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Accion Humana



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Updated: 2018-02-21T11:24:15.534-03:00

 



El gobierno no debe tener un plan económico

2018-02-19T11:44:55.263-03:00

Por Gabriel Boragina ©Son muchos los economistas que se quejan que el gobierno no tiene un plan económico. Otros, dicen que lo tiene, pero que no es el mejor, otros, que no es bueno, y finalmente, un cuarto grupo afirma que el supuesto plan (existente o no) es malo.Creo que la pregunta a hacerse es ¿debe el gobierno tener un plan económico? Esta pregunta la respondieron otros economistas, hace mucho tiempo, como Ludwig von Mises y Friedrich A. von Hayek entre los más importantes. Y sus respuestas fueron y siguen siendo contundentes: NO. No debería tenerlo. Y, en el caso de Hayek, dice que no puede tenerlo (aunque quisiera). No podría, por falta de información y la imposibilidad de conseguirla. Hay varias cuestiones implicadas en esta rotunda respuesta negativa de estos fenomenales economistas. La primera es que, como sustancia el gobierno (cualquier gobierno) en realidad no existe. No hay tal cosa como un "gobierno". Lo que si hay es un grupo de personas que, en virtud de ciertas leyes constitucionales y por medio de ellas, se ha decidido que reciban el nombre de "gobierno", y esas mismas leyes han dotado a esas personas de determinados atributos que detentan exclusivamente ellas y no otras (fuera del gobierno). Esos atributos consisten en especificas potestades, que pueden ejercer legalmente ellas de manera exclusiva. En suma, y en lo que a nuestro tema interesa, las que toman las decisiones políticas y económicas son esas personas que forman parte de eso que se da en llamar "gobierno", y no ningún "gobierno" como ente fantasmagórico, separado e independiente de las personas que lo integran. Resumiendo: las decisiones y los planes (económicos y no económicos) sólo pueden ser adoptados -y siempre lo son- por seres humanos.En necesario aclarar siempre el punto anterior, porque estamos tan acostumbrados a manejar conceptos como entelequias tendiendo al antropomorfismo de ideas y percepciones que no tienen sustancia real en el mundo físico que, muchas veces, tenemos propensión a pensar en ciertas instituciones y otro tipo de organizaciones como si fueran seres vivientes independientes de la vida física de las personas que -en contexto- son las que actúan por ellas, y que etiquetan sus acciones personales bajo el rótulo de una entelequia. Esto se lleva hasta el paroxismo, de allí que se enuncia a menudo que el gobierno "dice", el gobierno "piensa", el gobierno "decidió", el gobierno "planea", o "estudia" y cosas así por el estilo, de la misma manera que expresamos Juan piensa, estudia, planea, etc. Y ese uso frecuente y tan arraigado genera, asimismo, la idea errónea de que el gobierno "piensa" una cosa y el presidente puede pensar otra, cuando, la verdad, es que el presidente piensa una cosa y -posiblemente- los miembros de su gabinete o del congreso, probablemente, puedan pensar otra, o lo mismo que él, pero en todos los casos serán siempre más de dos personas las que piensen, y nunca una, como -por ejemplo- el "gobierno", o "el congreso" o peor aún, "la justicia". Detrás de todas estas etiquetas sólo encontramos una sola sustancia: a los seres humanos. Esto, no significa que dos personas o más no puedan coincidir en una idea. Pero el punto es que no dejan por eso de ser personas diferentes, por más que coincidan en algunos temas, o en todos ellos. No son algo separado de sus personas físicas. Este es mi argumento actual. Aclarado este punto (que -dicho sea de paso- siempre se debe explicar por las razones apuntadas de ese acostumbramiento social a corporizar entelequias) digamos que los planes, las planificaciones o planeaciones (o como quiera llamárselas) solamente las hacen, y únicamente pueden llevarlas a cabo, las personas. Estas personas, pueden ser los gobernantes o los no gobernantes. Pero siempre serán los individuos que -con un rótulo u otro- planifican.Es cierto que nuestros lectores advertirán que esto lo dijimos muchas veces, pero persistentemente es necesario recordarlo cada tanto (a veces demasiado seguido).Y el problema consiste en que los individuos somos naturalmente[...]



El costo del empleo "público"

2018-02-11T11:00:00.452-03:00

Por Gabriel Boragina ©"El gobierno nacional emitió un decreto prohibiendo que los familiares hasta el segundo grado de los funcionarios con cargos de ministro o superior puedan ser designados como empleados de planta en el sector público nacional."[1] Lo primero que hay que aclarar es una cuestión terminológica. En el tema, hay que hablar estrictamente -y en buen lenguaje- de empleo estatal y de empleados estatales o del estado, porque, en rigor, todo empleo (privado o estatal) es siempre público, porque se trabaja para satisfacer una necesidad, tanto propia (como la del empleado y su empleador) como del resto de la gente (el público), dado que el objeto de todo empleo es remediar una carencia, no solamente laboral sino -fundamentalmente- de consumo. Se trabaja para obtener un ingreso que permita consumir; y se venden bienes y servicios para que otros puedan consumirlos. Por lo que, con el trabajo se satisfacen necesidades públicas. No obstante, en el caso del empleo estatal, solo una de las partes se satisface: la del empleado. "La medida tiene alta carga simbólica debido a que en la cultura política argentina usar el empleo público como mecanismo para distribuir favores personales, familiares y políticos es una práctica muy arraigada."[2]Concordamos con el criterio expuesto en el informe que estamos citando y comentando. La incidencia de la medida en el presupuesto nacional es ínfima. y -por lo demás- es absolutamente cierto que el empleo estatal es la perfecta excusa que han tenido y seguirán, sin duda, teniendo todos los políticos de todos los partidos. El empleo estatal es uno de los principales ámbitos que sirve de caldo de cultivo a actos de corrupción. Cabe recordar que el empleo estatal no es propiamente un empleo, sino que en rigurosos términos económicos no es más que un subsidio encubertó al desempleo. Porque el empleo genuino es el que se genera en el sector privado de la economía. En tal sentido cada nuevo "puesto" de trabajo creado en sector publico implicará inexorablemente cierta cantidad de empleo que se pierden en el sector privado de la economía. La diferencia entre unos y otros será el equivalente al subsidio. "La norma no resuelve los problemas ligados a la sobredotación y baja profesionalidad del empleo público. En el mejor de los casos, puede ser planteado como un gesto tendiente a romper con las malas prácticas enquistadas. Pero existe el riesgo de que se convierta en un mero acto de oportunismo que desvíe la atención respecto a un tema extremadamente importante."[3]Es que ninguna norma va a resolverlo, porque no se trata de una cuestión que se solucione con leyes, reglamentaciones, decretos, etc. es decir, con más burocracia, sino que es un problema de incentivos económicos. El estado-nación (y por ende sus agentes-empleados) carecen de incentivos y de parámetros para producir. De hecho, el "estado" como tal no produce nada, los únicos productores son los contribuyentes, que son los que aplican su esfuerzo (mental y/o físico) a la elaboración de bienes y servicios con el objeto de obtener ganancias. Todo lo demás que pueda decirse al respecto es anecdótico. "¿Cuál es el compromiso que asume el Estado cuando ingresa un nuevo empleado? Tomando como ejemplo un empleado público provincial (66% del empleo público total) que ingresa con una categoría inicial a los 25 años de edad y asumiendo que son bajas las probabilidades de renuncia y casi imposible el despido, el costo estimado es el siguiente:·         Durante su vida activa habrá que pagarle $23 millones a precios actuales en concepto de salarios, cargas sociales y gratificaciones.·         Cuando se jubile habrá que pagarle $17 millones más a precios actuales en concepto de jubilación y la pensión derivada a su cónyuge cuando fallezca.·         Así, designar un empleado público implica comprometer unos $40 millones."[4]Costo de nombrar un e[...]



La legislación laboral nazi argentina

2018-02-03T18:28:39.865-03:00

Por Gabriel Boragina ©Son notables las semejanzas entre la legislación laboral del partido de Hitler y las vigentes a hoy día en la República Argentina. Dos expertos nos cuentan como eran las leyes laborales de los nazis: "El hecho curioso fue que los sindicatos organizados se mantuvieran tan fuertes a pesar de la depresión. Tal acontecimiento fue el resultado de 10 años de legislación, comenzando en 1918, cuyo objetivo apuntaba a "ampliar el alcance, la fuerza y la autoridad de los sindicatos". Estas leyes incluían un sistema de mediación y arbitraje mediante el cual las discusiones paritarias tenían lugar entre los sindicatos y los empleadores y organizaciones de empleadores; este sistema de relaciones laborales se consagró como el sistema más deseado y apropiado que regulara las relaciones laborales."[1]Lo que implica a decir que los sindicatos se mantienen, en realidad, artificialmente. No estaban sostenidos en el respaldo de una enorme masa de afiliados, sino que su único sostén era todo un entramado de leyes que se crearon específicamente para apuntalarlos como instrumentos del poder de turno. Sorprendería la similitud de la organización sindical nazi con la de la Argentina de nuestros días si no se supiera -como ya se sabe- que fue el régimen de Juan Domingo Perón quien copió la ordenación laboral nazi y la adaptó a la Argentina. Lo que si sorprende es que esta se hubiera mantenido casi sin tocar desde los años 1940 hasta el día de la fecha. Sigue vigente en este país la ley N° 14250 de asociaciones profesionales y la ley 20744 de Contrato de Trabajo (LCT) que, básicamente, responden a las mismas directrices que se señalan en la cita de arriba. "El corolario de esta práctica fue que la ley no reconocía a los sindicatos de una empresa o a las asociaciones gremiales independientes que actuaban como delegadas de los trabajadores. Más aún, los trabajadores no estaban autorizados a celebrar acuerdos individuales con los empleadores y no se les permitía permanecer en sus empleos en caso de perder la afiliación a sus sindicatos."[2]Esta figura, que en Argentina la ley mencionada (N° 14250) designa con el nombre de personería gremial, esta, en realidad, tomada de la Carta dil Lavoro de Benito Mussolini de 1922. En los hechos, implica que el gobierno otorga un monopolio artificial a un sindicato por encima de cualesquiera otros, para "negociar" (en rigor, imponer) las "condiciones de trabajo" que el sindicato (con el beneplácito del gobierno, obviamente) desea al resto de los empleadores del país. El efecto económico de este tipo de organizaciones es sumamente claro: elevación de los salarios nominales por medio de leyes o acuerdos de salarios mínimos y su consecuencia ineluctable: altas tasas de desocupación. "Existían comisiones oficiales de arbitraje cuya función consistía en resolver las discrepancias entre los empleadores y los sindicatos, cuando fracasaban los acuerdos entre dichas partes. Poco tiempo después, la participación del gobierno se incrementó."[3]Nuevamente, aparecen las similitudes con la legislación laboral actual en Argentina. La función de las comisiones oficiales de arbitraje nazis es exactamente la misma que cumplen los ministerios de trabajo en Argentina, los que -entre otras regulaciones- tiene la facultad de homologar (o no hacerlo) esos supuestos "acuerdos colectivos" a los que llegan las partes. Y en caso de no llegar a ningún entendimiento, imponer el propio a criterio del ministro del ramo de turno. En rigor, no se "resuelven" las discrepancias (las que quedan latentes) sino que se impone la decisión última de un tercero ajeno al conflicto (el gobierno mediante el ministerio de trabajo). Sigamos con los nazis: "El gobierno se otorgó la facultad para extender mediante un decreto la obligatoriedad de un acuerdo celebrado con una empresa en un determinado distrito a todas aquellas empresas de la misma rama de la industria ubicadas en ese distrito. Esta atribución aumentó considerableme[...]



La falacia de los derechos sociales

2018-01-28T16:55:42.756-03:00

Por Gabriel Boragina ©Hemos escrito bastante sobre la gran tergiversación en los términos que significa la populista “derechos sociales” o “estado social”, “organizaciones sociales”, etc. Todas fórmulas y expresiones que ocultan un significado muy diferente al que quieren aparentar y que -en definitiva- esconden como objetivo el logro de porciones de riquezas que deberán ser detraídas a unos para ser entregadas al grupo que se oculta tras el adjetivo “social”.“[…] los derechos individuales han pasado de ser “negativos”, una esfera protegida de acción, a “positivos” una exigencia de materialización de beneficios concretos que inevitablemente exige quitar a unos para dárselo a otros.”[1]Antiguamente, la única noción concebible -tanto jurídica como filosófica y económicamente- era la de derechos individuales. Todo el mundo, en épocas ya idas, tenía clara conciencia de qué significaban estas palabras unidas, y nadie cuestionaba la claridad de su sentido, al punto que había un gran consenso en cuanto a que separados estos vocablos perdían total representación. Hoy en día las cosas al respecto han cambiado bastante. “Las libertades sancionadas por las cartas constitucionales de los siglos XVIII y XIX proporcionaban espacios y garantías para la acción libre del hombre, pero no atribuían ventajas sustantivas a nadie. Eran derechos absolutos (incondicionales) porque no tenían “coste”, porque su satisfacción no exigía la cooperación forzosa de los demás.”[2]No eran derechos positivossino negativos, en el concepto de que tales garantías constitucionales aseguraban que nadie pudiera interferir con las acciones, libres, voluntarias y lícitas de toda persona, reconociendo la misma obligación negativa hacia los demás. En algunos casos, los autores se refieren a ellos como derechos naturales, propios e inherentes a la condición humana, y por esto recibían este nombre. Constituían la órbita de conducta donde cada uno -sin lesionar los iguales derechos del prójimo- podía hacer lo que se le viniera en gana. “Si tengo derecho a trabajar y nadie quiere contratarme, alguien (el gobierno) debe forzar a otro para que lo haga. Así, los derechos iguales para todos del liberalismo clásico se han transmutado en desiguales, en discriminaciones. Los modernos derechos sociales son costosos y además generan expectativas de satisfacción crecientes que inexorablemente se traducen en un deterioro, por no decir, en un creciente quebranto de los primeros.”[3]Los “derechos sociales” son la más pura expresión de la negación del Derecho mismo, y son la causa de todos los males sociales (aunque resulte paradójico). Se tratan -como han expresado profundos pensadores, como el Dr. Alberto Benegas Lynch (h)- de pseudoderechos. Sin embargo, es la corriente imperante y dominante, no sólo en el campo jurídico sino en el económico que es donde más daño causan, ya que para que se cumplan tales “derechos sociales” se deben violar los derechos naturales de otra persona o de un conjunto de ellas. La misma necesidad de tener que calificar la palabra derecho, que ha perdido su sentido univoco para pasar a adquirir otro equivoco, nos da la pauta del caos legislativo y económico en la materia en el que se vive.“Los derechos, que resultan significativos, son los derechos naturales, no los que se confieren por una autorización legislativa. Los llamados “derechos sociales” de hoy en día no son “derechos” y, sin dudas, no son “programas de ayuda social” pues nadie tiene la facultad de ayudar a expensas de otro; son más bien demandas que la sociedad puede o no satisfacer.”[4]Participamos de la utilización de la locución derechos naturales que consideramos auténtica y la adecuada para expresar la naturaleza y esencia de los verdaderos derechos a los que antiguamente no era necesario adjetivar. Como bien expresa el autor que ahora comentamos, los derechos jamás provienen de la o[...]



El cálculo económico

2018-01-20T17:37:18.983-03:00

Por Gabriel Boragina © “Hayek introduce el supuesto gnoseológico de la dispersión del conocimiento en el análisis económico para explicar la evolución de este orden espontáneo y su funcionamiento: el mercado como único mecanismo capaz de dar una respuesta al problema planteado. La comprensión de tal fenómeno social nos permite entender mejor aún el significado de los precios como expresión de la interacción de tal información (la valoración que los sujetos hacen de cada bien, por ejemplo), la transmisión de ésta al cálculo económico.”[1]Esa dispersión del conocimiento toma en cuenta tanto el conocimiento erróneo como el correcto, lo que no asegura (siempre y en todo lugar) la toma de decisiones acertadas. Parte de ese conocimiento se compone de información, y el error o acierto de aquel depende del de esta. No hay absolutamente nada que nos permita sugerir que un ente centralizado sería capaz de tomar todo el conocimiento cierto y dejar de lado el falso, ni que pueda hacer lo mismo con la información que sirve de base a ese conocimiento. La pretensión socialista deviene una vez más como aquella fatal arrogancia que diera título al último libro de Hayek. El mercado -como proceso- va depurando y separando el conocimiento falso del verdadero, y no hay ningún otro mecanismo que pueda remplazarlo en esta tarea.“De allí que toda adulteración efectuada sobre aquéllos termine por viciar lo que con ellos se pretende hacer. Por lo tanto, la planificación centralizada no es adecuada como método pues resulta ineficiente o incapaz de reunir toda la información necesaria para llegar al resultado buscado: satisfacer las necesidades de los individuos.”[2]Esto supone una planificación que tenga por miras satisfacer las necesidades de los individuos, y no como sucede normalmente en que las planificaciones estatales tienen por intención la complacencia de las apetencias de ciertos grupos, los cuales se busca privilegiar para obtener de ellos sus votos como contrapartida. Para ese fin se expolia a unos para dar a otros. Es lo que sucede, por ejemplo, en el populismo. Dejando de lado este hecho cierto, los precios son la información necesaria para que el cálculo económico pueda operar, y sin ellos ningún cálculo es posible. Es importante que tengamos en cuenta que “planificación centralizada” no es sinónimo de estatal. Esto se apreciará mejor cuando veamos el punto de vista de Rothbard sobre el tema que venimos tratando. “El cálculo económico es la herramienta mental que utiliza todo agente para maximizar el beneficio que busca con su acción. Con esta acción que tiene lugar en el plano de las decisiones individuales, este “orden extendido de cooperación espontánea” que es la sociedad disfruta de esta síntesis: el fenómeno por el cual los agentes económicos coordinan la asignación de los recursos escasos para la satisfacción de sus necesidades.”[3]Sin precios no hay cálculo y el cálculo permite la comparación de diferentes precios de bienes y servicios que los individuos estiman necesitar. El cálculo siempre se refiere a un concepto cardinal donde se ponderan cantidades, y no pueden serlo otras cosas diferentes a estas. En tanto los precios refieren a términos cardinales los valores lo hacen a términos ordinales. He aquí la diferencia entre precio y valor. Podremos, ergo, calcular precios, no valores, si bien los primeros son expresiones numéricas de los segundos. Es la única manera en que los humanos tenemos una referencia y guía válida para saber que vender, comprar y en que cantidades hacerlo. Y sólo el sistema capitalista ofrece esta herramienta indispensable.  “El cálculo económico es cálculo monetario, y como tal requiere de los precios monetarios como instrumento esencial. A través de ellos el calculista podrá expresar numéricamente el valor de sus costos y el valor de sus ingresos esperados; de esa comparación determinará a [...]



La legislación laboral argentina

2018-01-13T13:57:20.832-03:00

Por Gabriel Boragina © Un asunto extremadamente sensible en todos los ámbitos (en específico el político y jurídico) es el de la legislación laboral argentina: "El análisis del tema de las relaciones laborales, y en particular el relacionado con su marco regulatorio, muchas veces parece ser un tema tabú o vinculado a un dogma cuya validez no puede ser cuestionada sin estar expuesto a la peor de las condenas."[1]El régimen laboral argentino, como el de la mayor parte del mundo, arranca de un mito de origen marxista: la explotación del empleado por cuenta del empleador. Este mito se deriva de otra ficción aún más falsa: que el valor de las cosas surge del trabajo exclusivamente. Aceptadas estas falacias quedaron sentadas las bases para toda la normativa laboral mundial. Por ello, en cierta medida, en casi todos los países -y mucho más acusadamente en la Argentina- las regulaciones laborales están impregnadas de lo que podríamos llamar un marxismo implícito. En 1974 durante el gobierno de J. D. Perón se promulgó la ley de contrato de trabajo (L.C.T) N° 20744. El pilar de esta disposición es lo que en doctrina jurídica se denomina el "principio protectorio del trabajador". Es decir, se comienza son la presunción de que el empleador contrata personal con el objeto de someterlo a vejámenes y que se halla expuesto a ellos como principal finalidad, y que sólo posteriormente, en un segundo, tercero u ulterior lugar se ubicaría la necesidad del empleador de mano de obra efectiva. La otra lectura de este "principio protectorio" sería la de evitar por medio de la ley que el empleador "le robe" al trabajador algo o todo del fruto de su trabajo, lo que es descendencia de aquella "plus valía" marxista que falsamente pregonaba que el valor del producto procedía (privilegiada o prioritariamente) del trabajo obrero y -por extensión- del empleado. "Se trata de un sistema que intenta proteger a los trabajadores no a través de su libertad y sus derechos, sino mediante su sujeción a sindicatos que los representan coactivamente. De este modo se ha introducido en la legislación sindical argentina la figura fascista de la personería gremial, la cual fue tomada de la Carta de Lavoro de Mussolini."[2] Este régimen fue introducido por J. D. Perón durante sus dos primeras presidencias y afianzadas en el curso de su tercer gobierno. Es decir, temporalmente hablando, fines de la década del 40, principios de la del 50 y 70. Cabe señalar que los gobiernos postperonistas no tocaron, en sustancia, nada del andamiaje laboral legislativo del peronismo. Lo que lleva a pensar que los sucesivos gobiernos -tanto de factocomo de iure- y sus integrantes compartían la mentalidad fascista de J. D. Perón.A muchos podrá llamarles la atención que yo diga que la normativa laboral está inspirada en el marxismo, pero, que es de origen fascista. No obstante, esta aparente "contradicción" se despeja revisando los discursos del DuceBenito Mussolini, en los cuales él se declara el verdadero realizador del marxismo. Concordantemente -y por su lado- en Alemania, Hitler decía algo idéntico de sí mismo. Como enseña el profesor Alberto Benegas Lynch (h) lo que diferencia al marxismo del fascismo es que, en el primero la propiedad pertenece de iure al gobierno, mientras que en el segundo la propiedad corresponde de facto al jerarca, en tanto de iure continua a nombre de su titular individual. Personería gremial Es curioso que los líderes sindicales, los periodistas, políticos y muchos catedráticos se quejen de los monopolios económicos y no hagan extensivas esas mismas críticas a la institución de la "personería gremial" a la que alude la anterior cita. Esta figura de la "personería gremial" equivale a otorgar una patente de corso a un determinado sindicato, por encima y con supresión de cualquier otro competidor. Tal privilegio le permite "negociar" convenios colectivos de trabajo (CCT[...]



El sentido de la lucha política y sus límites

2018-01-06T15:05:22.294-03:00

Por Gabriel Boragina ©El sentido de la lucha política es el poder económico. Esto no implica -desde luego- que se busque ese poder económico para perjudicar a los gobernados. Muchos políticos aspirantes a conquistar ese poder están animados por las mejores intenciones, algunos hasta son patriotas, aman a sus conciudadanos y quieren hacerles bien. Pero, tanto estos como los pretendientes a tiranizar al pueblo, saben perfectamente que sin medios económicos no lograrán sus fines, sean benévolos o malévolos. En resumidas cuentas, el poder político se busca siempre por el poder económico, real o potencial, que este otorga a quien lo conquista.Puesto que, ayudar a la gente o lesionarla puede hacerse sin el poder político, es decir, a nivel individual, el poder político es la única vía que permite conseguir los mismos objetivos a gran escala, a nivel masivo. Otra diferencia es que, para auxiliar o damnificar al prójimo desde el llano quien lo busque debe hacerlo con fondos propios, cosa que también cambia en la órbita política, donde el bien o el mal se hacen siempre con dinero ajeno. Es decir, obtenido mediante el robo. Los motivos personales del político pueden ser diversos. Por ejemplo, para "sacar el país adelante", "socorrer a los pobres", "dar trabajo" o clisés similares, que son los que -quienes más quienes menos- utilizan todos los políticos. Pero -repetimos- todos ellos saben que esos propósitos, sean sinceros o no, sólo se consiguen gracias al poder económico que el poder político otorga. Y ese poder económico siempre resulta del manejo del dinero de los gobernados. Dinero que se adquiere a través de la fuerza de la ley, ley que se construye, también, desde el poder político. Todo confluye hacia allí. Necesariamente se hace siempre -por definición- con dinero ajeno, es decir, de terceros (gobernados) y no del propio político, porque si la intención fuera de realizarlo con fondos propios lo hubiera hecho antes, sin aspirar a acceder al poder político y sin necesidad de esto último. O sea, la intención del político es siempre usar el dinero de los gobernados, nunca el propio. La barrera que divide lo político de lo jurídico es hartamente difusa, como demuestra el hecho de que las leyes se hacen en el Congreso que es un poder del estado (el poder legislativo); se ejecutan por medio de la presidencia (que es otro poder el estado, el ejecutivo); y se juzgan desde los tribunales (que es el poder judicial). En otros términos, el poder reside en la ley, y se reparte entre quienes hacen la ley (congreso) quienes la ejecutan (presidente, ministros y secretarios) y los que la juzgan (tribunales). Pero, nuevamente, para las tres funciones se necesita otro poder: el económico de terceros particulares. Este poder de otros, los políticos lo consiguen solamente desde el gobierno, y es por eso que quieren llegar a este.Luego de logrado el poder político, el económico lo alcanzan a través del poder fiscal, es decir, la facultad del gobernante de hacer leyes impositivas que les permitan crear, imponer y cobrar impuestos. Y, en el caso de que el contribuyente se niegue a pagar, obligarlo -desde luego- por la fuerza de esa misma ley a hacerlo contra su voluntad. Esa ley tributaria es la llave que le permite a los gobernantes expoliar a sus súbditos y ponerlos a su merced. Reiteramos que, los designios del gobierno al proceder del modo indicado, no en todos los casos son malintencionados. Claro que, ningún político, excepto un inexperto atolondrado, confesaría en plena campaña electoral que busca llegar al poder con el sólo propósito de lucrar para él, su familia, parientes y amigos. Tal nivel de sinceridad -naturalmente- no la acarrearía demasiados votos. Dado que los políticos siempre prometen a su electorado transformar su país en "el paraíso sobre la tierra" en el caso de que le den sus votos y a ellos el triunfo,[...]



Sobre la importancia que le damos a lo que habitualmente no la tiene

2017-12-30T18:37:46.526-03:00

Por Gabriel Boragina ©La experiencia en las redes sociales brinda interesantes revelaciones. Una de ellas es la excesiva importancia que se le otorga a cosas y personas que -en realidad- carecen de ellas y deberían ser "premiadas" con la indiferencia más absoluta.Por ejemplo, ciertos personajes siniestros de nuestra política son una y otra vez citados en posteos y comentarios, positiva o negativamente. Cuando es negativamente, la mayoría de las veces es para criticarlos o burlarse de ellos. La misma suerte corren personajes del mundo de la farándula, del periodismo, del deporte o de ciertas profesiones. Son mencionados y citados una y otra vez, con la intención de perjudicarlos o difamarlos, perdiéndose de vista que muchas veces tanta insistencia y tanto énfasis en ello puede llegar a producir el efecto contrario al buscado. Esto es: en lugar de perjudicarlos con una mala imagen, en cambio se los está poniendo inconscientemente en el centro de atención pública una atención que -en otro caso- no merecerían.Es bastante probable que ciertos personajes extravagantes hagan despliegue público sus incongruencias adrede, y con el sólo propósito de buscar reconocimiento y notoriedad. Una notoriedad que -en caso contrario- no tendrían y en cuyos supuestos sus existencias pasarían enteramente desapercibidas. Pero como sus egos son los suficientemente grandes como para atravesar cualquier barrera del ridículo que se les oponga, no dudan en saltarlas para poder adquirir la publicidad que -de otro modo- carecerían. Los individuos que adolecen de valores morales o que sufren ciertos desarreglos nerviosos normalmente ansían reconocimiento social, fama y riqueza. Un medio para lograrlos es hacer cosas malas o -en el mejor de los casos- absurdas porque, curiosamente, en nuestras sociedades "modernas", las cosas buenas o conductas normales, pasan inadvertidas, precisamente por eso mismo, porque en una sociedad donde todos los valores morales de los comunicadores y/o dirigentes sociales están pervertidos lo bueno y normal es lo que hace la gente común y corriente. Lo que es noticia es lo contrario (lo absurdo, lo perverso, lo nefasto). Entonces, acuden a esta última vía. De allí que, el periodismo comúnmente exalte lo grotesco, lo inmoral, lo repugnante, lo cruel, lo depravado, etc. Y el resto de las conductas buenas, altruistas, cooperativas y bondadosas directamente se ignoren por quienes tienen algún medio de difusión a su alcance. Otro tanto veo que sucede en las redes sociales donde se reproducen las mismas conductas a una escala menor, igual o mayor que en los medios de información masivos (TV, radio, etc.).Entiendo que es por este mismo motivo que las pantallas de TV y las emisoras de radio comenten y entrevisten a aquel tipo de personas que encarnan los desvalores antisociales, y que sea tan frecuente escuchar en esos medios insultos, gritos y agresiones de todo tipo, incluso físicas. Estos logran gran audiencia por diferentes públicos, en parte de las personas que comparten de buen grado esas atrocidades, y en otra parte por la gente normal que no puede creer lo que ve y/o escucha. En ambos casos se le está dando rating y publicidad a quienes no los merecen.No está mal criticar lo que se cree que está mal o elogiar lo que se cree que es meritorio. La denuncia tampoco es mala en si mimas. Sólo que es necesario que reconozcamos que nuestros comentarios -tanto en uno como en otro caso- están cargados de subjetivismo, y si nuestro propósito es que otros compartan nuestros juicios de valor, indirectamente estaremos poniendo en el centro de atención lo que pretendemos criticar o elogiar, y que nuestros objetivos pueden obtener los resultados inversos a los previstos. Pero cuando el ataque se centra sobre una persona y no sobre sus actitudes o ideas generadoras se esta agrandando su figura y empequeñeciéndos[...]



Naturaleza de la represión

2017-12-23T16:25:01.902-03:00

Por Gabriel Boragina ©El diccionario de ciencias políticas y jurídicas[1]define el término de la siguiente manera: RepresiónAcción y efecto de reprimir (v.) o reprimirse, de contener o dominar, de sujetarse. | Acción y método de oponerse la fuerza pública a las alteraciones del orden general. | Aplicación de penas y correctivos por delitos y faltas.ReprimirContener o refrenara otros. | Sujetar impulsos o pasiones. | Dominar los desórdenes públicos o cualquier otra transgresión de la paz social. |Imponer las sanciones pertinentes por una infracción.Como se ve, el vocablo en sí mismo no posee las connotaciones negativas que habitualmente se le dan en la Argentina, y no tiene ninguna vinculación con los actos llevados a cabo por gobiernos autocráticos, ni con dictaduras o tiranías. Por cuanto la represión siempre es un acto legal, y los hechos perpetrados por gobiernos tiránicos nunca lo son. Se trata de un acto normal, justificado y jurídico, destinado a reordenar y reestablecer la paz social. Por lo tanto, el uso bastardeado que le dan de continuo, periodistas de bajo nivel que se hacen pasar por "analistas políticos" o estos últimos cuyos conocimientos legales y políticos dejan bastante que desear, es del todo contrario al verdadero significado de los vocablos reprimir y represión que carecen de los alcances que habitualmente se le atribuyen. El acto de reprimir supone una previa alteración de ese orden y de esa paz social. Si no la hay, no hay represión. Se reprime a quien inicia el uso de la fuerza, y no quien se defiende de ella. En este sentido, la represión es del todo necesaria cuando se viola el orden legal o -sin llegar a esto- se promueven desórdenes públicos, o se trasgrede la paz social como bien define el diccionario de locuciones políticas y jurídicas. Precisamente, la función de la ley es reprimir las infracciones contra ella. Represión y violación al orden legal son expresiones que se oponen y se excluyen mutuamente. Uno es antónimo del otro.Estas reflexiones vienen a cuento de los últimos y lamentables hechos acaecidos en la Argentina donde grupos de sediciosos alentados por legisladores de la oposición intentaron consumar un golpe de estado contra el gobierno legitima y democráticamente elegido por los argentinos. Al respecto, el Código Penal Argentino establece: ARTICULO 194.- El que, sin crear una situación de peligro común, impidiere, estorbare o entorpeciere el normal funcionamiento de los transportes por tierra, agua o aire o los servicios públicos de comunicaciones, de provisión de agua, de electricidad o de sustancias energéticas, será reprimido con prisión de tres meses a dos años. Nota: texto conforme a la ley 17567, ratificado por la ley 20509, que recuperó su vigencia según la ley 23077. Cap. III - Intimidación pública ARTICULO 211.- Será reprimido con prisión de dos a seis años, el que, para infundir un temor público o suscitar tumultos o desórdenes, hiciere señales, diere voces de alarma, amenazare con la comisión de un delito de peligro común, o empleare otros medios materiales normalmente idóneos para producir tales efectos. Cuando para ello se empleare explosivos, agresivos químicos o materiales afines, siempre que el hecho no constituya delito contra la seguridad pública, la pena será de prisión de tres a diez años. Nota: texto conforme a las leyes 15276 y 20509 con la modificación dispuesta por la ley 20642, que recuperó su vigencia según la ley 23077. ARTICULO 212.- Será reprimido con prisión de tres a seis años el que públicamente incitare a la violencia colectiva contra grupos de personas o instituciones, por la sola incitación. Nota: texto según la ley 20642, conforme a la ley 23077. Todas estas normas y otras tantas que no enumeraré para no hacer demasiado extensa esta exposición, fueron qu[...]



Acerca de la "regulación"

2017-12-16T22:08:52.214-03:00

Por Gabriel Boragina ©Cuando buscamos en el diccionario la palabra regulación nos remite a otro vocablo que es regular, y que -a su vez- es definido del siguiente modo: regular1 Del lat. tardío regulāre'determinar las reglas o normas'.1. tr. Medir, ajustar o computar algo por comparación o deducción.2. tr. Ajustar, reglar o poner en orden algo. Regular el tráfico.3. tr. Ajustar el funcionamiento de un sistema a determinados fines.4. tr. Determinar las reglas o normas a que debe ajustarse alguien o algo.5. tr. Econ. reajustar (‖ aumentar o disminuir coyunturalmente). Regular las tarifas, los gastos, la plantilla de empleados.[1]Examinadas las connotaciones dadas por la definición, se denota la idea de control como subyacente a todas ellas. En lo que nos interesa -y desde posiciones estatistas o intervencionistas- se nos dice que "no es posible" dejar al mercado funcionando en libertad, sino que debe ser regulado ya que, de lo contrario, abandonando en completa libertad a las "fuerzas" del mercado- la situación se convertiría en "caótica" y se producirían "injusticias". Muchos, directamente, identifican al mercado con la anarquía, sin más. En primer lugar, debería aclarárseles que no existe "El" mercado, sino que lo que se observa en la realidad son varios mercados diferentes. En segundo término, habría que hacérseles notar que la palabra "mercado" sirve simplemente para significar un proceso impulsado y desarrollado por miles de millones de personas que, voluntaria y libremente, deciden intercambiar valores sobre determinados bienes. Estos valores surgen todos del derecho de propiedad que tales agentes poseen en relación a diferentes bienes y servicios. Pueden decirse diversas cosas más sobre el mercado (y ya lo hemos hecho en sinnúmero de otras partes) pero a nuestros fines actuales bastará lo mencionado.Em tercer término, es improcedente hablar de "fuerzas" del mercado, como si se tratara de un ejército de ocupación. Esta connotación violenta que se le quiere dar no concuerda con la realidad vital, en la que el mercado no ejerce violencia sobre nadie, ya que no consiste en una entidad física en sí misma y, menos aún, puede hablarse de aquel como si se tratara de cuerpo armado. En cuarto lugar, también se observa que el mercado no es un caos sino un orden. Lo propio entonces es aludir al orden de mercado. Lo que en realidad estos estatistas están queriendo significar es que tales mercados deben ser regulados por ellos, porque entienden a los mercados como "fuerzas caóticas" impersonales que actúan ciegamente y movidos por impulsos semejantes a los de un organismo vivo dotado de propulsiones e instintos a similitud de los de un animal salvaje que debe ser domesticado o encerrado en una jaula en razón de su salvajismo.Esta caricatura absurda del mercado está más extendida de lo que podría suponerse, e inexplicablemente aceptada entre buena parte del vulgo. Al dotar al mercado de una existencia ideal o entelequia se pierde de vista su humanidad intrínseca en el sentido de conformar nada más que una etiqueta para resumir el actuar de millones de personas que persiguiendo sus propios intereses y sin proponérselo mejoran la fortuna del prójimo, más cumplidamente que si lo hubieran querido hacer, como ya lo enseñó el formidable Adam Smith en 1776.Se suele, entonces, decir "regulación" como sinónimo de "control". En materia de precios, decimos "precios regulados" como sinónimo de "precios controlados". Ergo, "precios regulados" son la antítesis de "precios reales de mercado". Lo que implica que no es posible conocer los precios reales de mercado a través de sus precios regulados. Si el precio de mercado es -por ejemplo- de 10 y el estado fija un precio regulado de 5, el precio real de mercado sigue siendo 10 y no 5 (el regulado por el [...]



Capitalismo, pobreza, riqueza, estatismo y controles

2017-12-09T19:29:15.479-03:00

Por Gabriel Boragina © Suele decirse que los países del primer mundo son capitalistas. Y que esos países serían los Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Alemania, Francia y algunos otros más. Las economías -no obstante- de esos países no son "capitalistas" ni de "libre mercado", sino que son "intervencionistas" en el mejor de los casos. Uno de los índices que lo muestra es el de PERN (Participación del Estado en la Renta Nacional). Este indicador trata de determinar a cuánto asciende la intervención del "estado" en el PBI de cada país. Es bueno para describir el grado de injerencia estatal en la economía. Si se analiza esta relación cuidadosamente, puede advertirse que la PERN es del orden del 45/50 % promedio en la mayoría de los países. En EEUU y otras naciones un poco más bajo, pero no tanto. Como se ve, nada de "capitalismo" ni "libre mercado" sino mucho de estatismo.Intervencionismo, estatismo, dirigismo, populismo, etc. son términos contrarios al capitalismo. La mera existencia de impuestos (que como su nombre lo indica se cobran coactivamente) denota que el capitalismo no existe, sino en muy escasa medida en el mundo. Se podría expresar que, a mayor tasa de imposición fiscal menor tasa de capitalismo, habida cuenta que sin libertad no hay capitalismo y en el caso fiscal el único que goza de libertad es el fisco que es libre de cobrarlos o no, pero no goza de igual derecho el contribuyente que no es libre de pagarlos o no. La libertad que se otorga el burócrata a sí mismo para cobrar tributos es lo más contrario al capitalismo. Y la locución tan usada de "capitalismo de estado" no es más que un oxímoron. No hay capitalismo sin libertad, y donde la única libertad que existe es la del gobierno contra los gobernados allí no hay nada de capitalismo. También se afirma que la pobreza de los pobres es causa de la riqueza de los ricos (y viceversa), tal como sostenía Montaigne en el siglo XV, quien así construyó su famoso dogma. Los gobernantes -sin embargo- son los hombres más ricos del mundo siempre, porque son los únicos que pueden crear el dinero que necesitan "de la nada". Ese es el objetivo -precisamente- de la "Casas de la Moneda" y de los bancos centrales, ambos (de más está decirlo) estatales. Perpetuamente son peligrosos porque, además de no tener moral, tienen todo el poder, lo que los hace más temibles aún. Y en cuanto a los ricos que no forman parte de los gobiernos, o en apariencia no componen su estructura formal, cabe pensar que obtuvieron su patrimonio al amparo de leyes intervencionistas que atacando al libre mercado privilegian a unos empresarios a costa de otros empresarios. Muchas leyes actúan en ese sentido, creando monopolios, mercados cautivos y otras rigideces en la economía, que encumbra artificialmente a unos pseudoempresarios y destronan a los verdaderos emprendedores que buscan competir sin privilegios y ventajas. Difícilmente en países con legislaciones intervencionistas (la mayoría de hoy) podremos tener certeza de hasta qué punto las fortunas empresariales son consecuencia del libre juego de la oferta y la demanda y de la competencia de mercado. Donde no hay mercado, o donde el mercado está severamente ingerido, persistentemente cabrá la sospecha de capitales mal habidos. Donde el mercado sea más libre que en otras partes, las ganancias de los empresarios serán consecuencia de su sometimiento a las leyes de la competencia libre (o más o menos libre), y allí nada cabrá reprocharles, porque sus lucros serán fruto de las libres decisiones de sus clientes y compradores eventuales, que los habrán preferido en lugar de sus competidores. Podría darse el caso de un gobernante honesto que se abstenga de enriquecerse a costa de su pueblo. Pero dada que toda la legislación a n[...]



Descentralización y fiscalidad

2017-12-02T22:11:33.979-03:00

 Por Gabriel Boragina ©Suele diferenciarse entre la descentralización política y la económica, sin advertirse, a veces, que la primera es enteramente dependiente de la segunda si entendemos por descentralización económica la plena autonomía de los entes, municipios, provincias, estados, etc. que se quieran descentralizar."el factor que actúa como catalizador entre el proceso fiscal local y el proceso político e institucional a nivel local es el pago libre y voluntario de un mínimo de impuestos y de contribuciones municipales o regionales. Así se origina el interés político. Así se completa la ecuación económica y política. Esta parece ser la ruta más directa hacia la mayor gobernabilidad. Desde luego tal pago estará condicionado por la capacidad fiscal real de cada jurisdicción."[1]Como ya señaláramos en una ocasión anterior, no queda del todo claro qué empleo le está destinando el autor citado a la expresión "proceso" para referirse a lo fiscal distinguiéndolo de lo político (e institucional), ambos a nivel local. Sin embargo, ve como "catalizador" de ese "proceso" (que no queda manifiestamente explícito) el pago libre y voluntario de un mínimo de impuestos. La idea luciría atractiva -como también referíamos antes- si no fuera porque toda imposición viene decretada por una ley u otro tipo de resolución a nivel gubernamental (sea local o nacional), de donde se deriva que, si no existiera tal disposición legal la obligación de pago seria imaginaria, y es solamente en esta circunstancia en la que se podría hablar de una voluntariedad de tributación. La reflexión que hacemos es, ¿por qué limitarse a proponerlo exclusivamente para los casos de gobiernos o jurisdicciones locales y no extenderlo a ámbitos más amplios? Dado que si a ello se atribuye (como así parece desprenderse de la cita) el origen inmediato del interés político("Así se origina el interés político") no vemos razón alguna para que ese supuesto "interés político" se limite exclusivamente al nivel local y no se expanda a toda la órbita nacional. Esa ecuación económica y política tampoco resulta explícita. Lo cierto es que ninguna acción política puede llevarse a cabo sin contar con fondos para ello, por lo que es secuela a primera vista evidente que no habría tal ecuación, sino que ella se reduciría a la económica.La diferencia -a nuestro modo de ver- es si los aportes necesarios para la acción política son compulsivos o voluntarios. Ninguna acción (sea política o no) es posible sin los mínimos recursos para llevarla a cabo. Debemos, pues, definir que tipo de acción queremos: ¿voluntaria o coactiva? A nivel tanto local como general las opiniones están divididas entre la comunidad. Hay quienes creen ver en la compulsión la única manera de llevar adelante la acción política, en tanto que, por el lado contrario, existen los que entienden que la voluntariedad es suficiente y deseable en sí y por sí misma.Suponer que sin compulsión no habrá acción política no tiene ningún fundamento, excepto que se crea que la civilización actual -en su totalidad- no se hubiera logrado sin compulsión por parte de estados, reyes, monarcas, emperadores, etc. Pero la cuestión, en última instancia, radica en una decisión social, entendida esta expresión no como simple entelequia, sino como la sumatoria de las voluntades individuales que constituyen un estado o nación. Ello -a su turno- determinará quien estará al comando de la gobernabilidad de la que habla el autor: si la ciudadanía o los políticos."El modelo de elección pública local supone que los contribuyentes, como votantes, van a participar más en la política local y van a vigilar rigurosamente a los políticos y burócratas locales.[...]



Salario, empleo y pobreza

2017-11-26T16:08:58.542-03:00

Por Gabriel Boragina ©Aunque la economía es una ciencia que requiere mucho estudio, análisis y reflexión, sus principios no son -en el fondo- complejos. Debe si, para poder aprehenderlos, aplicarse la más rigurosa lógica, y esto, a veces, representa una dificultad para muchos, sobre todo en los tiempos que corren. A continuación, vamos a comentar el excelente resumen que hace un no menos importante profesor mexicano de algunas de las máximas económicas más relevantes que nadie debería perder de vista para mejorar el propio nivel de vida y el de todos los demás: "Única vía para aumentar salarios reales: apoyar leyes que faciliten más inversión y capacitación en empresas, lo demás es politiquería."[1]Mucha gente y economistas creen de buena fe (aunque profundamente errados) que los salarios e ingresos en términos reales pueden subirse por decreto o voluntad gubernamental. Otros opinan que son los sindicatos los que cumplen un papel fundamental para que los ingresos de los asalariados mejoren. No obstante, todos los que así piensan están hondamente equivocados, ya que solo existe una manera genuina, real y sostenida para que los salarios e ingresos de todo el mundo mejoren, y este medio es la libre incorporación de capital en el lugar donde se quieran ver esos beneficios concretarse. Lo mismo ha de decirse para las empresas, que serán las primeras interesadas en invertir en capacitación allí donde sea necesario para optimizar el rendimiento de su personal. Ello, también redunda en sensibles mejoras para la remuneración de sus empleados. "Ni en Brasil, Argentina, Uruguay, ni en México en los 80, aumentos de salarios mínimos incre­mentaron salarios reales."[2]Y no solamente no subieron los salarios reales, sino que -como es sabido- aumentaron el desempleo, ya que es el efecto directo (aunque a veces no sea tan inmediato) que producen tanto las políticas de salarios mínimos como todas aquellas que de manera artificiosa incrementen los costos laborales. "Políticas de controles de precios y salarios no reducen pobreza, la agravan. Demagogos las proponen, ignorantes las aceptan."[3]Otra máxima de fundamental importancia. La idea popular es evitar que los precios suban. Hay, no obstante, que aclarar aquí cierta ambigüedad en la terminología que puede llamar a confusión. Los salarios también son precios. Es otra forma de designar al ingreso del empleado. Con el vocablo "salario" simplemente se distingue la entrada monetaria del empleado de la que obtiene su empleador. La diferenciación es útil también a los fines académicos, ya que otra discrepancia en lo netamente económico es los disímiles tipos de controles que ambos sufren. La política popular (y muchos economistas) determina que debe evitarse que los ingresos de los empleadores crezcan, porque creen que si así sucede los salarios de los trabajadores bajarían. Ya hemos aclarado muchas veces que esta idea es un gravísimo error. “Dos vías para crear empleos, la falsa: más gas­to público, la verdadera: menos impuestos y regulaciones. Trabajo infantil no se reduce por decreto ni pro­hibición, sino con más inversión y mejores em­pleos a los padres."[4]Y debe agregarse, por supuesto como ya se lo hizo antes, la inversión en capital. Sin estas herramientas fundamentales el nivel de empleo de ninguna manera puede aumentar, si es que estamos hablando del empleo real. En otro caso, el empleo puede crecer artificialmente en alguno que otro sector. Pero, utilizando políticas económicas ajenas a las recomendadas, el aumento del empleo será sectorizado, y siempre a costa de un mayor desempleo en otros ámbitos de la economía. En distintas palabras, en el campo laboral también debe regir libremente la le[...]



Salarios, pobreza e impuestos

2017-11-19T21:08:20.073-03:00

Por Gabriel Boragina ©Desde prácticamente muy pequeños se enseña a los niños en las escuelas y en sus hogares que el nivel de los salarios depende básicamente de la buena o de la mala voluntad de los empleadores y de aquello que hagan los gobiernos contra los "malos" patrones obligándolos a pagar más y mejores sueldos. A los niños se les explica con un lenguaje que puedan entenderlo. Ya en tránsito hacia la escuela secundaria y aún más en de la universidad la enseñanza se refuerza, se la reitera con una terminología un poco más sofisticada y se la machaca hasta que en la mente del estudiante se transforma en un dogma que "debe" creer. No es fácil desentrañar esta falacia, aunque la realidad es muy distinta:   "El nivel del salario de cada trabajador de­pende de sus conocimientos y de la canti­dad de bienes de capital disponibles para realizar su trabajo. No tiene la misma pro­ductividad y, por lo tanto, no recibe el mis­mo salario quien cultiva la tierra detrás de un buey que quien lo hace arriba de un tractor. Sin ahorro e inversión en bienes de capital no es posible un aumento es­tructural de la productividad y, en conse­cuencia, de empleos mejor remunerados. (Pág. 120 y 121) "[1]Ninguna otra razón existe para explicar el aumento de los salarios e ingresos en términos reales más que la inversión en capital. La razón por la cual un labrador africano gana mucho menos que otro norteamericano no tiene nada que ver con la bondad o maldad de sus respectivos empleadores ni con la indiferencia o intervención de sus respectivos gobiernos. Lo único que hace la diferencia en un caso como en el otro es sencillamente la cuantía de capital invertido en cada lugar. Allí donde el volumen de capital disponible sea mayor que en otra parte, precisamente y sin necesidad de ninguna intervención de nadie se verán los salarios subir. E inversamente, donde el volumen de capital sea menor también se apreciará la manera en que los salarios decaen. Esto sucede por más que se dicten cientos o aun miles de leyes que procuren contrarrestar este fenómeno inexorable de la economía. "Paradójicamente, el llamado proteccionis­mo laboral en la mayoría de los países eu­ropeos y latinoamericanos, que encarece y dificulta la creación de empleos, es el cau­sante de su menor generación y de que la mayoría de los existentes sean informales, al margen de todas las prestaciones que garantizan las constituciones y leyes en esos países. (Pág. 121) "[2]Lamentablemente, y por mucho que se lo intente, las leyes jurídicas no pueden contradecir las leyes económicas. Tarde o temprano, estas últimas terminan imponiéndose por sobre las primeras, y ello con independencia del lugar o nación donde las mismas se verifiquen. Las leyes económicas son universales, y su cumplimento es inapelable, por grande que se crea que el voluntarismo político pueda torcer el curso de los fenómenos económicos. Estos -a su turno- son consecuencia de otras leyes, las de la lógica, que interpretan la acción humana a la luz de los conocimientos praxeológicos. "Las políticas gubernamentales que casti­gan a quienes evaden o se atrasan en el pago de impuestos deben estar acompa­ñadas, para tener una justificación social y moral, de transparencia, aplicación al bien común y castigo a todos los funcio­narios que no dan cuenta de su destino e impunemente hacen ostentación de las riquezas obtenidas con los impuestos que se roban. (Pág. 158)" [3]Desafortunadamente, esto es uno de los pocos puntos en lo que no podemos estar de acuerdo con el autor de la cita. En un contexto de generalizado intervencionismo económico las tasas impositivas siempre tienden a ser mayores de l[...]



Mitos económico-políticos

2017-11-11T20:03:23.707-03:00

Por Gabriel Boragina © Cuando los gobiernos intervienen en la economía, necesariamente se producen ganadores y perdedores que no existen en otro caso. Toda intervención gubernamental genera un "efecto de suma cero" económico, es decir que los que unos ganan sucede porque otros lo pierden, juego en el cual los que pierden siempre son muchísimos más que los que ganan: "Hay políticas económicas que mantienen en la pobreza a un gran número, pero be­nefician a pequeños grupos de grandes corporaciones, gremios o gobernantes. La descripción y estudio de cada política económica permite identificar a los per­judicados y a los beneficiados, ya que la mayoría de ellas tiene ganadores y per­dedores. (pág. 13) La politización de la economía consis­te en subordinar las políticas económicas a la conquista o conservación del poder."[1]Prácticamente, no existe país en el mundo donde este fenómeno no se registre en mayor o menor medida. Décadas de intervención estatal en la economía han generado resultados tan distorsivos que pocos son los gobiernos que -aun con la mejor de las intenciones- pueden corregir las devastadoras consecuencias que la injerencia estatal económica ha producido. En Latinoamérica, las secuelas destructoras de los Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia y -por, sobre todo- el castrcomunismo chavista en Venezuela han arrasado casi con las economías de cada uno de sus países, y llevará un buen tiempo revertir tan tremenda situación."Muchos gobernantes, aun a sabiendas de los resultados negativos a largo plazo de una determinada política económica, la ponen en práctica, pues a corto plazo les ayuda a conservar el poder. (Pág. 22 y 23) El término estanflación - inflación con desempleo- implica que los estímulos de la demanda vía déficit fiscal y gasto pú­blico ya no generan empleo, sino desem­pleo. (Pág. 103)"[2]La tentación a adoptar medidas económicas populares es algo a lo que usualmente ningún político se encuentra exento, y -más tarde o más temprano- cae en la misma. De allí a desembocar en el populismo hay un sólo paso. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido en los casos que señalábamos antes. Lamentablemente, empero, siempre llega el momento de poner orden en las cuentas y ese trabajo "desagradable" (en términos populares) le toca hacerlo al político siguiente de turno cuando la situación ha llegado a un punto de crisis. Eso es un poco lo que le está sucediendo al presidente Macri en la Argentina, y lo que le acontecerá al resto de los países mencionados que no terminan de salir de la trampa populista en la que se vieron encerrados en los últimos años. "Los ciclos económicos, auges inducidos y recesiones, son producto de políticas eco­nómicas de gasto público expansivo, no son inherentes a un proceso económico. (Pág. 105)"[3]Es un mito muy extendido que los ciclos económicos son producidos por fenómenos típicos del mercado y de la actividad privada, culpándose a empresarios y comerciantes de inducirlos o -en el mejor de los casos- atribuirlos a simple y puro fatalismo económico. Pero ninguna de estas explicaciones tiene el menor atisbo de verdad. Los ciclos económicos son esencial y exclusivamente productos de la injerencia gubernamental en la economía, con lo cual esta deja de ser privada y pasa a ser estatal, produciéndose entonces severas alteraciones en las transacciones económicas, las que llevan finalmente al famoso "ciclo"."Si mediante leyes y decretos se pudieran aumentar los empleos y el nivel de vida de los trabajadores, ya no habría desemplea­dos ni pobres en el mundo. El problema es que las leyes que teóricamente busc[...]



Política y educación económica

2017-11-04T22:33:04.967-03:00

Por Gabriel Boragina ©Se ha dicho a menudo que los políticos suelen embarcarse en promesas irrealizables por lo contradictorias que ellas son en sí mismas. Como ya hemos analizado antes, puede suceder que, con el afán de obtener votos y plena conciencia de la imposibilidad concreta de llevar adelante propuestas económicas contradictorias, simplemente se amolden a los deseos de sus potenciales votantes, en la inteligencia que todos los seres humanos aspiran siempre a conseguir más por menos. Un mito popular a este respecto es el referido al gasto público: "Muchos electores miran con esperanza el ma­yor gasto público como un medio de creación de empleos, carreteras y viviendas, pero pocos cuestionan a los candidatos de dónde van a sacar los recursos para el mayor gasto público".[1]Es posible también que los postulantes a cargos públicos compartan la misma ignorancia de portan aquellos de los que dependen sus votos. El analfabetismo generalizado en materia económica, por mucho que sea sostenido por una mayoría, no transforma una mentira en una verdad, ni un error en un acierto. Lo único que demuestra es que el número de ignorantes es muy grande, de la misma manera que, cuando se creía en forma mayoritaria y en tiempos lejanos que la tierra era plana no por ello tal masivo dogma contribuía ni un ápice a convertir la redondez de la tierra en una planicie. Una mentira -o un error- sigue siendo tal, por mucha que sea la gente y la condición social de las personas que crean en él. Esto se soluciona únicamente con una mayor cultura económica."Los recursos de un mayor gasto público, al que también le atribuyen el milagro de multiplicar la actividad económica -como Cristo multipli­có los panes-, proviene principalmente de más impuestos, más deuda o impresión de dinero, que a mediano y largo plazo empobrecen a los ciudadanos, generan inflación, desempleo y re­ducen la construcción de viviendas."[2]Es tan cierto lo anterior que, como veníamos diciendo, resulta bastante difícil imaginar como el presidente Macri en Argentina va a conciliar sus declaraciones de reducir el gasto público y la inflación con sus simultáneas intenciones de acrecentar la obra pública, que es uno de sus "caballitos de batalla" preferidos de su gestión. O, como dijéramos en otra oportunidad anterior, como piensa concordar su estrategia económica de corte desarrollista(que, por definición, requiere de un elevado gasto público y un rol activo del gobierno en emprendimientos de infraestructura) con sus afirmaciones sobre la necesidad de bajar la inflación, el gasto, incentivar el empleo y fortalecer el rol de la empresa privada. Se tratan de objetivos competitivos y no complementarios, dado que decidirse por unos excluye a los restantes. "La mayoría de los programas llamados “socia­les”, que teóricamente luchan contra la pobreza y el hambre, sólo sirven en la práctica como una fuente para comprar votos y dejar más pobres a quienes lo vendieron por una dádiva inmedia­ta a costa de perpetuar su miseria (ver resulta­do de los programas sociales en libro Políticas económicas)."[3]He aquí otro punto contradictorio en el discurso del presidente Macri, cuyo equipo de gobierno se ufana de haber otorgado durante su corta gestión más planes “sociales” que los conferidos por el anterior gobierno del FpV[4]. Resulta claro -para quien maneja elementales herramientas económicas- que el mantenimiento de tales planes “sociales” sólo es posible elevando o conservando en altos niveles el gasto público. Ergo, no se condice declamar, por un lado, que hay que bajar ese gasto al tiempo que -no sin menos fue[...]



Política e ignorancia económica

2017-10-29T12:51:14.502-03:00

Por Gabriel Boragina ©"Una de las causas de que la mayor participación de los ciudadanos en los procesos electorales no se traduzca en mejores niveles de vida es que un gran número de votantes no tienen idea de los verdaderos resultados de lo que les prome­ten los candidatos. La demagogia o populismo, que consiste en promesas falsas e incumplibles, encuentra un terreno fértil en la ignorancia del funcionamiento de la economía por la mayoría de los electores."[1]No obstante, creo que hay que distinguir entre ignorancia completa en materia económica e ideas equivocadas. Hay diferentes maneras de ver el asunto. Un keynesiano podría decir que un partidario de la Escuela Austríaca de Economía es un ignorante en economía, de la misma manera que este último podría tener la misma opinión del primero. Pero, desde un tercer punto de vista -de quien conozca a fondo ambas escuelas económicas- es bastante difícil afirmar rotundamente que ambos son ignorantes completos en economía. No obstante, la ignorancia a la que se apunta en el texto no es la de los estudiosos en economía, sino la del elector común, y en este aspecto no podemos menos que estar de acuerdo con el profesor Pazos que, si bien escribe principalmente sobre su país, México, otro tanto puede decirse del resto de las naciones del orbe."Millones de desempleados y subempleados quieren un buen empleo, por lo que, en un en­torno de analfabetismo económico, cualquier candidato que promete crear más empleos, sin decir de dónde sacará los recursos para crearlos, probablemente obtenga más votos".[2]Queda claro que se está refiriendo al hombre y mujer comunes que carecen de estudios elementales en economía, o bien tienen ideas erróneas sobre la materia, fruto de no poseer conocimientos especializados o suficientes. No son pocos los electores que entienden que "crear" empleos es una función del gobierno, y que -efectivamente- la misma puede ser llevada a cabo. Al propio tiempo, es frecuente que mucha gente este convencida que el gobierno también puede y debe "crear" los recursos necesarios para "generar" esos empleos. Todo lo cual es un completo error. Paralelamente, será lo que defina el voto de ese tipo de personas. Es más, es bastante posible que el mismo candidato desconozca que, no sólo no es ello "función" del gobierno, sino que es económicamente absurdo llevar a cabo dicho cometido."Las encuestas que utilizan los candidatos como base de sus programas les arrojan que más y mejores empleos son uno de los reclamos gene­ralizados entre la población. Muchos de ellos, sin analizar las verdaderas causas del desempleo, colocan en el primer lugar de sus programas la creación de empleos. Cuando ganan adoptan políticas económicas que los reducen: más im­puestos, gasto, reglamentaciones y burocracia."[3]Es que como decíamos antes, no son escasos los candidatos que tienen ideas tan erróneas de la economía como sus propios electores. Y en esa línea, es bastante factible que, en su confusión, realmente estén convencidos que elevando impuestos, gastos y controles van a lograr el objetivo de mayor generación de empleos. No hay ninguna base para suponer que los candidatos posean más y mejores conocimientos que sus electores sobre la disciplina. Muchas veces, los candidatos con más posibilidades consideren que las mejores intenciones y la honestidad son suficientes como para obtener los más óptimos efectos en materia económica. Y estén lejos de sospechar que dichos requisitos (si bien importantes y valiosos) no son garantía ninguna de un progreso económico de la población. "Todos los trabajadores buscan[...]



Gobernabilidad, orden espontáneo y distribución

2017-10-21T17:29:32.768-03:00

Por Gabriel Boragina ©"La clave del fortalecimiento de la gobernabilidad democrática a nivel municipal está dada por la participación política y fiscal de los ciudadanos en la gestión pública de sus comunidades. De esta manera la negociación interna, entre ellos, sobre sus prioridades y sobre sus necesidades colectivas, les convierte en factores de estabilización y en moderadores de sus propias expectativas. De este proceso surge una especie de "orden espontáneo". Una gobernabilidad endógena y sostenible. El simple reparto induce inestabilidad y acentúa la pugna por más recursos gratuitos".[1]Es casi redundante afirmar que "la participación política y fiscal de los ciudadanos en la gestión pública de sus comunidades" fortalecerá "la gobernabilidad democrática a nivel municipal" porque es prácticamente decir lo mismo con otras palabras. Si el sistema adoptado es democrático representativo, por definición será de ese mismo modo y no de otro. Por ello, la clave, en realidad, consiste en definir qué tipo de régimen democrático se pretende describir, para no caer en obviedades como las que parecen surgir de la cita anterior. En la democracia representativa -sea está a cualquier nivel- municipal, regional, estatal, nacional, etc. la participación ciudadana viene dada por la acción de sus representantes, en ambos órdenes: el político y el fiscal, ya que como hemos dicho, las decisiones políticas y fiscales no serán ninguna otra cosa que la plasmación de las voluntades ciudadanas expresadas a través de la elección de sus mandatarios. Sólo en este tipo de democracia ello es posible. Excepto que el autor comentado se quiera referir a una democracia directa, lo que él llama "negociación interna" no es "entre ellos", sino entre sus elegidos a través de los órganos deliberativos previstos en el ordenamiento organizativo local, que puede ser -como en el caso de la ciudad de Buenos Aires- su Constitución. Párrafo aparte merece la alocución "necesidades colectivas" desde nuestro punto de vista del todo recusable. No reputamos existente ninguna clase de “necesidades colectivas". Las necesidades siempre son individuales y pueden ser coincidentes en alguno que otro punto, pero esa concordancia no las transforma en "colectivas" por si mismas. La idea de "necesidades colectivas" trasunta la existencia de "necesidades" separadas de las personas que verdaderamente las están experimentando, creando una suerte de entelequia que desfigura la realidad vital en torno de la cual las necesidades -y todo lo demás- existen. En indistinto caso, es dable destacar que si la intención del autor es diferenciar un régimen participativo de otro de tipo autoritario (como así parece surgir del contexto completo de su artículo) no podemos dejar de adherir a sus comentarios, mas allá de la imprecisión de ciertas expresiones utilizadas por aquel, las que, no obstante, no empañan su intención final. En relación al orden espontáneo al que alude, discrepamos en cuanto a la disposición, que consideramos inversa a la que refiere. Es del orden espontáneo (entendido de la manera en que lo fundamentó F. A. v. Hayek) de donde surgen el resto de los mecanismos sociales y no a la inversa. En tal sentido, es del orden espontáneo de donde aparecen los sistemas políticos, económicos, y lo que la cita denomina "gobernabilidad”. El orden espontáneo es el origen y no el resultado de tales fenómenos. Y, como ya dijimos antes, es preferible abandonar el término "gobernabilidad" por no ser preciso y demasiado ambivalente. Por último, una vez más será neces[...]



Vinculación fiscal, política, y gobernabilidad

2017-10-17T21:54:08.403-03:00

Por Gabriel Boragina ©"¿cómo lograr la vinculación ciudadana al proceso fiscal y político?"[1]Es una pregunta por lo demás extraña, ya que, si entendemos el proceso fiscal por el sistemafiscal, nos resulta claro que el ciudadano está vinculado al mismo por las leyes impositivas. Y toda vez que, una ley implica un vínculo de carácter obligatoriodel cual -por definición- el individuo no puede desprenderse (sin violar la ley) la vinculación a la que alude nuestro autor viene dada de manera imperativa por el proceso político o, mejor expresado, por el sistema político que es el único que puede crear leyes. "¿Cómo vincular sus preferencias reales con el conjunto de políticas fiscales y financieras que las traducen en programas específicos? No hay una respuesta única o una fórmula que siempre produzca el resultado buscado."[2]Parecería que la cita parte de la base de que existe una desvinculación total y completa entre la ciudadanía y las políticas fiscales (ignoramos si el autor comentado intenta fundar alguna diferenciación entre el proceso fiscal al que aludió en la cita anterior y las políticas fiscales a las que se refiere en este párrafo. Pero todo parece indicar que se encuentra utilizando ambos términos como sinónimos). Hay varias distinciones que hacer en el punto a nuestro juicio.Si el marco político está dado por una democracia representativa, esa vinculación viene otorgada por esta última característica, en tanto que -por definición- el sistema político es representativo de la voluntad popular, de tal suerte que las decisiones que tomen los políticos serán por carácter transitivo del mismo signo, esto es, representativas de la voluntad de las mayorías. La vinculación será de dependencia entre los representantes y el pueblo que los eligió.En cambio, cuando el sistema político no sea democrático representativo, la vinculación, aun así, no desaparece, sino que cambia de orientación. Políticos y ciudadanos continuarán conectados (o vinculados en la terminología del autor citado), pero la dependencia se invierte. Ya no será de los políticos respecto de los votantes, sino que será de los ciudadanos respecto de los políticos. En el primer caso, las políticas fiscales y financieras no serán más que el resultado de las particulares preferencias reales de los votantes, que son plasmadas en concretas acciones por parte de sus representantes y que, consecuentemente, se transformarán en decisiones que encontrarán consagración legal.En el segundo escenario, la vinculación subsiste (en rigor nunca desaparece), pero las preferencias reales que se impondrán serán las de los jefes de turno, erigidos en gobernantes supremos, cuyas decisiones se aplican al resto de la población. Con ello, observamos que, si bien es cierto lo dicho por el autor en cuanto a que "No hay una respuesta única o una fórmula que siempre produzca el resultado buscado", tampoco hay demasiadas respuestas como para considerar. Como siempre hemos dicho, en materia política (y también económica) o gobierna el pueblo o gobiernan los políticos. Y las preferencias que se terminarán estableciendo -ya sea en un caso o en el otro- son las de los que, en definitiva, ejerzan el gobierno. En ambas situaciones la vinculaciónexiste y nunca se disuelve. Lo que cambia es el signo de la misma.De tal suerte que, la respuesta a la pregunta de la cuestión de ¿Cómo vincular las preferencias reales de los ciudadanos con las políticas fiscales y financieras? es -en realidad- muy simple, porque lo único que se necesita para[...]



Gobernabilidad y proceso político

2017-10-08T13:43:43.490-03:00

Por Gabriel Boragina ©"En esencia la gobernabilidad depende del resultado de dos procesos y de las externalidades de su interacción. El primero, el proceso económico que busca mejorar la eficiencia alocativa y el logro de los objetivos de equidad."[1]En realidad, resulta bastante discutible que el proceso económico como tal busque "mejorar la eficiencia alocativa y el logro de los objetivos de equidad". En primer lugar, habría que definir qué se entiende por todas estas expresiones. Desde nuestro particular punto de vista, el proceso económico es uno de intercambios valorativos que buscan mejorar las posiciones relativas de las partes intervinientes en ellos en un momento ulterior al acto de intercambiar. Es posible que, entre algunos de los objetivos de esas personas una u otra busque mejorar la eficiencia locativa (la palabra alocativautilizada por el autor citado no se encuentra reconocida por la Real Academia Española, de allí que debamos entender que ha querido referirse a lo "locativo" en relación concreta a una ubicación física, aunque el citado no es claro en cuanto a quién o quiénes serían los que -en su pensar- buscarían esa "eficiencia locativa".Idéntica acotación habría de hacerse en cuanto al supuesto "logro de los objetivos de equidad". Todos estos términos y conceptos son hartamente opinables. Esencialmente, porque conforman en sí mismos valoraciones enteramente subjetivas, que incluyen, por supuesto, los juicios subjetivos de valor que introduce el propio autor en comentario.Por último, aunque no menos importante, también habría que definir el alcance del concepto del vocablo gobernabilidad, sobre el cual nosotros ya hemos emitido opinión[2]. Lamentablemente, el autor que ahora estamos analizando no se expide con claridad en qué sentido está usando esta palabra. Pero del contexto de su exposición parece creer que existe una suerte de gobernabilidad democrática en distinción de otra de signo autoritario o hegemónico (como expresa en una nota introducida en la página 299 de la obra que explicamos). Como ya expusimos, lo común es que por "gobernabilidad" se conciba aquella situación en la cual "A" ejerce el mando (control, dirección, etc.) sobre "B".Si a lo que el autor que ahora examinamos quiere referir es a la gobernabilidadejercida por el cuerpo político sobre el resto del pueblo, no podremos, en modo alguno, estar de acuerdo con el aquel.  Pero si, en cambio, quiere aludir a lo que nosotros llamamos democracia liberal y republicanaconforme la hemos definido en el artículo citado[3] coincidiremos. En suma, y para concluir este punto, si la gobernabilidadde la que se habla, y si el proceso económico mencionado en la cita, es producto de un proceso político liberal republicano democrático, en este supuesto, si podremos llegar a un acuerdo con el autor. En caso contrario, no. "El segundo, el proceso político que busca vincular a los ciudadanos con las decisiones públicas colectivas y dar a éstas legitimidad y capacidad de ser cumplidas. Estos dos procesos dependen el uno del otro".[4]Aquí tenemos otro párrafo difícil que intentaremos de ir desentrañando en la medida que nos resulte posible. Lo primero que se advierte en la redacción es el empleo (hasta un cierto punto abusivo) de un lenguaje hipostático. Así, se habla de un "proceso político" como si este fuera una entidad autónoma, con vida, voluntad y decisión propia. Nótese que se sugiere a aquel como que "busca vincular a los ciudadanos…", "dar a éstas legitimidad y…". Parece olvi[...]



Cristo y la pobreza

2017-09-30T13:31:19.849-03:00

Por Gabriel Boragina ©La cuestión de que Nuestro Señor Jesucristo exaltó la pobreza hasta el punto de convertirla en una “virtud” cristiana esta tan difundida que creo que valdrá la pena decir algunas cosas a este respecto, ya que para todo creyente no es un asunto menor. Si realmente Cristo quiso decir que la pobreza era una “virtud cardinal”, poseer algo que otro no posea seria pecaminoso y, por lo tanto, desde el ángulo cristiano, condenable. Desde el catolicismo, no han sido pocos los Papas y dignatarios eclesiásticos que se han pronunciado en este sentido. Por eso, más allá de sus opiniones, será necesario volver a las fuentes, y tratar de desentrañar el pensamiento original de Cristo sobre este tema, para lo cual el mejor método es recurrir a los documentos que registran lo que el mismo Señor dijo sobre el tema. Veamos las veces que Jesús habló de la pobreza y en que contextos lo hizo, y tratemos de descubrir que fue lo que quiso decir en cada caso: (Mat 5:3) Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.Hay consenso entre los autores que no se alude aquí a la pobreza material sino a una actitud de humildad, modestia, etc.(Mat 11:5) los CIEGOS RECIBEN LA VISTA y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los POBRES SE LES ANUNCIA EL EVANGELIO.Puede referirse a la pobreza material o espiritual. No se dice que los pobres serán ricos, aunque el Evangelio también habla de prosperidad material en otras partes. (Mat 19:21) Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme.No se le dice que les de todo a los pobres, tampoco necesariamente habla de regalárselo. Pero aun así se interprete que debería donárselo no se infiere que deba ser todo, sino parte. Tampoco se dice cuánto de esa parte. Lo central es la actitud y no la cuantía. Esto es lo que Cristo le exige al joven rico.(Mat 26:11) Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.La solución no es darle todo a los pobres, porque siempre los habrá entre nosotros. Si damos todo a los pobres ellos dejaran de ser pobres y pasaremos nosotros a serlo. Y no puede ser eso lo que Cristo este enseñando. Pura lógica. (Mar 10:21) Jesús, mirándolo, lo amó y le dijo: Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.No le dice que venda TODO cuanto tiene. El “dar” puede entenderse como poco, mucho o todo. Pero no necesariamente se exige que sea todo. En lo demás, ver nuestra glosa a Mat 19:21. (Mar 14:7) Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros; y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis.No dice que siempreles debemos hacer bien, sino cuando queramos hacerlo. Nos permite elegir. No pide una conducta constante, continua y permanente de dar. Hacerles bien también ha de interpretarse como darles cosas no materiales, por ejemplo, trabajo, educación, conocimientos que los ayuden a salir de la pobreza. (Luc 6:20) Volviendo su vista hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.Incluye a la pobreza material y espiritual. Dado que Lucas no fue discípulo directo de Cristo ni lo conoció en persona, conforme el mismo lo explica al comenzar a escribir su Evangelio destinado a Teófilo (al contrario de Mateo que si lo fue) el texto de Mat[...]



Generosidad cristiana y economía

2017-09-23T15:16:16.824-03:00

 Por Gabriel Boragina ©Cristo predicó abundantemente sobre la generosidad. Mucho se ha escrito acerca de esto, pero poco he encontrado hasta el momento que tuviera en cuenta los condicionantes históricos y económicos[1] en los cuales Nuestro Señor Jesucristo hizo su prédica[2]. Los comentaristas bíblicos y religiosos en general centran sus apreciaciones dando un enfoque esencialmente espiritual de la enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo y tienden a presentar al Maestro como si fuera un antimaterialista. Pero Cristo como Dios que es, no se limitó a lo exclusivamente espiritual, ni hizo sus declaraciones desconociendo el contexto histórico en el que decidió aparecer en nuestro mundo. Con su visión divina habló del pasado. de su presente y del futuro (lo que nos incluye y excede). Y lo hizo por partida doble: material y espiritual. No creemos que Nuestro Señor Jesucristo haya sido un antimaterialista. La generosidad era fundamental en su época donde las condiciones económicas eran paupérrimas. Los pobres -al revés que hoy- eran la inmensa mayoría de la población. Los ricos una minoría representada por los nobles, clero y gobernantes, coincidiendo muchas veces estas tres calidades en las mismas personas. Israel constituía una teocracia, sus líderes lo eran tanto políticos como religiosos reunidos ambos títulos y funciones en idénticas personas.La economía de su tiempo era rural, es decir se reducía a la agricultura y ganadería como únicos métodos de producción. Y, en menor medida, artesanal. Los mercaderes se limitaban a comerciar los productos generados por la agro-ganadería y los artesanos. Hoy la llamaríamos una economía de subsistencia. Los medios de manutención de la población dependían de las cosechas, y estas -a su turno- de los avatares del clima y las bondades del suelo, que en Palestina son escasas. Cristo era -desde luego- consciente de todo esto y más allá de su instrucción moral (que es la única que enfatizan los religiosos) también estaba predicando además de economía, aunque esta disciplina no existiera entonces, ni aun hasta el tardío siglo XVIII en el que Adam Smith le da sus fundamentos.No es de extrañar que en semejante contexto la generosidad y la caridad ocuparan un lugar central en su doctrina. La Salvación también pasa por lo material y no sola y exclusivamente por lo espiritual como meten en la cabeza los actuales jefes religiosos y sus adláteres. Dos elementos, uno material y otro moral imponían que el tema fuera medular. Por el lado material, la escasez de recursos -muy grande entonces- y por el costado moral la avaricia humana, generada o condicionada -en buena parte- por aquella misma escasez material. Podría darse una relación directa y una regla que dijera que, a mayor escasez mayor avaricia. Esta era la sociedad (en su faz económica) en la que Nuestro Señor Jesucristo vivió corporalmente. Ante la inexistencia de un método de producción capitalista que -como dijimos y sabemos- apareció recién a fines del siglo XVIII y solamente en Gran Bretaña, a mil ochocientos años de distancia de ese acontecimiento futuro (que Cristo, siendo Dios, sabía muy bien que iba a suceder) algo había que hacer respecto del asunto. Y Cristo lo hizo, a través de su saber y su énfasis en la caridad y generosidad como valores humanos a practicar y como modo de conducta a seguir, tanto por judíos como cristianos. Es importante destacar en este punto que no creemos que Nuestro Señor Jes[...]



Impacto visual, infantilismo, medios y educación

2017-10-21T18:32:36.666-03:00

Por Gabriel Boragina © La necesidad popular de un líder carismático se proyecta en muchos ámbitos que exceden -por supuesto- el político.La gente con débil personalidad, aunque tenga buena formación y lo -que para los parámetros habituales- se denomina un “buen nivel cultural”, demuestra cotidianamente su necesidad de tener un referente o un líder.Algunos los buscan en la universidad o centro de estudios donde cursan. Otros, en sus empleos o trabajos, y finalmente, estas demandas terminan proyectándose en el ámbito político. La necesidad y rastreo de un líder viene determinado -a mi juicio- por la falta de autoestima que convive o desemboca en una personalidad dependiente. A pesar de tener ambos una fonética muy similar, dependencia e interdependencia marcan dos conceptos emparentados, pero en esencia disimiles. Las personas de alta autoestima, amor propio, etc. son interdependientes. Las que carecen de esos atributos o son portadores de sus contrarios, conforman el grupo de los dependientes. Estos, por regla general, necesitan de un soporte externo o patrón que les indique en todo tiempo (o muy a menudo) cómo, dónde y de qué manera han de actuar, conducirse, pensar, hablar, etc. Sin este punto de referencia son incapaces de valerse por si mismos para todos esos menesteres. Esto no significa que el líder que ellos elijan para dichos fines haya de ser siempre el mismo. Porque si el líder de turno perdiera la capacidad de dirigir a otros, inmediatamente sus seguidores lo abandonarían e irían detrás de otro que demuestre si tener la condición de mando adecuada.Encuentran esos sustentáculos externos (fuera de los lideres domésticos que los gobiernan en sus áreas específicas) en el ámbito político, periodístico, y del mundo del espectáculo[1].Otra de las características de estos temperamentos dependientes de débil personalidad es la grandísima influencia que tienen sobre ellos los medios audiovisuales, que es donde acuden ávidamente para encontrar esos apoyos idolátricos que necesitan para saber cómo deben pensar, decir y actuar. De allí, la alta demanda por parte de este tipo de personas de productos televisivos y audiovisuales en general.Este es el perfil que doy en llamar infantil o infantilista. [2]Siempre me pareció muy revelador el contenido de los medios masivos audiovisuales que, como todo producto comercial, ofrecen al público lo que ese público demanda. Por ejemplo, lo que siempre consideré como un espacio deprimente y vulgar como es la televisión argentina, donde cada vez es más raro encontrar excepciones a esta regla (aunque hay 1 de cada 100) que juzgué y sigo entendiendo muy demostrativo en el sentido que vengo exponiendo. No me refiero a los programas documentales, o aquellos canales como “National Geografic”, “Animal Planet”, “Discovery Channel”, o por el estilo. De hecho, el contenido de estos canales es consumido por gente con un contorno más independiente y -por consiguiente- muy minoritario. Aludo, más bien, a los canales de noticias, policiales, espectáculos, etc. que son los de mayor audiencia o televidencia, y cuya característica encuadra, en su mayoría, en el prototipo infantilista[3], con las salvedades del caso.El personaje infantilista necesita ver o escuchar programas periodísticos para darse cuenta de lo que "está ocurriendo" en el país y, por, sobre todo, está atento a lo que el periodista que se lo muestra le indica que debe pensar al [...]



Discurso político y paternalismo

2017-09-12T01:11:43.472-03:00

Por Gabriel Boragina ©No deja de sorprenderme la fascinación que despierta en muchas personas el discurso político.Se gasta mucha energía en discusiones banales propagandísticas.El debate político es sano, pero en esa materia -como en tantas otras- lo que cuentan son los hechos, las acciones o las realizaciones.Si la acción no se compadece con el discurso, si no lo acompaña, el discurso se queda en pura cháchara.Quienes se entusiasman con un discurso político encendido son como niños que esperan ilusionados el cumplimento de las promesas de campaña. Resulta claramente una muestra de inmadurez cívica desde mi punto de vista. En casos como el de Argentina, en el que la acción política -en una mirada retrospectiva- ha tenido efectos tan destructivos, sólo puede explicarse que la gente siga teniendo fe en políticos sobre la base de los razonamientos precedentes. A veces, se ha dicho que la sociedad argentina es “adolescente” y que por eso no aprende de sus repetidos fracasos anteriores. Sin embargo, a la luz de los acontecimientos históricos de las últimas décadas, yo he sostenido (y lo sigo haciendo) que nuestra sociedad es infantil y no adolescente. Es decir, a mi juicio, la sociedad se encuentra en una etapa previa a lo que culturalmente en lenguaje habitual se denomina “adolescencia”. Se acostumbra a rotular convencionalmente de esta manera a diferentes rangos de edades. La infantilidad, la adolescencia, la madurez, adultez, etc. no tienen que ver -a mi entender- con ninguna etapa biológica o etaria. Son más bien actitudes, modos de comportamiento que adoptan las personas, y que tiene mayor vinculación -creo- con lo adquirido que con lo biológico. En otros trabajos míos he expuesto mis tesis acerca de este punto, por lo que no voy a extenderme demasiado ahora sobre tal aspecto.Llamo, pues, infantil a la cualidad dependiente del niño, que se sabe indefenso, y que espera todo de sus padres o de otros adultos (ascendientes, o sus maestros y profesores).Interpolando tal analogía, puede observarse que la relación entre los gobernados y los gobernantes en Argentina presenta estas características (posiblemente también se de en otras latitudes, pero -de momento- circunscribimos nuestro estudio al caso argentino por ser el que conocemos más de cerca).El culto al líder, propio de los sistemas fascistas o populistas, es un síndrome que denota elevadas dosis de infantilismo en sus cultores y una demanda de paternalismo dirigida al jefe de turno. Si el que se vislumbra como jefe no revela tener atributos paternalistas sus chances de ser elegido por los votantes caen. De la misma manera que el niño anhela confiar en una autoridad fuerte, que le inspire respeto y la protección que demanda, idénticamente el pueblo infantilistaexigirá líderes que lo conduzcan con firmeza, disciplina y decisión. De poseer estos requisitos y de ser suficientemente demostrativo a ese respecto, será elegido jefe y se asegurará una masa de seguidores. Al pueblo infantilista le bastará un discurso encendido, vibrante y convincente, aun cuando carezca de contenido concreto y no sea acompañado por acciones específicas.Puede ocurrir que un pueblo de estas características carezca de políticos con perfiles paternalistas. En tal[...]



La gente y la justicia

2017-09-06T11:30:14.622-03:00

Por Gabriel Boragina © En una reciente conversación que mantuve con dos personas, estos se quejaban de la inacción del gobierno frente a hechos de violencia que se habían registrado en el interior del país por el reclamo de unos sedicentes “aborígenes” de unas tierras que pretenden usurpar.Uno de ellos invocó el artículo 22 de la Constitución de la Nación Argentina, y esperaba que el gobierno “hiciera algo” al respecto. El otro coincidió, pero agregó que no veía “voluntad política” como para que el gobierno accionara.Ambos, sin embargo, quedaron “sorprendidos” cuando les dije que cualquier ciudadano podía hacer la denuncia ante la justicia. De inmediato, surgieron las típicas objeciones. Uno de ellos dijo que como, en realidad, vivía en Mar del Plata, le era imposible hacer la denuncia, pero si residiera en la Capital Federal lo haría. A lo que le respondí que no era imprescindible que habitara en la Capital Federal, porque en su ciudad también había tribunales donde le recibirían la denuncia.El otro objetó que sin “decisión política” hacer la denuncia ante la justicia no serviría de nada. Le contesté que lo que se necesitaba en el punto no era “decisión política”, sino que todo dependía de una decisión jurídica, pero que si los ciudadanos no accionaban ante la justicia nada iría a cambiar.Finalmente, agregó que, dada mi condición de abogado, a mí me era sencillo conocer los vericuetos judiciales, pero que a gente que carecía de mis conocimientos no le era fácil, concluyendo que debería “informarse” más al respecto.Estas actitudes merecen algunas reflexiones, porque se repiten a lo largo y a lo ancho del país, según puede verse, por ejemplo, en las masivas redes sociales, como Twitter.Empiezo por la supuesta “falta” de información sobre las posibilidades de denunciar delitos por parte de los ciudadanos comunes. Sabemos que esta “objeción” es infundada, porque existe bastante publicidad de entes oficiales y privados acerca de la factibilidad de hacer denuncias por parte de la población corriente. Sin embargo, se espera que la justicia actúe “de oficio” en los casos que tienen mayor difusión periodística (como era el que discutíamos con estas personas). Esto último es posible, pero si la queja consiste precisamente en que no lo hace, es allí donde el interesado debe actuar en la medida de su interés, como reza el célebre apotegma jurídico. Si no opera, difícilmente sea por ignorancia, o falta de información como hemos visto. Los motivos han de ser otros, de los cuales deduzco como principales el temor a quedar comprometido o, simplemente, comodidad que justifica su inercia. Sea cualquiera de estas razones u otras no explícitas, de un modo o del otro, ellas son demostrativas que el presunto interés no es tanto ni tan grande como que impele a la gente a movilizarse y denunciar.En su lugar, son reiteradas las convocatorias a marchas “por esto o por aquello otro”. Es más fácil hacer marchas masivas donde el individuo se pierde en el anonimato y elude las potenciales incomodidades(reales o imaginarias) o riesgos (ídem) que una denuncia ante la justicia le pudiera ocasionar, cuando lo efectivo, en lugar de marchas masivas por la vía pública, son las denuncias masivas ante la justicia, las que -repito- cualquier ciudadano puede, sin necesidad de firma de abogado, promover.Y l[...]