Subscribe: áluna
http://alunarock.blogspot.com/feeds/posts/default
Added By: Feedage Forager Feedage Grade B rated
Language: Spanish
Tags:
años  banda  canciones  canción  cuando  era  fue  mejor  más  nos  qué  ser  sin  solo  son  tan  uno  youtube 
Rate this Feed
Rate this feedRate this feedRate this feedRate this feedRate this feed
Rate this feed 1 starRate this feed 2 starRate this feed 3 starRate this feed 4 starRate this feed 5 star

Comments (0)

Feed Details and Statistics Feed Statistics
Preview: áluna

áluna



vida secreta de una banda de garaje



Updated: 2018-04-22T03:18:48.796-07:00

 



TBT

2018-04-17T09:04:13.650-07:00


Hay dos sentimientos a los que le tengo particular respeto, por no decir temor. O un sentimiento y una acción, como sea. La acción es recordar y el sentimiento es la nostalgia. La primera, más neutral, es la base de todo: creamos porque recordamos. Sin embargo es la materia prima de la segunda, la nostalgia, que aunque su nombre indique cierto dolor termina siendo todo lo contrario. ¿Me explico? El recuerdo y la nostalgia, que trabajan con el pasado, tienden a edulcorar lo vivido de un modo que puede ser peligroso o en su defecto distorsionado y casi siempre más blando. ¿Recuerdan aquella noche de mierda? Ahora da risa. ¿Recuerdan ese amor desgraciado? Es posible que hoy en día lo extrañen. El tal saudade de los portugueses nos hace anhelar lugares que, vistos con ojo crítico, a lo mejor no eran para tanto. Lo que alguna vez fue cotidianidad, por momentos aburrida, con el paso del tiempo tiende a ser añoranza. Agrandamos el pasado por aquella idea de que siempre fue mejor, y hasta este momento de tedio, en que escribo este párrafo, con el paso del tiempo puede convertirse en la fantasía feliz de un escritorzuelo tecleando en su computador. La nostalgia no es más que nosfilia.
Digo todo esto porque en mi discurso aquel concierto del desconcierto para Canal U fue siempre una vergüenza (una más de mi historial) pero ahora, revistado, lo veo diferente, y aquel desafine no me parece para tanto y esa falta de ecualización se me hace orgánica y hasta los errores me suenan divertidos. ¿Ven? Lo escucho y sonrío, y me veo tarareando canciones olvidadas, pensando en por qué no las grabamos si tenían lo suyo. Esta misma página, que sirve de memoria de este grupo, me recuerda lo desventurado que me sentí por haber participado en ese concierto: http://alunarock.blogspot.com.co/2008/07/luna-tv.html Pero vuelvo y lo veo, diez años después, y no puedo evitar sentirme bien. De hecho, nostálgico; en cualquier caso, contradictorio. Es ahí donde digo que se trata de un sentimiento resbaladizo.
Para que entiendan de lo que hablo tendría que ir a la página del grupo en Facebook, donde están los videos, y sacar sus conclusiones. Entretanto, yo sigo sintiendo un gusto culposo por volver a ver aquel concierto ya con alegría.




Un instante de felicidad (segunda parte)

2018-03-18T09:34:01.022-07:00

width="320" height="266" class="YOUTUBE-iframe-video" data-thumbnail-src="https://i.ytimg.com/vi/woDwE8njWHM/0.jpg" src="https://www.youtube.com/embed/woDwE8njWHM?feature=player_embedded" frameborder="0" allowfullscreen>


No hay mucho para decir. El video lo hizo Hades prácticamente solo. Hades es su nombre real, el de un amigo del pueblo, para que no anden creyendo que se trata del mismísimo señor del inframundo, guardián de los infiernos, rey de los muertos. No. Nuestro Hades, de apellido Grisales, es un realizador audiovisual hecho a pulso en las jornadas extensas del canal local de Abejorral, Antioquia.
Cuando llegué a ver en qué andaba, resultó que ya llevaba dos días grabando el video de Un instante de felicidad. No sé cómo había caído la canción en sus manos, si era apenas una maqueta, pero se enamoró tanto de ella que comenzó a grabar imágenes de una chica que, en cualquier caso, siempre terminaba empelota. Eso me gustó: donde hay gente empelota siempre habrá atención.
Estoy jodiendo. La chica se llama Luisa, y terminó siendo actriz de verdad, entregada al rigor de Hora 25. En ese entonces era una muchachita de 15 o 16 años que cursaba décimo grado.
En todo caso, insisto, Hades lo hizo todo: grabó, editó, consiguió los actores. Cuando llegué, el video estaba casi terminado. Mis aportes fueron en un par de escenas: en la que Luisa parece Shiva, con brazos por todos lados (imagen que luego usaríamos para la ambientación de Deseos) y la idea de meter una chica al final, porque creo que si uno se come un hongo y esa vaina lo lleva al despertar del cuerpo, tendrá que ser en todos los sentidos, en todas las posibilidades.
Del video me gustan partes, como la escena en que sube por el bosque, y me disgustan otras, como esa intensión solapada de taparle los pezones y la entrepierna. Las cosas deberían ser o no ser; no ser a medias, como yo.
Pero es un regalo y todo regalo es una bendición. Ponerse a grabar porque sí, hacer cosas porque sí, es una bonita muestra de lo que es ser apasionado. Más cuando se trata de nosotros, que tardamos años en grabar la canción de verdad-verdad y poder ponerle las imágenes de nuestro amigo. Al final, resultó que la canción que grabamos era 30 segundos más larga que el video, y hubo que inventarle ese final desesperado en que todo da vuelta atrás.
No importa. Está, existe. Y siempre preferiré que las cosas existan a que sean un humo espeso abotagado en la cabeza.




Un instante de felicidad (parte uno)

2018-02-14T09:11:17.235-08:00


Juan cantaba tan bien que hasta cuando cantaba mal, cantaba bien, ¿me entienden? Él odiaba esta canción, la odiaba de verdad. Y odiaba Desnudo y casi todas las que no entendiera. Las cantaba con desgano, entorpeciéndolas un poco, y aun así las versiones que grabamos con él siguen siendo las más limpias.

Creo que Juan estaba equivocado. Un instante de felicidad es nuestra mejor canción. Podemos tener otras más rápidas, más virtuosas en la técnica, mejor grabadas, pero Un instante tiene un balance de altos y bajos que no tiene ninguna otra; tiene densidad y calma; tiene soul.

Creo que la compusimos después de Desnudo, o al tiempo. Ahora que lo pienso ese pudo ser nuestro mejor momento creativo. La grabamos tres veces (una con Juan, otra con Andrés y la última con Fernando) hasta alcanzar el sonido que más o menos se pareciera a lo que queríamos. Sobre todo al final con la descarga de guitarras. Me gusta mucho la intención de la letra: un momento donde todo está bien, tranquilo. Siempre la imaginé como una fotografía de un par de chicos en la hierba.

Salía mal en los conciertos, excepto en Combustiones donde la música representaba bien lo que decía el monólogo, aquello de “Yo recuerdo que a Marta, en esos momentos poscoito donde la vida es una maravilla, le decía: aquí comienza –y aquí termina– mi mundo: te amo”. Esas cosas. 

Es una canción que quiero, en fin. No voy a poner el video aquí todavía porque esa es otra historia, posiblemente triste. Solo sé que me desperté pensando en estas cosas y ajá, quise decirlas. Quise mostrar las tres versiones para que vieran cómo cambian las canciones sin dejar de ser iguales, aunque la plataforma Blogger no me lo permitió. Pero sobre todo quise decir esto, cojones: Un instante de felicidad es nuestra mejor canción.




Desnudo

2018-01-19T14:50:02.584-08:00


allowfullscreen="" class="YOUTUBE-iframe-video" data-thumbnail-src="https://i.ytimg.com/vi/akHtypGd29I/0.jpg" frameborder="0" height="266" src="https://www.youtube.com/embed/akHtypGd29I?feature=player_embedded" width="320">

Desnudo es una canción que siempre quisimos aunque nunca nos quedara del todo bien. La quisimos, creo, porque la compusimos entre todos: Óscar, Fáber, Juan y yo, aunque la idea original y gran parte de la letra fuera de Óscar. Lo recuerdo bien: un viernes en la tarde, en mi casa, en una corta temporada en la que tuvimos que ensayar en Laureles. Solo que, en vivo, la voz se perdía entre tanta distorsión de las guitarras, y en el estudio las guitarras nunca quedaron como queríamos: redondas, potentes, un poco Deftones. Lo intentamos varias veces, y no. La voz tampoco lograba ese nivel de presencia que necesitábamos. Así que la tocábamos una vez y la olvidábamos un año, en una relación de amor y desconsuelo que ni siquiera ahora superamos. Porque sigue siendo así: interesante, noventera, guitarruda, pero no tanto como quisiéramos ni tan clara como debiera. Es posible que Desnudo sea la muestra más evidente de nuestras influencias, de los años que por fortuna nos tocó vivir. Y al mismo tiempo, una de las canciones que no logra hacer honor a lo que soñábamos. Son las contradicciones con las que hay que cargar. 
El video me temo que tampoco ayuda. Grabado con el celular, editado con cuanto efecto se nos ocurriera. Y sin embargo, con todo en la contra, la seguimos queriendo. Desnudo, Silencio, Noche… son el lado A de lo que fue esta banda.




“Solo puedo bailar tan bien”

2018-01-19T14:51:26.076-08:00

allowfullscreen="" class="YOUTUBE-iframe-video" data-thumbnail-src="https://i.ytimg.com/vi/deSiJS8FYgs/0.jpg" frameborder="0" height="266" src="https://www.youtube.com/embed/deSiJS8FYgs?feature=player_embedded" width="320">

Siempre me han fascinado los hombres orquesta. Una vez, en Santa Marta, le pagué tres veces a uno para que siguiera tocando. Puede que tengan algo de arlequín o de atracción de circo, pero al tiempo son una muestra sorprende de virtuosismo en la música.
Ahora los hombres orquesta usan loop station y efectos de sonido. Eso no les quita creatividad. Y cuando miro a mi entorno, aquí en Medellín, el hombre orquesta que más me gusta tiene nombre de molusco en tierra: Pulpomán.
Su mérito no está en hacer el ritmo con la caja de la guitarra, doblar voces o sumar efectos. Ni siquiera está en tocar tan bien las canciones de Radiohead. El mérito de Pulpomán está en la consistencia. Agua, arena, noche, fuego, oscuridad. Creo que no hay otro cantante en Medellín que se haya tomado tan a pecho ciertos referentes y los haya hecho parte de su obra. Las canciones de este pulpo, aunque distintas, navegan en el mismo mar, y es capaz de tocarlas solo sin que pierdan su oleaje.
No es usual, y es tremendo. Lo sentí una vez con Goes, capitán de los espectáculos en solitario, y lo siento ahora con este músico anfibio. Con la diferencia de que Pulpomán lo cuida todo: su imagen con tentáculos en la cabeza, su sonido híbrido entre lo electrónico y lo acústico, sus letras de piratas, y hasta su misma literatura, que de alguna forma ronda sobre toda esta obsesión.
Creo que una de sus canciones lo resume claro: “Solo puedo bailar tan bien”. 




Canciones huérfanas

2017-10-18T21:51:03.250-07:00

allowfullscreen="" class="YOUTUBE-iframe-video" data-thumbnail-src="https://i.ytimg.com/vi/BAMZYpZi_M4/0.jpg" frameborder="0" height="266" src="https://www.youtube.com/embed/BAMZYpZi_M4?feature=player_embedded" width="320">

A dónde irán a parar las canciones huérfanas. Me refiero a las que nunca fueron grabadas, o que aun grabadas se pierden por ahí. A veces porque algo les falta, porque no es su sonido, o porque significan tanto para uno que da pena presentarlas. Sobre todo esas últimas: las canciones amadas, viscerales, que acaso si cantamos ya borrachos al final de la noche o cuando la nostalgia nos sopla su veneno. Es raro, ¿no?, las canciones más personales, las que más nos representan, se quedan en silencio. Para uno. O al menos así lo siento ahora. Yo compuse una canción a mamá, y otra a Eliana; le he escuchado a Óscar cosas parecidas. Pero nunca se nos ocurrió montarlas. Son tan nuestras, tan grandes, que la exhibición da vergüenza. Como las cartas de amor. Y van por ahí, perdidas, esperando un momento que difícilmente podría llegar. Tan solas.




La posibilidad de lo imposible

2017-10-10T08:02:01.901-07:00

De no haber sido cantante de rap, Henry Arteaga hubiera sido arquero de fútbol. O quizás bailarín del Ballet Folclórico de Antioquia. Pero para ambas cosas era muy bajito. Como arquero, aunque le fuera bien con la pelota, era fácil colgarlo y meterle los goles por arriba, y como bailarín, aunque fuera prometedor, se vería mínimo al lado de los grandotes extranjeros en las competencias internacionales, le dijeron en el Ballet tras una audición. De todas formas siguió bailando –cumbias, porros, salsas– y tanto baile lo llevó al breakdance, y el breakdance a fundar uno de los colectivos de hip hop más importantes de Medellín: los Crew Peligrosos. Cada puerta cerrada fue una oportunidad para encontrar su camino.Henry –que nació en 1979– creció en Aranjuez, en una de las calles más peligrosas de una de las comunas más peligrosas de la ciudad. De ahí el nombre de Crew Peligrosos: venir de un barrio como Aranjuez era visto con sospecha para muchos. Igual si se dijera Castilla o El Popular, o Belencito o La Esperanza, o tantos otros. Henry le dio la vuelta a la palabra y la ajustó al arte: ser peligrosos pero para los violentos, porque el hip hop –que incluye grafiti, rap o mc, deejay y breakin– le roba jóvenes a la guerra. Crew, dentro de la cultura de hip hop, es como un grupo de parceros, y más que grupo, familia. Desde el inicio de este cuento, en 1999, Henry pensó en colectivo.O más o menos. Comenzó bailando con un amigo, Julián, conocido como Skill, en la casa de cualquiera o en la calle, inventando pasos, adaptando lo que sabía de los ritmos tropicales a ese mundo de piruetas en el piso y vueltas sobre la cabeza que es el break. Cualquier día, un chico no mayor de doce años, conocido como Izel, les pidió que le enseñaran. Este chico comenzó a llevar a otros, y estos a otros más. Henry y Skill les enseñaban sin cobrar un solo peso, conscientes de que el conocimiento no puede ser solo de uno. “Si uno no enseña, se acaba”, le diría a Henry años más tarde Rafael Cassiani, director del Sexteto Tabalá, en San Basilio de Palenque. Una premisa que reforzaba lo que este muchacho de Aranjuez siempre había creído.Espontáneamente nació 4 Elementos Eskuela, un grupo de educación voluntaria basada en los cuatro elementos del hip hop. Henry buscó un espacio en el colegio del que había sido expulsado en el bachillerato, el Gilberto Alzate Avendaño. Ahí mismo, en Aranjuez. Humberto Bermúdez, rector de la institución, creyó en la propuesta y les cedió salones para ensayar en las noches. Desde 2003 la Eskuela viene formando niños y jóvenes del nororiente de Medellín, ya sea como raperos, grafiteros, breakers o deejays. En una especie de metodología de la libertad: cada quien va a su ritmo. Pero con un mandamiento: solo se alcanzan las metas con disciplina. En 17 años, más de 4.000 jóvenes han pasado por la Eskuela, que a veces tiene el apoyo de alguna fundación y otras veces se defiende como puede, fiel a sus principios: en modalidad de voluntariado, gratis para los que ingresan, juiciosa en los horarios y libre en el pensamiento.“Tiene que verlo para que lo entienda”, dice Henry. Y tiene razón. Desde las cinco de la tarde, el colegio Tomás Carrasquilla, sede alterna del Gilberto Alzate Avendaño, se llena de beats y chicos que bailan; otros aprenden caligrafía y algunos a pinchar discos. Es un caos hermoso en el que más de 200 jóvenes (desde niñas de nueve años hasta mujeres de treinta) pasan sus tardes aprendiendo alguna rama del hip hop. A las nueve de la noche terminan, y al otro día vuelven, puntuales.Entonces Crew Peligrosos son varias cosas: un colectivo de hip hop que comenzó enfocado en el breakdance, y una Eskuela donde los más tesos les enseñan a los que apenas comienzan. Todo esto en medio de la violencia que ha existido siempre en la comuna, y en parte como respuesta a la violen[...]



Deseos

2017-10-03T15:07:04.219-07:00

allowfullscreen="" class="YOUTUBE-iframe-video" data-thumbnail-src="https://i.ytimg.com/vi/x1o9iHhkAZg/0.jpg" frameborder="0" height="266" src="https://www.youtube.com/embed/x1o9iHhkAZg?feature=player_embedded" width="320">
Lo que me gusta: que Óscar se hubiera atrevido a cantar. Eso, sobre todo. Porque venía, desde hace días, coqueteándole al canto, pidiendo pista, haciendo coros. Y si una banda no está para equivocarse, para jugar, para ensayar todas las posibilidades, entonces para qué putas.
Yo fui el más quejumbroso con su voz de subsuelo. Yo, el cínico. Pero era por joder. Porque me encanta cuando me permiten, a mí también, lanzarme con mi voz rasgada a cantar lo que quiero. Aunque desafine. Cante aunque no cante.
Y cantó bien, el Óscar. Aunque la canción no me mata. Me recuerda, a pesar de las distorsiones, a Vilma Palma. Debe ser por ese coro Sol-La-Re mayor. Pero me gustan los teclados que suman capas oscuras, con esas campanas, y los solos de Boris, y cierta intención al principio de hacer las cosas de la manera más simple, solo marcando las negras. Y me gusta la voz de Fernando que, aguda, contrapuntea a la de Óscar.
Lo que no me gusta: cuando dice “y mis sesos comenzaron a escurrir tus deseos en mi cuello”. Un poco zombie, jodidamente raro. No sé por qué nunca se lo dije a Óscar. No importa si no lo hubiéramos cambiado, estaría bien habérselo dicho. De eso, también, se tratan las bandas de rock. Darse palo. Odiarse. Quererse de nuevo. Hacerlo mejor.
No me gusta cierta saturación que alcanza después del coro y que se sostiene hasta el final. Las canciones, como los amores, deben descansar. No sé por qué tampoco se lo dije nunca a Óscar.
Pero está bien haberlo hecho. Siempre está mucho mejor hacerlo que guardar silencio por cobardía. Por eso me gusta que esté así, grabada, y que la presentemos ahora. Me gusta el video lyric, con Luisa de dieciséis añitos en una ensoñación. Y esa película de fondo, Chico y Rita. Me gusta que la canción exista, que esté en Youtube, y que a alguien le guste, quizá.
Y como son más las cosas que me gustan que las que no, me gusta estar presentándola aquí, ahora, hoy.




Welcome to the jungle

2017-10-03T15:08:12.611-07:00

En el fondo, todo el cuento este del rocanrol comenzó para mí con dos hechos triviales. El primero debió ser en 1992, cuando yo tenía diez años y los Guns N' Roses venían por primera vez a Colombia. En Abejorral, esta noticia pasó sin aspavientos porque la gran mayoría escuchaba guascas o música romántica, y acaso algunos mayores todavía ensoñaban con Garzón y Collazos. Pero para alguien (algún muchachito díscolo, de esos que salvan la juventud en los pueblos) la noticia del concierto era de veras significativa; tanto que había escrito en una pared precisamente eso: “¡Vienen los Guns N' Roses!”. Con la letra temblorosa de lo prohibido, en aerosol naranja chillón, tan visible e inevitable que era imposible no darse cuenta.Yo no sabía quiénes eran los Gunners. A lo sumo escuchaba la música de mi hermana, obsesionada entonces con Jon Secada y la estrella naciente del pop español, Alejandro Sanz. Pero aquello en esa pared me provocaba algo; algo que revolvía el miedo y la tentación. Yo sabía que lo que había hecho ese chico desconocido era ilegal y mal visto. Y al mismo tiempo sentía (sin confesárselo a nadie) que eso me gustaba y que era mucho mejor que la música sonsa de mi hermana. Porque entendía que los Guns N' Roses eran un grupo musical, quizás de aquello que mis tías llamaban música satánica, y que por algún enredo del destino ese sería el ritmo que me acompañaría siempre. El segundo hecho ocurrió un par de años después, cuando ya estaba en el bachillerato. Como en mayo, en el colegio realizaban una semana cultural con presentaciones de los estudiantes. El cierre del evento estaba a cargo de los estudiantes de décimo, que habían preparado una fonomímica. Las fonomímicas eran la salida más fácil entre las salidas fáciles de todos los actos culturales en el bachillerato, en Abejorral y en cualquier parte. Pero esta fue diferente. Primero porque habían tapado con cartones las ventanas del auditorio, dándole un aire de penumbra que nunca había tenido. Segundo porque lo que vimos fue en verdad majestuoso. Al menos para mi mente de doce años que solo había ido a un concierto en su vida, y era de Fausto queriendo correr por su cuerpo como agua caliente.Al grano. Aquellos chicos habían preparado una presentación de los Guns N' Roses (¡sí, los jodidos Guns N' Roses!) con las caras pintadas (no me pregunten por qué) y guitarras eléctricas hechas con cartón y madera. Pero había más: al fondo, en un telón de unos cuatro metros, habían pintado la calavera sonriente cruzada pistolas de los Gunners, en un realismo impactante (sigo pensando con mi mente de doce años) y lo mejor: acompañando todo con juegos de pólvora (¡juegos de pólvora, joputa!) y el sonido brutal de Welcome to the jungle. Aquello fue extraordinario. Todo el liceo Manuel Canuto Restrepo estalló en una histeria adolescente aunque casi nadie supiera de los Guns ni del rocanrol. Pero la pólvora (joputa, la pólvora), con esas luces amenazando quemar el establecimiento, esos muchachos con pelucas y taches, aquella calavera pintada y esa canción poderosa nos llevó a un paroxismo de gritos y pogo instantáneos. Algo natural que nos salió de los cojones. Todo eso a lo que los profesores siempre le han tenido miedo, en Abejorral y en cualquier parte. Tanto así que al vernos enloquecidos desconectaron los amplificadores a la mitad de la canción. Solo que el daño ya estaba hecho. Habíamos visto esa parodia malvada, satánica (¡satánica!) por dos minutos increíbles; habíamos sentido en el pecho la vibración del bajo y las distorsiones. Puede que ahora, cuando los vuelvo a poner en su sitio (cuatro muchachos de décimo disfrazadosde roqueros) me dé risa y hasta pena. Pero entonces fue la representación de lo salvaje. Algo que solo se podría comparar con lo que sentí u[...]



La felicidad del humo

2017-09-13T08:18:03.475-07:00


Óscar era parecido a Marilyn Manson, y como el cantante de Ohio era de lo más popular al comenzar la década del 2000, a Óscar, de rebote, le iba bien con las chicas. Le ayudaba su aspecto desaliñado, y a lo mejor ese aire grunge que le daba el fumar marihuana todos los días.
Me parece verlo: bluyines  rotos, cabello hasta la espalda, el bajo negro colgado hasta la rodilla a la usanza de los músicos de punk.          
Tenía casetes por montones, muy a la onda de nuestra generación: marcados con lapiceros y con los logos de las bandas dibujados. (En nuestros años, dibujar en las cajas de los casetes era un arte de alto valor). Fuera de eso sabía tocar cada canción de Kurt Cobain, rasgando la voz hasta llegar a la disfonía.
Era un chico de los noventa.
En algún punto de esta última década se le cayó el pelo y tomó en serio su trabajo. Se volvió fiel, aplomado, mejor músico. Maduró, si se puede. (A todos, de hecho, nos embistió el mismo animal). Abandonó la marihuana.
Se volvió otro: mejor, peor, para nada el mismo.  
Por eso fue un logro tremendo hacerlo fumar de nuevo el sábado santo en la finca. Porque Óscar, que competía con Bob Marley, había dejado atrás la hierba incluso antes de botar los casetes. Y escuchamos música y nos reímos y no paso nada. (No tenía que pasar). Lo inusual es que por primera vez en diez años la banda estaba fumando junta. Seguro ustedes no entienden el acontecimiento: nosotros, que a lo sumo compartimos el Bon Yurt, estábamos de lo más tripping como los viejos amigos que somos. Nosotros, que podríamos liderar una campaña antidroga sin atisbos de culpa, envueltos en la felicidad del humo. Tranquilos, hablando de nada y de todo, viendo avanzar la noche negra: soñando nuevas canciones.
Nada más: una historia cualquiera.
Excepto porque ahora, que me despido de la banda, recuerdo esto: que fue nuestro último momento juntos, y que la pasamos bien.




Oda mínima a los bares

2017-08-29T14:41:07.225-07:00



A lo mejor nuestra anatomía como banda no estaba hecha para los grandes escenarios. Nunca pisamos un Altavoz ni un Rock al Parque, y los conciertos “grandes” en los que estuvimos no salieron del todo bien. En un festival de rock de la Comuna Seis nos tocó de primeros (no por sorteo: arbitrariamente) y apenas si nos escucharon los técnicos de sonido e iluminación. En un concierto en el Parque de Berrío, luego de Nepentes, cayó un aguacero drástico que vació el lugar. Tocamos como nunca, eso sí, para un amplio público de tres pordioseros bajo el agua. Quizás al principio, en los primeros esbozos del Castilla Festival Rock, la cosa salió bien, pero era en tiempos donde el festival era un festivalito entre amigos.
En compensación, los espacios pequeños siempre nos cayeron en gracia. Desde aquellos toques primigenios en La Guardia, los más logrados en Yagé, los ebrios donde el Mañas y los festivos en los bares de Bello: Mandala y Arcano. También recuerdo un toque bueno en Copacabana y los conciertos increíbles al final de la Batalla de Bandas de Nuestro Bar, con el grupo en su mejor momento.
Los bares, con el público a un paso, siempre fueron nuestro espacio natural.
Pero de todos, quiero recordar un concierto en Mandala, algún día de un diciembre, con la gente saltando un poco enloquecida; quiero recordar un concierto en Yagé, con Andrés como vocalista, en el que Juan se sumó para cantar Tierra y olvido y fue una especie de pelea de gallos que creció la canción hasta el estremecimiento; quiero recordar un concierto en Arcano en el que el Mono se subió a leer un poema de Raúl Gómez Jattin; y otro concierto en Bello, en un bar que no recuerdo, donde Óscar recién enamorado de una chica nueva me decía mientras tocaba que se sentía muy feliz.

Esos cuatro, o cinco, que no es mucho, y lo son todo, quiero recordar.  




Gorki en su fiesta anticastrista

2017-08-29T11:54:08.754-07:00

Como este mundo es de contradicciones, Gorki Águila (músico, disidente, cubano) se llama así, como el escritor ruso autor de La Madre. Como este mundo es de contradicciones, su papá es (o era, no sé) pro-Castro, y su mamá anticastrista. Como este fregado mundo es de contradicciones, aunque Gorki se podría ir de Cuba y dejar atrás la opresión (él, que ha estado en la cárcel dos veces, que no lo dejan tocar en la isla, que lo vigilan), no se va. Que se vayan ellos, los Castro, bien lejos. ¿Por qué él?Me pregunto en qué andará ahora ese cabrón, cómo estará fastidiando al sistema. Porque Gorki, en Cuba, fastidia; al gobierno, sobre todo, y hasta a otros roqueros. Desde el nombre de su banda, Porno para Ricardo, en un país donde la pornografía está prohibida y donde ser individuo (pesar por sí mismo) pareciera que también. Pero no quiero hablar de política, que se me amarga el café. Quiero hablar de una banda que en contra de todo sigue tocando.Porno para Ricardo podría tener varios récords. Uno, el del concierto más corto (El Balconazo: ni media canción antes de que los vecinos les cortaran la luz y les mandaran la policía); dos, el de ser la banda más activa que menos toca (ningún organizador de conciertos en La Habana se atrevería a ponerlos en sus escenarios por miedo a las represalias); y tres, ser una de las más perseguidas (por sus letras, por su imagen, por aquello que allá llaman diversionismo: ser buenos para nada, burlarse de todo). Aún así, Porno para Ricardo tiene siete discos (otro récord para el rock en Cuba), algunos grabados en su estudio casero (La Paja Recold) con un sonido punk anal-quista, cargados de acidez y gracia. Con letras así: El coma andante quiere que yo lo aplauda después de hablar su mierda delirante. No, coma andante, no coma tanta pinga coma andante. O así: A mí no me gusta la política pero… yo le gusto a ella, compañero. O así: ¿Sabes tú cómo joder a un comunista? Se coge un spray en la fachada de su casa, Abajo Fidel, se pinta.Ahí están, en Youtube, las canciones, los álbumes, para que los busquen, y están las entrevistas y los comentarios de lado y lado. Insisto, ya sin fuerzas, que en los intríngulis políticos no me quiero meter. Lo que quise decir, lo que me maravilló de Gorki aquella tarde en La Habana en que lo conocí, es esa testarudez suicida por seguir tocando. A veces, en contra de todo. Sin recursos (grabando sus discos en un Pentium III), diciendo no, componiendo canciones, y ante todo riendo. Contra la opresión, la risa. Así lo recuerdo: Gorki, cagado de la risa, con la nevera vacía, en el apartamento que le dejaron sus padres, en su fiesta anticastrista.[...]



todo-bien

2017-08-24T21:42:02.362-07:00

width="320" height="266" class="YOUTUBE-iframe-video" data-thumbnail-src="https://i.ytimg.com/vi/wHQazQ9msbo/0.jpg" src="https://www.youtube.com/embed/wHQazQ9msbo?feature=player_embedded" frameborder="0" allowfullscreen>

Hace días no me gusta una canción de rock de Medellín Creo, incluso, que la última canción que me pareció de puta madre fue la mejor manera Pero luego me doy cuenta de que miento De que luego vino parlantes con su lenguanegra, que fue un álbum impecable, y que para ponerme reciente el último álbum de goes me pareció delicioso Pienso también en ciertas armonías de árboles vertebrados y en la cojonuda capacidad vocal de steven anderson Creo, desmintiéndome, que sueño de la noche es hermosísima de cabo a rabo Y recuerdo de repente la equis balada que tengo en el corazón Entonces pienso que no estamos tan mal pero tampoco tan bien Porque las buenas canciones (entendiendo que todo criterio es personal) son islotes tan extraños en nuestra música Hay músicos tremendos, mejores equipos, lugares donde ensayar Pero canciones, grandes canciones, pocas ¿Por qué? ¿Cómo nacen las buenas canciones? Les juro que llevo años preguntándomelo Que todavía me lo pregunto, cada día, sin una respuesta que me deje todo bien




La crítica

2017-08-29T14:45:53.842-07:00

Hace poco (hace nada en realidad) leí una columna de Jenny Giraldo sobre la falta de crítica en el teatro de Medellín. Crítica en su sentido más diverso, es decir no solo negativo. Crítica para construir aunque se diga que tal obra es mala. Sí, eso también construye.
Algo parecido pasa con la música local.
Quizás abunden las reseñas, pero son tan escasas las críticas. Las reseñas informan, dan cuenta de un producto (un nuevo disco, digamos); la crítica va más allá: valora, pondera, compara. A veces muerde la yugular o demuestra por qué tal canción está de puta madre.
Obvio: nos encanta que nos digan que nuestro álbum es lo mejor después del Lavandería Real. Es más: que es el mejor después de The Dark Side of the Moon.
Pero si no…
O si la crítica es ácida, fuerte, o terminamos comparados con Timbiriche.
Entonces saltan voces a decir que estamos destruyendo la escena. Que al rock de Medellín, que es tan débil, hay que cuidarlo, hablar bien, fortalecerlo.
De nuevo: la crítica ácida también fortalece. A veces, incluso, la visceral.
Partamos de ahí.





Melodrama

2017-08-29T14:46:03.058-07:00


No hablo de Axel Rose escupiendo insultos sobre Slash ni de Noel Gallagher diciendo que la razón por la que no mataba a su hermano era que no quería ver llorar a su mamá; esas son las grandes ligas, digamos. Solo que en las pequeñas (estas banditas de barrio que germinan de la nada) la cosa es igual. “Con el número dos nace la pena”, dice un poema. Es más: a veces solo hace falta que haya uno (uno mismo contra uno mismo) para que exista el conflicto.
Estoy siendo abiertamente oscuro. Por esta vez me voy a censurar. Porque se trata de un tema espinoso, molesto: cuando dos integrantes de una banda llegan a insultarse. Hay casos en que llegan a los puños, pero este no lo fue. Aunque las palabras son como puños más fuertes y las heridas que dejan duelen más.
Eso fue lo que pasó y no me pidan claridades. Diré tan solo que es triste, denso, ofensivo, y que marca una ruptura definitiva de la que difícilmente se salva una banda. Por lo menos en este caso no es muy clara la redención. Es el fin, the end, como la canción de The Doors: “Of our elaborate plans, the end”.
Faltan cosas, no crean. Canciones, videos: el último grito. Pero llegados a este punto (blablabla contra blablabla, hijodeputa maricón) la grieta parece un océano insalvable. También debo decir que me gusta el melodrama, lo cual es una luz.   




Canciones chiquitas

2017-05-09T10:17:51.337-07:00

Me gustan las canciones chiquitas, sin pretensiones. Canciones como para cerrar un disco dejando un aire de calma después de la distorsión. Pienso en dos, de nuestro rock: Amelia Earhart, de El Pez, y Simarca, de El Colectivo. La clásica norma –que no siempre comprendemos– de que menos es más. ¿Por qué a veces nos empeñamos en lo sobreproducido? En coros rotundos, solos despampanantes, cuerdas y más cuerdas. Está bien, hace parte de la música y la megalomanía también es un derecho. Pero qué bien que caen –a veces– los paisajes en reposo. Habría que añadir propuestas como las de Insomnio de Aves o Fumaranda, y otras más, que se me pasan. La certeza de que el rock no es siempre subir el gain hasta lo máximo que permita el amplificador.

width="320" height="266" class="YOUTUBE-iframe-video" data-thumbnail-src="https://i.ytimg.com/vi/MyL6Oxxiv8U/0.jpg" src="https://www.youtube.com/embed/MyL6Oxxiv8U?feature=player_embedded" frameborder="0" allowfullscreen>




Ajá

2017-03-21T12:47:56.326-07:00

Me pregunto si lo que siento es frustración, si esta década de rocanrol subterráneo valió la pena; me pregunto si me molesta que un reguetonero emergente gane más likes o tenga más vistas en un día que nosotros en diez años; me pregunto todo eso y me respondo que no, sin tener que pensarlo mucho. Es cierto que cometimos todos los errores, pero cada uno fue un aprendizaje con espinas que valió la pena. Al mismo tiempo fueron montones de escenarios y una cantidad inconmensurable de ensayos donde lo que no existía cobró forma: las canciones. Y esas, buenas o malas, con uno que las escuche, nos sobrevivirán.
No voy a ponerme metafísico ni hacer una oda a la nostalgia porque no hace falta. Cada quien vive el arte a su modo; desde los que esperan juegos pirotécnicos a su paso o los que mantienen una relación tan íntima con lo que hacen que nadie se da cuenta. Entre las dos posturas hay una gama amplísima que también es válida. Así que no voy a agachar la cabeza. Cada acorde que tocamos, lo tocamos con honestidad. Y esta, frágil o poderosa, fue nuestra historia.

No logro sentir frustración.  



Los Demos

2016-10-30T18:28:40.160-07:00

Voy a decirles algo, amigos músicos: publiquen sus canciones cuando estas signifiquen algo para ustedes. Quiero decir: no dejen pasar mucho tiempo. Decanten, sí; corrijan, sí; traten de que sea el mejor producto posible; pero no las dejen añejar hasta el punto de la indiferencia. Porque las canciones, como los escritos, llegan a un momento en que son un asunto del pasado, algo que quizás ya no nos represente. Y cuando las publicamos, lo hacemos por cierta nostalgia o curiosidad, pero no por el fuego que significó crearlas.
¿Me explico? Hay un momento en que la canción, recién hecha, te hace sentir que es La Gran Canción –quizás lo sea– pero nos quedamos esperando a El Gran Productor que la descubra o a El Gran Estudio donde pueda ser grabada con la calidad que se merece, y eso no siempre pasa. Y la canción se enfría, comienza a oler a naftalina, y cuando alguien la escucha la presentamos como “un arrebato de mi adolescencia”, “una rareza de los primeros días de la banda”.
Habrá unas que pasen la prueba y otras que se queden en el camino, pero no habremos pecado de reserva esperando y esperando. Todo esto lo entendió mejor el escritor argentino Hernán Casciari, que hacía literatura en directo y que publica sus cuentos recién escritos para recibir los comentarios cuando verdaderamente le importan. Es decir, cuando lo que acaba de escribir significa todo para él.
Todo esto para presentar el siguiente EP, que recoge algunas canciones viejas de la banda. ¿Por qué no las mostramos a la gente en su momento? Supongo que por esperar ese gran productor del que les hablaba. O por creer que con el tiempo las tocaríamos mejor, qué sé yo. Y con el tiempo nos dejaron de interesar, pasamos a otras canciones, llegaron otros músicos y ya ni siquiera las tocamos, o rara vez las tocamos. Y no entendimos que ese primer momento era el momento de esas canciones, que ese sonido sucio y esa grabación regular era la forma en que debían ser registradas, porque hay algo en el hálito inicial de las creaciones que no se consigue luego. Hay un fuego interno en lo primigenio que a veces vale más que el pulimiento o lo superproducido.
Por eso, ahora que las vuelvo a escuchar, me gustan: porque son imperfectas pero honestas; torpes pero originales. Sí, “son una rareza de los primeros días”, algo que no representa el sonido de la banda ahora. Por eso debimos presentarlas así, imperfectas, cuando recién las grabamos. Pero hay cosas que uno tarda años en comprender.
En cualquier caso, ahí están, y esperamos que las disfruten.   

width="320" height="266" class="YOUTUBE-iframe-video" data-thumbnail-src="https://i.ytimg.com/vi/OqIQ4xn95tA/0.jpg" src="https://www.youtube.com/embed/OqIQ4xn95tA?feature=player_embedded" frameborder="0" allowfullscreen>




Borracho

2016-09-29T14:21:09.999-07:00

A pesar de todo –de presentaciones tibias, sin gente, con mal sonido, en lugares inadecuados– solo me arrepiento de dos conciertos. Solo dos para diez años, que en teoría es un balance bueno, supongo. El primero, un concierto en la 33, muy a los inicios. Un concierto en el que hicimos la tarea: definimos bien el lugar, convocamos con antelación y la gente respondió: 133 boletas vendidas: un récord para nosotros. Solo que el tipo del sonido no llegó a la hora, ni a la otra, ni después. Llegó a las nueve y media de la noche, carreriado, cuando ya habíamos tenido que empezar con el pírrico sonido de los amplificadores. Llegó a montarlo todo, con la gente ahí, al frente, mirando. Llegó cuando ya muchos se tenían que ir, y entre afanes todo sonó como la mierda.Mis amigos habían ido a acompañarme por primera vez, y el concierto fue malo, remalo, entre feedbacks y errores de ecualización. Pudimos haber tocado bien –trato de recordar– pero lo que sonó afuera fue un desastre. Pudimos haber tocado bien –insisto– pero ya estábamos tan estresados y aburridos que de seguro no tocamos bien. O por lo menos no lo disfrutamos. García Márquez decía que uno escribe para que los amigos lo quieran más. Creo que se hace extensivo a cualquier arte. El que estuvieran mis amigos ahí levantaba un factor de pena. Vergüenza ante ellos, quiero decir, ¿me entienden?…El otro arrepentimiento fue por el concierto de este sábado. Y resumo: me emborraché. Me emborraché antes de tocar, o sea que subí al escenario como una cuba.No hablo de una mediacaña por tres rones; hablo de media botella de tequila y vodka; hablo de irse para los lados, de tratar de enfocar.Esas cosas que podían quedarle muy bien a Sid Vicious pero que a mí, pasado de los treinta, me generan una latencia de pensamiento y acción. En la práctica es estar siempre corrido en la nota, o no caer a la que es. En la práctica es hablar tonterías, lanzar improperios: ese monstruo que vive en uno y que a veces sale cuando estás borracho.Y no quiero entrar en detalles ni contar lo que pasó después. Tan solo digo que me da pena. Siento culpa.No vuelvo a beber (antes de un toque)y pido perdón.[...]



Cómo hacer para que la mesa no se caiga

2016-09-14T06:28:49.932-07:00

A veces los héroes están a una llamada de distancia, y solo es cuestión de marcar unos números en el teléfono para escucharlos. No crees que contestarán, y contestan. A veces. Fue así de simple como conocimos a Federico López, Habichuela, el tipo que produjo los mejores discos del rock en Medellín. No sé dónde quedó el papelito con el número telefónico, que conseguimos de rebote escuchando una conversación ajena. Lo llamamos sin esperanza, le pedimos una cita sin fe en que asistiría, y asistió. En aquella hora y media, una mañana de 2009 en un café del centro comercial Monterrey, Federico nos enseñó más de producción musical que todos los tutoriales de Youtube. Queríamos que nos escuchara, que produjera nuestro disco imaginario. Antes de eso nos dio una cátedra frente a las cosas que cualquier banda debe tener lista antes de meterse a grabar. Las recomendaciones que nos dio son tan lógicas y simples que casi siempre las pasamos por alto. No las vemos o no las sentimos tan importantes. Pero vaya si lo son.Federico anotaba en unas hojitas azules todo lo que nos decía, y lo único que nos pidió fue que le enviáramos fotos de aquellos garabatos. Fue generoso, fue directo y fue claro. Nos dijo que cuando tuviéramos resueltos todos los puntos que nos había escrito lo volviéramos a llamar. Nunca lo hicimos. Naufragamos en esa sutil distancia que separa a una banda amateur de una profesional.Mil años después recuerdo esa mañana, la charla franca de Federico, y consigno por aquí los consejos para la banda que le sirva.UnoPartamos de la pertinencia actual de grabar todo un álbum. ¿Justifica grabar diez o doce temas para que solo suenen uno o dos? En el mundo actual resultan más valiosas las canciones que los álbumes. Es decir, la gente en este momento tiende a escuchar singles más que álbumes completos. Dos La Teoría de las Cuatro patas o Cómo hacer para que la mesa no se caiga. Imaginemos una mesa cuatro patas. Pues esa mesa es un producto musical.  Una de las patas es la producción, otra es la difusión, otra es la distribución y otra el sostenimiento financiero. Para que la mesa se mantenga en pie se necesitan las cuatro patas firmes. Uno de los problemas más comunes en la escena de Medellín es que las bandas gastan mucho en producción, algo en difusión, muy poco en distribución, y al final el sostenimiento financiero es casi nulo. O sea, la mesa va al suelo. Crash.  Resulta más valioso ahora no gastar tanto en producción y cuidar más la difusión y la distribución –aprovechando la internet, por ejemplo– para que la sostenibilidad financiera sea posible.  Es decir, para que la mesa siga en pie. Tres“The audience is on the stage”. Antes, las bandas movían a sus seguidores, les “imponían” lo que quisieran; ahora el mando es de los seguidores. Han subido al escenario y tienen decisión sobre los músicos. Por ello, uno tiene que cuidar su público, consentirlo. Definir cuál es su población, qué es lo que ellos esperan de uno, es un paso importante para precisar el concepto de la banda e, incluso, el tipo de sonido. Es un nuevo poder: que los seguidores puedan escoger, por ejemplo, las canciones a grabar, que ellos opinen, que estén más cercanos a la banda y tengan decisión. Conseguir un seguidor fiel es más importante que 400 infieles. CuatroDe ahí que una de las tareas urgentes para el caso concreto de bandas como Áluna es saber cuál es su población. Se sabe que hay un grupo de chicos –sobre todo en Castilla– que los sigue.[...]



Adentro

2016-08-30T20:50:41.717-07:00

Les voy a decir qué no van a encontrar aquí: no van a encontrar diatribas contra Radiónica ni contra Altavoz ni contra ningún medio de divulgación independiente. No van a encontrar quejas como que “todos son unos rosqueros” o “mi banda no suena porque no está en la colada”.
Patrañas. Nosotros jamás hemos tocado en Altavoz ni sonado en Radiónica ni nos han reseñado en artículos como “el nuevo sonido de Medellín” ni hemos sido el rey del mes en ninguna parte. Y aun así jamás se me ocurriría pensar que la culpa es de ellos y no nuestra.
Hay bandas buenas que son reconocidas y bandas malas que todos ignoran y bandas buenas que nadie conoce y bandas malas con una sobrada exposición. Algunas saben más de medios que de música, y otras solo saben de música. No siempre se trata de justicia: se trata del camino que ha sabido labrarse cada proyecto musical.
Ya quisiera yo que Parlantes tocara en medio mundo, pero a lo mejor esa no es la meta de Parlantes. El caso es que al final, si se mira, las respuestas a los porqués suelen estar adentro más que afuera.
Y sí, desde luego: hay que luchar contra prácticas desdeñables como la payola, o propender por mejores políticas públicas, o buscar nuevas estrategias para nuevos mercados.
Pero de ahí a echarle la culpa a todos, a los otros, bah. Las lágrimas para otro día.




Hubiéramos querido bailar

2016-08-01T12:46:02.257-07:00

Youtube le hace bien a los nostálgicos. A veces, sin esperarlo, encontramos una canción perdida que alguien tuvo la generosa voluntad de montar. Canciones de nuestra adolescencia, cuando los gustos se definen. Canciones casi olvidadas que sin embargo hicieron parte de nuestra banda sonora. O nuevas-viejas canciones, que no llegaron a nuestros oídos cuando debían –a lo mejor porque no sonaron en las emisoras o porque en los casetes que pirateamos no estaban– pero que tienen esa estética de Medellín a finales de los noventa en que el rock se bailaba. A estas últimas quiero referirme hoy: canciones que no escuché cuando salieron –maldita sea: todo concierto perdido es una gran experiencia sin vivir– y que ahora me lamento. Grupos buenísimos que ensayaban en la otra esquina. Exitazos de barrio que conocieron dos o tres. Hits que nunca fueron y que debieron haber sido. Canciones que nunca canté con mis amigos, y que de seguro nos hubieran encantado*.El Sótano: Yo maté a John LennonTengo un leve, levísimo recuerdo de esta banda. Acaso de algún afiche promocional en un bar o de una mención muy fugaz en un periódico. Pero no de su música que hasta ahora me llega con esta canción buenísima, medio funk, provocadora. “Yo maté a John Lennon, soy un trozo despreciable de humanidad”. Y sin pensarlo mucho bailamos sobre la tumba del beatle porque esa guitarra con efecto wah nos conduce y ese bajo eslapiado provoca azotar baldosa. Todo es un juego, no hay que tomárselo muy a pecho. Y sin embargo, entre tapatí y tapatá, verdades de antes que siguen siendo lamentablemente actuales, quizás mucho más: “Me preguntas por qué lo hiciste. Lo hice por la fama. Ahora todo el mundo me reconocerá”. Sí: Yo maté a John Lennon. “Y aún guardo el Smith & Wesson 38, por si lo quieres acompañar”. allowfullscreen="" class="YOUTUBE-iframe-video" data-thumbnail-src="https://i.ytimg.com/vi/iU_doCwy0rA/0.jpg" frameborder="0" height="266" src="https://www.youtube.com/embed/iU_doCwy0rA?feature=player_embedded" width="320">Los Árboles: Perro viejoEl efecto de Los Árboles es curioso. No conozco otra banda del rock local que haya ganado tantos seguidores después de muerta. Hasta el punto de creer que tiene más fans ahora que en su momento de mayor actividad. Pocos fueron a sus conciertos, menos compraron su disco –una placa impecable: la combinación de la densidad y la simplicidad en un mismo repertorio–, y a pesar de todo, gracias a una distribución tardía o a un voz a voz entre borrachos de bar, desde hace unos años para acá Los Árboles crecen y crecen, se escuchan en las fiestas, son los infaltables en los especiales sobre el rock de Medellín. El álbum no tiene presa mala: desde el sonido arrullante de El Mar hasta el bailable Jonás. Y claro, cómo no, este Perro viejo anarquista, con esa línea de contrabajo tan bella. No es un descubrimiento nuevo, digamos, pero es una canción que me hubiera gustado cantar a los gritos en algún concierto en la calle. ¿Dónde estábamos cuando Los Árboles tocaban por ahí?   allowfullscreen="" class="YOUTUBE-iframe-video" data-thumbnail-src="https://i.ytimg.com/vi/BvqXZCp__-U/0.jpg" frameborder="0" height="266" src="https://www.youtube.com/embed/BvqXZCp__-U?feature=player_embedded" width="320">El Chispero: DiosSolo basta ver a ese vocalista: los ojos que se desorbitan, el paso de títere al bailar, la voz engolada, las ganas de dejarlo todo por una canción. “No soy Dios, pero lo in[...]



Cojones

2016-07-25T09:34:04.671-07:00

Existen productores que explican cómo crear un hit wonder, teorías sobre armonía, melodía y ritmo, incluso estudios estadísticos sobre qué tiene que tener una canción para que pegue. Pero no existe –no puede existir– algo que explique cómo componer con cojones. Y si existe, es tan fácil –tan complejo– como decir: pon toda tu mierda ahí, sé sincero. De alguna forma no siempre fácil de explicar, uno sabe cuándo una canción tiene grito; cuándo quien la creó puso sus vísceras en juego y apostó el mundo por un verso. ¿Me hago entender? Piensen en La despedida, de Páez; en I Want You (She's So Heavy), de Lennon; en La Chacona de Bach. No tiene que ser una canción de amor –puede ser incluso un estudio instrumental– y sin embargo debe ser tan jodidamente avasallante que no quepa dudas. ¿De qué? De eso: de que hay algo real ahí: el viaje al centro de tu propia noche. Hablo de Robi en el Vagabundo, de Amy en su Back to Black, de Brahms en su réquiem alemán. Hablo Kurt Cobain cantando All Apologies o de Juancho Polo Valencia que sobre la tumba de su mujer compuso, lleno de rencor al cielo, como Dios en la tierra no tiene amigos /como no tiene amigos que lo quieran, / tanto le pido y le pido ¡ay hombe! / se llevó a mi compañera. A eso me refiero, cojones. A meterle ganas, tripas, corazón. Por eso cuando Fernando me preguntó qué venía –después de un guitarrista que se salió, de un baterista tambaleante, de unas canciones que ya nos aburren– solo se me ocurrió decirle: “No sé, mi hermano, no me importa. Tan solo quiero que lo venga tenga cojones”.



¿De quién son las canciones?

2016-07-16T14:09:16.822-07:00

Las discusiones alrededor del tema de los derechos de autor han tratado de regular este asunto, y aun así los límites son difusos. Entre la idea original, la letra, la musicalización, la interpretación, el aporte colectivo, el homenaje, la cita, la paráfrasis, el loop, los arreglos, la influencia, la producción musical, en fin, una canción puede tener tantas fichas que a veces reconocer el autor absoluto es complicado. ¿De quién son nuestras canciones?, le pregunto a Fáber por el chat, y me habla de la ironía de que a pesar del aporte de todos, en nuestro caso se reconozca la autoría solo a quien lleve la maqueta al ensayo.No ha sido motivo de peleas jamás, a lo mejor porque nunca ha habido plata de por medio. Y creo que ese es el punto: el vil metal, que lo ensucia todo, genera distancias donde antes había acuerdos. Sin billete en juego, la creación colectiva es el reino de la cheveridad. Como en una fiesta swinger, damos lo nuestro y tomamos lo tuyo. Pero en el momento en que la caja registradora suena, queremos que nuestro aporte sume pesos, el ego se infla, la vanidad nos corroe. Eso no responde a la pregunta inicial, de todas formas. ¿De quién son las canciones? ¿Puedo decir que Tierra y olvido es mía cuando la letra es una adaptación de un poema, cuando el coro lo puso Juan, cuando el riff que la hace característica es de Óscar? ¿Puede decir Juan que Mundo de fuego es suya cuando Óscar aportó la música y los demás la interpretación? Betty Boop era un piropo que yo cantaba –¡piropo que por demás no es mío!–; Fáber se aburría del mismo círculo musical y me obligó –a buena hora– a cambiar la tonalidad después del coro; Leonardo hizo los arreglos de viento, y en fin. Óscar es quizás el más estructurado: lleva la propuesta de punta a punta, y las variaciones son en realidad mínimas. Yo soy todo lo contrario. Rara vez se me ocurre una estructura completa. Si mucho, llevo una idea, un verso inicial sobre el cual trabajar, una base, y es en el aporte de todos en que se vuelve canción. Y también están las composiciones que nacen de cero –momentos de veras divertidos–: llegar al ensayo sin ideas preconcebidas, improvisar y ver qué pasa. Y a veces pasa. Noche, Espejismo, nacieron así.   ¿De quién son las canciones? La rebelión en la granja (que entre otras cosas es la adaptación tropical de la novela de Orwell) era La-Canción-Menos-Importante-Entre-Las-Canciones-Menos-Importantes que teníamos. Hasta que llegó Un-Grupo-Muy-Importante-De-Punk a decirnos que le iba a hacer una versión. Como el Grupo-Muy-Importante-De-Punk era enormemente más famoso que nosotros (de hecho, cualquiera es más famoso que nosotros) ahí sí la La-Canción-Menos-Importante-Nos-Importó-Mucho porque la gente la iba a reconocer como una composición de ellos y no nuestra. Ah, vanidad de vanidades. Y volvemos al punto inicial. ¿De quién son las canciones?  Toda esta discusión nació a partir de una columna de Joselo en Excelsior sobre el caso de Mike Joyce, baterista de The Smiths (http://www.excelsior.com.mx/opinion/joselo/2016/07/15/1105074). Un asunto –el de las autorías–, que en la literatura se ha discutido más y mejor (ver, para ejemplos cercanos: http://blogs.eltiempo.com/los-impresentables/2016/07/11/david-betancourt-o-el-arte-de-copiar/) y que entre tantas versiones y verdades termina por reinar lo inconcluso. Parecía un tema lejano [...]



Últimas canciones, primeros días

2016-07-08T22:55:01.981-07:00

No sé cómo mueren las bandas de rock, pero sé cómo muere esta, y es lo que voy a contar.Desde hace meses había reservado el post número cien de este blog para la despedida. Para cerrar, al fin, esta página que fue cayendo a menos. Solo que estábamos tan cansados de todo que ni ganas de despedirnos teníamos.-        –  ¿Cansados de todo?Sí, doctor Sigmund. De diez años juntos, como en las parejas. Hay poemas tristes sobre eso. -        –  Entiendo. Pero explíqueme eso de “todo”. Bueno, tiene razón. No era cansancio de los escenarios –que nunca fueron muchos– ni de las grupies –que fueron menos– ni de las drogas –que ni por asomo–, sino de diez años juntos y largas temporadas sin ensayar. Sobre todo eso. Una banda que no ensaya es una banda muerta, dice Óscar. Es una pareja sin sexo, digo yo, o con mal sexo, que es peor. -         – ¿Y qué pasó?Nadie podía. Media hora antes del ensayo al uno se le moría el gato, al otro se le enfermaba el hijo, al tercero le daba un ataque de tos. En un panorama así, la apatía se riega como hierba mala. -         – Y viene la frustración.No sé si frustración. Ya estoy muy viejo para lamentar el pasado. Solo que, sin ensayar, al Óscar se le acumulan las canciones, que es una sensación terrible: crear cosas que nunca toman forma. Y Fáber se desespera por no haber tocado nunca en el Carlos Vieco. Y yo, no sé, como que me aburro mucho en casa.-         – ¿No sería que sí, que después de diez años había frustración por no ser famosos como La Toma?Bah, en absoluto. En particular, le temo a las multitudes tanto como al cáncer o al fanatismo. Si de algo me siento frustrado es de no haber hecho más canciones, montones de canciones. Buenas y malas, qué más da. Mías, de Óscar, entre todos. Y grabarlas. Grabar es la frustración más bonita que tiene la música. -         – Entonces este es el adiós, el post número cien.Me temo que no. A veces despedirse cuesta más de lo esperado. Como en las parejas, insisto. Hace un par de semanas nos reunimos en un bar de Bello para acabar con todo y terminamos bebiendo y queriéndonos mucho. -         – Eso suena un poco gay.Como sea. Mencionamos todas las canciones que nos quedamos sin grabar, las de los primeros días. Canciones guitarreras, más densas, menos festivas que las de Combustiones. Como más nuestras, de cierta forma. Despedirse así no más, sin grito, es una manera tibia de despedirse. Las bandas de rock deben morir como los músicos del Titanic, nos dijimos en medio del brindis.  -         – Y, abrazados, decidieron continuar. Cosas de borrachos, hombre.No tanto. Dentro de nosotros hay cierta conciencia de que esta banda no va más, pero también creemos que hay ideas que no queremos que mueran en el silencio. -        –  Interesante.No digo que vayamos a morir a lo grande. Tan solo creo que vamos a cerrar el ciclo creativo, por llamarlo de algún modo. Grabar, componer, con el último aliento.-        – Insisto: me dijo que este era el post número cien, el último.Sí, lo es, pero de repente me dieron ganas de contar [...]