero el sonido que sale del escenario, en semejante distancia, tarda un momento en llegar al espectador, de modo que lo que sale de la torre que está al lado de la platea en la que uno se encuentra, debe ser “atrasado” un segundo en su emisión, o se arma un verdadero pandemónium: ruido y confusión. Bueno, fue perfecto, y todos escuchamos lo mejor que se podía escuchar desde cada lugar.En el fondo del escenario había una pantalla gigante que fue mostrando, según los temas que se ejecutaban, escenas de The Wall, de El lado oscuro de la luna, y diversas imágenes de la iconografía característica de Pink Floyd. A ambos lados del escenario, dos pantallas menores, pero suficientemente grandes, mostraban a los músicos haciendo su trabajo. Pero aquí apareció también la terca constancia de Roger Waters: durante todo el espectáculo, en la pantalla gigante, fueron apareciendo figuras “psicodélicas”, “lisérgicas”, propias de la década del sesenta, que fue el nacimiento de la inspiración de Waters. A mi izquierda había un grupo de cincuentones y cincuentonas que estaban fascinados. A mi derecha, chicos de veinte años. “Raro pero lindo”, sentenció uno.También el orden de los temas, en los que se fue evocando la discografía de Pink Floyd alternada con la producción solista de Waters, fue sorprendente. Roger Waters le da al público lo que el público espera, pero también le da lo que él quiere, y sin previo aviso. Comenzó con lo que todos queríamos y esperábamos: In the Flesh; luego, siguiendo con The Wall: The happiest days of our lives, Another brick in the wall y Mother. Pero inmediatamente apareció otra vez el coraje de Roger Waters, al enganchar directamente con Quit[...]