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"Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir"



Last Build Date: Mon, 20 Feb 2017 12:32:23 +0100

 



Los lunes de Anay. Renuncias...

Mon, 23 Feb 2015 20:30:20 +0100

(En el camino, el viejo reloj de la estación detenido en las dos y veinte, un par de bancos donde leer los cuentos de Pájaros de América, uno en un pequeño parque (los nidos abandonados en la copa de los árboles y sombras de ramas en la acera), el otro, frente al teatro (la palidez del invierno en la cumbre de los montes y los cormoranes planeando sobre la superficie de la ría), la ventana de una cafetería que da a las vías del tranvía, el montaje de las barracas de carnaval (naves espaciales, pequeños tiovivos plastificados y trenes de la bruja en forma de elipse), la línea del atardecer sobre las tejas rojas, el silencio de las callejuelas del casco viejo, las primeras ventanas encendidas, dejar el destino al azar.(una última coda)Escribe en un cuaderno alargado, cuenta cada línea y dibuja un punto final cuando llega a las doce líneas. Me lee la redacción en alto, qué hace que el baloncesto sea su afición favorita, y termina de manera abrupta con un ...y cosas así. Le digo que la redacción está muy bien, que la ha terminado de manera abrupta, que podría escribir una conclusión y así darle un final. Me hace caso, agacha la cabeza, agarra el bolígrafo con fuerza y escribe un par de frases más que rematan su redacción y yo sonrío por mis textos desmañados y sin final y cosas así...)Los lunes de Anay. Renuncias..."Calma de gran jardín en la mirada."                                       JOAN MARGARITNOCHE DE OROSNoche de oros.(No miente)El mar,como una sombra,ilumina mi oquedad.Expone mi tristeza.Le asiste el cielo,manso.                ANAY SALA src="http://www.youtube.com/embed/KmzFDEu2RoA?rel=0" width="429" height="322" rel=" https://www.youtube.com/watch?v=KmzFDEu2RoA" allowfullscreen="true" frameborder="0"> ...Feliz lunes.Un beso,Anay[...]



La subida (Yannis Ritsos)

Fri, 20 Feb 2015 08:57:31 +0100

Estuvo largo tiempo en el ajeno huerto, y sólo pensaba
en subir a escondidas a la higuera desnuda, para mirar
desde lo alto al mundo, como si fuera una hoja
o un pájaro; pero siempre pasaba alguien
y siempre lo dejaba para luego.
                                             Una tarde,
miró en derredor suyo - todo desierto -, trepó
a la rama más alta; entonces se oyeron
voces de entre las matas: "¿Qué haces, allí arriba?"
- grandes voces -, y contestó: "Un higo,
quedaba un  higo". La rama se quebró.
Lo levantaron. Tenía la mano derecha agarrotada.
Cuando abrieron sus dedos, no había nada dentro.
Yannis Ritsos
La subida (traducción de Juan Ruiz de Torres)


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El estafador (James M. Cain)

Thu, 19 Feb 2015 10:40:27 +0100

Un triángulo amoroso, un par de escenarios y una estafa a una entidad bancaria le bastan a James M. Cain para montar una novela rápida y tensa. El estafador tiene las características de la novela negra clásica, un narrador que describe una investigación de manera directa y sin ambages, una mujer que podría ser un ángel o demonio, un atraco que ejerce de clímax, la violencia seca y la moral subterránea que habla de engaños y codicia. Hay momentos donde El estafador lleva al viejo cine negro, conversaciones directas y un ritmo rápido, primeros planos para subrayar una palabra o un gesto, claridad expositiva y tensión creciente.Dave Bennett supervisa una pequeña sucursal bancaria. Descubre una estafa de miles de dólares a cargo de Brent, uno de sus empleados, y recibe la visita de Sheila, su mujer, para que le eche una mano y tape el robo de su marido. Cain sólo necesita unas páginas para delimitar la acción y presentar a los personajes, la voz directa y sin efusiones de Benett, que duda entre su lealtad al banco y la atracción que siente por la mujer de Brent, que se plantea qué es real en el matrimonio y nunca está seguro de lo que realmente busca Sheila, si hundirle para salvaguardar su vida familiar o sacrificarse por él. La escritura de Cain es seca y austera, frases rápidas que describen la situación y los pensamientos del narrador, que ubican al lector tanto en la mente del protagonista como en el espacio físico. Los personajes están enclaustrados en un par de escenarios, la entidad bancaria, la casa de Bennett, apenas hay escenas exteriores, algo que permita a los personajes tomar aire y distancia. Las habitaciones cerradas del banco y la casa acrecientan la tensión, la imposibilidad de escapar de un destino último. Cain juega con la subjetividad del narrador, sus dudas sobre Sheila y lo que realmente está ocurriendo en el banco, hay momentos donde no hay nada claro y todo parece un plan del matrimonio para hacerle caer.Cain habla de personajes corruptos, triángulos amorosos, tensión y dudas. El estafador es una lectura amena y rápida, no llega al nivel de El cartero siempre llama dos veces o Double Indemnity, pero tiene tensión y huye de lo superfluo. Temblaba al llegar a casa, y temblaba cuando subí a mi habitación y me acosté. Estaba metido en un lío gordo y sabía que estaba obligado a hacer algo. Pero sólo pensaba en la forma en que ella me había alborotado el pelo, o en la forma en que yo creía que lo había hecho; cómo me había dejado engañar y lo imbécil que era. Me sonrojaba al recordar los paseos en coche y toda la caballerosidad a que había recurrido para no cortejarla. Luego pensé cómo se habría reído de mí, y hundí la cabeza en la almohada. Al cabo de un rato reflexioné sobre lo que debía hacer esa noche. Estaba citado con ella para acompañarla al hospital, al igual que durante la semana anterior, y me pregunté qué me convendría hacer. Mi deseo era dejarla plantada y no volver a verla; pero no podía hacerlo. Después de lo que me había dicho en el banco cuando notó que la estaba mirando, si yo no acudía a la cita podría adivinar que estaba enterado de algo. Hiciese lo que hiciese, necesitaba disponer de toda libertad para sacar deducciones.James M. CainEl estafador (traducción de Manuel Barberá. Ediciones Bruguera)[...]



el mundo es lo que empieza más allá de la punta de los dedos

Wed, 18 Feb 2015 16:16:01 +0100

(image)




página noventa y nueve de Middlesex (Jeffrey Eugenides)

Mon, 16 Feb 2015 06:22:00 +0100

A mi hermano no le preguntaba porque él siempre andaba ocupado con tractores y palas de nieve, mientras que yo debía rezumar ese femenino pegamento que mantiene unidas a las familias, escribiendo notas de agradecimiento y recordando los santos y cumpleaños de todo el mundo. Mire usted, querido lector, yo he oído la siguiente genealogía de labios de mi madre: «Ésa es tu prima Melia. La hija de Stazis, el cuñado de Lucille, que es la hermana de tío Mike. Stazis el lechero, ese que nunca tiene mucha prisa, ya sabes, ¿no? Melia es su primera chica, que nació en tercer lugar, después de Mike y Johnny, los dos chicos. Tendrías que conocerla. ¡Melia es prima política tuya!»
Y aquí estoy ahora, consciente de mis deberes, bosquejándolo todo para usted, querido lector, y destilando femenino pegamento, pero también con un dolor sordo en el pecho porque me doy cuenta de que la genealogía no les dice nada. Tessie sabía quién estaba emparentado con quién pero no tenía ni idea de quién era su propio marido, ni del parentesco que tenían sus suegros; todo ello no era más que una ficción creada en el bote salvavidas donde mis abuelos inventaron su propia vida.
Desde el punto de vista sexual, las cosas fueron sencillas para ellos. El doctor Luce, el gran sexólogo, cita asombrosas estadísticas para afirmar que antes de 1950 las parejas casadas no practicaban el sexo oral. Las relaciones sexuales de mis abuelos eran placenteras pero invariables. Por la noche, Desdémona se desnudaba hasta quedarse en corsé, y Lefty manipulaba los broches y corchetes en busca de la combinación secreta que abría las compuertas de la hermética prenda. En cuanto a afrodisiacos, el corsé era todo lo que necesitaban, y para mi abuelo continuó siendo el singular emblema erótico de su vida. El corsé renovó a Desdémona. Como ya he dicho, Lefty ya había visto desnuda a su hermana, pero el corsé tenía el extraño poder de realzar su desnudez; la convertía en una criatura blindada, intimidante, con un mórbido interior que debía conquistarse. Los automáticos hacían un ruidito seco y, entonces, se abría de pronto.
Jeffrey Eugenides
Middlesex (traducción de Benito Gómez Ibáñez. Quinteto. Anagrama)




Primera memoria (Ana María Matute)

Sat, 14 Feb 2015 06:20:00 +0100

Una muchacha que aún no ha abandonado el mundo de la infancia, una isla que es encierro, distancia y un paso intermedio antes de la madurez, una guerra lejana que trastoca la rutina del lugar, que transforma la isla en un lugar de vencedores y vencidos, las ventanas de una casa que dan a un pequeño declive y enmarcan casas y huertas, oprobios, venganzas y crueldad, un pequeño barco donde esconder tesoros y secretos, la presencia de muertos bajo la tierra y la ausencia de ríos, la incomprensión de las reglas de los adultos, los primeros escarceos amorosos, un marino varado en tierra que quemó su barco y descubrir el dolor y el egoísmo al dejar atrás la propia infancia.Primera memoria no es una mirada nostálgica al paso de la infancia a la madurez. Hay miedo, tensión y crueldad en la descripción que hace Matia de su juventud. Enclaustrada en una isla, alejada de su padre y con su madre muerta y una familia que se mueve entre el desapego y la autoridad, Matia observa asombrada el mundo de los adultos y reflexiona sobre sus códigos y sus gestos y busca algo a lo que asirse, algo que le ayude a cruzar el umbral de su infancia y la asiente en la primera madurez. Matia habla de la isla donde vive, de sus aventuras con su primo Borja, de la presencia gélida de su abuela, intenta desentrañar lo que se esconde bajo las apariencias de aquello que le rodea, y habla de una manera que va de la ensoñación la pesadilla, la sorpresa y la reflexión.La isla acota la mirada de Matia, la tierra, el cielo, el mar y el declive como un mundo cerrado en el que sobrevivir sin apenas experiencia, los recuerdos que hablan de la muerte de la madre, el gesto del padre, las palabras de la criada que la cuidó. Hay una guerra lejana, dos bandos que se destruyen entre sí, y esa guerra se traslada a la isla, los adultos y los niños, los fascistas y los rojos, los campesinos y los grandes señores. Matia observa estas fronteras y se pregunta cómo definirse en ellas, qué hay de verdad y real en cada una, qué reglas tienen. Matia juega con su primo y se enamora de un muchacho repudiado por el pueblo, no acaba de encajar en ese mundo cerrado y no sabe qué esperar del mundo de los adultos, fuma, recibe clases particulares y esconde tesoros, aún incapaz de afrontar la su nueva madurez.Lo mejor de Primera memoria es la voz tensa, aguda y reflexiva de Matia, cómo descubre poco a poco el mundo de los adultos, las traiciones y los secretos bajo la rutina plácida, la iniciación en una nueva vida, las lágrimas, la complejidad y la pérdida en su proceso de crecer, la fragilidad de la vida, sin una tierra, unos padres ni un amor en los que resguardarse. La tierra extraña, las sombras del paisaje, la densidad de las emociones desconocidas, las primeras derrotas, los juegos incomprensibles, los adultos que son muertos, ermitaños, autoritarios o lánguidos, la sensación de que hay algo en la tierra bajo los pies que provoca un temblor y una incertidumbre.Miraba mis piernas tostadas, extendidas, y me decía si acaso era verdad lo que nos contaban. Pero en la vida, me parecía a mí, había algo demasiado real. Yo sabía —porque siempre me lo estaban repitiendo— que el mundo era algo malo y grande. Y me asustaba pensar que aún podía ser más aterrador de lo que imaginaba. Miraba la tierra, y me decía que vivíamos encima de los muertos, y que la pedregosa isla, con sus enormes flores y sus árboles, estaba amasada de muertos y muertos sobrepuestos. Es Mariné dijo una vez que Jorge de Son Major había hecho muchas víctimas, que era cruel, pero que nadie había en el mundo tan generoso ni estimable[...]



Naranjas cada vez que te levantas (Julio Rodríguez)

Thu, 12 Feb 2015 06:43:00 +0100

Debería exprimir naranjas cada vez que te levantas. Debería gritar tu nombre a cada paso, amarrarme a tu espalda cuando inicias el vuelo, ceñir mis pestañeos al temblor de tus párpados; debería vivir con tus uñas colgando de mis dedos, con tus ojos guardados cada uno en un bolsillo, con tu lengua en mi boca, tus pies en mis zapatos,tu corazón temblando en mitad de mi pecho.Debería amoldar a tus sueños mi almohada,celebrar tus descensos como si fueran fiestas,trazar con una luz en la pared las letras de tu nombre.Debería dar gracias a Dios por cada leveacuerdo de tu tacto; deberíadesgarrar el pan duro, amasar tus dilemas,resolver ser feliz cada vez que regresas a la casa.Con solo verte cerca, debería abdicar de la tristeza.Y, en vez de eso, me da, como bien sabes,por corregirte el vuelo o romperte las alas.Debería dejar que me dejaras solo y que volarascon alguien que exprimiera, a los pies de tu cama,naranjas cada vez que te levantas.Julio RodríguezNaranjas cada vez que te levantas (en Naranjas cada vez que te levantas. Visor) src="https://player.soundcloud.com/player.swf?url=https%3A%2F%2Fsoundcloud.com%2Fdespuesdelnaufragio%2Fnaranjas-cada-vez-que-te-levantas-de-julio-rodriguez-en-la-voz-de-elena-sagredo&show_comments=false&show_artwork=false&show_playcount=false" width="400" height="166" rel="https://soundcloud.com/despuesdelnaufragio/naranjas-cada-vez-que-te-levantas-de-julio-rodriguez-en-la-voz-de-elena-sagredo" allowfullscreen="true" frameborder="0"> [...]






Los lunes de Anay. Selfies...

Mon, 09 Feb 2015 16:56:00 +0100

(La nieve cubre las pequeñas huellas en el suelo del parque. Mi padre me habla de su nueva cicatriz, de su cuerpo abierto reflejado en las lámparas del quirófano. Mueve las manos y copia los gestos del cirujano, los cortes y las incisiones piel adentro. Entran las enfermeras, le ponen calmantes, hablan bajito porque se acerca la medianoche, se despiden con un susurro. Apenas hay luz entre las rendijas de las puertas y sólo se escucha la radio de mi padre y algunos timbrazos en el control de enfermería. Espero a que mi padre duerma y veo caer la nieve en silencio tras el cristal, la lentitud de los copos, las luces naranjas del puerto, la línea blanca del horizonte. Hay algo en esta nevada que  me habla de una inocencia intacta y me recuerda cuando abría caminos en la nieve, el vaho de mi boca con el que intentaba hacer figuras o hacía que fumaba, los cristales empañados donde dejar mensajes (las palabras que se borraban letra a letra).(coda)Cumplo cuarenta años en la nieve. Vuelvo a abrir caminos inexplorados, a sentir que me muevo con la lentitud de un astronauta, a ver cómo se escapa una estela blanca de mi boca y creo ver figuras extrañas en ella. Pero hay algo nuevo, algo que no veía de niño. La luz gris entre  las cumbres nevadas, el cielo bajo y abierto, el sonido a mar de la nieve al caer de las ramas, las sombras tumbadas de los árboles, las nubes y el tiempo que pasan)Los lunes de Anay. Selfies..."Se me escapa la mayor sonrisa de la historiay no hay periódicoque la recoja."                     JUANJO BARRALINCENDIOSi prendieranmi vida y mi morada,- créeme -ya no me importaría.He previstosalvar mi condición,del brazo de la suertey tú, conmigo.                 ANAY SALA src="http://www.youtube.com/embed/KgDUGksFLbg?rel=0" width="428" height="321" rel="https://www.youtube.com/watch?v=KgDUGksFLbg" allowfullscreen="true" frameborder="0">...Feliz lunes.Un beso,Anay[...]



La trilogía de Nueva York (Paul Auster)

Fri, 06 Feb 2015 19:19:22 +0100

En La trilogía de Nueva York Auster habla sobre el azar, la identidad, desapariciones, el lenguaje de Dios, cuadernos rojos, la escritura, habitaciones cerradas e imágenes reflejadas, sobre los márgenes del yo, las mentiras y las personalidades múltiples, sobre la locura, la búsqueda de un paraíso nuevo, ausencias que pesan como fantasmas y presencias que se diluyen en la inacción, sobre ermitaños en la ciudad, detectives que no lo son y misterios sin un final claro, tres historias donde se la realidad se convierte en algo borroso y la propia identidad desaparece para dejar un vacío, donde un hombre reconstruye un cambio de personalidad y una extraña vigilancia antes de abordar su propia historia de azar, fantasmas y desapariciones. Son historias de detectives, una vuelta de tuerca al género negro, o un acercamiento donde lo que importa no es la resolución de un caso sino una investigación sobre la identidad propia.Los personajes son solitarios, viven en modestas casas, en pequeñas habitaciones donde construir una especie de muro (trasladan al Thoreau de Walden a una gran ciudad), seres ajenos a la sociedad que pasean por las calles por el placer de ralentizar sus pensamientos y desaparecer en un cómodo vacío interior, escritores/detectives que buscan llevar el azar hasta su última frontera, que vigilan a otras personas encerrados en habitaciones, tan solitarios y extremos los vigilantes como los vigilados, un juego que se inicia por azar y que acaba en desapariciones tanto físicas como emocionales, un estado catatónico. En Ciudad de cristal, un escritor ermitaño y que escribe con seudónimo, suplantará la personalidad de un desconocido para investigar un delirante caso. En Fantasmas, un detective vigila cada día a un hombre que sólo escribe delante de una ventana hasta que su vida queda detenida y atrapada en una pequeña habitación. En La habitación cerrada, un escritor se convierte en el custodio del legado de un amigo desaparecido, su vida trastocada por la desaparición del amigo, su ausencia que influye en cada uno de sus gestos, que lo lleva al límite de la cordura.Las habitaciones cerradas de Auster no son sólo físicas, también situadas dentro del cráneo. Quinn se aleja del mundo tras perder a su esposa e hijo y escribe con seudónimo historias de detectives en una habitación pequeña. En su infancia, Peter Stillman pasó por la oscuridad y el silencio de un encierro, su padre que quería descubrir cuál era el idioma propio de Dios. Azul vigila a Negro, ambos se vigilan desde sus respectivas habitaciones, ambos necesitan del otro para darle un sentido a su vigilancia. Fanshawe se recluye en una habitación para cumplir su promesa de morir a los sietes años de su desaparición. Auster inmoviliza a sus personajes en esas habitaciones, cuando salen de ellas algo sucede y pierden el paso, desaparecen o se internan en el vacío, en la duda última sobre su identidad, sobre quiénes son. Algunos de estos personajes reaparecerán en Viajes por el scriptorium, un ajuste de cuentas entre losa personajes y su creador (encerrado en una habitación y que asiste al juicio de sus personajes).Auster también se centra en la identidad, en deshacer las capas internas hasta quedar desnudos y vacíos. Quinn usa seudónimo para sus libros, escribe sobre un detective privado por el que ve el mundo, se hace pasar por un tal Paul Auster, y acaba siguiendo a un hombre viejo que experimentó con su hijo para buscar el lenguaje único antes de la torre de Bab[...]