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La Casa de Aisling





Updated: 2018-01-17T15:18:35.465-06:00

 



Amor y matrimonio

2012-03-25T15:26:30.277-06:00

Hoy es el día mundial de leer a Tolkien; reviví el blog tan deprisa para no perdérmelo y, como todos los años, traducir un texto de mi autor favorito para ustedes. Cuando pregunté qué tema podría gustar, mi amigo S. me sugirió que uno que hablara de amor. De inmediato pensé en éste (y el pensamiento, he de confesarlo, me atravesó el pecho como una aguja finísima), una carta de Tolkien a su hijo Michael escrita, justamente, en marzo de 1940. La carta remata con la historia personal de Ronald Tolkien y su esposa Edith, que no pondré aquí. Si estamos familiarizados con el autor (y si no, no dará trabajo pasar algunos datos) sabremos que su matrimonio fue todo menos sencillo; que les llovieron calamidades, que no fueron felices para siempre porque eso sólo ocurre en los cuentos de hadas, pero que igual trabajaron duro para serlo. ¿Les resultó? Creo que la foto de la portada tiene mucho que decir al respecto. No hay fórmula precisa para un matrimonio ideal; no creo que la intención de Tolkien fuera hablar de algo más que su propia experiencia. Pero este escrito, si le pasamos por alto dos que tres observaciones que de seguro objetarán las feministas, podría darnos una acercamiento interesante a su forma de vivir al amor, y servir al menos para contrarrestar tantas ideas desfasadas que sobre este sentimiento nos han querido vender en televisión, internet, películas y libros de moda. De una carta de J.R.R. Tolkien a su hijo Michael(extraída del libro The Letters of J.R.R. Tolkien, editado por Houghton Mifflin)Traducción: Yours Truly. Aún en nuestra cultura occidental, la tradición de la caballerosidad romántica es fuerte, aunque como producto de la cristiandad (que no es de ninguna manera lo mismo que la ética cristiana) los tiempos le son hostiles. Idealiza el “amor”... y esto hasta donde alcanza puede ser muy bueno, ya que toma en cuenta algo más que el placer físico y goza, si no de la pureza, al menos de la fidelidad, al igual que el autosacrificio, el “servicio”, la cortesía, el honor y el valor. Su debilidad es, por supuesto, que comenzó como un juego de cortejo artificial, como una forma de disfrutar el amor por sí mismo, sin referencia (y de hecho contrario) al matrimonio. Tenía como objeto no a Dios, sino al Amor y la Dama, deidades imaginarias. Todavía tiende a convertir a la Dama en una especie de estrella guía o divinidad (del anticuado “su divinidad” = la mujer que ama), el objeto o la razón de una conducta noble. Esto, por supuesto, es falso y a lo mucho un invento. La mujer es otro ser humano caído con el alma en peligro. Pero si se combina y armoniza con la religión (como hace tiempo se hizo para producir gran parte de esa hermosa devoción hacia Nuestra Señora que ha sido la manera en la que Dios ha refinado tanto nuestra cruda naturaleza y emociones masculinas, y también de darle calidez y colorido a nuestra difícil y amarga religión) puede ser muy noble. Así surge lo que supongo se siente todavía, entre quienes conservan incluso algún rastro de cristianismo, como el más alto ideal de amor entre un hombre y una mujer. Creo, de todas formas, que tiene sus peligros. No es del todo cierto, y no es perfectamente “teocéntrico”. Hoy, como de todas formas ha sucedido en el pasado, hace que un joven deje de ver a las mujeres como son, como compañeras en el naufragio y no como estrellas guía. (Y cuando el joven cae en cuenta de la realidad se vuelve cínico). Que olvide los deseos, las necesidades y las tentaciones de ellas. Inculca nociones exageradas de “amor verdadero”, como si éste fuera un fuego del exterior, una exaltación permanente, sin tener que ver con la edad, la crianza de los hijos, y la vida ordinaria, sin participación de la voluntad y el propósito. (Un resultado de ello es que las personas jóvenes se ponen a buscar un “amor” que los mantenga abrigados y contentos en un mundo insensible, sin que pongan esfuerzo de su parte; y los que son incurablemente románticos siguen buscando incluso en la[...]



Tiempo

2012-03-24T21:44:22.598-06:00

"Lo único que podemos decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado".           Gandalf, en La Comunidad del Anillo, de J.R.R. Tolkien¿Qué se puede decir tras casi un año de ausencia? La verdad no sabía ni cómo empezar este escritillo con el que pretendo revivir el blog, ésta su casa. Estuve meditándolo durante un muy buen rato, y varios temas me estuvieron brincando por la cabeza. Uno, el cómo pedir disculpas a ustedes, que siempre han sido mis lectores y a quienes lamento muchísimo tener abandonados. Dos, contar cómo han cambiado las cosas desde aquella última vez que nos vimos; básicamente que el nuevo empleo que conseguí después de dejar (o que me dejara, más bien) aquel otro en el que había pasado quince años de mi vida resultó ser el trabajo de mis sueños, aunque muy, muy comprometido en cuanto tiempo y esfuerzo. Tres, informar que traigo entre manos un proyecto que, de tan grande, temo que se me salga de control, y de tan entrañable, que me termine de romper el corazón. Cuatro, que los gatitos que comparten la casa de ustedes con uno ya suman una docena. El quinto y el sexto me los reservaré, por el momento.No estoy muy segura de por qué he abandonado el blog. La falta de tiempo es una buena excusa, pero ya he pasado por esas circunstancias y no era lo que me impedía ponerme a redactar sobre asuntos personales (que, como recordarán ustedes si han visitado seguido, son básicamente el cuerpo y alma de La Casa). Que me he vuelto sumamente twittera, al grado de la casi adicción por reducir ideas a los cientocuarenta caracteres y entusiasmarme con la respuesta instantánea del dichoso medio, tampoco funcionaría; igual me daba por socializar en vivo cuando no existía eso.Reflexionar al respecto me lleva de nuevo a la idea del tiempo. Es el tiempo lo que me ha empezado a pesar, pero no del que uno se priva para ocuparse en “cuestiones importantes”, ni tampoco del que uno utiliza para recuperar el aliento después de haber batallado. Es el tiempo perdido; darme cuenta de que por primera vez en años me encuentro muy cerca de donde siempre quise haber estado, lamentar que no invertí lo suficiente en hacerme fuerte para cuando llegara el momento de luchar por algo más que pasar el día a día, llorar amargamente por lo que he dejado ir, por lo malo que he hecho y lo bueno que alguna vez tuve oportunidad de hacer y que no hice por estar demasiado ocupada en resistir. Lo peor, caer en la cuenta de que no hay marcha atrás. Me consuela la idea de que, no importa cuánto tiempo se me haya dado, creo que podré, algún día, mínimo acercarme a lo que siempre quise: tocar el corazón de las personas con palabras. Sé que no será fácil este camino de regreso, y que tendré que apuntarle a la luna para poder darle al tejabán de enfrente; ¡hasta estoy comprobando que debo aprender a usar Blogger de nuevo! Pero si en ello están conmigo y si cuento con su comprensión, consideración y lectura, no necesito nada más. Dejé olvidadas las recetas; ya vendrán más. Dejé pasar la Feria del Libro, con sus recomendaciones y citas (¡conseguí algunas tan divertidas en la edición del 2011!). Dejé pasar la Navidad y el Año Nuevo (no estaba muy entusiasmada con ninguna de las dos fiestas), el San Patricio, el cumpleaños de Tolkien, y otras ocasiones que podrían haber inspirado sendos textos, agradables, me parece. Pero mañana es el día mundial de leer a Tolkien, que como recordarán es mi autor favorito; eso no lo quiero olvidar, así que como antaño hacía, les propondré un texto de este señor, aunque sea uno que, me temo, va a escandalizar un poco a las conciencias modernas y políticamente correctas; hay que ponerse un poco en el lugar del autor para alcanzar a percibir la belleza de su pensamiento. Gracias, en serio, muchas gracias, si han aguantado conmigo hasta ahorita; como antes les pedía que no se olvidaran de mí en las adversidades presentes, va mi ruego de que, en las futuras, tampoco lo hagan.&nb[...]



Hoja y árbol

2011-04-24T20:29:06.075-05:00

Fragmento de una preciosa pintura de Alan Lee. En febrero de 1986, le pedí a mi mamá que me comprara tres libros muy caros (el equivalente, por todos, a menos de tres dólares de ahora, así que imagínense cómo ha variado la economía), y ella accedió de mala gana, porque tenía una idea bastante peculiar sobre ellos. Durante meses y meses me los prohibió, pero los libros, en proceso de ser tasados y sopesados por el comité censor de mi casa (mi hermana mayor, por entonces), estuvieron rondando diferentes rincones, uno aquí en la cocina, otro allá en la biblioteca, otro olvidado en algún lugar del baño. Todavía puedo recordar la sensación extraña que me despertaban; eran como un cofre sellado que contenía quién sabe qué misterios, o como, escribí entonces, un espejo... uno trozo de vidrio que sólo permitiera ver lo de afuera pero que tal vez estaría ocultando algo. No me habían levantado la prohibición cuando, el siguiente 23 de abril, me escurrí con el primer tomo y no dormí sino hasta llegar a la mitad.Pero no voy a aburrirlos con esta historia que ya les he platicado antes; si quieren releerla, ahí está en la etiqueta Veinte años. Un cuarto de siglo (qué enorme cantidad de tiempo suena si uno lo pone así) ha transcurrido desde que me tropecé con El Señor de los Anillos, y decir que la vida me cambió a partir de entonces es poco. En casi todos los aspectos de lo que una servidora ha hecho, hablado, escrito y leído se nota la influencia de Tolkien, y son contadas las ocasiones en las que no siento un profundo agradecimiento por ello (contadas, dije; no significa inexistentes).Tres veces he soñado con Tolkien; la primera fue cuando estaba muy jovencita y no lo reconocí sino hasta después que pensé en ello; en la segunda, ya adulta, intercambiamos algunas palabras en inglés antiguo; en la tercera, curiosamente, ambos nos acordamos del sueño anterior. Recuerdo que el Tolkien de mi sueño me dijo, en aquella tercera y última vez, que ya no quería que lo llamara “Profesor”, sino “abuelo”. Y que se molestó cuando lo llamé “abuelito” (grampa)  y me corrigió: “No; ABUELO” (grandfather). Bajo ese punto, el año pasado le escribí al profesor/abuelo una sentidísima carta que publiqué aquí, y que preocupó a mis amigos y me ganó alguna crítica medio amarga. Sí, una servidora estaba entonces llena de pesimismo, y una desesperación pasiva (las peores) le congelaba toda la voluntad. Ahora... digamos que estoy contenta de haber llegado a este cuarto de siglo.Profesor Tolkien, querido abuelo, usted es la razón de casi todo. Bien o mal, tal vez haciendo un par de cosas que no debería y otras que eran lo correcto aunque hubiera que pagar por ello; las decisiones, algunas más difíciles de lo que esperaba... la mano que me sostenía y la luz que me daba alguna vaga idea de por dónde ir eran siempre usted. ¿Qué más puedo decir? Veinticinco años parece un tiempo muy largo, pero aunque pasaran otros veinticinco, y más, no me alcanzarían para agradecer a la voz que me obligó a engañar nuestro tímido corazón para derrotar la horrible realidad; a sembrar dragones porque era nuestro derecho, bien o mal usado; a crear por las mismas leyes que fuimos creados. Nada sería igual sin esa voz; y no alcanzo a imaginarme cómo sería.  [...]



JiDai

2010-12-31T13:08:39.804-06:00

Este año que termina, 2010, he escrito en mi blog mucho menos de lo que acostumbraba. Han pasado muchas cosas que aún tengo que contarles (y lo voy a hacer); pero hay una de ellas que quisiera compartirles en especial, a ustedes que me siguen leyendo a pesar de todo.Este final de año me tiene muy asustada, pero por razones que no se justifican: tan acostumbrada estuve, en otros tiempos, a escarbar en busca de esperanzas hasta que me sangraran los dedos, que no entiendo cómo es que mis esperanzas nuevas están al ras del suelo, como puestas ahí nada más, como si me las hubieran dejado servidas en bandeja. Estoy asustada porque va a ser el primer inicio de año en un largo, largo tiempo, que no traigo el corazón velado por la desdicha y con el único deseo de resistir, sin irse ni quedarse. Como si el 2010, a pesar de todas sus dificultades y dolores, hubiera sido un verdadero principio de algo más. Me da miedo enfrentar nuevas situaciones... o que alguien me de un buen pellizco y me despierte a la realidad de antes.Al mismo tiempo, hay algo que me angustia: muchas personas  a mi alrededor, a quienes quiero y aprecio de verdad, están sufriendo penas que antes no los habían tocado ni de cerca. De cuando en cuando me atrapa la paranoia y pienso que si no estarán pasándola mal porque yo dejé de hacerlo. Mi optimismo recién descubierto tiene  esos dientecillos afilados y maliciosos. Sé lo difíciles que pueden llegar a ser estas fechas; el desánimo, la soledad, la desesperación que pueden llegar hasta uno. Lo sé por experiencia, créanme. Y aunque mis experiencias no son punto de comparación para las de quienes han perdido más seres queridos, más amigos, amor, trabajo, respeto por sí mismos, bienes, recuerdos, propósitos y ánimo, quisiera dejar como último post del año una canción que me daba por tararear en mis momentos difíciles y que de casualidad le dio nombre a mi ya viejita computadora Macbook que me acompaña aún en este momento con ustedes: JiDai, de Miyuki Nakajima.Alguna vez les puse un link a esta canción, me parece; pero creo que entonces no tenía una traducción completa a la mano. El video que les pongo a continuación está en japonés con subtítulos en inglés; yo no entiendo japonés, así que me he puesto a traducir con toda humildad los subtítulos que acompañan el video. Espero que esta canción les dé las fuerzas para continuar que me dio a mí, cuando tanto me hacían falta. Dios los bendiga a todos y que pasen muy feliz año nuevo.  allowFullScreen='true' webkitallowfullscreen='true' mozallowfullscreen='true' width='320' height='266' src='https://www.youtube.com/embed/uH56bPlKplQ?feature=player_embedded' FRAMEBORDER='0' />Traducción de los subtítulos:Ahora estamos tan tristes que se nos han acabado las lágrimasY creemos que jamás podremos volver a sonreír. Pero en algún momento llegará el día en el que podremos decir:“Me acuerdo cómo me sentía entonces.Sí, recuerdo aquella vez”.Y sonreír mientras hablamos. Así que no pensemos demasiado en el presente.Dejemos nada más que el viento de hoy nos sople encima.Vueltas y vueltas, el tiempo da vueltas.Las felicidades y tristezas se repiten y repiten. Hasta los amantes que hoy se separanvolverán a nacer y a reencontrarse. La gente que no deja de viajardebe confiar, cuando se abre la puertaque algún día de nuevo estarán en casa,incluso si hoy se pierden. Incluso si hoy cae una lluvia fría interminable. Vueltas y vueltas, el tiempo de vueltas.Las despedidas y los encuentros se repiten y repiten.Los viajeros que hoy caigan volverán a nacer y empezarán a caminar de nuevo. Vueltas y vueltas, el tiempo da vueltas.Las despedidas y los encuentros se repiten y repiten.Los viajeros que hoy caiganvolverán a nacer y empezarán a caminar de nuevo.Los viajeros que hoy caigan volverán a nacer y empezarán a caminar de nuevo. [...]



A la orilla de las aguas

2010-12-15T08:46:10.781-06:00

Un día como hoy, pero de 1995, Konami lanzó en Japón lo que sería uno de los primeros RPG para la nueva consola de Sony, Playstation: Genso Suikoden. Esta obra, creada principalmente por Yoshitaka Murayama, sería también el inicio de una de las series más entrañables y conmovedoras que alguna vez aparecieron en la historia de los videojuegos. Lástima que por su aspecto más bien sencillo y lo poco que apostaron por él los distribuidores fuera de su país de origen no fuera tan popular como, digamos, Final Fantasy (a pesar de que, la verdad sea dicha, los Suikoden superan en profundidad, complejidad e inteligencia a cualquier Final). Pero ni modo; así son los juegos de culto. Indispensables para un número limitado de personas y pasados por alto en el resto del mundo.Hace mucho tiempo que no actualizaba el blog, y sinceramente quiero cambiar esto sobre todo para el año que entra (este 2010 se puso especialmente difícil); dejé pasar fechas importantes en las que siempre subo algo, como el 12 de octubre que procuro dedicar al Batallón de San Patricio o incluso el 18 de noviembre, en el que la casa de ustedes cumplió tres añitos de vida (aún se vale felicitar, ¿eh?, que hemos hecho lo posible para que la casa no se caiga). Pero no siempre sucede que la saga favorita de uno cumple 15 años de vida. Así que no quisiera dejar ir el día sin poner algo. Primero, esa imagen tan bonita que tengo de portada y que conseguí de un sitio de recopilaciones que por desgracia no hace constar autores; segundo, quisiera enviar ciento ocho abrazos y todo el cariño del mundo a mis amigos que son también seguidores de Suikoden: a Alphanubis, quien me la presentó cuando yo era una convencida de la otra franquicia; a Azevrec, porque a pesar de las dificultades (algunas incluso con las mismas personas de Konami) me ha seguido la corriente de esta locura; a Chiisa, que con gran entusiasmo y frescura mantiene viva su afición; a Nanami y Winds, que siempre tienen hallazgos por compartir; a Pei, que ama la saga tanto como yo; a Suldyn, que me encanta cuando habla de ella; a todos los que siguen los blogs de ellos y que nos han nutrido y divertido con sus comentarios y conversación; a Ber, a Maic, a Pepe y a Snake que, creo, no tienen blog, pero sé que igual nos leen y adoran la serie; a Hellnike, que leyó el manga del III y se enamoró de él; y, finalmente y por temor a que me falte alguien, a todas las personas lindas que he llegado a conocer en los foros de Due Fiumi, Suikocastle, el desaparecido Konami RPG Stars y Tokyopop. No sé qué más información podría poner sobre Suikoden que no haya volcado antes en mi especial Suikosaga (ya sé que aún tengo que reseñar Suikoden Tierkreis, pero como todavía no juego este título, les pido paciencia), así que como tercer detalle y regalo para ustedes, se me ocurrió traducir unos fragmentos del prefacio de la novela Shui Hu Zhuan (de la versión inglesa de Pearl S. Buck, con su gramática rarita), novela china clásica en la que está basada esta serie de videojuegos. Shui Hu Zhuan se lee como Sui-Ko-Den en japonés, y significa algo así como "A la orilla de las aguas". En estos fragmentos, el autor Shi Nai-An reflexiona en que escribió ese libro para registrar las historias que le gustaba platicar con sus amigos. A ratos parece que pierde piso y comienza a divagar. Pero resulta interesante lo que dice del tiempo, de la amistad, y una casi, casi defensa de la ficción como la mejor forma para expresar los sentimientos.  Tres fragmentos del Shui Hu Zhuan, por Shi Nai-AnTraducción: Yours Truly. "Cuando recién se levanta el sol, y brilla pálido, nos lavamos la cabeza y el rostro,  nos atamos un pañuelo a la frente, tomamos comida, un bocado de esto y otro de aquello, y una vez que hemos terminado con estas tareas, nos levantamos a preguntar “¿Ya es mediodía?”. Pero el mediodía ya ha llegado desde hace tiempo. Así es como ocurre[...]



Hallazgos y recomendaciones de FIL 2010

2010-12-03T06:35:04.219-06:00

No he actualizado el blog como es debido en estos últimos días, pero no quería dejar pasar más tiempo sin ponerles mi lista de hallazgos y recomendaciones para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Más adelante, con más calma, me pondré a contarles algunas anécdotas y, por supuesto, frases ingeniosas pescadas al aire. Si andan por Guadalajara en estos días, espero que lo siguiente les sea de utilidad.Les recomiendo primero visitar el área internacional, donde se encuentran las ofertas más tentadoras. Eso sí; hay que buscar bien.La distribuidora Azteca (pasillo LL) trae los libros de arte y novelas gráficas de costumbre, todos carérrimos. Si hay dinero de sobra, se puede invertir en los comics de Corto Maltés y en Persépolis y la otra novela de Marjane Satrapi. Pero Azteca extendió sus dominios hasta el stand LL 13, y puso varios libros de Ediciones Alejandría a precios tan bajos como 50 y 70 pesos. Los mismos que en la Librería Colofón del área nacional cuestan cuatro o cinco veces más. En la distribuidora Edmax (pasillo MM) hay montones de películas, comerciales, de culto, documentales y de todo, a precios muy accesibles, de treinta y tantos a cien pesos. Conseguimos ahí La Flauta Mágica de Ingmar Bergman.La distribuidora Asgard, en el pasillo HH, trae una de las mejores novelas de fantasía que le han tocado a una servidora: Las puertas de Anubis de Tim Powers. También tienen algunos ejemplares de Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin. No hay que olvidarse de pasar por la Estación Bolsillo, donde podrán conseguir algunos títulos de otros puestos en tapa blanda y mejor precio. En el stand de Global Book encontrarán un buen surtido de material en inglés, en especial novelas gráficas como la recientemente popular The Walking Dead, y algunos preciosos libros de ilustración como The Art of Capcom by Udon. No están baratos pero al menos el precio no está inflado como ocurrió el año anterior.Dastin Ediciones, en el stand KK36, trae nuevamente saldos de editoriales españolas. Entre las curiosidades más interesantes podemos hallar una edición íntegra y bien traducida de Beowulf y dos libros de Philip Reeve: Máquinas mortales y La sombra del torturador, que se mueven en el género steampunk. Todo a menos de cien pesos. Pasemos ahora al área nacional.La librería Parroquial de Clavería trae nuevamente sus novelitas fantásticas y juveniles a sólo 10 pesos. Si evitan las editoriales religiosas por hábito, están en un error, pues en muchas pueden hallarse ofertas así de interesantes. Obvio que los libros son saldos, y me pregunto qué ocurrirá el día que se les acaben; pero mientras tanto hay que aprovechar para quedarse con Doneval y Favila, de Graham Dunstan Martin, contemporáneo de Tolkien.En esta misma tienda, por 600 y pico pesos, pueden adquirir la biografía de John Henry Newman escrita por Ian Ker. Es muy linda, pero el precio al menos para mí está imposible. Una servidora tuvo la gracia de colaborar como traductora negra (entre varias personas más) de esta obra. Me había apuntado como voluntaria pero finalmente se me pagó, y muy bien. La parte no monetaria pero igualmente valiosa de la recompensa que recibí fue una frase de una de las traductoras principales: “De haberte conocido antes, te hubiéramos dejado a ti todo el libro”; y el que alguien me considerara digna de verter en mi lengua nativa las palabras de Newman, aparecidas en citas aquí y allá, que me consolaron en tiempos difíciles y fueron el equivalente de besos en un alma medio rota.En el pasillo L, Editorial Sexto Piso trae muy buenas obras ilustradas; a destacar varios cuentos de Solomon Kane y una novela gráfica de Moby Dick. El precio sería el único inconveniente. En Grupo Editorial Anaya se pueden hallar varias ofertas de libros fantásticos a 50 pesos, como La espada rota de Poul Anderson, una buena y muy seria novela de fantasía con[...]



Otra (menos desquiciada) aventura en la biblioteca

2010-11-14T22:27:31.934-06:00

Tener reflexión histórica, no solamente datos históricos [...] Pero si estos datos no nos invitan a la reflexión, a la identidad histórica y a la identidad como nación, no nos sirven de nada.Sandra Molina, historiadora. Desde el pasado mes de octubre (más o menos) comenzó a nacerme un interés... ok, dejemos por la paz los eufemismos... obsesión, por una figura histórica mexicana, la del general insurgente (y primer presidente de México) Guadalupe Victoria. Las razones ya las discutiremos después; lo mismo, si gustan, los detalles y los objetivos. Por lo pronto aún ignoro si me pegó el fervor del Bicentenario (la celebración nacional de los doscientos años del inicio de la lucha armada que llevaría a México a su independencia) o si el asunto tuvo que ver con mi cambio de trabajo y el repentino descubrimiento de que la felicidad puede hacer daño cuando el organismo de uno se ha acostumbrado a la desdicha. Como sea, el asunto es que comencé por leer una novela sobre este personaje, Victoria, de Eugenio Aguirre. Después conseguí una biografía más seria pero mucho más parca escrita por la historiadora Carmen Saucedo. Entre uno título y otro fue a meterse a la casa de ustedes toda una sarta de libritos gordos, delgados, caros o económicos, todos sobre la guerra de Independencia y sus protagonistas. Me propuse no reseñar ninguno de ellos pero algunas circunstancias han empezado a cambiar mi opinión. Pero no es esto de lo que quiero contarles ahora, sino de la breve y menos trágica aventura a la que me empujó esa “necesidad” de información (como muy atinadamente lo puso la señorita C., de coordinación académica en mi nueva escuela) de vuelta en la biblioteca Iberoamericana. Por esto que pongo, y por lo que les relaté en mi experiencia pasada, ya se imaginarán que no soy muy amante que digamos de visitar las bibliotecas públicas. Por desgracia, no tengo en casa todos los libros que quisiera y hay más libros que aún no descubro que quiero. Pero ya que esta segunda experiencia fue muchísmo más placentera que la otra, no dudo que mis visitas se harán frecuentes.Mucho preámbulo para lo que viene, pero por favor aguanten un poco, y viajen conmigo al miércoles pasado. Si de casualidad descubren algo en mi periplo que yo no haya visto, les agradecería que me lo hicieran saber. Miércoles, 10 de noviembre de 2010Voy en transporte público hacia el centro de Guadalajara. Mi reproductor de MP3 ha estado llenándome los oídos, desde hace la más o menos media hora cuando abordé el camión, con Carmina Burana de Carl Orff; traigo algunas melodías pegadas desde ayer y no dudo que haya espantado a mis compañeros de viaje al tararear dos que tres. Cuando me bajo del autobús estoy por exclamar “Ave formosisima”. Casi se me olvida que este transporte ha cambiado de ruta, y que si me descuido me dejará mucho muy lejos de mi objetivo. Estoy tan nerviosa que el corazón me da de golpes en el pecho. ¿Pero qué rayos sucede?, me pregunto. ¿Nerviosa por qué motivo? Ni yo misma entiendo. La última vez que intenté razonarlo, me acordé de que cuando viajé a conocer Irlanda hace ya más de quince años, mi mamá se mostró preocupada de que el encuentro me fuera a decepcionar. “Puede que Irlanda no sea como tú te la imaginas”, me dijo. “La has idealizado mucho”. Intenté hallar la conexión y no me pareció tan descabellada. “Lo que pasa es que tengo miedo de encontrar algo sobre el general Victoria que no me agrade”, me dije. ¿Será eso la razón de que las manos me estén sudando a pesar del frío, que sienta ese ligerísimo temblor en las yemas de los dedos?No creo, sin embargo, que la palabra “idealizar” sea lo más apropiado para esta situación. Cuando se trata de los próceres nacionales, “idealizar” es todo lo que se hace en la educación básica mexicana. Se nos muestra a nuestros héroes nacional[...]



Discreción

2010-10-31T09:51:27.024-06:00

A menudo les he contado aquí anécdotas tan extravagantes que pareciera ser que me las invento. No es así; con la mano en el corazón les aseguro que todo lo que les he platicado sucedió en realidad; si acaso pudiéramos contar como excepción única el sueño aquel que se me ocurrió transcribirles por ocasión especial. Pero lo que tengo que platicarles hoy, con todo lo realista que pueda sonar, es otro sueño, como lo pondrá rápidamente en evidencia cierto amiguito imaginario que aparece por ahí. Me impresionó lo suficiente como para querer compartirlo con ustedes. No sé por qué me vendrían a la cabeza las ideas que pudieran componer un sueño como éste. Será que los eventos que organiza mi nueva universidad (y de los que forma parte una servidora en plan multiusos) me tienen un poco nerviosa. Hasta ahora, nada ha salido mal, pero la mera posibilidad de que un detalle, el más mínimo, quedara menos que satisfactorio, me inquieta, y me ha revivido un viejo dolor de cabeza que en el pasado era costumbre y emisario de algo peor por venir, y que me acompaña hasta cuando duermo. Total, que soñé que me encontraba en uno de esos eventos, pero mucho más grande que todo lo que hemos armado hasta ahora. No estábamos en la universidad, sino en una estructura vieja que me recordaba, por alguna razón, la casa de mi abuelita. Había por todas partes exhibiciones de arte; y un taller de marionetas, y numerosas pantallas donde se proyectaban cortos y películas; también había salones con conferencias (no reconocí a ninguno de los ponentes, tampoco) y lo primero que me llamó la atención fue que la mayoría estaban en inglés y no contaban con intérpretes.“Esto va a ser un problema”, me acuerdo que pensé. “No todos los estudiantes entienden bien el inglés”. Entonces miré a mi alrededor. Entre los jóvenes que iban y venían no había ninguno de mis alumnos, ni de otros que he comenzado a tratar y a saludar. No sé por qué estaba tan segura de que aquello era mi escuela.Yo misma estaba, como dijo Macbeth, mingling with society (confundiéndome con la multitud): llevaba mis pantalones de mezclilla rotos y mi playera viejita de Final Fantasy VII que hace como veinte mil años que no me pongo. Me encontraba contemplando el taller de marionetas (hermosísimas y muy coloridas, por cierto) cuando me dio la impresión de que una de ellas bajaba del escenario y se me acercaba. No se trataba de un títere, pero por lo relativamente bajito (apenas me sacaba una palma), delgado, y las facciones tan finas daba la impresión de serlo. Lo reconocí de inmediato:- Uhhh... ¿Cloud? ¿Cloud Strife?Él frunció el ceño, y con extrañeza señaló una imagen de sí mismo, más joven y estilizado, que decoraba mi playera. - Sí, sí eres tú. Te conozco desde el 97, cariño -. Lo de “cariño” se lo aplico a cualquier persona más joven que yo por quien siento alguna clase de afecto paternal (conste que dije “paternal”, no “maternal”). Pero explíquenselo ustedes a los aludidos. A él la palabrita pareció confundirlo más todavía. - Ayúdame a esconderme, por favor - me dijo. No me preguntó quién era, ni dio señales de reconocerme, como a veces sucede cuando sueño con personajes de videojuegos o libros con quienes he soñado anteriormente. En una esquina abandonada del edificio había dos enormes tinajas de barro. Le pedí a señas que me siguiera y le indiqué que se metiera en una.- ¿De quién te escondes? - le pregunté. Él sacudió la cabeza y desapareció en la vasija.Cuando me di la vuelta, alguien se tropezó conmigo. Era una chica que intentaba mover un exhibidor de mercancía.- ¿Me ayudas? - dijo. Sí, me estaba tuteando. Puedo pasar por estudiante cuando me disfrazo de tal. Tomé el mueble del extremo contrario y lo desplazamos entre las dos. Hicimos lo mismo con otro. Y otro más. Después, la muchac[...]



Minas

2010-10-18T22:57:08.611-05:00

Escultura, me parece que de Alfonso López Monreal, en el fondo de la mina El Edén, Zacatecas.Lo que hacen las maravillas de internet: hace unos días, los ojos de prácticamente todo el mundo estaban clavados en la mina San José, en Chile. En agosto de este año, treinta y tres mineros quedaron atrapados ahí, en un derrumbe, a cerca de setecientos metros de profundidad. Más de dos semanas después, se descubrió que seguían con vida; el suelo se perforó para hacerles llegar todos los suministros necesarios para que la conservaran, al igual que la cordura (entre lo que se les envió iba una consola de videojuegos, por cierto) mientras que en la superficie varios especialistas se devanaban los sesos para inventar alguna forma segura de sacarlos.Más de dos meses después, llegó el rescate, que duró un día y pico, algo así. Fue tan espectacular y emocionante que no voy a ponerme a describirlo; ya en la red deben circular montones de videos donde puede verse. Una servidora se unió al coro mundial: ¡Vamos, Chile! ¡Fuerza, Chile!, estuve enviando por twitter (por alguna razón, no me podía sacar de la cabeza a la editorial Andrés Bello y a la brujita Pascualina). No fue sino hasta que pasó la euforia cuando me di cuenta de que este rescate había escarbado también en una herida vieja, pero aún dolorosa, que recibió mi propio país.Hace más de cuatro años, una explosión desbarató la mina Pasta de Conchos en el estado de Coahuila. La causa de la explosión se desconoce, pero es casi seguro que tuvo que ver con las altas concentraciones de gas metano (se trataba de una mina de carbón) de las que ya se habían quejado algunos trabajadores. Una chispa... y ya. Unos sesenta y cinco mineros quedaron atrapados, se supone que a 150 metros de profundidad, y las esperanzas de encontrarlos vivos comenzaron a agotarse a los cinco días. Cinco días...Tanto el Capitán como una servidora nos criamos en ciudades mineras (Parral y Zacatecas, respectivamente). Mi suego es minero. Si hay algo que hemos sabido desde siempre es que desde sus inicios las minas cobran su cuota de vidas humanas, a veces más, a veces menos; es casi cotidiano. Incluso las minas al ras de la tierra, como hay muchas en Zacatecas; siempre hay accidentes.Ahora bien, algo que también es (y era) cosa de todos los días era estar conscientes del hecho anterior, y además pagar la cuota. Cuando comenzó en el siglo XVI la explotación de la mina El Edén en Zacatecas, había tanto gente dispuesta a vivir sólo treinta años o menos con tal de llevarle comida a su familia (el trabajo de minero se pagaba con piececitas de plata que, irónico, no tenían validez más que en la tienda de raya del patrón) como personas a quienes no les importaba llevar eso sobre la conciencia. Caídas, males respiratorios (en primer lugar la silicosis), heridas gangrenadas porque había que seguir trabajando. Como les digo, cosa de todos los días. Porque el oro y la plata se consideraban más valiosos que la comida, pero era por comida que resultaban tan baratos.Se acusó al gobierno y al Grupo Minero México (responsable) de haber actuado con tibieza frente al desastre de Pasta de Conchos; una servidora opina que sí, así fue de hecho. Pero eso no significa que un rescate como el de San José hubiera sido posible en Coahuila. La de San José era una mina de cobre; no había tanto peligro de concentración de gases letales como en Pasta de Conchos. Un derrumbe te puede dejar aislado en el socavón de una mina; si estás cerca de una explosión, lo más probable es que acabes hecho mermelada; si además estás rodeado de metano no pasará mucho antes de que te asfixies. Los mineros de Pasta de Conchos tenían una centésima de posibilidades de sobrevivir comparados con los de San José.¿Cuál fue el problema, entonces? Que en lugar de aferrarse a esa ce[...]



Receta: Thai-Cosa

2010-10-11T18:32:06.628-05:00

©Cooking Mama, del juego homónimo de Office Create, publicado por Majesco para Nintendo DS.Siempre que es el cumpleaños de Alphanubis, Fenrier y yo buscamos cocinarle algo rico. El año pasado, cuando no sabíamos si repetir la carne en su jugo que ella me enseñó a hacer o ya mejor sugerir algún restaurante, Fenrier me contó de un lugar que había visitado en su viaje de prácticas de iaido a Puerto Vallarta. Era un restaurante tailandés llamado “Archie’s Wok”, y el platillo que comió ahí con sus compañeros le pareció delicioso. El pequeño problema es que no recordaba el nombre.Tras escuchar su descripción del plato y consultar algunos recetarios, la ayudé a elaborar una lista de los posibles ingredientes. Durante dos días hicimos pruebas hasta que dimos con lo que al afilado sentido del gusto de Fenrier le pareció sería su platillo misterioso, o uno muy parecido. Usamos como picante una paprika recién molida por suaves manos coreanas, y sustituímos la salsa de pescado, muy común en la comida tailandesa, por salsa de ostión, que era lo que teníamos a mano. ¿Y qué pasó? Pues que nuestro invento fue un éxito en la fiesta de Alphanubis.Tomé nota cuando hacíamos los experimientos y más adelante repetí algunas veces la receta por mi cuenta. Aquí la tienen, menos picante que como la hicimos la primera vez, pero todavía riquísima. Puesto que jamás averiguamos como se llama, decidimos bautizarla como “Thai-Cosa”.Ingredientes (para 2 a 3 porciones):1 paquete de ramen instantáneo1 cebollita cambray en rebanadas (incluyendo el rabo)5 camarones grandes o 10 pegueños, crudos y en trocitos1 pechuga de pollo en cuadritos1 taza de germen de alfalfa2 dientes de ajo fresco, bien picados1 huevo batido1/2 taza de cacahuates sin cáscara, tostados pero sin freír y sin sal2 cucharadas de pimentón rojo (paprika) en polvo1 cucharada de currySal al gustoPara la salsa:2 cucharadas de salsa de ostión2 cucharadas de jugo de lima1 cucharadita de azúcar o 1 sobre de endulzanteHerramientas:Wok, o sartén profundaOlla honda para la pastaRecipientes para la salsa y para apartar los ingredientesPalillos de cocina o palita de maderaCuchillo afiladoAceite o spray para cocinarAguaProcedimiento:1. Preparar la pasta según las instrucciones del paquete. Escurrir muy bien.2. Mezclar los ingredientes de la salsa. 3. Calentar a fuego alto un poco de aceite o spray en el wok o sartén.4. Sofreír el ajo junto con el pollo. Cuando éste quede bien cocido y empiece a dorar, añadir los camarones; mover constantemente hasta que todo esté cocido. Apartar y reservar.5. Rociar un poco más de aceite en el mismo wok o sartén, y sofreír la pasta a fuego lento durante unos dos minutos. Añadirle la paprika y el curry, con media cucharada de sal o más al gusto, y mezclar, si fuera posible con palillos, hasta que la pasta quede muy roja y aromática. Apartar y reservar. 6. Devolver el pollo y los camarones al wok, agregar los cacahuates y sofreír a fuego lento. Echar el huevo y cubrir la carne con él; mezclar y seguir cocinando hasta que el huevo quede cocido en fibritas.7. Añadir la pasta y la alfalfa, y revolver muy bien. Verter la salsa, mezclar y cocinar un minuto más.8. Antes de servir, añadir un poco de cebollita cambray sobre el platillo. Listo. [...]



Reseña de película: Héroes Verdaderos

2010-10-10T23:25:37.357-05:00

Héroes VerdaderosDirector: Carlos KuriIntérpretes: Jorge Lavat, Víctor Trujillo, Jaqueline Andere, Mario Filio, Pepe Vilchis, Kalimba, Sandra Echeverría, Raymundo Armijo, Raúl Carballeda, Claudio Lafarga, Humberto Vélez. Lo bueno: El diseño de personajes, algunos momentillos de la animación, el doblaje de veteranos, los héroes.Lo malo: Para variar, el guión; algunos momentillos de la animación, el doblaje de estrellitas, los protagonistas.Lo que faltó: Sutileza.Lo que sobró: Las canciones.Calificación: **Todo el mundo se apunta a celebrar el Bicentenario (es decir, los doscientos años a partir de que comenzara una guerra civil para lograr la independencia de un país que se llamaría México), y, no me pregunten por qué, hubo quienes lo hicieron en forma de películas o cortos animados. Será, y eso son buenas noticias, que la industria de la animación ya está por fin recuperándose en nuestro país, al que, en tiempos pasados, no le faltaba tradición (pocas personas saben que en México se maquilaban programas de Hanna-Barbera, por ejemplo). Lo malo es que este género, al volver a volar, lo está haciendo no con un ala rota, sino con ambas patas convenientemente fracturadas y dejadas soldar al descuido.Los cortos de Héroes Verdaderos prometían, y mucho, hermosos diseños, secuencias de batalla, tal vez una aproximación a la historia oficial que ya se volvió anticuada con la moda de la “desmitificación”. Nada malo.Pero una servidora, para qué mentir, llegó al cine llena de prejuicios... y se quedó agradablemente sorprendida cuando la película arrancó con unos paisajes maravillosos, unas escenas impresionantes y una trama sencilla que apuntaba a una historia bien contada. Lo malo es que esa magia duró... ¿cuánto será bueno?... unos diez minutos a lo sumo. Y de ahí en adelante la película comenzó a deslizarse, lenta pero inevitablemente, en caída vertical.Aunque los cortos presumen más que nada a los héroes de la independencia mexicana en acción, en realidad la historia se centra en cinco muchachos a quienes les toca vivir la turbulenta época: Carlos, que tiene que tragarse sus ideas “progres” y la discriminación que sufre por su nacimiento criollo; su mejor amigo, Mixcóatl (ajá, hasta eso que se toman tiempo para explicar el porqué del nombrecito), un chico indígena de su edad; el atormentado hermano mestizo de éste, Xama; el hermano mayor grandote y bonachón, Tahtsi, y su prima Tonantzin (no, lo que no se explica es el porqué de esta casi blasfemia), que exhibe gran parte de la película un imposible vientre al aire y pies descalzos.Después de hacernos tragar una buena cantidad de detalles que por desgracia no llevan a ningún lado, los jóvenes protagonistas quedan botados en bandos enemigos (Xama en el ejército realista, y el resto con los insurgentes de Hidalgo), y los próceres desfilan con cuentagotas en lo que Carlos y sus amigos luchan por convertir un ideal en realidad.¿Lo estoy haciendo sonar interesante? Piénsenlo dos veces. La premisa, nada mala, se disuelve muy pronto en una trama principal innecesaria y punto menos que hueca. Los hermosos diseños no logran levantar del piso a los personajes principales, tan desangelados que no consiguen conmover o emocionar. El pobre Xama, un villano a la fuerza que aparece misteriosamente en cada batalla importante del ejército realista en donde pueda encontrarse con sus viejos amigos, ve cortado su potencial desarrollo junto con su posibilidad de redención que, no lo dudo, podría haber estado contemplada en algún tratamiento temprano de la historia. La voluptuosa Tonantzin se lanza a las batallas (que por cierto pueden oírse, pero no verse, ni siquiera en sombras) desarmada y todavía descalza, al parecer con el único propósito de que[...]



Cobrar lo justo

2010-09-22T19:57:02.295-05:00

En marzo de este año, la traductora Marcela Jenney publicó en su blog un interesantísimo artículo (rematado por una serie de consejos punto menos que indispensables para quienes trabajan en su campo) que se compartió en la lista de correos de la Organización Mexicana de Traductores. Lo que trata es una situación espantosamente seria por la que de seguro ha pasado cualquiera que se dedique a la traducción. Algo que siempre le dije a mis alumnos de esta materia es que en nuestro oficio es el único en el que tenemos que educar a los clientes. Muchos de ellos piensan que para traducir sólo hay que sentarse con un papel, libro, etc. en una lengua en una mano y ponerse casi a transcribir con la otra; no saben nada del proceso de investigación, de selección de palabras, de comprensión y reelaboración que implica traducir. Los peores son quienes creen que nuestro trabajo vale lo mismo que una página pasada por el Babel Fish o el Google Translator, que son gratuitos. Le pedí a la autora permiso para traducir y reproducir su artículo aquí, y ella, muy amablemente, accedió. Para leer el original en inglés, hagan click aquí. Lo acompaño con una imagen de San Jerónimo, el santo patrono de los traductores, que se celebra el próximo 30 de septiembre. Invocación a San Jerónimo que me enseñó mi tía L. cuando era chiquita: "San Jerónimo bendito, con tu cordón bendito, ¡amarra a tus animalitos! (a lo que añadí, de adulta, "o por lo menos ciérrales el hocico, o dales voluntad, en la medida de lo posible, de ser menos animales"). ¿Eres traductor profesional? Si es así, ¡NO bajes tus tarifas de traducción!Por Marcela JenneyTraducido por: Yours Truly¿Cuándo fue la última vez que le pediste a tu doctor o tu abogado que te hiciera un descuento de sus honorarios? A menos que el doctor o el abogado sean tus parientes o muy buenos amigos tuyos, no es muy probable que te atrevieras a pedirle eso al proveedor de un servicio profesional, ¿o sí? Entonces, si te consideras un traductor profesional, ¿cómo es posible que sigas permitiéndole a otros que te pidan que bajes tus precios? Pero este hecho no es lo peor de la situación. Muchos traductores profesionales están reduciendo sus precios en un intento desesperado por conseguir trabajo. Los clientes piden descuentos, y los traductores ceden a sus peticiones, cada vez más, todos los días. Cuando haces un descuento al precio de tus servicios, le estás dando permiso a otros de que piensen que éstos no valen mucho. Y, desafortunadamente, esta tendencia está afectando negativamente a la industria entera de traducción y localización. Ponle un precio justo a tus servicios. El costo que establezcas para tus servicios se determina por cómo perciben tus clientes la calidad que obtienen por su dinero. ¿Se están cumpliendo las expectativas de los clientes? ¿Qué es lo que se llevan? ¿Por qué deberían contratarte a ti y no a tu competencia?Aprende a decir “no”. Si bajas tus tarifas, estás enviando señales de pánico, no sólo de tu parte, sino de la industra entera. Si reduces tus tarifas aunque sea una vez, va a ser muy difícil negarse a ello la siguiente vez ocasión que el mismo cliente se presente. Uno de mis más queridos redactores me dijo una vez, cuando le pedí que bajara un poco su precio, que se sentiría muy incómodo consigo mismo de hacerlo. Me encantó su enfoque profesional a la hora de respaldar su trabajo.Céntrate en tu promesa de calidad. Cuando sabes y tienes pruebas de que lo que estás ofreciendo tiene gran calidad para tus clientes, asegúrate de mostrar con constancia esto en la entrega de tu trabajo. En lugar de bajar tus precios para igualarlos a los de la competencia, enfócate en añadir valores agregados. P[...]



Invencible

2010-09-22T21:01:00.726-05:00

"En lo más profundo del invierno, aprendí finalmenteque dentro de mí se encuentra un invencible verano".Albert CamusLos veranos de Guadalajara tienen un ambiente peculiar: los cielos nublados, la lluvia muy frecuente, el desánimo y la tristeza sutiles en los rostros de todo el mundo y la alegría falsa pero resistente que trata de imponerse desde anuncios espectaculares.Nunca me ha gustado trabajar en verano. El clima más cálido me predispone a la pereza; la lluvia me complica las salidas de la casa; me pone de malas el añorar las vacaciones que antes podía darme el lujo de tomarme. Es por ello que hace algunos años adquirí una no muy saludable costumbre: al salir del trabajo por las tardes, en lugar de, como buena y dedicada ama de casa, regresar a centenares de tareas domésticas inconclusas, me iba a algún centro comercial a fingir que era una muchacha joven con tiempo libre para tirar, y lista para disfrutar del verano no obstante la lluvia y el bochorno. Me quedaba comtemplando los centros de entretenimiento que se montaban para los niños (carruseles, ruedas de la fortuna, talleres, cocinitas, hasta un herpetario que llegué a ver), entraba a las tiendas a probarme de todo (si encontraba ofertas hasta me compraba alguna estupidez) y me sentaba con un chai frappé, a estirar las piernas, sola (porque mi capitán nunca ha podido aguantar la inactividad, a menos que esté durmiendo) e inmersa en el fingimiento. Una hora después, me regresaba a la casa, a los problemas cotidianos y los pendientes del próximo día.Esa hora privada y fingida me hacía sentir un poquito mejor. Era un verano artificial, sustituto del otro, el de muchos años atrás, cuando el horario lo marcaba el día y el trabajo (si es que había) tenía una rutina, pero no era igual jamás. En el campo se ordeñaba a las vacas, se separaban los becerros, se cortaba sorgo, se hacía queso. La lluvia no se iba resbalando, como llanto, por las calles, sino que penetraba en el suelo, se convertía en rocío con el sol y le daba al ambiente un aroma incomparable. Y estaban, por supuesto, las flores. La marca del verano eran las ipomoea, a las que llaman en el pueblo de mi mamá “flor de la mañana”, porque cuando les pega el sol se abren, todas rosadas o púrpuras, esplendorosas entre el verde mojado. No tienen ningún perfume pero no les hace falta. Al atardecer, el único pétalo se enrosca sobre sí mismo. De cuando en cuando la flor cerrada sirve de refugio antitormenta a escarabajos u otros insectos. Este verano del 2010 no sería ni como los recientes, ni como los de antaño.En el pasado mes de julio, me entraron, entonces no sabía por qué, unas ganas tremendas de repetir el Crisis Core: Final Fantasy VII, un juego para PSP que terminé por primera vez hará unos dos años y que de hecho les reseñé por aquí. Es una producción muy buena, con mínimos defectos, pero que en lo personal me entristeció lo suficiente como para proponerme no darle una segunda pasada, sino hasta entonces, que fue cuando tomé un archivo viejo y empecé a avanzar sobre la historia tan rápido como me fuera medianamente posible, con todo y que no se me olvidaba que la narración no iba a durar y que no tendría un final feliz. No voy a contar una vez más de qué trata el juego; si son fans de los RPG y sobre todo de la serie de Final Fantasy supongo que ya lo jugaron; si no lo han hecho, algún día lo harán y se llevarán una sorpresa gratísima. Pero si quieren un resumen en dos patadas del argumento central, va más o menos así: resulta que el adorable protagonista de Crisis Core, Zack Fair, es un muy buen empleado de cierta compañía, pero cuando descubre POR ACCIDENTE que esa compañía anda en malos manejos y está corrupt[...]



Volver

2010-09-17T23:01:16.980-05:00

Fragmento de una ilustración de KahamaNo es la primera vez que me ausento de mi blog, pero siento que han transcurrido años desde la última vez que vine. En el abandono en el que he dejado la casa no hay precedentes, o al menos así parece. He estado poniendo algunas entradas aisladas, pero casi ninguna tiene relación con la otra y más bien parecieran un intento de dar señales de vida. Si me pongo a mirar a mi alrededor (a mi casa real, a mí misma en el espejo) me sorprendo al darme cuenta, como por primera vez, que el blog no es lo único que he estado descuidando. Jamás me lo comentaron, pero creo que así se debe de sentir cuando la vida de uno da un giro. La de una servidora ha estado en un remolino loco durante por lo menos el último mes. Un tornado, que fue en lo que acabó convirtiéndose un vientecillo imperceptible (que empezara tal vez cinco años atrás), y cuyos efectos no pude apreciar sino hasta que lo contemplé vía satélite. Es como si alguna especie de tinta mágica revelara aquí y allá montones de ruinas y escombros invisibles con los que antes me tropezara y estrellara sin saber qué rayos estaba ocurriendo. Y bien, piensa una servidora, ¿qué hacer ahora? No hay mucho entre las ruinas que se pueda recoger y salvar, aunque siempre queda la posibilidad de hallar alguna pared en pie. De un día para otro, la profesión de albañil resulta abrumadora. ¿Entonces? Bien, uno puede aislarse por varios días a rumiar las penas, pero después, qué remedio, hay que levantarse. El tornado ya es viejo. Las ruinas siguen ahí, pero una servidora ha comenzado a darles guerra, escoba en mano. No es fácil recoger todo este desbarajuste, pero hay por lo menos algo que no me cansa repetirme: ya se me había olvidado a qué sabe la tranquilidad. Y su sabor es tan increíblemente agradable y adictivo que no entiendo cómo pude estar tanto tiempo sin él.Perdón por hablar tanto en acertijos; ya, más adelante, podrán enterarse de a qué me refiero. Esta entrada es sólo para, como ya lo he hecho otras veces, anunciar que seguimos aquí, y que tenemos todo el propósito de volver a ser lo que éramos. Las entradas puntuales, tres por semana; reseñas, ocurrencias, alguna que otra traducción, por supuesto recetas (de cocina y de otras cosas). En los planes vienen un platillo original (bueno, casi), algunos útiles consejos para traductores y una sentida historia sobre por qué mi acción más valiente del verano fue repetir un videojuego al que no me había atrevido a enfrentar una segunda vez. No voy a dejar pasar este año sin una nueva semana del sushi. Y aunque la fecha para celebrar al Batallón de San Patricio (12 de septiembre) se me haya pasado de largo, espero poder dedicarle algunas palabras a otro hecho reciente (y muy, muy lamentable, por cierto): el fallecimiento del director Satoshi Kon. Estoy escribiendo (lo que no me ocurría en años) un relato de ficción; si lo llego a terminar, será todo un triunfo. Intento poner orden en mis doscientos pares de zapatos y desechar todo lo que de verdad no sirve. Seguirán los libros y revistas. Voy a arreglar un poco esta casa de ustedes también: revisaré los links para quitar los que ya no lleven a ningún lado y añadiré nuevos sitios interesantes. Les agradecería también que me avisaran si algunas de las ilustraciones de las entradas no están apareciendo. Gracias por toda la paciencia, y por seguirme siguiendo (la repetición fue a propósito). Nos vemos de nuevo en unos pocos días. [...]



Reseña de libro: Krabat y el molino del diablo

2010-08-20T08:35:31.501-05:00

Krabat y el molino del diabloOttfried PreusslerEditorial Noguer (por lo pronto, PDF) Lo bueno: Aunque está cortito y se supone que es fantasía juvenil, es un libro sorprendentemente maduro y profundo.Lo malo: El final demasiado abrupto.Lo interesante: La adaptación a película que le hicieron en 2008 está por estrenarse, si es que no lo hizo ya (no la he visto en los cines de Guadalajara) en México.Calificación: * * * * *Antes de la reseña en sí, empecemos con un tema incómodo: el de la piratería. Sí, es un mal detestable, que afecta a los creadores intelectuales (y un poquito más a los distribuidores). Un pecado del que, con toda la vergüenza del mundo, me reconozco más que culpable. En mi defensa, sin embargo, quisiera decir que a veces es un mal necesario.Decidí volverme pirata a los doce años, cuando presencié, en un noticiero de televisión, lo que los videoclubes mexicanos le hacían a sus películas que “no se rentaban con suficiente frecuencia” o que “no cumplían ya con los estándares de calidad establecidos”. Centenares de videos vhs y beta se alineaban en una calle, y después una aplanadora les pasaba por encima. Esa imagen me dejó tan traumatizada (sobre todo después de pensar en películas que me gustaba rentar una y otra vez que de repente ya no estaban disponibles en mi videoclub más cercano) que decidí que no me tocaría la conciencia para copiar y preservar verdaderas joyas o curiosidades que tarde o temprano correrían ese triste destino.(Años después, los videoclubes mexicanos tomaron la decisión, muchísimo más sensata, de vender a precios bajos esas películas de desecho. La mayor parte de nuestra amplia videoteca se consiguió de esa forma).La piratería no se volvió mi estilo de vida, pero sí la de conseguir material que, de otra forma, sería inaccesible, ya sea por precio o por distancia. No la tengo por costumbre , pero no dudo en echar mano de ella si es la ÚNICA manera de ver, escuchar o leer algo (en cuanto a videojuegos, sí llegamos a comprar varios que hemos ido reemplazando poco a poco por sus originales; lo único pirata que conservamos es el título basado en el estupendo musical setentero The War of the Worlds, de Jeff Wayne, sobre la obra de H.G. Wells; prefiero comprar todo de saldos o de usados). La proliferación de material descargable por internet ha empeorado (o mejorado las cosas). No de otra forma conseguí ver The Secret of Kells, una película animada irlandesa que es una maravilla que no sé por qué carambas no se ha pasado en México, y de la que les hablé hace un tiempo. También así vi Krabat, película alemana de fantasía que en un principio me pareció muy extraña y oscura. Pero apenas la terminé, supe que tenía que leer el libro en el que estaba basada. Como fuera. Me lancé a buscar la novelita en mis sitios hablituales de libros, primero traducida al inglés (me enteré que le habían puesto The Satanic Mill y que la había publicado Macmillan). Vean nada más el precio en Amazon. Luego supe que la habían publicado en español por allá en 1991. Nada. Nada de nada. Pero buscando, buscando y buscando, di finalmente con ella. Sólo que en un medio que no era legal, ni mucho menos. Bueno, la leí. Y que me lapiden por ello. Poco después de terminarla, supe que se reeditó en 2009, supongo que por la novedad de la película. Así que en cuanto se presente la menor oportunidad, voy a comprar esa novela. (Mi trauma particular con los libros es un poco diferente al de las películas; viene de una Feria del Libro de Guadalajara en la que un editor catalán, cuando le pregunté sobre la falta de novedades de editoriales españolas en México, me confes[...]



Corazón

2010-08-17T22:31:36.508-05:00

Era un día que andaba dándome la vuelta por el tianguis que se pone los jueves, paralelo a las vías del tren, casi frente a la Gran Plaza, justo en el límite entre Guadalajara y Zapopan. Voy ahí prácticamente cada semana a comprar fruta, verdura y pollo fresco. De cuando en cuando, también, me distraigo viendo alguna cosa bonita (ropa, videojuegos usados, adornos para el pelo). Como aquella ocasión en la que me entretuve en un puesto de cosméticos para revisar unas brochas muy finas y suaves.Un señor se acercó a las dos o tres mujeres que rondábamos el sitio; de reojo vi que traía un bote de colecta sellado y un montón de volantes impresos. Ah, adiviné de inmediato; otro que viene a pedir dinero para un asilo de alcohólicos y drogadictos. No se lo niego a esta clase de gente (nótese el tono discriminatorio) desde que uno de ellos me diera una lección de humildad, hace ya un par de años. Así que apenas el señor comenzaba en un murmullo “¿No gusta cooperar...?”, le resoplé un “ajá” y, sin mirarlo siquiera, puse una moneda en la alcancía para que me dejara seguir viendo mis brochas.Pero no se fue. Pasaron varios segundos hasta que sentí su mirada. Levanté la cara y me encontré de golpe con sus ojos, verdes como los míos.- Qué gran corazón tiene usted, señorita - me dijo.- ¿Uhhhhhhh...? - la frase me tomó completamente por sorpresa.- Dije - repitió el señor, más despacio, como si no le hubiera entendido - que qué gran corazón tiene usted, señorita... ¿de dónde es usted?- Uhhhhh... de... de aquí, ¿por?- Porque - insistió el señor - tiene usted un corazón muy grande, señorita... ni siquiera le había dicho por qué y usted ya estaba dándome dinero... ¿Así le hace con todo el mundo, señorita? ¿Le piden y usted da?- ...No... no... - es en serio. No.- Tiene usted un corazón muy grande, señorita - y dale con lo mismo.- Bueno, no... pero tengo buenos ojos -. Lo que quise decir, en castellano pero sin que sonara demasiado feo, era “lo que pasa es que vi su alcancía y su montón de volantes y adiviné que iba a pedirme dinero para otro de esos ridículos asilos para drogadictos que abundan aquí, así que le di cinco pesos para que me dejara en paz”. Pero como siempre me salió una estupidez de la boca. El día que se otorguen los premios a las peores respuestas a un cumplido, de seguro me ganaré uno.- Ya, con confianza, dígame, ¿de dónde es usted? - volvió a preguntarme el señor.- De... de aquí -. Parecía que una parte de nuestra conversación se hubiera borrado.- ¿Nació aquí?- Ajá.- Pero sus papás, son de fuera, ¿verdad? -. De fuera significa “extranjeros”. La frase “tú no eres inglesa; eres demasiado amable” fue una de las cosas... ejem... ¿bonitas? que me llegaron a decir en Birmingham. Los mismos mexicanos no nos creemos la fama de cortesía que tenemos en todo el mundo.Respondí con una media mentira: que mis papás son de Zacatecas (sólo mi mamá es de allá) y el señor, muy entusiasmado, se soltó platicando de todos los municipios de ese estado que conocía. Su familia era de Florencia, un pueblo entre montañas cercano al de mi mamá. Mis ojos verdes vienen de esa zona, y también los de él. Los míos salieron, además, del sur de Jalisco.Al final, el señor se despidió con un apretón de manos. Casi se le olvidó ofrecerme su volante. Yo casi me olvidé de las brochas.Y a todo esto, ¿qué hay de mi corazón, el centro involuntario de la charla? Voy a confesar algo: mi corazón es pequeñito, reseco y poroso como un pedazo de proteína de soya. Pero, de la misma manera, de vez en cuando se humedece y aumenta dos o tres veces [...]



Reseña de libro: El Rey Demonio

2010-07-30T12:18:35.093-05:00

El Rey DemonioCinda Williams ChimaEdiciones Bibliópolis Lo bueno: Los personajes y el entramado.Lo malo: El precio y algún que otro cliché.Lo que ya me esperaba: Va a ser una trilogía o algo asíSugerencia de título: Los ricos (y los magos) también lloran.Calificación: * * *En estos últimos años, ya es raro que alguien que lea fantasía (y que no sea fan de Harry Potter) llegue muy entusiasmado por un título nuevo que acaba de hallarse. Mucho más raro es que una servidora vaya tras la finta, encuentre algún elemento atractivo en la portada y decida aprovechar que los libros están a seis meses sin intereses en cierta tienda departamental. Luego ocurre, eso sí, que, tras llegar a casa, una servidora abre el nuevo libro de fantasía, pasa algunas páginas y exclama “¡oh, no! ¡Otra historia de mocosos!”. Pero el asunto sigue siendo raro cuando una termina el libro con un suspiro de satisfacción.El Rey Demonio, de Cinda Williams Chima (una autora de quien en la vida había oído hablar una servidora) tendría todo para convertirse en el libro juvenil del momento. Salvo porque no lo tiene, y ello podría ser una ventaja. ¿Cómo está eso? Ajá, los personajes principales son adolescentes con broncas, el estilo es contemporáneo y todo eso. Pero no tiene mucha acción (a una servidora le sienta bien ese detalle), el romance es mesurado y, lo mejor de todo, la trama está algo más complicadona que el promedio; es por ello que de seguro los jóvenes amantes de colmillitos diurnos, zarpas pelosas y varitas mágicas la encontrarán algo indigesta.Veamos la historia... Han Alister es un chico de dieciséis años que, después de forjarse una reputación temible como delincuente callejero y líder de pandillas, ha decidido comenzar a ganarse la vida de una manera decente y ahorrarle disgustos y mortificaciones a su mamá, lavandera de ajeno, y a su hermanita, que va a la escuela y podría tener un mejor futuro que él. Desde que tiene memoria, Han lleva puestas unas gruesas pulseras de plata que parecen crecer con él; por más que quiere quitárselas para venderlas no lo logra, y por ello su buen propósito (que arrastra, claro, su pésima fama) lo pone a hacer de mandadero, buscador de hierbas, jornalero y cazador.En el mundo en el que habita, coexisten diferentes tipos de personas y culturas: están los clanes, que llevan un estilo de vida parecido al de los indios norteamericanos; las escuelas de guerreros, a las que sólo acceden los que pueden pagárselas; los citadinos, casi siempre en la miseria extrema (la familia de Han pertenece a éstos); y los magos, de quienes todos desconfían. Y está, por supuesto, la familia de la Reina, quienes, como buena clase política, no tiene la más mínima idea de lo que ocurre con el resto de la humanidad. La princesa Raisa, hija mayor de la Reina y su consorte (un noble de los clanes, por cierto), tiene sus problemitas propios y quisiera algo más que los fiestones, los amigos de abolengo, los vestidos de moda y la vida holgadísima a la que parece estar destinada y que al pobre Han le vendría de perlas. Los caminos de estos dos se cruzan por primera vez cuando a la Reina y su corte se les antoja salir de cacería, y a tres maguitos jóvenes que los acompañan se les hace fácil provocar un incendio en el bosque para hacer salir a las futuras presas; Han y su amigo de los clanes, Bailarín, tratan de impedir el desbarajuste y el primero le arrebata a Micah Bayar, el hijo del gran mago de la corte, un misterioso amuleto que quema al tacto. Han no tiene idea de lo que acaba de conseguirse, pero a partir de entonces todo empieza a salirle[...]