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Harry Potter y las reliquias de la muerte (En español)



Libro de harry potter 7 en español harry potter y las reliquias de la muerte en español



Updated: 2018-03-05T20:11:49.823-03:00

 



CAPITULO 1

2008-02-08T18:01:42.125-02:00

CAPÍTULO 1EL ASCENSO DEL SEÑOR OSCUROLos dos hombres aparecieron de la nada, a unas yardas de distancia en un sendero angosto e iluminado por la luna. Por un segundo se quedaron quietos, apuntándose con las varitas el uno al pecho del otro: luego, habiéndose reconocido, las guardaron bajo sus capas y se pusieron a caminar, lado a lado, en la misma dirección.- ¿Alguna novedad?-preguntó el más alto de los dos.-La mejor.-respondió Snape.El sendero estaba bordeado a la izquierda por matorrales silvestres de lento crecimiento, a la derecha con un alto y pulcramente recortado seto. Las largas capas de los hombres flameaban alrededor de sus tobillos mientras marchaban.-Aunque podría ser tarde, -dijo Yaxley, sus rasgos fofos entraban y salían de la vista cuando las ramas de los árboles colgantes interrumpían la luz de la luna-. Fue un poco más engañoso de lo que pensaba. Pero espero que esté satisfecho. Pareces confiar en que tu recepción será buena.Snape asintió, pero no se explicó. Giraron a la derecha, a un amplio camino de acceso en el que desembocaba el sendero. El alto seto se curvaba alejándose de ellos, extendiéndose en la distancia más allá del par de impresionantes verjas de hierro que interrumpían el camino de los hombres. Ninguno de ellos dio un paso; en silencio ambos alzaron sus brazos izquierdos en una especie de saludo y pasaron a través del metal oscuro que era humo.The yew hedges amortiguaban el sonido de los pasos de los hombres. Se oyó un susurró en algún lugar a su derecha; Yaxley sacó su varita, de nuevo probó no ser nada más que un pavo real blanco, pavoneándose majestuosamente a lo largo de lo alto del seto.-Lucius siempre se lo tuvo muy creído. Pavos reales... -Yaxley metió su varita de vuelta bajo su capa con un resoplido.Una hermosa casa solariega surgió en la oscuridad al final del recto camino, con luces destelleando en las ventanas con forma de diamante del piso inferior. En algún lugar del oscuro jardín más allá del seto una fuente estaba en funcionamiento. La grava crujió bajo sus pies cuando Snape y Yaxley se apresuraron hacia la puerta principal, que se abrió hacia adentro ante su aproximación, aunque no había nadie visible que la abriera.El vestíbulo era grande, pobremente iluminado, y suntuosamente decorado, con una magnífica alfombra que cubría la mayor parte del suelo de piedra. Los ojos de los retratos de caras pálidas en las paredes siguieron a Snape y Yaxley mientras los pasaban a grandes zancadas. Los dos hombres se detuvieron ante una pesada puerta de madera que conducía a la siguiente habitación, dudando durante el espacio de un latido de corazón, entonces Snape giró la manilla de bronce.El estudio estaba lleno de gente silenciosa, sentada a lo largo de una mesa ornamentada. El mobiliario usual de la habitación había sido empujado descuidadamente contra las paredes. La iluminación provenía de un rugiente fuego bajo una hermosa chimenea de mármol trasmontada por una ventana dorada. Snape y Yaxley se demoraron un momento en el umbral. Cuando sus ojos se acostumbraron a la falta de luz, fueron atraídos hacia adelante por los extraños rasgos de la escena de una figura humana aparentemente inconsciente que colgaba bocabajo sobre la mesa, revolviéndose lentamente como suspendida por una cuerda invisible, y reflejada en el espejo y en la desnuda y pulida superficie de la mesa de abajo. Ninguna de las personas sentadas bajo esta singular visión estaba mirándola excepto por un joven pálido sentado casi directamente bajo ella. Parecía incapaz de evitar mirar hacia arriba a cada minuto o así.-Yaxley, Snape, -dijo una voz alta y clara desde la cabecera de la mesa-. Llegáis convenientemente tarde.El que hablaba estaba sentado directamente ante el fuego, así que fue difícil, al principio, para los recién llegados divisar algo más que su silueta. Cuando se acercaron, sin embargo, su cara brilló a través de las sombras, sin pelo, con aspecto de serpiente, con rajas por nariz y brillantes ojos rojos cuyas pupilas eran verticales. E[...]



CAPITULO 2

2008-02-08T13:00:56.607-02:00

CAPÍTULO 2En ConmemoraciónHarry estaba sangrando. Agarrándose la mano derecha con la izquierda y jurando por lo bajo, abrió la puerta de su dormitorio con el hombro. Hubo un crujido de porcelana rota. Había pisado una taza de te frío que yacía sobre el suelo fuera de la puerta de su dormitorio.-Que dem…Miró a su alrededor, el descansillo del número cuatro de Privet Drive, estaba desierto. Posiblemente la taza de te fuera la idea que tenía Dudley de lo que sería una hábil trampa cazabobos. Manteniendo la mano sangrante elevada, Harry reunió los fragmentos de la taza con la otra mano y los tiró dentro de la ya repleta papelera que apenas se veía dentro del dormitorio. Luego con fuertes pisadas fue hacia el baño para poner el dedo debajo del grifo.Era estúpido, inconveniente e irritante más allá de lo creíble que todavía le faltaran cuatro días para poder hacer magia… pero tenía que admitir ante si mismo que ese sinuoso corte en el dedo podría haberlo derrotado. Nunca había aprendido a curar heridas, y ahora que pensaba en ello –particularmente a la luz de sus planes inmediatos- este parecía un serio fallo en su educación mágica. Haciendo una nota mental de pedirle a Hermione que le enseñara a hacerlo, uso un gran puñado de papel higiénico para limpiar tanto te como pudo, antes de volver al dormitorio y cerrar la puerta de un golpe tras de sí.Harry había pasado la mañana vaciando completamente el baúl del colegio por primera vez desde que lo había empacado seis años atrás, desde comienzo de los años de internado escolar, hasta ahora apenas había tocado las tres cuartas partes superiores y las había reemplazado o renovado, dejando una capa de restos varios en el fondo, viejas plumas, ojos de escarabajo disecados, calcetines sueltos que ya no le servían. Minutos antes Harry había hundido la mano en esa porquería, experimentando un dolor punzante en el cuarto dedo de la mano derecha y al sacarla había visto un montón de sangre.Ahora procedió con algo más de cuidado. Arrodillándose junto al baúl, tanteó el fondo y después de retirar una vieja insignia que cambiaba débilmente entre “Apoyen a CEDRIC DIGGORY y POTTER APESTA”, un resquebrajado y gastado chivatoscopio y un relicario de oro dentro del cual una nota firmada R.A.B había estado escondida, finalmente descubrió el borde afilado que había causado el daño. Lo reconoció enseguida. Era un fragmento de dos pulgadas de largo del espejo encantado que su padrino, ahora muerto, Sirius, le había dado. Harry lo dejo a un lado y tanteó cautamente en el baúl buscando el resto, pero no quedaba nada más del último regalo de su padrino salvo vidrio pulverizado que se adhería como arena brillante a la capa más profunda de restos.Harry se sentó derecho y examinó el mellado pedazo con el que se había cortado, sin ver nada más que sus propios brillantes ojos verdes reflejados en él. Luego puso el fragmento sobre El Profeta de esa mañana, que descansaba sobre la cama sin leer, e intentó contener el repentino flujo de amargos recuerdos, las puñaladas de añoranza y nostalgia que el descubrimiento del espejo roto habían ocasionado, atacando el resto de la basura que había en el baúl.Le llevó otra hora vaciarlo completamente, tirar las cosas inútiles y clasificar las restantes en pilas de acuerdo a si iba a necesitarlas o no a partir de ahora. Los uniformes del colegio y de Quidditch, el caldero, pergaminos, plumas y la mayoría de los libros de texto fueron apilados en una esquina, para ser dejados atrás. Se preguntaba que harían su tía y su tío con ellos; probablemente quemarlos a altas horas de la noche como si fueran las pruebas de algún horrendo crimen. Su ropa muggle, la capa de invisibilidad, el equipo para fabricar pociones, algunos libros, el álbum de fotos que Hagrid le había obsequiado una vez, un puñado de cartas y su varita habían sido empacadas nuevamente en una vieja mochila. En un bolsillo delantero coloco el mapa del merodeador y el relicario con la nota f[...]



CAPITULO 3

2008-02-08T12:59:45.143-02:00

CAPITULO 3LA PARTIDA DE LOS DURSLEYEl sonido al cerrarse de golpe la puerta delantera hizo eco a través de las escaleras y una voz rugió, "Oh! Tu!"Luego de dieciséis años tratado de esa manera Harry no tuvo ninguna duda a quién su tío llamaba, sin embargo, no respondió inmediatamente. Él todavía estaba con el fragmento estrecho de espejo en el cual, por un segundo, había creído ver los ojos de Dumbledore. Esto antes que su tío gritara, "MUCHACHO!", Harry bajo lentamente de la cama y se dirigió hacia la puerta del dormitorio, deteniéndose brevemente para agregar el pedazo del espejo quebrado a la mochila llena de cosas que llevaría consigo. "Te tomo el tiempo!" rugió Vernon Dursley cuando Harry apareció en el borde de las escaleras,-Ven aqui abajo. Quisiera decirte una palabra!- Harry bajo, con sus manos metidas profundamente en los bolsillos de los pantalones. Cuando entro en el salon encontró los tres Dursleys. Estaban vestidos para el viaje; Tío Vernon con una vieja chaqueta rasgada y Dudley, el ancho, rubio, musculoso primo de Harry en su chaqueta de cuero.-¿Si? -preguntó Harry.-¡Siéntate! -dijo Tío Vernon. Harry alzó las cejas-. ¡Por favor! -añadió Tío Vernon, haciendo unaligera mueca cuando la palabra se le atascó en la garganta.Harry se sentó. Creyó saber lo que estaba por venir. Su tío empezó a pasearse arriba y abajo,Tía Petunia y Dudley seguían sus movimientos con expresiones ansiosas. Finalmente, su grancara púrpura se arrugó con concentración. Tío Vernon se detuvo delante de Harry y habló.-He cambiado de opinión, -dijo.-Que sorpresa, -dijo Harry.-No me vengas con ese tono... -empezó Tía Petunia con voz chillona, pero Vernon Dursley leindicó con un gesto que se calmara.-Todo eso son un montón de tonterías, -dijo Tío Vernon, mirando fijamente a Harry con susojillos de cerdo-. He decidido no creer ni una palabra de ello. Nos quedamos aquí, no vamos a ir a ninguna parte.Harry levantó la mirada hacia su tío y sintió una mezcla de exasperación y asombro. VernonDurley había estado cambiando de opinión cada veinticuatro horas en las últimas cuatro semanas, haciendo y deshaciendo y rehaciendo las maletas sobre el auto a cada cambio de pensamiento.El momento preferido de Harry habia sido cuando tio Vernon sin saber que Dudley habia agregado las pesas en su maleta desde la ultima vez que habian reempaquetado, habia tentado de alzarlo nuevamente dentro del cargador y se habia derrumbado con un gañido de dolor y tantos juramentos.-Según tú, -dijo Vernon Durley ahora resumiendo y caminando adelante y atras por el salon -Nosotros.. Petunia, Dudley y yo...estamos en peligro. Por... por...- Algo en "mi parte" derecha? - dijo Harry.- Bien yo no creo eso, - repitio tio Vernon, acercandose adelante de Harry de nuevo - he estado despierto la mitad de la noche pensando en todo esto, y creo que es un complotpara quedarte con la casa.-¿La casa? -repitió Harry-. ¿Qué casa?-¡Esta casa! -chilló Tío Vernon, la vena de su frente empezaba a latir-. ¡Nuestra casa! Losprecios de las casas están por los cielos en esta zona ! Quieres quitarnos de en medio yentonces harás eso de hocus-pocus y antes de que lo sepamos la escritura estará a tu nombre y...-¿Has perdido la cabeza? -exigió Harry-. ¿Un complot para conseguir esta casa? ¿Realmenteeres tan estúpido como pareces?-¡No te atrevas...! - chilló Tía Petunia, pero de nuevo, Vernon le indicó que se calmara. Losdesaires, a su modo de ver, al parecer, no eran nada frente al peligro que había divisado.-Por si lo has olvidado, -dijo Harry-. Yo ya tengo una casa, mi padrino me dejó una. ¿Así quepara qué querría esta? ¿Por todos los recuerdos felices? Se hizo un silencio. Harry creyó haber impresionado bastante a su tío con este argumento.-Afirmas, -dijo Tío Vernon, empezando a pasearse de nuevo-, que este Lord Lo que sea....-... Voldemort, -dijo Harry impacientemente-, y hemos pasado por esto cientos de veces ya. No lo afirmo, es un hecho. Dumbledore te lo d[...]



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2008-02-08T12:56:26.077-02:00

CAPÍTULO 4Los siete PotreesHarry volvió corriendo escaleras arriba hasta su dormitorio, llegando a la ventana justo a tiempo para ver el coche de los Dursley dejar el camino de entrada y recorrer la carretera. El sombrero de copa de Dedalus era visible entre Tía Petunia y Dudley en el asiento de atrás. El coche giró a la derecha al final de Privet Drive, sus ventanas ardieron de color escarlata por un momento al sol que ya se ponía, y entonces desaparecieron.Harry recogió la jaula de Hedwig, su Saeta de Fuego, y su mochila, echó a su antinaturalmente diminuto dormitorio una última mirada, y después se abrió paso desgarbadamente escaleras abajo hasta el vestíbulo., donde depositó jaula, escoba, y mochila cerca de la escalera. La luz se desvanecía rápidamente, el vestíbulo se llenaba de sombras a la luz del atardecer. Sentía de lo más extraño estar allí de pie en silencio sabiendo que iba a abandonar la casa por última vez. Hacía mucho tiempo, cuando se quedaba solo mientras los Dursley iban a divertirse por su cuenta, las horas de soledad habían sido un regalo escaso.Haciendo una pausa solo para escamotear algo sabroso de la nevera, apresurarse a subir arriba a jugar con el ordenador de Dudley, o encender la televisión y cambiar los canales había contentado su corazón. Le provocaba una sensación rara y vacía recordar esos tiempos; era como recordar a un hermano menor al que había perdido.-¿Quieres echar un último vistazo al lugar? -preguntó a Hedwig, que todavía estaba escondiendo la cabeza bajo el ala-. Nunca volveremos aquí. ¿Quieres recordad los buenos momentos? Quiero decir, mira este felpudo. Que recuerdos... Dudley vomitó sobre él después de que le salvara de los dementores... Imagina, estaba agredecido después de todo, ¿puedes creértelo?... Y el verano pasado, Dumbledore atravesó esa puerta...Harry perdió el hilo de sus pensamientos por un momento y Hedwig no le ayudó a recuperarlo, sino que continuó sentada con la cabeza bajo el ala. Harry volvió sobre sus pasos a la puerta principal-¡Y aquí abajo, Hedwig -Harry abrió una puerta bajo las escaleras- es donde solía dormir! No me conocías entonces... Caray, que pequeña, lo había olvidado...Harry miró alrededor hacia los zapatos apilados y paraguas, recordando cómo solía despertar cada mañana viendo la parte de abajo de las escaleras, que con bastante frecuencia estaba adornada por una araña o dos. Aquellos habían sido días anteriores a saber nada sobre su verdadera identidad; antes de haber averiguado como habían muerto sus padres y por qué a menudo pasaban cosas tan raras a su alrededor. Pero Harry todavía podía recordar los sueños que le habían acosado, incluso en esos días: sueños confusos que incluían destellos de luz verde y una vez... Tío Vernon casi había estrellado el coche cuando Harry lo había contado... una moto voladora.Hubo un rugido repentino y ensordecedor en algún lugar cercano. Harry se enderezó con una sacudida y se golpeó la coronilla con el marco bajo de la puerta. Deteniéndose sólo para emplear algunas de las palabrotas preferidas de Tío Vernonm se tambaleó hasta la cocina, agarrándose la cabeza y mirando por la ventana al jardín trasero.La oscuridad pareció ondear, el aire mismo tembló. Entonces, una por una, empezaron a aparecer figuras a la vista cuando los Encantamientos Desilusionadores se iban alzando. Dominando la escena estaba Hagrid, llegando un casco y guantes y sentado a horcajadas en una enorme motocicleta con un sidecar negro adjunto. A su alrededor los demás estaban desmontando de escobas y, en dos casos, de esqueléticos y negros caballos.Abriéndo de golpe la puerta trasera, Harry se lanzó entre ellos. Hubo un grito general de saludo mientras Hermione le lanzaba los brazos alrededor, Ron le palmeaba la espalda, y Hagrid decían "¿Todo bien, Harry? ¿Listo para partir?".-Definitivamente, -dijo Harry, sonriendo a todos ellos-. ¡Pero no esperaba a tantos de vosotros!-[...]



CAPITULO 5

2008-02-08T12:55:05.448-02:00

Capítulo 5GUERRERO CAIDO-¿Hagrid?Harry luchaba por levantarse el mismo de los restos de metal y cuero que le rodeaban; sus manos se hundieron en unos centímetros de agua lodosa cuando intentó sostenese. No podía entender por qué Voldemort se había marchado y esperaba que surgiera de la oscuridad en cualquier momento. Algo caliente y húmedo goteaba por su barbilla y desde la frente. Salió gateando del estanque y se tambaleó hacia la gran masa oscura del suelo que era Hagrid.-¿Hagrid? Hagrid, háblame.Pero la masa oscura no se movía.-¿Quién está ahí? ¿Eres Potter? ¿Eres Harry Potter?Harry no reconoció la voz del hombre. Entonces gritó una mujer.-¡Se han estrellado, Ted! ¡Estrellado en el jardín!La cabeza de Harry daba vueltas.-Hagrid, -repitió estúpidamente, y sus rodillas se doblaron.Lo siguiente que supo fue que estaba tendido sobre su espalda en lo que se sentían como cojines, con una sensación ardiente en las costillas y el brazo derecho. Su diente perdido había vuelto a crecer. La cicatriz de su frente todavía estaba latiendo.-¿Hagrid?Abrió los ojos y vio que estaba tendido en un sofá de un salón desconocido e iluminado. Su mochilla yacía en el suelo a corta distancia, húmeda y embarrada. Un hombre rubio y barrigón estaba observando ansiosamente a Harry.-Hagrid está bien, hijo, -dijo el hombre- mi esposa le está atendiendo ahora. ¿Cómo te sientes? ¿Alguna otra cosa rota? Te arreglé las costillas, el diente, y el brazo. Soy Ted, por cierto, Ted Tonks... el padre de Dora.Harry se sentó demasiado rápidamente. Estallaban luces ante sus ojos y se sentía enfermo y mareado.-Voldemort.-Tranquilo, vamos, -dijo Ted Tonks, colocando una mano en el hombro de Harry y empujándole de vuelta contra los cojines-. Ha sido un feo golpe el que acabas de tener. ¿Qué ocurrió, por cierto? ¿Algo fue mal con la moto? Arthur Weasley la comprobó el mismo, él y sus cachivaches muggles.-No, -dijo Harry, mientras su cicatriz pulsaba como una herida abierta- mortifagos, montones de ellos... nos perseguían...-¿Mortifagos? -dijo Ted agudamente-. ¿Qué quieres decir, mortifagos? Creía que no sabían que te trasladaban esta noche, creía...-Lo sabían, -dijo Harry.Ted Tonks levantó la mirada al techo como si pudiera ver a través de él el cielo de arriba.-Bueno, ya sabemos que nuestros hechizos protectores aguantan, ¿verdad? No deberían ser capaces de aproximarse en unas cien yardas a la redonda en ninguna dirección.Ahora Harry entendía por qué Voldemort se había desvanecido; había sido en el punto en que la motocicleta había cruzado la barrera de encantamientos de la Orden. Solo esperaba que estos continuaran funcionando. Imaginó a Voldemort cien yardas por encima de ellos mientras hablaban, buscando una forma de penetrar lo que Harry visualizaba como una gran burbuja transparente.Bajó las piernas del sofá; tenía que ver a Hagrid con sus propios ojos antes de creer que estaba vivo. No obstante, a penas se había levantado cuando una puerta se abrió y Hagrid pasó apretado por ella, su cara estaba cubierta de barro y sangre, cojeaba un poco pero estaba milagrosamente vivo.-¡Harry!Volcando dos delicadas mesas y una planta, cubrió el suelo entre ellos con dos zancadas y empujó a Harry a un abrazo que casi le rompió las recientemente reparadas costillas.-Caray, Harry, ¿cómo conseguimos salir de esta? Ya creía que estabamos los dos acabados.-Si, yo también. No puedo creer...Harry se interrumpió. Acababa de fijarse en la mujer que había entrado en la habitación tras Hagrid.-¡Tú! -gritó, y sacó la mano del bolsillo, pero esta estaba vacía.-Tu varita está aquí, hijo, -dijo Ted, golpeando ligeramente con ella el brazo de Harry-. Cayó justo a tu lado, yo la recogí... Y es a mi mujer a la que estás gritando.-Oh, yo... lo siento.Cuando entró en la habitación, el parecido de la Señora Tonks con su hermana Bellatrix se volvió menos pronunciado. su pelo era de un [...]



CAPITULO 6

2008-02-08T12:53:09.393-02:00

Capítulo 6EL ESPÍRITU EN PIJAMA (version buena)El shock por la pérdida de Ojoloco se cernió sobre la casa durante los días que siguieron. Harry seguía esperando verle atravesar la puerta trasera como los otros miembros de la Orden, que entraban y salían para transmitir noticias. Harry sentía que solo que la acción aliviaría su sentimiento de culpa y el pesar y que debía ponerse en camino en su misión para encontrar y destruir los Horrocruxes lo antes posible.—Bueno, no puedes hacer nada con respecto a los —Ron formó con la boca silenciosamente la palabra Horrocruxes— hasta que tengas diecisiete. Todavía tienes el Rastro sobre ti. Y podemos hacer planes aquí tan bien como en cualquier otro sitio, ¿verdad? ¿O —dejó caer su voz a un susurro—, ya sabes donde está Quien-tu-ya-sabes?—No —admitió Harry.—Creo que Hermione ha estado haciendo algo de investigación —dijo Ron—. Dice que se la está guardando para cuando salgamos de aquí.Estaban sentados ante la mesa del desayuno. El señor Weasley y Bill acababan de marcharse a trabajar. Fleur había subido a darse un baño.—El Rastro se romperá el treinta y uno —dijo Harry—. Eso significa que solo tenemos que quedarnos aquí cuatro días. Después puedo...—Cinco días —le corrigió Ron firmemente—. Tenemos que quedarnos para la boda. Ellas nos matarán si nos la perdemos.Harry entendió que con "ellas" quería decir Fleur y la señora Weasley.—Es un día más —dijo Ron, cuando Harry pareció a punto de amotinarse.—¿No comprenden lo importante...?—Por supuesto que no —dijo Ron—. No tienen ni idea. Y ahora que lo mencionas, quería hablar contigo de eso.Ron miró hacia la puerta y al vestíbulo para comprobar que la señora Weasley no hubiera vuelto aún, entonces se inclinó más cerca de Harry.—Mamá ha estado intentando sonsacarnos a Hermione y a mí. Preguntando que vamos a hacer. Lo intentará contigo pronto, así que prepárate. Papá y Lupin también preguntaron, pero cuando les dijimos que Dumbledore te había dicho que no se lo contaras a nadie excepto a nosotros, lo dejaron. Sin embargo Mamá no. Está decidida.La predición de Ron se convirtió en realidad horas después. Poco después del almuerzo, la señora Weasley separó a Harry de los demás pidiéndole ayuda para identificar un calcetín solitario que podía haber salido de su mochila. Una vez le tuvo arrinconado en el diminuto anexo de la cocina, empezó.—Ron y Hermione parecen creer que vosotros tres vais a abandonar Hogwarts —empezó con un tono ligero y casual.—Oh —dijo Harry—. Bueno, sí. Así es.El escurridor giraba por sí mismo en la esquina, retorciendo lo que parecía uno de los chalecos del señor Weasley.—¿Puedo preguntarte por qué estáis abandonando vuestra educación? —dijo la señora Weasley.—Bueno, Dumbledore me dejó... cosas que hacer —masculló Harry—. Ron y Hermione saben que es, y quieren venir conmigo.—¿Qué clase de "cosas"?—Lo siento, no puedo...—Bueno, francamente, creo que Arthur y yo tenemos derecho a saber, ¡y seguro que el señor y la señora Granger estarían de acuerdo! —dijo la señora Weasley. Harry se había estado temiendo la táctica de "preocupación maternal". Se obligó a sí mismo a mirarla directamente a los ojos, notando al hacerlo que eran precisamente del mismo tono de marrón que los de Ginny. Eso no ayudó.—Dumbledore no quería que nadie más lo supiera, señora Weasley. Lo siento. Ron y Hermione no tienen que venir, es su elección...—¡No ves que tú tampoco tienes que ir! —exclamó ella, abandonando ahora todo fingimiento—. ¡Apenas sois mayores de edad, ninguno de vosotros! Es una soberana tontería, ¡si Dumbledore necesitaba que se hiciera algo, tenía a toda la Orden bajo su mando! Harry, debes haberle malinterpretado. Probablemente te estaba contando algo que quería que se hiciera, y tú te lo tomaste como que quería[...]



CAPITULO 7

2008-02-08T12:52:00.889-02:00

CAPÍTULO 7EL TESTAMENTO DE ALBUS DUMBLEDOREEstaba caminando por una larga carretera de montaña a la fría luz azul del amanecer. Muy por debajo, envuelta en niebla, se veía la sombra de una pequeña ciudad. ¿Estaba el hombre al que buscaba ahí abajo, el hombre al que necesitaba tan desesperadamente que no podía pensar en nada más, el hombre que tenía la respuesta, la respuesta a su problema...?-Eh, despierta.Harry abrió los ojos. Estaba de nuevo tendido en la cama plegable del revuelto cuarto de Ron en el ático. El sol no había salido aún y la habitación estaba todavía oscura. Pigwidgeon estaba dormida con la cabeza bajo su diminuta ala. La cicatriz de la frente le dolía.-Estabas murmurando en sueños.-¿De verdad?-Si, "Gregorovitch". Estabas diciendo "Gregorovitch".Harry no llevaba puestas las gafas; veía la cara de Ron ligeramente borrosa.-¿Quién es Gregorovitch?-¿Y yo que sé? Eras tú el que lo estaba diciendo.Harry se frotó la frente, pensando. Tenía la vaga sensación de haber oído el nombre antes, pero no podía pensar donde.-Creo que Voldemort le está buscando.-Pobre tipo -dijo Ron fervorosamente.Harry se sentó, todavía frotándose la cicatriz, ahora totalmente despierto. Intentó recordar qué había visto exactamente en su sueño, pero todo lo que recordaba era un horizonte montañoso y la silueta de un pequeño pueblo acunado en un profundo valle.-Creo que está en el extranjero.-¿Quién, Gregorovitch?-Voldemort. Creo que está en algún lugar del extranjero, buscando a Gregorovitch. No parecía ningún lugar de Gran Bretaña.-¿Crees que estás viendo en su mente de nuevo?Ron parecía preocupado.-Hazme un favor y no se lo digas a Hermione -dijo Harry-. No sé como espera que deje de ver cosas en sueños...Levantó la mirada hacia la pequeña jaula de Pidwidgeon, pensando... ¿Por qué el nombre "Gregorovitch” le era familiar?-Creo -dijo lentamente-, que tiene algo que ver con el Quidditch. Hay alguna conexión, pero no se me ocurre... no se me ocurre cual pueda ser.-¿Quidditch? -dijo Ron-. ¿Seguro que no estás pensando en Gorgovitch?-¿Quién?-Dragomir Gorgovitch, Guardián, traspasado a los Chudley Cannons por un record hace dos años. El record que mantiene es el de dejar caer más Quaffle en una temporada.-No -dijo Harry-. Definitivamente no estoy pensando en Gorgovitch.-Yo intento no hacerlo tampoco -dijo Ron-. Bueno, feliz cumpleaños, por cierto.-Guau... ¡Tienes razón, lo olvidé! ¡Tengo diecisiete!Harry agarró la varita posada en mesita junto a su cama plegable, apuntó al desordenado escritorio donde había dejado sus gafas, y dijo "¡Accio Gafas!". Aunque estaban a solo unos cuarenta centímetros de distancia, había algo inmensamente satisfactorio en verlas zumbar hacia él, al menos hasta que le pincharon el ojo.-Muy astuto -bufó Ron.Celebrando el levantamiento de su Rastro, Harry envió las posesiones de Ron a volar por la habitación, provocando que Pigwidgeon despertara y aleteara excitadamente en su jaula. Harry intentó también atarse los cordones de las zapatillas con magia (el resultado fue un nudo que llevó varios minutos desatar a mano) y, solo por el puro placer de hacerlo, cambió el naranja de las túnicas del poster de Ron de los Chudley Cannons por azul brillante.-Yo que tu me subiría la cremallera con la mano -aconsejó Ron a Harry, resoplando cuando Harry lo hizo inmediatamente-. Aquí está tu regalo. Desenvuélvelo aquí, no es apto para los ojos de mi madre.-¿Un libro? -dijo Harry mientras tomaba el paquete rectángulo-. Un poco alejado de la tradición, ¿verdad?-Este no es un libro común -dijo Ron-. Es oro puro. Doce Formas Infalibles de Encantar a las Brujas. Explica todo lo que necesitas saber sobre las chicas. Si lo hubiera tenido el año pasado habría sabido exactamente como librarme de Lavender y tú habrías sabido como acabar con... Bueno, Fred y George me dieron una c[...]



CAPITULO 8

2008-02-08T12:50:26.095-02:00

Capítulo 8LA BODAA las tres de la tarde del día siguiente, Harry, Ron, Fred y George estaban en el exterior de una gran carpa en el jardín, esperando a los invitados a la boda. Harry había tomado una larga dosis de Poción Multijugos y ahora era el doble de un chico muggle pelirrojo del pueblo, Ottery St. Catchpole, del que Fred había robado cabellos utilizando un Encantamiento Convocador. El plan era presentar a Harry como el «primo Barny» y confiar en que la gran cantidad de familiares Weasley le ocultasen.Los cuatro sujetaban un plan de distribución de asientos, para poder ayudar a la gente a encontrar los sitios correctos. Un grupo de camareros vestidos de blanco había llegado hacía una hora, junto con una banda con chaquetas doradas. En ese momento todos estos magos estaban sentados a corta distancia bajo un árbol; Harry podía ver un rastro azulado de humo de pipa saliendo del lugar.Detrás de Harry, la entrada a la carpa presentaba filas y filas de frágiles sillas doradas dispuestas a ambos lados de una larga alfombra púrpura. Los soportes de la carpa estaban adornados con flores entrelazadas blancas y doradas. Fred y George habían colocado un enorme montón de globos dorados sobre el punto exacto donde Bill y Fleur serían próximamente marido y mujer. Fuera, mariposas y abejas planeaban perezosas sobre la hierba y el seto. Harry estaba bastante incómodo. El chico muggle por quien se estaba haciendo pasar era ligeramente más gordo que él, y sentía su túnica de gala calurosa y apretada bajo el calor intenso del día veraniego.—Cuando me case —dijo Fred, tirando del cuello de su propia túnica—, no me preocuparé por todas estas tonterías. Todos podréis llevar lo que queráis, y le haré a mamá una Inmovilización Total hasta que todo termine.—Considerándolo todo, no estaba tan mal esta mañana —dijo George—. Lloró un poco al ver que Percy no estaría, ¿pero quién le quiere aquí? Oh, vaya, preparaos… aquí vienen, mirad.Figuras de colores brillantes iban apareciendo, una por una, por todas partes en el extremo más alejado del jardín. En pocos minutos se formó una procesión, que empezó a serpentear por el jardín hacia la carpa. Flores exóticas y pájaros encantados se agitaban en los sombreros de las brujas, mientras gemas preciosas brillaban en las corbatas de muchos magos; el zumbido del excitado parloteo se volvió cada vez más fuerte, ahogando el sonido de las abejas, mientras la multitud se aproximaba a la tienda.—Excelente, creo que veo a algunas primas veela —dijo George, estirando el cuello para ver mejor—. Necesitarán ayuda para entender nuestras costumbres inglesas, yo me ocuparé de ellas…—No tan rápido, Su santidad —dijo Fred, y adelantando con rapidez al grupo de brujas de mediana edad que lideraba la procesión, dijo—: Aquí… permettez-moi que assister vous —a un par de guapas francesas, que rieron tontamente y le permitieron que las escoltase al interior. George se quedó para encargarse de las brujas de mediana edad y Ron se ocupó de Perkins, viejo compañero del Ministerio del señor Weasley, mientras que una pareja bastante sorda acabó en el grupo de Harry.—¿Qué hay? —dijo una voz familiar cuando salió nuevamente de la carpa y se encontró a Tonks y Lupin al frente de la cola. Ella se había puesto rubia para la ocasión—. Arthur nos dijo que eras el del pelo rizado. Siento lo de ayer por la noche —añadió en un susurro mientras Harry los guiaba por el pasillo interior—. En este momento el Ministerio está siendo muy anti-hombres lobo y creímos que nuestra presencia no te vendría demasiado bien.—Está bien. Lo entiendo —dijo Harry, hablando más para Lupin que para Tonks. Lupin le lanzó una rápida sonrisa, pero cuando se dieron la vuelta, Harry vio de nuevo líneas de sufrimiento en su cara. No lo entendía, pero no te[...]



CAPITULO 9

2008-02-08T12:49:31.999-02:00

Capítulo 9UN LUGAR DONDE ESCONDERSETodo parecía confuso, lento. Harry y Hermione saltaron sobre sus pies y esgrimieron sus varitas. Muchas personas se estaban dando cuenta ahora de que algo raro había ocurrido; algunas cabezas todavía se estaban volviendo hacia el gato plateado cuando desapareció. El silencio se extendió hacia fuera en frías ondas desde el lugar en que había aparecido el Patronus. Entonces alguien gritó.Harry y Hermione se lanzaron entre la multitud despavorida. Los invitados corrían en todas direcciones; muchos Desaparecían; los encantamientos protectores que había alrededor de la Madriguera se habían roto.-¡Ron! –lloró Hermione-. Ron, ¿dónde estás?Mientras se abrían paso a empujones hasta el otro lado de la pista de baile, Harry vio como unas figuras enmascaradas salían de entre la multitud; luego vio a Lupin y Tonks, con sus varitas levantadas, y escuchó que ambos gritaban, "¡Protego!", grito que resonó por todas partes- ¡Ron! ¡Ron! –llamó Hermione medio sollozando, al ser envueltos por los aterrorizados invitados. Harry la estaba cogiendo de la mano para asegurarse de que no fueran separados, cuando una línea de la luz zumbó sobre sus cabezas, aunque no supo si era un encantamiento protector o algo más siniestro.En ese momento apareció Ron. Cogió el brazo libre de Hermione, y Harry la sintió girar sobre sí misma; la visión y el sonido se extinguieron mientras la obscuridad se cernía sobre él; todo lo que podía sentir era la mano de Hermione mientras era lanzado a través de espacio y tiempo, lejos de la Madriguera, lejos de los Mortífagos que descendían, lejos, quizás, de Voldemort mismo. . . .-¿Dónde estamos? –dijo la voz de Ron.Harry abrió los ojos. Por un momento, pensó que no habían abandonado la boda, después de todo; todavía parecían estar rodeados de gente.-En Tottenham Court Road –jadeó Hermione-. Camina, simplemente camina, tenemos que encontrar un sitio para que os cambiéis.Harry hizo lo que le decía. Medio anduvieron medio corrieron subiendo la amplia y oscura calle, atestada de trasnochadores y llena de tiendas cerradas, mientras las estrellas brillaban sobre ellos.Un autobús de dos pisos rugió al pasar y un grupo de parroquianos alegres se los comieron con los ojos cuando pasaron; Harry y Ron todavía llevaban sus túnicas de etiqueta.-Hermione, no tenemos nada para cambiarnos, -dijo Ron, cuando una mujer joven se echó a reir tontamente al verle.-¿Por qué no me habré asegurado de traerme la capa de invisibilidad? -dijo Harry, maldiciendo interiormente su propia estupidez-. Todo el año pasado la llevé encima y …-Está bien, tengo la capa, tengo ropa para los dos - dijo Hermione-. Sólo tratad de actuar con naturalidad hasta … esto servirá.Los condujo a una calle lateral, y luego a la protección de un callejón sombrío.-Cuando dices que tienes la capa, y la ropa ... –dijo Harry, frunciendo el ceño a Hermione, que no llevaba nada salvo su pequeño bolso bordado, en el que rebuscaba en ese momento.-Si, aquí están -dijo Hermione, y para absoluto asombro de Harry y Ron, sacó un par de vaqueros, una camiseta gruesa, algunos calcetines granates, y finalmente la plateada capa de invisibilidad.-¿Cómo demonios…?"-Encantamiento de Extensión Indetectable -dijo Hermione-. Difícil, pero creo que lo he hecho bien; en cualquier caso, me las arreglé para meter aquí todo lo que necesitamos. -Dio una pequeña sacudida a la aparentemente frágil bolsa, que resonó como si fuera un cargamento con varios objetos pesados rodando dentro.-Oh, maldición, eso deben ser los libros -dijo, mirándolo con atención-. Y los tenía todos apilados por tema ... En fin ... Harry, es mejor que cojas tú la capa de invisibilidad. Ron, date prisa y cámbiate ...-¿Cuándo hiciste todo esto? – preguntó Harry mientras Ron s[...]



CAPITULO 10

2008-02-08T12:48:27.341-02:00

Capítulo 10La Historia de KreacherHarry se despertó temprano a la mañana siguiente, envuelto en una saco de dormir sobre el suelo del salón de dibujo. Un resquicio de cielo era visible entre las pesadas cortinas. Era de un frío y claro azul como de tinta aguada, en algún punto entre la noche y el amanecer, y todo estaba en silencio a excepción de las respiraciones lentas y profundas de Ron y Hermione. Harry echó un vistazo a las oscuras y largas siluetas tendidas en el suelo junto a él. Ron había tenido un detalle de galantería y había insistido en que Hermione durmiera sobre los cojines del sillón, por lo que su silueta destacaba por encima de la de el, con el brazo encorvado hacia el suelo y los dedos a pocas pulgadas de los de Ron. Harry se preguntó si se habrían quedado dormidos con las manos entrelazadas. Esa idea le hizo sentir extrañamente solitario.Miro hacia arriba al ensombrecido techo, al candelabro lleno de telarañas. Menos de veinticuatro horas antes, había estado de pie a la luz del sol a la entrada de la carpa, esperando a los invitados de la boda para guiarlos a sus asientos. Parecía que desde entonces hubiera pasado toda una vida. ¿Qué pasaría ahora? Acostado en el suelo pensó en los Horrocruxes, en la intimidante y compleja misión que Dumbledore le había dejado… Dumbledore…La pena que lo había abrumado desde la muerte de Dumbledore se sentía diferente ahora. Las acusaciones que había oído hacer a Muriel en la boda parecían haber anidado en su cerebro como algo enfermizo, contaminando los recuerdos que tenía del mago al que había idolatrado. ¿Podía Dumbledore haber dejado que sucedieran esas cosas? ¿Podía haber sido como Dudley, y haberse quedado tan contento presenciando tal negligencia y abuso mientras no le afectara a él? ¿Podía haber dado la espalda a su hermana a la que mantenían encarcelada y oculta?Harry pensó en el Valle de Godric, en las tumbas que había allí y que Dumbledore nunca había mencionado; pensó en los misteriosos objetos dejados sin explicación en el testamento de Dumbledore, y allí en la oscuridad le invadió el resentimiento. ¿Por qué Dumbledore no se lo había contado? ¿Por qué no se lo había explicado? ¿De verdad Dumbledore se había preocupado por Harry? ¿O Harry no había sido para él mas que un instrumento a ser perfeccionado y afinado, pero sin fiarse de él, sin nunca confiar en él?Harry no podía soportar yacer allí sin nada más que amargos pensamientos por compañía. Desesperado por hacer algo, por conseguir una distracción, se deslizó fuera del saco de dormir, cogió su varita, y se arrastró fuera de la habitación. En el descansillo susurró, “lumos”, y comenzó a subir las escaleras a la luz de la varita.En el segundo descansillo se hallaba el dormitorio en el que él y Ron habían dormido la última vez que habían estado allí; miró dentro de la habitación. Las puertas del armario estaban abiertas y la ropa de cama había sido rasgada. Harry recordó la pierna de troll derribada en el piso de abajo. Alguien había registrado la casa después de que la Orden se hubiera ido. ¿Snape? ¿O tal vez Mundungus, que había hurtado bastantes cosas de esta casa tanto antes como después de la muerte de Sirius? La mirada de Harry vagó hacia el retrato que a veces contenía a Phineas Nigellus Black, el tatara-tatarabuelo de Sirius, pero estaba vacío, mostrando solamente un turbio telón de fondo. Evidentemente Phineas Nigellus estaba pasando la noche en el estudio del Director en Hogwarts.Harry continuó subiendo las escaleras hasta que llegó al último descansillo donde solo había dos puertas. La que estaba frente a él llevaba una placa con la inscripción Sirius. Harry nunca antes había entrado en el dormitorio de su padrino. Abrió la puerta, sosteniendo la va[...]



CAPITULO 11

2008-02-08T12:47:37.839-02:00

Capítulo 11EL TRATOSi Kreacher había podido escapar de un lago lleno de inferis, Harry confiaba en que la captura de Mundungus le llevaría unas pocas horas como mucho, y rondó por la casa toda la mañana en un estado de máxima expectación. Sin embargo, Kreacher no volvió esa mañana o siquiera esa noche. A la puesta de sol, Harry se sentía desaminado y ansioso, y la cena compuesta mayormente por pan mohoso, sobre el que Hermione había intentando una variedad de Trasfiguraciones sin éxito, no ayudaron en nada.Kreacher no volvió al día siguiente, ni el día después de ese. Sin embargo, dos hombres encapuchados habían aparecido en la plaza fuera del número doce, y se quedaron allí en la noche, mirando fijamente en dirección a la casa que no podían ver.-Mortifagos, seguro, -dijo Ron, mientras él, Harry y Hermione miraban por la ventana del salón de dibujo-. ¿Seguro que no saben que estamos aquí?-No creo -dijo Hermione, aunque parecía asustada-. o habrían enviado a Snape a por nosotros, ¿verdad?-¿Creéis que ha estado aquí y tiene la lengua atada por la maldición de Moody? -preguntó Ron.-Si, -dijo Hermione- de otro modo habría podido decirles como entrar aquí, ¿verdad? Pero probablemente estén vigilando para ver si aparecemos. Sabían que Harry es el dueño de esta casa, después de todo.-¿Cómo lo... ? -empezó Harry.-Los testamentos de magos son examinados por el Ministerio, ¿recuerdas? Saben que Sirius te dejó este lugar.La presencia de los mortifagos fuera incrementó el humor amenazador dentro del número doce. No habían tenido noticias de nadie que estuviera más allá de Grimmauld Place desde el patronus del Señor Weasley, y la tensión empezaba a pasar factura. Inquieto e irritable, Ron había desarrollado el molesto hábito de jugar con el Desiluminador en sus bolsillos. Esto enfurecía particularmente a Hermione, que había abandonado la espera por Kreacher para estudiar Los Cuentos de Beedle el Bardo y no apreciaba la forma en que las luces seguían encendiéndose y apagándose.-¡Quieres parar! -gritó la tercera noche de ausencia de Kreacher, cuando todas las luces se apagaron de nuevo en el salón de dibujo.-¡Lo siento, lo siento! -dijo Ron, accionando el Desiluminador y restaurando las luces-. ¡No sé qué estoy haciendo!-¿Bueno, puedo sugerirte que encuentres algo útil en que ocuparte?-¿Algo como leer cuentos para niños?-Dumbledore me dejó este libro, Ron...-... y a mí me dejó el Desiluminador, ¡quizás se supone que tenga que usarlo!Incapaz de soportar la pelea, Harry salió de la habitación sin que lo notara ninguno de los dos. Se dirigió escaleras abajo hacia la cocina, la cual seguía visitando porque estaba seguro de que era allí donde era probablemente aparecería Kreacher. A medio camino, sin embargo, oyó un golpe en la puerta delantera, después chasquidos metálicos y el rechinar de la cadena.Todos los nervios de su cuerpo parecieron tensarse. Sacó su varita, adentrándose en las sombras junto a las cabezas de elfos decapitados, y esperó. La puerta se abrió. Vio un destello de luz de las farolas de la plaza de abajo, y una figura encapuchada se adentró en el vestíbulo y cerró la puerta tras ella. El intruso dio un paso hacia adelante y la voz de Moody pregunto. "¿Severus Snape?". Entonces la figura de polvo alcanzó el final del vestíbulo y se lanzó sobre él, alzando su mano muerta.-No fui yo quien te mató, Albus, -dijo una voz tranquila.La maldición se rompió. La figura explotó de nuevo, y fue imposible divisar al recién llegado a través de la densa nube gris que esta dejó atrás.Harry apuntó su varita en medio de ella.-¡No te muevas!Había olvidado el retrato de la Señora Black. Al oir su grito, las cortinas que la ocultaban se abrieron y ella empezó a gritar[...]



CAPITULO 12

2008-02-08T12:45:19.869-02:00

Capítulo 12LA MAGIA ES PODERMientras agosto se agotaba, la plaza de desaliñado césped en medio de Grimmauld Place se marchitó al sol hasta que quedó quebradiza y marrón. Los habitantes del número doce nunca eran vistos por ninguno de los ocupantes de las casas circundantes, ni tampoco el número doce en sí mismo. Los muggles que vivían en Grimmauld Place hacía mucho que habían aceptado el divertido error en la numeración que había causado que el número once se asentara junto al número trece.Y aún así la plaza atraía ahora a todo un flujo de visitantes que parecían encontrar esta anormalidad de lo más intrigante. Apenas pasaba un día sin que una o dos personas llegaran a Grimmauld Place sin otro propósito, o al menos así lo parecía, que el de apoyarse contra el pasamanos de cara a los números once y trece, observando la unión entre las dos casas. Los acechadores nunca eran los mismos dos días seguidos, aunque todos parecían compartir un desagrado por la ropa normal. La mayoría de los londinenses que pasaban junto a ellos vestían de forma excéntrica y tomaban poca nota, aunque ocasionalmente uno de ellos podía mirar atrás, preguntándose por qué todo el mundo llevaba capas tan largas con este calor.Los observadores parecían obtener poca satisfacción de su vigilia. Ocasionalmente uno de ellos se echaba hacia adelante excitado, como si hubiera visto algo interesante al fin, solo para volver a caer hacia atrás pareciendo decepcionados.El primer día de septiembre había más gente que nunca acechando en la plaza. Media docena de hombres con capas largas estaban de pie silenciosos y vigilantes, mirando como siempre hacia las casas once y trece, pero lo que fuera que estuvieran esperando parecía que seguía eludiéndoles. Cuando cayó la noche, trayendo una inesperada bocanada de lluvia fría por primera vez en semanas, tuvo lugar uno de esos inexplicables momentos en los que parecían haber visto algo interesante.El hombre de la retorcida cara puntiaguda y su compañero más cercano, un hombre rechoncho y pálido, se echaron hacia adelante, pero un momento después se habían relajado a su estado anterior de inactividad, pareciendo frustrados y decepcionados.Entretanto, dentro del número doce, Harry acababa de entrar en el vestíbulo. Casi había perdido el equilibrio al Aparecerse sobre el escalón más alto justo fuera de la puerta principal, y gracias a eso los mortífagos podían haber captado un vistazo de su momentáneamente expuesto codo. Cerrando la puerta cuidadosamente tras él, se quitó la Capa de Invisibilidad, colgándosela del brazo, y se apresuró a lo largo del sombrío pasillo hacia la puerta que conducía al sótano, con un ejemplar robado de El Profeta aferrada en la mano.El acostumbrado susurro de "Severus Snape" le saludó, el viento frío le barrió, y su lengua se enrolló por un momento.-Yo no te maté -dijo. Al instante su lengua se había desenrollado, después contuvo el aliento cuando la polvorienta figura del maleficio explotó. Esperó hasta estar a mitad de la escalera hacia la cocina, fuera del oído de la Señora Black y se limpió la nube de polvo, antes de gritar.-Tengo noticias, y no os gustarán.La cocina estaba casi irreconocible. Cada superficie estaba ahora pulida. Ollas de cobre y sartenes habían sido bruñidas hasta darles un brillo rosado; la superficie de madera de la mesa brillaba; las copas y platos ya estaba preparados para la cena destellando a la luz de un fuego que ardía alegremente, y sobre éste hervía un caldero. Nada en la habitación, sin embargo, estaba más dramáticamente cambiado que el elfo doméstico que se acercó apresuradamente hasta Harry, vestido con una esponjosa toalla blanca, el pelo de sus orejas tan limpio y sedoso como[...]



CAPITULO 13

2008-02-08T11:31:09.519-02:00

Capítulo 13LA COMISION DE REGISTRO DE LOS NACIDOS MUGGLES—¡Ah, Mafalda! —dijo Umbridge, mirando a Hermione—. ¿Travers te mandó a ti, eh?—S-sí —chilló Hermione.—Bien, servirás perfectamente bien. —Umbridge se dirigió al mago vestido de negro y dorado—. Ese problema está resuelto, Ministro, si pueden prescindir de Mafalda en la oficina de Registros podremos empezar inmediatamente. —Consultó su portafolios—. ¡Diez personas hoy y una de ellas la mujer de un empleado del Ministerio! Vaya, vaya… ¡incluso aquí, en el corazón del Ministerio! —Se metió en el ascensor tras Hermione, al igual que los dos magos que habían estado escuchando la conversación de Umbridge con el Ministro—. Vamos directas abajo, Mafalda, encontrarás todo lo que necesites en la sala del tribunal. Buenos días, Albert, ¿no te bajas?—Sí, por supuesto —dijo Harry con la voz profunda de Runcorn.Harry salió del ascensor. La reja dorada se cerró con un ruido metálico tras él. Mirando por encima de su hombro, Harry vio el rostro ansioso de Hermione perdiéndose de vista, con un mago alto a cada lado y las gomas de pelo de terciopelo de Umbridge a nivel de su hombro.—¿Qué te trae por aquí arriba, Runcorn? —le preguntó el nuevo Ministro de Magia. Su largo cabello negro y barba estaban veteados de plateado, y una frente sobresaliente ensombrecía sus brillantes ojos, recordando a Harry a un cangrejo rebuscando bajo una roca.—Necesitaba hablar un momento con —Harry dudó durante una fracción de segundo— Arthur Weasley. Alguien dijo que estaba en la planta uno.—Ah —dijo Pius Thicknesse—. ¿Le pillaron contactando con un Indeseable?—No —dijo Harry, con la garganta seca—. No, nada de eso.—Ah, bueno, es sólo cuestión de tiempo —dijo Thicknesse—. Si quieres saber mi opinión, los traidores de sangre son tan malos como los sangre sucia. Que tengas un buen día, Runcorn.—Que tenga un buen día, Ministro.Harry vio a Thicknesse marcharse por el pasillo de alfombras gruesas. En el momento en que el Ministro se perdió de vista, Harry sacó la Capa de Invisibilidad de debajo de su pesada capa negra, se la lanzó por encima y se dirigió por el pasillo en dirección opuesta. Runcorn era tan alto que Harry se vio obligado a parar para asegurarse de que sus pies estuvieran ocultos.El pánico le atenazó la parte baja del estómago. Mientras pasaba junta varias puertas brillantes de madera, cada una con una pequeña placa con el nombre del propietario y su ocupación en ella, el poderío del Ministerio, su complejidad, su impenetrabilidad, pareció caer sobre él, de forma que el plan que había tramado con tanto cuidado junto a Ron y Hermione durante las últimas cuatro semanas pareció absurdamente infantil. Habían concentrado todos sus esfuerzos en acceder al interior sin ser detectados: no habían pensado en lo que harían si se veían obligados a separarse. Ahora Hermione estaba metida en procedimientos legales, que indudablemente se prolongaban durante horas; Ron estaba luchando por hacer magia que Harry estaba seguro de que estaba por encima de su nivel, con la libertad de una mujer posiblemente dependiendo de los resultados, y él, Harry, estaba paseándose por el piso superior cuando sabía perfectamente bien que su presa acababa de bajar en el ascensor.Dejó de caminar, se apoyó contra una pared e intentó decidir lo que hacer. El silencio se abatió sobre él: allí no había bullicio, ni conversaciones, ni pasos ligeros; los pasillos de alfombras púrpuras estaban callados como si hubiesen lanzado un hechizo Muffliato en ellos.Su oficina debe estar aquí arriba, pensó Harry.Parecía bastante poco probable que Umbridge guardase las joyas en su oficina, pero[...]



CAPITULO 14

2008-02-08T11:27:26.065-02:00

Capítulo 14El ladrónHarry abrió los ojos y quedó deslumbrado por el verde y dorado; no tenía ni idea de lo que había sucedido, solo sabía que yacía en lo que parecían hojas y ramitas. Luchando por llevar aire a unos pulmones que parecían aplastados, parpadeó y se dio cuenta de que la luz deslumbrante de colores chillones era la claridad del sol, que se colaba a través de un dosel de hojas a mucha altura sobre él. Se apoyó en las manos y se puso de rodillas, preparado para enfrentarse a una criatura pequeña y feroz, pero vio que el objeto era el pie de Ron. Mirando alrededor Harry observó que él y Hermione yacían sobre el suelo de un bosque, aparentemente solos.El primer pensamiento de Harry fue que era el Bosque Prohibido, y por un momento, incluso sabiendo lo tonto y peligroso que sería que Aparecerse en los terrenos de Hogwarts, su corazón dio un salto al pensar en escabullirse entre los árboles hacia la cabaña de Hagrid. Sin embargo, en los pocos momentos que le llevó a Ron emitir un gruñido bajo y a Harry empezar a gatear hacia él, se dio cuenta de que éste no era el Bosque Prohibido. Los árboles parecían más jóvenes, había espacios más amplios y el terreno era más claro.Se encontró con Hermione, también apoyada sobre las manos y rodillas, junto a la cabeza de Ron. En el momento que sus ojos se posaron sobre Ron, todas las otras preocupaciones volaron de la mente de Harry, ya que la sangre empapaba por completo el lateral izquierdo de Ron y su cara de color blanco grisáceo, destacaba sobre el suelo lleno de hojas. La poción multijugos ahora estaba desapareciendo. Ron estaba a medio camino entre su apariencia normal y la de Cattermole, su pelo se volvía más y más pelirrojo mientras su cara perdía el poco color que le quedaba.—¿Qué le ha pasado?—Se escindió —dijo Hermione, con los dedos ya ocupados en la manga de Ron, donde la sangre era más abundante y oscura.Harry miró, horrorizado, como abrí con violencia la camisa de Ron. Siempre había pensado que escindirse era algo cómico, pero esto… Sus tripas se revolvieron con desagrado cuando Hermione descubrió el antebrazo de Ron, donde faltaba un gran pedazo de carne, sacado limpiamente como si se hubiera usado un cuchillo.—Harry, rápido, en mi bolso hay una pequeña botella con la etiqueta ‘Esencia de Díctamo…—El bolso… sí…Harry se apuró hacia el lugar donde había aterrizado Hermione, agarró el pequeño bolso adornado con cuentas y metió la mano en el interior. Al momento, empezó a tocar objeto tras objeto: sintió lomos de cuero de libros, mangas de lana de jerséis, tacones de zapatos…—Rápido.Agarró su varita del suelo y la apuntó a las profundidades del bolso mágico.—¡Accio Díctamo!Una pequeña botella marrón salió zumbando del bolso; la cogió y volvió con rapidez junto a Hermione y Ron, cuyos ojos ahora estaban medio cerrados. Todo lo que se veía entre sus pestañas eran franjas del blanco globo ocular.—Se ha desmayado —dijo Hermione, que también estaba bastante pálida; ya no parecía Mafalda, aunque su pelo todavía estaba gris en algunas partes…—Destápala en mi lugar, Harry, me tiemblan las manos.Harry arrancó el tapón de la pequeña botella, Hermione la cogió y vertió tres gotas de la poción en la herida que sangraba. Un humo verdoso se elevó hacia arriba y cuando se aclaró, Harry vio que la sangre había dejado de manar. Ahora la herida parecía que tuviera varios días; una piel nueva se estiraba sobre lo que un momento antes había estado en carne viva.—Guau —dijo Harry.—Es todo lo que me siento segura de hacer —dijo Hermione temblorosa—. Hay hechizos que lo curarían completamente, pero no me [...]



CAPITULO 15

2008-02-08T11:26:11.460-02:00

Capítulo 15La venganza del GoblinTemprano, a la mañana siguiente, antes de que los otros dos se despertaran, Harry dejó la tienda para buscar en el bosque que les rodeaba el árbol más viejo, nudoso y resistente que pudiera encontrar. Allí, a su sombra, enterró el ojo de Ojo-Loco Moody y marcó el lugar tallando con la varita una pequeña cruz sobre la corteza. No era mucho, pero Harry pensaba que Ojo-Loco lo habría preferido a estar incrustado en la puerta de Dolores Umbridge. Luego regresó a la tienda a esperar a que despertaran los demás, para discutir que harían a continuación.Harry y Hermione pensaban que era mejor no quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, y Ron estuvo de acuerdo, con la única condición de que su próximo movimiento les llevara cerca de un sándwich de bacon. Así que Hermione quitó los encantamientos que había colocado alrededor del claro, mientras Harry y Ron borraban todas las marcas y señales sobre la tierra que pudieran revelar que habían acampado allí. Luego se Desaparecieron hacia las afueras de una pequeña ciudad comercial.Después de armar la tienda al resguardo de un pequeño grupo de árboles, y rodearla nuevamente con encantamientos protectores, Harry se aventuró a salir, debajo de la capa de invisibilidad, a buscar sustento. Pero no salió según lo planeado. Apenas había entrado en la ciudad cuando un frío antinatural, una niebla descendente, y un súbito oscurecer del cielo hizo que se quedara congelado en el lugar donde estaba parado.-¡Podías haber hecho un brillante Patronus! –protestó Ron, cuando Harry regresó a la tienda con las manos vacías, sin aliento y articulando únicamente la palabra Dementores.-No pude… hacerlo. –jadeó, apretando sobre la punzada que tenía sobre un costado-. No… aparecía.Las expresiones de consternación y desilusión hicieron que Harry se sintiera avergonzado, ver salir a lo lejos a los dementores volando entre la niebla y notar que el frío paralizador estrangulaba sus pulmones, que un grito lejano le llenaba los oídos, y que no iba a ser capaz de protegerse a sí mismo, había sido una experiencia angustiosa.Harry había necesitado toda su fuerza de voluntad para apartarse del lugar en el que estaba y correr, dejando que los ciegos dementores se deslizaran entre los muggles, que podían no ser capaces de verlos, pero que seguramente sentían la desesperanza que estos vertían dondequiera que fueran.-Así que seguimos sin tener comida.-Cállate, Ron. –dijo Hermione bruscamente-. Harry, ¿Qué ocurrió? ¿Por qué piensas que no pudiste hacer el Patronus? ¡Ayer lo hiciste perfectamente!-No lo sé.Se hundió en uno de los viejos sillones de Perkins, sintiéndose más humillado a cada momento que pasaba. Temía que algo estuviera mal dentro de él. Ayer parecía muy lejano: hoy podría haber tenido trece años otra vez, y volver a ser el único que se desmayó en el expreso de Hogwarts.Ron pateó una de las patas del sillón.-¿Qué? –le gruño a Hermione. –¡Me muero de hambre! ¡Lo único que he comido desde que casi me desangro hasta la muerte han sido un par de hongos!-Entonces ve y ábrete camino luchando a través de los dementores. –dijo Harry, enardecido.-Lo haría, pero mi brazo está en cabestrillo, ¡por si no te habías dado cuenta!-Eso te es muy conveniente.-Y que se supone que significa…-¡Por supuesto! –gritó Hermione, golpeándose la frente con la mano sobresaltándolos a ambos, provocando que se quedaran en silencio-. Harry, dame el relicario.-Vamos -dijo impacientemente, chasqueando los dedos ante él por su falta de reacción-. ¡El Horcrux, Harry, todavía lo llevas puesto!Ella extendió las manos, y Harry s[...]



CAPITULO 16

2008-02-08T11:23:36.732-02:00

Capítulo 16EL VALLE DE GODRICCuando Harry se despertó al día siguiente transcurrieron algunos segundos antes de que recordara lo que había pasado. Luego esperó, infantilmente, que todo hubiera sido un sueño, que Ron aún estuviera ahí y nunca se hubiera ido. Pero al girar la cabeza sobre la almohada pudo ver la cama de Ron vacía. Apartó los ojos sin expresión alguna. Harry bajó de un salto de su propia cama, manteniendo la vista apartada de la de Ron. Hermione, que ya estaba ocupada en la cocina, no le dio los buenos días, sino que desvió la mirada cuando él entró.Se ha ido, se dijo Harry a sí mismo. Se ha ido. Se tuvo que repetir lo mismo mientras se bañaba y se vestía, como si repitiéndolo pudiera insensibilizarse de la conmoción. Se ha ido y no va a regresar. Y era la pura verdad, Harry lo sabía, porque los encantamientos protectores harían imposible que Ron, una vez dejaran este sitio, los encontrara otra vez.Él y Hermione tomaron el desayuno en silencio. Los ojos de Hermione estaban rojos e hinchados; parecía que no hubiera dormido nada. Empacaron sus cosas, Hermione haciéndolo demasiado despacio. Harry sabía por qué quería alargar su estancia en la ladera del río; varias veces la vio con mirada vigilante, y estaba seguro de que se engañaba a sí misma pensando que había escuchado pasos a través de la pesada lluvia, pero ninguna figura pelirroja apareció entre los árboles. Cada vez que Harry hacía la imitaba, y miraba alrededor (no podía evitar tener un poco de esperanza, el también), no veía nada más que el bosque barrido por la lluvia, y una pequeña porción de furia explotaba dentro de él. Podía escuchar a Ron diciendo, “¡Pensábamos que sabías lo que hacías!” y terminó de empacar con un fuerte nudo en la boca del estómago.A su lado, el lodoso río estaba creciendo rápidamente y pronto se desbordaría sobre su margen. Se habían retrasado una hora larga sobre el momento en que hubieran levantado el campamento en condiciones normales. Al final, después de rehacer tres veces completas el equipaje en el bolso bordado, Hermione parecía incapaz de encontrar más razones para retrasarse: ella y Harry se cogieron de la mano y se Desaparecieron, reapareciendo sobre una ventosa ladera cubierta de brezos.En el instante que llegaron, Hermione soltó la mano de Harry y se alejó de él, sentándose finalmente sobre una gran roca, su cara sobre las rodillas, sacudiéndose con lo que él sabía eran sollozos. La observó, sabiendo que debería ir a consolarla, pero algo lo mantenía atado a donde estaba. Sentía su interior frío y encogido: nuevamente vio la expresión desdeñosa en la cara de Ron. Harry echó a andar a grandes zancadas a través de los brezos, caminando en un gran círculo con centro en la desconsolada Hermione, conjurando los hechizos que solía hacer ella para garantizar su seguridad.No hablaron de Ron en el transcurso de los siguientes días. Harry había decidido no volver a mencionar su nombre, y Hermione parecía saber que sería inútil forzar el tema, aunque a veces, por las noches, cuando ella pensaba que estaba dormido, podía escucharla llorar. Mientras tanto, Harry había comenzado a sacar el Mapa del Merodeador y a examinarlo a la luz de su varita. Estaba esperando el momento en el que el punto etiquetado con el nombre de Ron pudiera aparecer en los corredores de Hogwarts, probando que había regresado a la comodidad del castillo, protegido por su estatus de sangre pura. Sin embargo, Ron no apareció en el mapa, y con el tiempo, Harry se encontró sacándolo solamente para observar el nombre de Ginny en el dormitorio de las niñas, deseando[...]



CAPITULO 17

2008-02-08T11:21:36.494-02:00

Capítulo 17El SECRETO de BATIDLA-Harry, Alto- ¿Qué pasa?Acababan de alcanzar la tumba del desconocido Abbott.-Hay alguien allí. Alguien vigilándonos, puedo sentirlo. Allí junto a los arbustos.Se quedaron totalmente inmóviles, aferrados el uno al otro, mirando fijamente al negro y denso límite del cementerio. Harry no podía ver nada.- ¿Estás segura?-He visto algo moverse, podría jurar que lo he visto...Se separó de él para tener libre el brazo de la varita.-Parecemos muggles - señaló Harry.-¡Muggles que han estado poniendo flores en la tumba de tus padres! ¡Harry, estoy segura de que hay alguien por allí!Harry pensó que según Historia de la Magia, el cementerio se suponía que estaba embrujado: ¿Y si...? Pero entonces oyó un susurro y vio un poco de nieve arremolinarse en el arbusto que Hermione había estado señalando. Los fantasmas no podían mover la nieve.-Es un gato -dijo Harry, al cabo de un segundo o dos, -o un pájaro. Si fuese un Mortifago ya estaríamos muertos a estas alturas. Pero salgamos de aquí, y podremos volver a ponernos la Capa.Miraron hacia atrás varias veces mientras se abrían paso fuera del cementerio. Harry, que no se sentía tan tranquilo como había fingido al reconfortar a Hermione, se sintió aliviado al alcanzar la verja y el resbaladizo pavimento. Se pusieron la Capa de Invisivilidad por encima. El bar estaba más lleno que antes. Dentro, muchas voces cantaban ahora el villancico que habían oído mientras se acercaban a la iglesia. Por un momento Harry consideró sugerir que se refugiaran dentro, pero antes de que pudiera decir nada, Hermione murmuró:-Vamos por aquí -y tiró de él hacia abajo por la oscura calle que conducía fuera del pueblo, en dirección opuesta a la que habían cogido para entrar. Harry podía divisar el punto donde las casas de campo finalizaban y la senda se convertía en campo llano otra vez. Caminaban tan rápidamente como se atrevían, pasando más ventanas que centelleaban con luces multicolores, viendo los oscuros contornos de árboles de Navidad a través de las cortinas.- ¿Cómo vamos a encontrar la casa de Bathilda? -preguntó Hermione, que temblaba un poco y seguía mirando sobre su hombro-. ¿Harry? ¿Qué piensas? ¿Harry?Le tiró del brazo, pero Harry no prestaba atención. Miraba hacia la oscura masa que se erguía al final de esa fila de casas. Al momento siguiente aceleró, llevando a rastras a Hermione con él. Ella resbaló un poco en el hielo.-Harry-Mira… Mira eso, Hermione-¡No veo… oh!Podía verla. El hechizo Fidelius debía haber muerto con James y Lily. El seto había crecido salvaje en los dieciséis años que habían pasado desde que Hagrid había tomado a Harry de entre los escombros que yacían dispersos entre la hierba, tan alta que le llegaba a la cintura. La mayor parte de la casa de campo estaba todavía en pie, estaba enteramente cubierta de oscura hiedra y de nieve, pero el lado derecho del piso superior había sido volado. Allí, estaba seguro, era donde la maldición había impactado. Él y Hermione se detuvieron ante la verja, contemplado la ruina de lo que una vez había sido una casa de campo como las otras que la flanqueaban.-Me pregunto por qué nadie la ha recontruyó - murmuró Hermione.-Tal vez no se pueda reconstruir -contestó Harry-. Tal vez sea como las lesiones de Magia Oscura y no se pueda reparar el daño.Metió una mano bajo la capa y asió la nevada y muy oxidada verja, sin querer abrirla, solo deseando simplemente ser parte de la casa.- No iras a entrar ¡Parece peligroso, podría... oh, Harry, mira!Tocar la verja pareció activarlo. Un letrero había surg[...]



CAPITULO 18

2008-02-08T11:19:28.859-02:00

Capítulo 18VIDA Y MENTIRAS DE ALBUS DUMBLEMOREEl sol se elevaba. La pura y descolorida inmensidad del cielo se extendía en lo alto, indiferente a él y su sufrimiento.Harry se sentó en la entrada de la tienda y respiró hondo para despejarse. Simplemente el estar vivo contemplando la salida del sol sobre la brillante ladera nevada debería haber sido el mayor tesoro sobre la tierra, pero él no podía apreciarlo. Sus sentidos se habían entumecido por la calamidad de haber perdido su varita. Observó el valle cubierto de nieve, las lejanas campanas de la iglesia repicaban a través del brillante silencio.Sin darse cuenta, se estaba clavando los dedos sobre los brazos como si intentara resistirse al dolor físico. Había derramado su propia sangre más veces de las que podía contar, había perdido todos los huesos del brazo derecho una vez, este viaje ya le había dejado cicatrices en el pecho y el antebrazo para unirse a las de la mano y la frente, pero nunca, hasta este momento, se había sentido tan fatalmente débil, vulnerable y desnudo, como si la mayor parte de su poder mágico le hubiese sido arrancado. Sabía exactamente lo que Hermione le diría si expresaba algo de esto: la varita mágica es sólo tan buena como lo es el mago. Pero estaba equivocada, su caso era diferente. Ella no había sentido a la varita girar como la aguja de una brújula y disparar las llamas doradas sobre el enemigo. Había perdido la protección de los corazones gemelos y solo ahora que había desaparecido comprendía lo que había estado contando con ello.Sacó los pedazos de la varita rota del bolsillo y, sin mirarlos, los metió en la bolsa de Hagrid que llevaba alrededor del cuello. La bolsa estaba ya demasiado llena de objetos rotos e inútiles como para meter más. La mano de Harry acarició la vieja Snitch a través de la piel de topo y por un momento tuvo que luchar contra la tentación de arrancársela y tirarla. Impenetrable, inservible, inútil, como todo lo demás que Dumblemore había dejado atrás.Y la furia hacia Dumblemore estalló ahora en él como lava, quemando en su interior, borrando cualquier otro sentimiento. Aparte de la pura desesperación con que se había aferrado a la creencia de que en el Valle de Godric encontrarían respuestas, se habían autoconvencido de que se suponía que volverían, que todo esto era parte de algún camino secreto diseñado para ellos por Dumblemore; pero no había ningún mapa, ningún plan. Dumblemore los había dejado para que caminaran a tientas en la oscuridad, luchando contra desconocidos e inimaginables terrores, solos y sin ayuda. Nada tenía explicación, nada era entregado libremente, no tenían la espada, y ahora, Harry no tenía varita. Y había dejado caer la fotografía del ladrón y esto seguramente facilitaría que Voldemort averiguara quién era...Voldemort tendría toda la información ahora....-¿Harry?Hermione parecía temer que pudiera maldecirla con su propia varita mágica. Con la cara bañada en lágrimas, se agachó a su lado, con dos tazas de té en sus temblorosas manos y algo voluminoso bajo el brazo.-Gracias - dijo él, cogiendo una de las tazas.-¿Te importa si te hablo?-No –dijo, porque no quería herir sus sentimientos.-Harry, querías saber quién era el hombre de la fotografía. Bueno... tengo el libro.Tímidamente lo puso sobre su regazo, una copia inmaculada de Vida y Mentiras de Albus Domblemore.-¿Dónde... cómo...?-Estaba en la sala de estar de Bathilda, allí tirado...Esta nota sobresalía dentro de él.Hermione leyó las pocas líneas de escritura puntiaguda, verde-ácido en voz alt[...]



CAPITULO 19

2008-02-08T11:17:08.202-02:00

Capítulo 19LA CIERVA PLATEADAEstaba nevando para cuando Hermione se hizo cargo de la vigilancia a medianoche. Los sueños de Harry habían sido confusos y perturbadores. Nagini entraba y salía de ellos, primero a través de un anillo gigante agrietado, después a través de una corona de Navidad de rosas. Despertó repetidamente, en pleno ataque de pánico, convencido de que alguien le había llamado en la distancia, imaginando que el viento que azotaba la tienda eran ruido de pasos y voces.Finalmente se levantó en la oscuridad y se unió a Hermione, que estaba acurrucada en la entrada de la tienda leyendo Historia de la Magia a la luz de su varita. La nieve estaba cayendo copiosamente, y ella agradeció con alivio su sugerencia de recoger temprano por la mañana y ponerse en movimiento.-Iremos a algún sitio más protegido -estuvo de acuerdo, estremeciéndose mientras se ponía un jersey sobre su pijama-. Sigo pensando que puede que haya oído a gente moverse fuera. Incluso creí ver a alguien una o dos veces.Harry se detuvo en el acto de ponerse un suéter y miró al silencioso e inmóvil Chivatoscopio sobre la mesa.-Estoy segura de que lo imaginé -dijo Hermione, que parecía nerviosa-. La nieve en la oscuridad, juega malas pasadas a los ojos... Pero quizás deberíamos Desaparecer bajo la Capa de Invisibilidad, solo por si acaso.Media hora después, con la tienda recogida, Harry llevando el Horrocrux, y Hermione aferrando su bolso de cuentas, se Desaparecieron. La usual estrechez los engulló. Los pies de Harry estaban parcialmente hundidos en el suelo nevado, y momentos después golpeó con fuerza en lo que le pareció tierra congelada cubierta de hojas.-¿Dónde estamos? -preguntó, escudriñando alrededor hacia una nueva masa de árboles mientras Hermione abría su bolso de cuentas y empezaba a sacar los palos de la tienda.-El Bosque de Dean -dijo-. Acampé aquí una vez con mamá y papá.Había nieve posada en los árboles de alrededor y hacía un frío amargo, pero al menos estaban protegidos del viento. Pasaron la mayor parte del día dentro de la tienda, acurrucados en busca de calor alrededor de las útiles llamas de un brillante azul que Hermione era tan hábil en producir, y que podían ser recogidas y llevadas por ahí en una jarra. Harry se sentía como si se estuviera recuperando de una breve pero grave enfermedad, una impresión reforzada por la solicitud con la que Hermione le trataba. Esa tarde nuevos copos de nieve cayeron sobre ellos, haciendo que incluso su claro protegido se cubriera de una nueva capa de nieve en polvo.Después de dos noches de poco sueño, los sentidos de Harry parecían más alerta de lo normal. Su escapada del Valle de Godric había sido por tan poco que Voldemort parecía de algún modo más cercano que antes, más amenazador. Cuando la oscuridad cayó otra vez Harry rehusó el ofrecimiento de Hermione de quedarse vigilando y le dijo que se fuera a la cama.Harry llevó un viejo cojín a la entrada de la tienda y se sentó, llevaba puestos todos los jerseys que poseía e incluso así todavía temblaba. La oscuridad se acentuó con el paso de las horas hasta que resultó virtualmente impenetrable. Estaba a punto se sacar el Mapa del Merodeador, para observar el punto de Ginny un rato, cuando recordó que estaban en medio de las vacaciones de navidad y que ella debía estar de vuelta en la Madriguera.Cada diminuto movimiento parecía magnificado por la inmensidad del bosque. Harry sabía que debía de haber criaturas vivas, pero deseaba que todas permanecieran inmóviles y en silencio para pode[...]



CAPITULO 20

2008-02-08T11:15:31.602-02:00

Capítulo 20Xenophilius LovegoodHarry no había esperado que la cólera de Hermione se apaciguase durante la noche, por lo que no le sorprendió que a la mañana siguiente se comunicase principalmente con miradas desagradables y silencios mordaces. Ron respondió manteniendo un comportamiento sombrío poco natural en su presencia, como un signo externo de continuo arrepentimiento. De hecho, cuando los tres estaban juntos, Harry se sentía como el único no afligido en un funeral al que habían acudido pocas personas. Sin embargo, durante los pocos momentos que Ron pasaba a solas con Harry (recogiendo agua y buscando champiñones en la maleza), Ron se volvía descaradamente alegre.—Alguien nos ayudó —decía todo el rato—. Alguien envió a esa cierva. Alguien está de nuestro lado. ¡Un Horrocrux menos, tío!Alentados por la destrucción del guardapelo, se pusieron a debatir sobre las posibles localizaciones de los otros Horrocruxes, y aunque habían discutido el asunto antes con tanta frecuencia, Harry se sentía optimista, seguro de que más descubrimientos importantes seguirían al primero. El enfado de Hermione no podía estropear su humor optimista: el repentino aumento de su suerte, la aparición de la misteriosa cierva, la recuperación de la espada de Gryffindor, y por encima de todo, la vuelta de Ron, hacía a Harry tan feliz que era bastante difícil mantener una expresión seria.Al final de la tarde, él y Ron escaparon de nuevo de la presencia ceñuda de Hermione, y con el pretexto de registrar los setos vacíos en busca de zarzamoras inexistentes, retomaron el intercambio de noticias. Harry finalmente había conseguido contarle a Ron la historia completa de los distintos sucesos que habían vivido él y Hermione, hasta todo lo sucedido en el Valle de Godric. Ron ahora estaba informando a Harry de todo lo que había descubierto sobre el amplio mundo mágico durante esas semanas que había estado fuera.—… y cómo descubristeis lo del Tabú? —le preguntó a Harry después de explicar los muchos intentos desesperados que hacían los hijos de muggles para evitar al Ministerio.—¿El qué?—¡Tú y Hermione habéis parado de decir el nombre de Quien-tú-sabes!—Oh, sí. Bueno, es simplemente un mal hábito en el que hemos caído —dijo Harry—. Pero no tengo problema en llamarle V…—¡NO! —bramó Ron, causando que Harry saltase al seto y que Hermione (con la nariz enterrada en un libro en la entrada de la tienda) los mirase con el ceño fruncido—. Perdón —dijo Ron, tirando de Harry para sacarlo de las zarzas—, pero el nombre ha sido maldecido, Harry, ¡así es cómo rastrean a la gente! Usar su nombre rompe encantamientos protectores, causa algún tipo de perturbación mágica… ¡así es como nos encontraron en Tottenham Court Road!—¿Porque usamos su nombre?—¡Exacto! Hay que reconocerles el mérito, tiene sentido. Era sólo la gente que se tomaba en serio lo de hacerle frente, como Dumbledore, la que se atrevía a usarlo. Ahora que le han puesto un Tabú, cualquiera que lo diga puede ser rastreado… ¡una manera rápida y fácil de encontrar a miembros de la Orden! Casi pillaron a Kingsley…—¿En serio?—Sí, un grupo de mortífagos lo acorralaron, según dijo Bill, pero consiguió escapar. Huyó, justo como nosotros. —Ron se rascó pensativamente la barbilla con la punta de su varita—. ¿No crees que pudo ser Kingsley el que nos mandó esa cierva?—Su patronus es un lince, lo vimos en la boda, ¿recuerdas?—Oh, sí…Se fueron alejando por los setos, lejos d[...]



CAPITULO 21

2008-02-08T11:14:15.370-02:00

Capítulo 21El Cuento de los Tres hermanosHarry se volvió para mirar a Ron y a Hermione. Ninguno de ellos parecía haber entendido tampoco lo que había dicho Xenophilius-¿Las Reliquias de la Muerte?-Eso es -dijo Xenophilius-. ¿No habéis oido hablar de ellas? No me sorprende. Muy, muy pocos magos creen en ellas. Como esos jóvenes cabezaduras en la boda de su hermano -se inclinó hacia Ron- !me atacaron por ostentar el símbolo del bien conocido Mago Oscuro! Que ignorancia. Al menos no hay nada Oscuro en las Reliquias, no en esencia. Uno simplemente utiliza el símbolo para mostrarse a sí mismo ante los otros creyentes, con la esperanza de que puedan ayudarle en la Búsqueda.Dejó caer varios terrones de azúcar en la infusión gurdirraíz y bebió un poco.-Lo siento. –dijo Harry-. De verdad, todavía no lo entiendo.Por ser educado, también tomó un sorbo de su taza, y casi se ahoga: la cosa estaba bastante asquerosa, como si alguien hubiera licuado Grageas de Sabores de sabor a moco.-Bueno, verás los creyentes buscan Las Reliquias de la Muerte –dijo Xenophilius lamiéndose los labios con evidente aprecio a la infusión de Gurdyroot.-¿Pero que són Las Reliquias de la Muerte? –preguntó Hermione.Xenophilius dejó a un lado la vacía taza de té.-¿Doy por supuesto que todos ustedes están familiarizados con "El Cuento de los Tres Hermanos"?Harry dijo. "No", pero Ron y Hermione dijeron "Sí". Xenophilius asintió con seriedad.-Bueno, Bueno. Sr. Potter, todo esto empieza con "El Cuento de los Tres Hermanos"… Tengo una copia en alguna parte…Miró vagamente por la habitación, hacia los montones de pergaminos y libros, pero Hermione dijo,-Yo tengo una copia, Señor Lovegood, la tengo aquí mismo.Y sacó Los Cuentos de Beedle el Bardo del pequeño bolso de cuentas.-¿El original? –preguntó Xenophilius con agudeza, y cuando ella asintió, dijo-. En fin, ¿por qué no lo lee en voz alta? Es la mejor forma de asegurar que todos lo entendemos.-Eh... de acuerdo -dijo nerviosamente Hermione. Abrió el libro, y Harry vió que el símbolo que estaban investigando encabezaba la página, mientras ella se aclaraba la garganta y empezaba a leer.-Había una vez tres hermanos que viajaban al atardecer por un camino solitario y sinuoso.-A medianoche, mamá siempre nos lo contaba así -dijo Ron, que había extendido los brazos detrás de la cabeza para escuchar.Hermione le lanzó una mirada de enfado.-¡Lo siento, creo que es más espeluznante si es medianoche! –dijo Ron.-Sí, porque necesitamos realmente un poco más de terror en nuestras vidas -dijo Harry antes de poder contenerse.Xenophilius no parecía prestar mucha atención, sino que miraba fijamente el cielo a través de la ventana.-Continúa, Hermione.-Con el tiempo, los hermanos alcanzaron un río demasiado profundo para vadearlo y demasiado peligroso para cruzarlo a nado. Sin embargo, estos hermanos habían aprendido las artes mágicas, y con el sencillo ondear de sus varitas hicieron aparecer un puente sobre el agua traicionera. Iban ya por la mitad del puente cuando encontraron el paso bloqueado por una figura encapuchada. Y la Muerte les habló...-Perdón -interrumpió Harry-, pero ¿La Muerte les habló?-¡Es un cuento de hadas Harry!-De acuerdo, lo siento, sigue.-Y la muerte les habló. Estaba enojada por que le hubieran sido escatimadas tres nuevas víctimas, ya que los viajeros normalmente se ahogaban en el río. Pero La Muerte era astuta. Fingió felicitar a los tres hermanos por su magia, y dijo que cada uno de el[...]



CAPITULO 22

2008-02-08T11:05:33.552-02:00

Capítulo 22Las Reliquias de la MuerteHarry cayó, jadeando, sobre la hierba y se levantó al instante. Parecían haber aterrizado en la esquina de un campo al atardecer. Hermione ya estaba corriendo en círculos alrededor de ellos, ondeando su varita.-Protego Totalum… Salvio Hexia…-¡Ese viejo bastardo traidor! -jadeó Ron, saliendo de debajo de la Capa de Invisibilidad y tirándosela a Harry-. Hermione eres genial, absolutamente genial; ¡no puedo creer que nos sacaras de esa!-Cave inimicun… Te dije que no era un cuerno de Humpern, ¿verdad?, ¡Ahora su casa ha volado en pedazos!-Se lo merecía -dijo Ron, examinando sus vaqueros rotos y los cortes de su pierna-. ¿Qué crees que le harán?-¡Oh, espero que no lo maten! -gimió Hermione- ¡Por eso quise que los mortífagos echaran un vistazo a Harry antes de largarnos, para que supieran que Xenophilius no estaba mintiendo!-¿Y por qué me escondiste a mí?- Preguntó Ron.-¡Se supone que estás en cama con Spattergroit, Ron! ¡Han secuestrado a Luna porque su padre apoyaba a Harry! ¿Qué le ocurriría a tu familia si supieran que estás con él? -¿Pero entonces qué pasa con tus padres?-Ellos están en Australia -dijo Hermione-. Deberían estar bien, no saben nada.-Eres genial -repitió Ron impresionado.-Sí, lo eres -agregó Harry fervientemente-.No se que habríamos hecho sin ti.Ella sonrió, pero de inmediato se tornó solemne.-¿Y qué hay de Luna?-Si decían la verdad y aún está viva...-comenzó Ron.-¡No digas eso, no lo digas!, -chilló Hermione-. ¡Tiene que estar viva, tiene que estarlo!-Entonces estará en Azkaban, me imagino. -dijo Ron-. Ahora, que sobreviva a ese lugar… muchos no lo consiguen…-Ella si -dijo Harry. No podía soportar pensar en la alternativa-. Es dura, Luna es mucho más dura de lo que os imagináis. Probablemente les esté enseñando a los presos todo sobre los Wrackspurts y Nargles.-Espero que tengas razón -dijo Hermione. Se puso una mano sobre los ojos- Me sentiría tan mal por Xenophilius si...-...si no hubiera intentado vendernos a los mortífagos, si. -dijo Ron.Levantarón la tienda y se metieron en ella, mientras Ron les hacía algo de té. Tras su milagrosa escapada, el frío, húmedo, y viejo lugar parecía un hogar: seguro, familiar y amistoso.-Oh, ¿por qué fuimos allí,? -gimió Hermione despues de unos minutos de silencio-. Tenías razón Harry, fue como lo del Valle de Godrick otra vez, ¡una absoluta pérdida de tiempo! Las Reliquias de la Muerte… menuda tontería… aunque de hecho -Un pensamiento súbito pareció haberla golpeado-, podría habérselo inventado todo, ¿verdad? Probablemente no creía en las Reliquias de la Muerte en absoluto, ¡solo quería que siguiéramos hablando hasta que llegaran los mortífagos!-No lo creo -dijo Ron-. Es endemoniadamente más difícil de lo que crees inventar cosas cuando estás bajo presión. Me di cuenta de eso cuando los Merodeadores me cogieron. Fue mucho más fácil fingir ser Stan, porque le conocía un poco, que inventar a una persona completamente nueva. El viejo Lovegood estaba bajo toneladas de presión, intentando asegurarse de que nos quedábamos. Creo que nos dijo la verdad, o lo que él cree que es la verdad, para que siguiéramos hablando.-Bueno, supongo que no importa -suspiró Hermione-. Aunque estuviera siendo honesto, no había escuchado semejante cantidad de tonterías en toda mi vida.-Espera, espera -agregó Ron- Se supone que la Cámara de los Secretos era un mito, ¿no?-Pero la Reliqu[...]



CAPITULO 23

2008-02-08T11:01:49.343-02:00

CAPÍTULO 23La Mansión MalfoyHarry miró alrededor hacia los otros dos, ahora meros contornos en la oscuridad. Vio a Hermione apuntar su varita, no hacia el exterior, sino hacia su cara. Hubo un estallido, una ráfaga de luz blanca, y Harry se retorció en agonía, incapaz de ver. Podía sentir que su cara se hinchaba con rapidez bajo sus manos, mientras pesados sonidos de pasos lo rodeaban.-Levántate, alimaña.Manos desconocidas levantaron a Harry con brusquedad del suelo. Antes de poderlos detener, alguien hurgó en sus bolsillos y sacó la varita de endrino. Harry se apretó la cara, que le dolía terriblemente. Parecía irreconocible bajo sus dedos, tirante, hinchada e inflamada, como si hubiera sufrido una violenta reacción alérgica. Sus ojos se habían reducido a ranuras por las que apenas podía ver; sus gafas se cayeron cuando lo sacaron atado de la tienda: todo lo que podía apreciar eran las borrosas formas de cuatro o cinco personas arrastrando también a Ron y Hermione fuera, que forcejeaban.-¡Apartaros… de… ella! –gritó Ron. Hubo el inconfundible sonido de puños golpeando carne: Ron gruñó de dolor y Hermione gritó:-¡No! ¡Dejadlo en paz, dejadlo en paz!-A tu novio le van a hacer cosas peores que estas si está en mi lista. –dijo la voz horriblemente familiar y rasposa-. Una chica deliciosa… qué bocado… me encanta la suavidad de su piel…El estómago de Harry se revolvió. Supo quién era, Fenrir Greyback, el hombre lobo al que se le permitía llevar ropas de mortífago a cambio de contratar su salvajismo.-¡Registrad la tienda! –dijo otra voz.Harry fue arrojado de cabeza al suelo. Un golpe sordo le contó que habían tirado a Ron a su lado. Pudieron oír pasos y estrépito; estaban tirando sillas dentro de la tienda mientras buscaban.-Ahora, veamos a quiénes tenemos –dijo la voz de Greyback con deleite por encima de sus cabezas, y a Harry lo giraron hasta quedar boca arriba. El rayo de luz de una varita cayó en su cara y Greyback se rió.-Necesitaré cerveza de mantequilla para lavar a este. ¿Qué te ha pasado, feo?Harry no contestó de inmediato.-He dicho –repitió Greyback, y Harry recibió un golpe en el diafragma que lo hizo doblarse de dolor-. ¿Qué te pasó?-Picado –farfulló Harry-. Me picaron.-Sí, lo parece –dijo una segunda voz.-¿Cómo te llamas? –gruño Greyback.-Dudley –dijo Harry.-¿Y tu nombre?-Yo… Vernon. Vernon Dudley-Comprueba la lista, Scabior –dijo Greyback, y Harry lo oyó moverse lateralmente para bajar la vista hacia Ron-. ¿Y qué hay de ti, pelirrojo?-Stan Shunpike –dijo Ron.-¡Y un cuerno! –dijo el hombre llamado Scabior-. Conocemos a Stan Shunpike, ha hecho algunas cosas para nosotros.Hubo otro golpe sordo.-Soy Barny –dijo Ron, y Harry pudo notar que su voz estaba llena de sangre-. Barny Weasley-¿Un Weasley? –dijo Greyback con voz rasposa-. Así que estás emparentado con esos traidores de sangre incluso si no eres un sangre sucia. Y finalmente, tu pequeña y guapa amiga… -el deleite de su voz le puso la carne de gallina a Harry.-Calma, Greyback –dijo Scabior por encima de las mofas de los otros.-Oh, todavía no la voy a morder. Veremos si es un poco más rápida que Barny en recordar su nombre. ¿Quién eres, niña?-Penelope Clearwater –dijo Hermione. Sonaba aterrorizada, pero convincente.-¿Cuál es tu estatus de sangre?-De sangre mezclada –dijo Hermione.-Bastante fácil de comprobar –dijo Scabior-. Pero todos estos parecen t[...]



CAPITULO 24

2008-02-08T11:00:44.264-02:00

Capitulo 24El Fabricante de varitasFue como hundirse en una vieja pesadilla; por un instante Harry estuvo otra vez arrodillado junto al cuerpo de Dumbledore al pie de la torre más alta de Hogwarts, pero en realidad estaba mirando a un pequeño cuerpo acurrucado sobre la hierba, perforado por el cuchillo plateado de Bellatrix. La voz de Harry todavía estaba diciendo, -Dobby... Dobby...- a pesar que sabía que el elfo se había ido a donde ya no podía llamarle de regreso.Después de un minuto o algo así se dio cuenta de que, después de todo, habían llegado al lugar correcto, allí estaban Bill y Fleur, Dean y Luna, reuniéndose alrededor de él mientras se arrodillaban sobre el elfo.-Hermione, -dijo de pronto-. ¿Dónde está?-Ron la ha llevado adentro, -dijo Hill-. Se pondrá bien.Harry bajó la mirada hacia Dobby. Extendió una mano y tiró de la afilada hoja arrancándola del cuerpo del elfo, luego tomó su propia chaqueta y cubrió a Dobby con ella como si fuera una manta.El mar se precipitaba sobre las rocas en algún lugar cercano; Harry lo escuchaba mientras los demás hablaban, discutiendo temas en los que él no podía interesarse, tomando decisiones. Dean llevó al herido Griphook dentro de la casa, Fleur se precipitó tras ellos. Ahora Bill estaba entendiendo realmente lo que Harry le decía. Mientras lo hacía, miraba fijamente al diminuto cuerpo, y su cicatriz punzó y ardió, y en una parte de su mente, visto como por el extremo equivocado de un largo telescopio, vio a Voldemort castigando a aquellos que habían quedado atrás en la Mansión Malfoy. Su rabia era terrible y aunque el dolor de Harry por Dobby parecía atenuarla, se convirtió en una tormenta distante que alcanzó a Harry a través del vasto y silencioso océano.-Quiero hacerlo como es debido -fueron las primeras palabras que Harry fue consciente de haber pronunciado- No con magia. ¿Teneis una pala?Y poco después se había puesto a trabajar, solo, excavando la tierra en el lugar que Bill le había mostrado al final del jardín, entre los arbustos. Cavó con cierta furia, disfrutando el trabajo manual, glorificándose en la falta de magia que había en aquello, cada gota de su sudor y cada ampolla los sentía como un regalo para el elfo que había salvado sus vidas.Su cicatriz ardía, pero era dueño del dolor, lo sentía y a la vez era ajeno a él. Había aprendido a controlarlo al fin, aprendido a cerrar su mente a Voldemort, la única cosa que Dumbledore había querido que aprendiera de Snape. Tal como Voldemort no había podido poseer a Harry cuando Harry estaba consumido de dolor por Sirius, así sus pensamientos no podían penetrar la mente de Hary ahora que velaba a Dobby. La tristeza, al parecer, expulsaba a Voldemort... aunque Dumbledore hubiera dicho que era el amor.Harry cavaba, cada vez mas profundamente en la dura y fría tierra ahogando su desconsuelo en el sudor, negando el dolor de su cicatriz. En la oscuridad, con nada más que el sonido de su propia respiración y el agitado mar por compañía, las cosas que habían pasado en la casa de los Malfoy volvían a él, las cosas que había escuchado volvían a él, y la comprensión floreció en la oscuridad...El constante ritmo de sus brazos batía al ritmo de sus pensamientos. Relíquias..Horrocruxes…Relíquias…Horrocruxes… pero ya no ardía con ese extraño y obsesivo anhelo. La pérdida y el miedo lo habían extinguido. Se sentía como si le hubieran[...]



CAPITULO 25

2008-02-08T10:59:41.601-02:00

Capítulo 25La Cabaña ProtectoraLa casa de campo de Bill y Fleur se asentaba sola en una roca dando al mar, sus paredes incrustadas con conchas y cal. Era un solitario y hermoso lugar. En cualquier sitio al que Harry fuera dentro de la pequeña casa o de su jardín, podía oír el constante ir y venir del mar, como la respiración de alguna gran critatura dormida. Pasó gran parte de los siguientes días buscando excusas para escapar de la concurrida casa, un deseo incontrolable de disfrutar la vista desde arriba de las rocas, del cielo abierto y ancho, el mar vacío, y la sensación del viento frío y salado en su rostro.La enormidad de su decisión, no competir con Voldemort por la varita todavía asustaba a Harry. No podía recordar que nunca antes hubiera escogido no actuar. Estaba lleno de dudas, dudas con las que Ron no ayudaba diciendo, dondequiera que fuesen juntos:-¿Y si Dumbledore quería que trabájaramos en el símbolo en vez de conseguir la varita? ¿Y si trabajando en lo que el símbolo significaba te revelaba la importancia de conseguir las reliquias? Harry, si esa es realmente la varita de sauco, ¿Cómo demonios se supone que debemos terminar con Tú-Sabes-Quien?Harry no tenía respuestas. Hubo momentos en los que se preguntó si habia sido una completa locura no tratar de impedir que Voldemort abriera la tumba. No podía siquiera explicar satisfactoriamente por qué había decidido no hacerlo: Cada vez que intentaba reconstruir los argumentos internos que lo habían llevado a su decisión, sonaban más débiles para él.Lo extraño es que el apoyo de Hermione lo hizo sentir tan confundido como las dudas de Ron. Ahora forzado a aceptar que la varita de sauco era real, ella sostenía que era un objeto diabólico, y que la forma en que Voldemort había tomado posesión de ella era repelente, sin ninguna consideración.-Tú nunca podrías haber hecho eso, Harry –decía ella una y otra vez. -No podrías haber roto la tumba de Dumbledore.Pero la idea del cuerpo de Dumbledore asustaba a Harry mucho menos que la posibilidad de que podría haber malinterpretado las intenciones de Dumbledore mientras estaba vivo. Sintió que todavía andaba a tientas en la oscuridad; había escogido su camino, pero seguía mirando hacia atrás, preguntándose si había leído mal los signos, si no debería haber tomado otro camino.De tiempo en tiempo, la cólera contra Dumbledore se desataba en él otra vez, poderosa como las olas que se cierran de golpe contra la roca bajo la casita de campo, cólera por que Dumbledore no le hubiera explicado todo antes de morirse.-Pero, ¿Está muerto? -dijo Ron, tres días después de que hubieran llegado a la casa de campo.Harry estaba mirando fijamente hacia fuera, sobre la pared que separaba el jardín de la casa de campo de la roca, cuando Ron y Hermione lo encontraron; lamentaba que lo hubiesen hecho, no tenía ningún deseo de participar en su discusión.-Sí, lo esta. Ron, por favor, no empieces otra vez!-Mira los hechos, Hermione -dijo Ron, hablando hacia Harry, que continuaba mirando fijamente al horizonte-. El ciervo plateado. La espada. El ojo que Harry vió en el espejo...-¡Harry admite que podría haber imaginado el ojo! ¿No, Harry?-Podría haberlo hecho -dijo Harry sin mirarla.-Pero tu no piensas que lo hayas hecho, ¿verdad? -preguntó Ron.-No, no lo creo -dijo Harry.-Ahí lo tienes -dijo Ron rápidamente, antes de que Hermione p[...]