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Lenguablog 2.0. (INS Serrallarga)



Un espacio para compartir textos



Updated: 2017-09-08T00:57:41.314+02:00

 



Con la P de Palabras

2013-12-06T22:45:59.693+01:00

He aquí los trabajos que han hecho los alumnos de 1º ESO a partir de la reflexión sobre el valor de las palabras:

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Mi primer contacto con la muerte

2011-10-15T21:37:58.331+02:00


Carpe diem, ¡Cuán conocida es esta expresión latina que equivale a “disfruta el momento”! Pero ¡qué poco conocida es su continuación memento mori, la que significa literalmente, “recuerda que morirás”!
Es algo tétrico pensar que, desde que nacemos, toda acción que emprendemos en nuestra vida, desencadenará en un destino fatal, la muerte. Pero para todos nosotros, lo mejor es obviar tal realidad y permanecer felizmente ciegos, hasta que ella se vuelva a hacer presente en nuestras vidas.
Mi primer contacto con la muerte me llegó una fría mañana de domingo invernal, cuando por teléfono, distinguí un tono nuevo en la voz de mi madre. Mi abuelo paterno había muerto a los 69 años, tras un año de lucha interna contra su maldito cáncer metastásico de origen desconocido.
Nunca antes, en mi entonces corta vida, había sentido tan de cerca el sentimiento de rabia y pérdida que sentí aquel día.
A mi pesar, me dejó aquel hombre flaco y alto que me enseñó  a dominar la bicicleta e intentó inculcarme su amor por el tango y su virtuosa mano para el bandoneón. Aún recuerdo todas las disputas que teníamos si tocaba alguna de sus herramientas en el taller, cachetadas que se quedan marcadas en el recuerdo, pero no con una connotación negativa…
¡Quién iba a imaginarse la última vez que lo vi en aquella residencia para enfermos terminales que aquel compañero asesino, después de haberlo devorado por dentro, también se había comido su mal carácter, restando solamente un tipo generoso, tierno y lleno de amor! 


Bruno Campagna



La primera vez que me subí a un avión

2011-10-15T21:54:32.080+02:00




La primera vez que me subí a un avión estaba hecho un manojo de nervios. Me resultaba impensable adentrarme en ese tubo acorazado de metal y acomodarme con total normalidad en una de sus butacas. Mi inquietud aumentaba cada vez que mis ojos identificaban una nueva parte del avión, un avión que estaría suspendido en el aire a más de 22.965 pies de altura al cabo de diez agónicos minutos. Aprecié con incredulidad las diminutas ventanillas que poblaban los laterales del inmenso fuselaje y me preguntaba si la presión del exterior sería capaz de resquebrajar esas gruesas láminas de vidrio. Mis manos empapadas de sudor frotaban constantemente el fino tejido de mi pantalón mientras mis pasos, indecisos, se aproximaban a la compuerta del aeroplano. Entre los murmullos y andares de los viajeros me adentré junto a mis padres en las entrañas de ese monstruo volador. El angosto pasillo parecía inacabable y las ruedecillas de las maletas surcaban el suelo produciendo un sonido de lo más característico. Cuando localicé mi asiento entre el gentío me dispuse a sentarme. Mi cuerpo se desvaneció sobre la butaca, acomodando mis nervios sobre el tapiz. El tiempo transcurría y mi angustia se acrecentaba de una manera vertiginosa. De repente, los motores y las turbinas empezaron a entrar en funcionamiento. El avión comenzó a moverse y las azafatas tomaron sus asientos correspondientes tras hacer unas breves indicaciones sobre cómo abrocharse los cinturones. En un acto de valentía, dirigí mi mirada hacia una de las ventanillas para presenciar las extensas pistas del aeropuerto.
 Los temblores eran constantes, terroríficos, parecía que en cualquier momento se desprendería alguna parte del avión. Al fin, esos movimientos bruscos cesaron y los viajeros, especialmente yo, se vieron sumidos en una gran tranquilidad. Mi miedo irracional hacia los aviones se esfumó, ya no me daba pavor estar enjaulado en ese trasto metálico notando alguna que otra turbulencia. Mis labios estaban secos, agrietados por el angustioso momento, así que decidí pedir a uno de los auxiliares de vuelo un vaso de agua fría. Durante el transcurso del viaje me sentí cómodo y seguro. Al cabo de tres largas y pesadas horas llegamos a nuestro destino, un lugar idílico llamado Santa Cruz de Tenerife.

Jesús Cruz



La primera vez que marqué un gol (en propia)

2011-10-15T21:52:05.422+02:00




Definitivamente, había llegado el fin de semana deseado, el correspondiente a la celebración del torneo de la categoría de iniciación de hockey patines en Blanes. Sería una jornada donde mis compañeros de equipo y yo, con mis tres añitos acabados de cumplir, jugaríamos nuestro primer partido. El certamen consistía en un triangular, de modo que participábamos tres equipos y  nos tocaba jugar dos partidos, creo que contra el Lloret y el Palafrugell.

Llegó la hora de cambiarse, y todos nos dirigimos hacia el vestuario con nuestras mamás, debido a que nos tenían que ayudar a vestirnos y principalmente a atarnos los larguísimos cordones de los patines. Mis compañeros y yo sentíamos nervios debido a que pensábamos estar a punto de hacer algo muy importante para los demás, aunque sólo se tratase de un paso básico para nosotros como jugadores de nuestro deporte.

En el instante en que estuvimos a punto, entramos en la cancha e hicimos algunos chutes para calentar. Todos nos dispusimos a comenzar y el árbitro dio la señal. Asimismo, cogí la pelota y me dirigí hacia la portería donde estaba Helena, la portera de mi equipo, y chuté. La pelota entró hasta el fondo de la red y salté de alegría. Había hecho mi primer gol y ¡creía  haberlo hecho bien! El caso es que lo había hecho en la portería equivocada por lo que el entrenador, un chaval joven que sabía jugar bien, me avisó para que fuera a hablar con él. Me explicó que estábamos jugando contra otro equipo, y que los goles no se los tenía que hacer a mi amiga, la portera, si no al portero que había al otro lado de la pista.
Dicho de otro modo, estaba jugando mi primer partido, y marqué mi primer gol en propia portería, algo que recordaré toda la vida.



Pau Ribas



Mi primera vez en un quirófano

2011-10-15T21:48:41.749+02:00



Hace ya bastante tiempo, en el año 2002, pasé uno de los momentos más difíciles de mi corta vida. Yo estaba enfermo, tenía fuertes dolores de barriga, dolor de cabeza, vómitos… En definitiva, los síntomas de un virus cualquiera. Mis padres me acompañaron al médico para que me diera un diagnóstico de mi enfermedad. Primeramente, el doctor no supo definir lo que estaba sufriendo. Yo seguía pasándolo muy mal. Finalmente, mi pediatra dijo que se podría tratar de apendicitis. Al saberlo, mi familia me acompañó al hospital, donde me quedé ingresado. Poco tiempo después, el facultativo informó que debía ser operado quirúrgicamente lo antes posible, ya que el apéndice podría perforarse.

Yo no era consciente de lo que eso significaba, así que tampoco estaba muy nervioso. Lo normal, como era un niño de siete años. Mis padres me dijeron que recordara despertar, que no pasaría nada, que todo iría bien. Las enfermeras me prepararon con una vía en el brazo. Inmediatamente me encontré dentro de un quirófano. El cirujano me dijo que enseguida me dormiría. Al instante sentí cómo la anestesia me corría por las venas. De hecho, es lo último que recuerdo antes de la operación. Unas horas después, me desperté. Estaba un poco aturdido, no sabía ni dónde me encontraba. El personal médico, al darse cuenta de que estaba consciente, me llevó a mi habitación, donde estaban mis padres. Me pasé algunos días más en el hospital. Allí empecé mi recuperación, ya que tenía una gran herida.

Cuando volví a mi casa, había perdido mucho peso. Pronto volví a encontrarme bien, ya que en aquellos días me acompañó un apetito voraz, lo cual ayudó muchísimo a mi rápida recuperación.

Aquella fue una dura experiencia y “mi primera vez” en un quirófano. De hecho, no fue la única. Hoy en día, tengo ya dos cicatrices. 

Frances Rivero



La primera vez que me puse unos patines

2011-10-15T21:46:10.322+02:00



Cada día, al salir de clase, me quedaba atónita viendo cómo las chicas grandes de mi colegio se cambiaban y se ponían esos maillots, que tanto me gustaban. Cuando veía esos magníficos patines, una voz, dentro de mi cabeza gritaba con desesperación el deseo de estos. Empezaban a girar y a saltar como ángeles. Para mí, ver aquello era uno de mis mejores placeres.
Tenía tan solo cinco añitos, cuando me puse los primeros patines. No me lo podía creer; estaba en medio de aquellas niñas, que yo veía como heroínas, poniéndome esos patines, con ruedas azules y frenos rosa, si mal no recuerdo. Temblores de nervios y felicidad corrían por todo mi cuerpo, al ver que aquel día empezaría lo que había estado esperando durante tanto tiempo: patinar.  Todo resbalaba, tenía miedo de caer, no me separaba de la barandilla, pero me sentía especial. Cuando di mis primeros pasos en aquellos diminutos patines, supe que aquello era lo mío. Empecé a patinar como si ya hubiera nacido sabiendo. Sentía el aire contra mi cara, y el pelo me volaba hacia atrás. Me sentía libre, todo giraba alrededor de mí.
Sin darme cuenta, llegué a una velocidad que no pude controlar, intenté mantenerme de pie, pero el descontrol se apoderó de mí y caí. Me asusté y, de repente, empecé a llorar. Sin más remedio tuve que levantarme y empezar de cero.
Terminó la hora y media, no me lo podía creer, tan solo habían pasado unos minutos para mí. Dicen que cuando hacemos algo que nos gusta, el tiempo siempre es poco. Aquel fue el día, el día en el que inicié una etapa de mi vida, que aún esta por finalizar. Cada vez que me pongo mis patines, ya no tan pequeños, siento esa sensación de nervios y felicidad, para empezar a entrenar y superarme día a día.

Claudia Terrades



La primera vez que cumplí un sueño

2011-10-15T21:40:20.789+02:00


Verano 2011. Por primera vez podía trabajar y ganarme un sueldo para mis caprichos. Los primeros días fueron difíciles, me encontraba allí, sola, sin amigos, ni siquiera conocidos, pero fue poner fin al mes de junio y todo cambió. Quizá trabajar en un hotel no es el sueño de ningún adolescente, pero gracias a esto yo pude cumplir el mío, conocer a Dani Martín.
Soy una enamorada de la música de El canto del loco, he ido a tantos conciertos como he podido, pero nunca antes había tenido la oportunidad de vivirlo como este año.
Todo pasó un lunes, el 8 de agosto exactamente. El día estaba yendo como siempre, hasta que pedí a Benito que me hiciera el favor de pedirle un autógrafo al cantante, ya que este venía a dormir el martes al hotel y yo tenía fiesta. Benito es una gran persona y al oír mi petición, movió tierra, mar y aire para conseguir que no solo se quedara en una firma.
Era la hora de comer cuando oí que me llamaban. No soy una persona muy abierta y si no llega a ser porque mi trabajo consistía en atender a los clientes, quizá no les hubiera hecho ni caso. Se presentaron. Eran los amigos de Dani Martín y me estaban invitando al concierto. Quizá un concierto solo significa eso, oír cantar a un grupo y aplaudir mientras estos actúan, pero para mí fue mucho más. Me sentí afortunada cuando vinieron a buscarme a casa con la furgoneta, cuando me llevaron por los camerinos con un pase VIP y me dejaron disfrutar de ese fabuloso momento, de sus maravillosas canciones, en una zona privilegiada. Pero esto no fue todo. Al finalizar la gala, nos fuimos todos juntos a tomar algo, fue allí donde acabó de demostrarme que, pese a lo poco que sabía de él, de ese conocido cantante al cual muchas chicas adoran, era una gran persona.  Para mí fue un sueño, siempre había querido conocerle, mantener una conversación con él y poder tenerle cerca, que me cantara una canción a capela y me abrazara mientras lo hacía.
Este día se cumplió lo inimaginable para mí y sí, gracias a este magnífico recuerdo puedo afirmar que los sueños se cumplen, aunque quizá tarden demasiado en hacerlo.       
  
 Vanessa Álvarez





La primera vez que fui en moto

2011-10-15T01:38:27.067+02:00

Sucedió hace un par de meses, tal vez uno y medio. Hacía dos semanas que me había sacado el carné, o tal vez más… Y encima lo había aprobado a la segunda, el examen práctico. En el primer intento, según ellos, puse dos pies en el suelo; aunque no fueron los dos, sino el mismo pie dos veces seguidas y en un margen de tiempo de medio segundo, pero es sabido que los examinadores son muy… simpáticos, en general. O eso piensas cuando te dicen que has suspendido. Qué majos.Después de ese pequeño percance y de superar el segundo intento, además tuve que esperar a que me dieran el papel conforme era apta. Y aunque tuviera eso, aún no podía conducir: necesitaba el carné provisional. Empezaba a sentirme entre impaciente y mosqueada, y por si fuera poco la esperada moto estaba ya aparcada en el garaje con el depósito lleno desde el día de mi cumpleaños, es decir, unos cuatro días antes, tal vez cinco… Ahí estaba, tentándome, retando a esos impulsos incontrolables que a veces asaltan a mi persona y hacen que haga cosas que no tendría que hacer. Pero esa vez conseguí mantener los pies en el suelo.Y al fin llegó ese día, el día del que iba a hablar, el día en que la mujer de la autoescuela (la misma que le había dicho a mi madre, para su sorpresa, que no podía llevar a nadie hasta los dieciocho, cosa que a mí no me fue precisamente útil), me entregó la cartulina con letras verdes que me daba el derecho a circular por la ciudad.La puerta del garaje se abrió, tal y como le ordené segundos antes al pulsar el botón del mando a distancia. Fuera, expectantes, estaban mi madre, mi hermano, mi hermana y mi padrastro. Subí la cuesta que había a la salida del garaje sin problemas. Mi familia me miraba fijamente, me estaban poniendo de los nervios. ¿Qué pasaba? ¡Ni que nunca hubiera conducido una moto! Sentía que me estaban subestimando, así que decidí demostrar que dominaba el tema. ¿Qué se habían creído? Le di al gas, pero lo hice con tanta decisión que no me dio tiempo ni a doblar a la derecha que mi moto y mi cuerpo ya estaban tendidos en medio del asfalto. Ese momento que tanto había ansiado se desvaneció en menos de dos minutos.Aún en el suelo, no sé por qué, pero me reí. Me reí de mí misma. De mi prepotencia. De mi orgullo. Del quejarme siempre de todo lo ajeno a mí. Del no querer escuchar, del no querer ayuda, del creer no necesitarla. Del querer aparentar saberlo todo. Y ahí quedan como testigos los rasguños que mi moto tiene en el faro desde el primer día en que vio la luz de la calle. Para que tenga que contarle a todo el mundo el por qué están allí, y cada vez recordarme a mí misma que nunca se sabe todo… y que siempre queda algo que aprender.Laura Gutiérrez[...]



Mi primera vez en lo alto de un escenario

2011-10-15T01:44:47.637+02:00


Mi primera vez en lo alto de un escenario, sola, con una caja, una guitarra, un tablado, los tacones, la flor roja y las lágrimas de los recuerdos de mi abuelo.


Recuerdo que aquel verano había sido el mejor verano que mi memoria alberga. Allí estaba con el traje de lunares de dos piezas, el corpiño blanco y la falda con volantes de color gris, blanco y negro con lunares rojos, y esa flor roja grande en lo alto del moño.
Y también me llega a la memoria la imagen de mi abuela cantando al son de las  “rocieras” (sin estar  subida en el escenario y), desde la silla.
 Y a mi abuelo emocionado con el recuerdo que ese cante le producía, sin poder evitar a su padre cantando, y a su bella madre sonreír mientras centenares de ojos observaban estupefactos a esa bailaora malagueña. Y ver allí arriba a su nieta mayor lo llenaba de gozo y admiración. Sé que en algún momento yo fui su madre y él, el niño al que se le caían las babas detrás del telón.
La fuerza, la magia y la música se volvían una y eran ellas las que hacían que yo bailara con esa energía, esas ganas, ese nervio tan seguro. Yo solo pretendía transmitir lo que sentía, pretendía enamorar con lo que a mí me enamoraba, y  demostrar, que el arte se lleva en la sangre y que, pese a ser catalana, me enloquecía esa tierra y su gente.
Empezando por los pétalos de la flor y terminando por la punta del zapato, y del zapato a la flor, éramos un solo huracán. Y esa noche, tuve la suerte de que ese viejo y gastado “tablao” me escuchara, me quisiera, y juntos nos entendiéramos.
Me detuve a pensar unos segundos en ese  instante y…me sentí bien.
Me sentí bien porque hacia algo que me entusiasmaba y representaba un sinfín de cosas. Era una fiesta, una cultura, una religión, una historia,… y un tacón sonaba detrás del otro.  Tá,  tá-tá, tát taratá tátátá. Tá .Al tiempo que Antonio  acariciaba fuerte la caja,  mis muñecas giraban mientras mis brazos subían. Y bajaban.
Y mis ojos mostraban una dulce dureza que seducía y…contagiaba.

Claudia Barrera




La primera vez que fui a un colegio privado

2011-10-15T21:38:17.521+02:00




A los cinco años de edad, me fui a vivir fuera de Europa, donde apenas conocía a nadie y esa perspectiva no me atraía en demasía. Al principio, no me gustaba nada el lugar pero al cabo de unos meses empecé a "acostumbrarme" (pero de eso no iba a hablar).
Cuando empezó el curso escolar, me inscribieron en una escuela privada, de esas en las que tienes que llevar siempre el uniforme. Todos los días de la semana tenía que llevar los mismos pantalones largos de vestir negros, con un cinturón negro MUY específico, un polo blanco, y la mochila. Solo un día a la semana tenía que llevar ropa de deporte (todo del mismo color mencionado antes). Como no conocía a nadie, estuve callado durante todo el día, y hacia el final del día escolar, vino a nuestra aula la directora, y entonces nuestra tutora nos dijo:
 -¡Párense!-y todos los de la clase se levantaron menos yo, que con efecto retardado, me levanté sin entender nada de lo que estaba pasando.
Al llegar a casa -como todo niño de mi edad- pregunté a mis padres qué significaba "párense". No tardé en descubrir que era la expresión sudamericana que se utilizaba para decir: "levántense".
 Por muchos años que pasen, no olvidaré ese error mío, y desde luego, jamás lo repetiré.

Alexander Mayer



La primera vez que me puse unos esquís

2011-10-15T21:38:06.001+02:00




Recuerdo perfectamente mi primera vez, estaba muy nerviosa y me recorría un cosquilleo por el estómago. Tenía muchísimas ganas de probarlo, ya que había escuchado mucho hablar de ello y decían que era divertido y excitante. Pero como era de esperar tenía mis dudas, no estaba segura si estaría dispuesta a probarlo en ese mismo instante.  Pero de pronto desaparecieron las dudas y me dije a mí misma, lo tienes que probar ahora. Así que lo hice…
Me puse mis botas y los esquís y me dispuse a bajar donde estaba mi monitora.
Después de permanecer una hora escuchando las instrucciones, por fin subí  a la pista azul.
Sin miedo alguno, flexioné las rodillas y me agaché, puse los brazos pegados al cuerpo y como un rayo visto y no visto bajé dejando atrás a mi padre, que me decía que vigilara. Pero yo no tenía miedo, me sentía libre, libre como un pájaro en el cielo que vuela sin ruta aparente.
Mi sueño de ir a la nieve y aprender a esquiar se había hecho realidad. Tanto tiempo escuchando historias de mis padres, y ahora podíamos compartir ese sentimiento de libertad que sentimos al deslizarnos suavemente por el camino blanco que ha dejado la montaña para abrirnos paso.
Aun hoy, diez años más tarde, me sigue apasionando la idea de subir a mis esquís o a la tabla de snow, para disfrutar de ese placer que nadie me puede arrebatar, el sentirme LIBRE.   

Carla Pallarés



La primera vez que evité un robo

2011-10-15T21:37:27.660+02:00


Siempre me he sentido incómodo en el tren que va al aeropuerto, porque recuerdo lo que a menudo dicen en las noticias sobre los robos masivos en Barcelona.
Si no recuerdo mal, tendría unos catorce años cuando regresaba con mis padres del viaje a Tailandia.
Yo volvía algo nervioso porque teníamos que coger el tren cargados de maletas y mochilas y porque éramos el blanco perfecto para los ladrones, sobre todo mi madre que es la más confiada y la que más carga llevaba.
Cuándo subíamos al tren eché una ojeada a mi madre y vi que una chica mulata le ayudaba a subir el equipaje al tren. En cuanto se puso en marcha, mi madre se cogió al agarrador rojo para no caer y, justo en ese momento, vi cómo la misma chica se le acercaba por detrás con una toalla colgando del brazo. Entonces recordé algunas técnicas de robo que vi por la tele. Una de ellas consistía en llevar un periódico encima del brazo cubriendo la mano contraria.
Justo después, la chica empezó a abrir la mochila de mi madre y rápidamente me adelanté a sus movimientos y retiré su mano de la mochila. La pillé con las manos en la masa. Mi padre la insultó y la chica se puso a llorar, aunque todos sabíamos que esas eran lágrimas de cocodrilo.
A pesar de que no consiguió robar nada, se bajó tan tranquila en la siguiente parada, y yo me sentí frustrado porque nadie le paró los pies, aunque al mismo tiempo pensé que pocos chicos a mi edad habrían hecho algo así.

Nil Ramos



La primera vez que jugué al tenis

2011-10-15T21:37:16.543+02:00


Tenía doce años y quería practicar un deporte. No me gustaba ni el fútbol ni el baloncesto, los deportes favoritos de la mayoría de mis amigos. Decidí apuntarme a uno que siempre me había llamado la atención. Escogí el tenis. En ese momento, me parecía una actividad adecuada para mí. El día que me apunté, fui a equiparme con todo lo necesario para mi debut. Lo que me hizo más ilusión comprar, fue una raqueta de la misma marca que la que utilizan los jugadores profesionales.
A la mañana siguiente, cuando entré en la pista me imaginé que estaba compitiendo en un gran torneo contra mi gran ídolo del momento: Roger Federer.  Pero el saludo del entrenador me hizo bajar de las nubes. Después de las presentaciones, empecé a jugar con ilusión. Esa fue mi primera vez.
Más tarde, me daría cuenta de que este sería mi deporte favorito, que aún sigo practicando el día de hoy, aunque he comprobado que para llegar a ser un campeón, como mi ídolo, necesitaré mucho entrenamiento y esfuerzo.

Marc Serra



Mi primer examen de ballet

2011-10-15T21:41:45.118+02:00


Era un día como cualquier otro. Me desperté antes de escuchar el despertador. Me vestí e hice la mochila, no la misma que hacía cada día para ir a la escuela, sino la de ballet. Fui hacia la estación de tren con mi hermana, y allí nos encontramos con nuestra profesora de clásico. Fuimos en dirección a Barcelona. El viaje fue largo, pero debido a los nervios, me lo pareció más. El motivo de ese viaje era mi primer examen de ballet profesional.
Había hecho otros exámenes de ballet, pero no como este. No tenían el nivel, la dificultad ni la importancia que la prueba que horas después iba a realizar. También era el primero que hacia fuera de mi escuela y de mi pueblo.
En el tren anunciaron Barcelona Sants, nuestra parada. Me levanté y esperé a que el pelotón de gente que esperaba para salir, circulara con normalidad y así evitar empujones innecesarios. Empecé a caminar hacia la puerta, mi hermana y mi profesora aun estaban cogiendo las cosas, cuando sonó el pitido de la puerta que anunciaba su cierre. Sabía que si dejaba que se cerrasen perderíamos la parada y no llegaría a tiempo a mi examen, así que me apresure hacia la puerta, me quedé en medio y la puerta me atrapó y aplastó como si fuera un papel. No pudo ser mejor día para que me pasara. Rápidamente, ellas abrieron las puertas, salimos de la estación y nos dirigimos hacia la escuela donde se realizaban ese día. Cuando llegué, me comunicaron que llegaba tarde y me cambié apresuradamente. Mi profesora me hizo el moño y fui hacia la sala donde calentábamos.
Allí mis nervios aumentaron, no solo porque quedaban pocos minutos para entrar en la sala, sino también porque me acababa de enterar de que las otras bailarinas que se examinaban conmigo y a las que no conocía, tenían tres y cuatro años más que yo. Eso significaba que me tocaba ser la primera en la barra y en los ejercicios individuales. A todo esto tenía que añadirle que entraba con un esguince de tobillo, tendinitis crónica en las dos rodillas y capsulitis en el pulgar derecho. Esto último hacia un día que me había sucedido.
Cuando empezó, todo fue bien hasta que llegó el apartado de puntas. Sin darme cuenta, me puse las puntas al revés, e hice el resto del examen así.
Salí satisfecha y feliz de esa sala, aunque debido a mis lesiones no realicé el examen con el nivel que tenía. Sin embargo, fue suficiente para sacar buena nota.

Anna Vilche



La primera vez que visité Italia

2011-10-15T01:33:56.157+02:00




Me acuerdo como si fuera ayer de la primera vez que viajé a Italia. Estaba en cuarto de primaria. Sólo debía esperar hasta las doce de la mañana y mi madre me recogería del colegio para embarcarnos en un viaje que nunca olvidaríamos. Era primavera, lo sé porque las flores en el patio de la escuela acababan de florecer. Su olor dulce, casi empalagoso, flotaba en el aire. Colores que brotaban de una tierra de apariencia yerma. Esas eran las mismas flores que solíamos coger y dar a las chicas que nos gustaban. Con cierta  torpeza al andar y rojos como tomates, nos armábamos de valor para ofrecerles el obsequio.
Llegamos al aeropuerto, y sólo podía pensar en los canales, en los troncos que sujetaban secretamente la mágica ciudad, las obras de los más célebres pintores renacentistas, el Campanille, el Palazzo Ducale, la ‘apalomada’ Piazza de San Marcos… Recuerdo mirar la pantalla de la puerta de embarque “Venezia 16:45”. Atosigué a mi madre con preguntas sobre la ciudad, la arquitectura y las obras que ésta guardaba. Creo que no paré de preguntar hasta que aterrizamos.
Salí del avión y respiré. ‘¡Esto es aire italiano!’ me dije para mis adentros. Debíamos llegar a la ciudad en bus. Gocé del paisaje, saboreando cada imagen. Vi un restaurante de pizzas en un pueblo por el que pasamos, y siempre recordaré la pregunta que me hice: ‘¿Cómo llamarían los italianos a un restaurante italiano?’. Lo pienso ahora y sonrío. Estaba tan lleno de curiosidad, algo que no ha cambiado con el paso de los años.
 Cuando llegamos a la ciudad divisamos el Gran Canal, y subimos al Vaporetto. Y maravillados por la puesta de sol que bañaba la vieja ciudad de un fulgurante color naranja, navegamos hacia nuestro nuevo destino. Crucé una mirada fugaz con mi madre y sonreímos. Venecia nos estaba dando la bienvenida.

Patrik Köspel



La primera vez que acudí a un entierro

2011-10-15T01:43:59.606+02:00


La  primera vez que acudí a un entierro fue a los 13 años, cuando yo iba a 2º de la ESO. Había fallecido mi abuelo y yo, no estaba triste, probablemente debido a que nunca lo había conocido muy bien, ya que sufrió enajenación durante sus últimos años.
Ese día, y aunque la misa era por la tarde, mis hermanos y yo no fuimos ese mañana al colegio, ya que mi madre decía que era un signo de respeto. La ceremonia se celebraba en una iglesia de ELS PINS, el barrio donde había habitado prácticamente toda su vida.
Cuando nos acercamos con el coche, vi a un grupo de personas esperando en la puerta, muchas de ellas vestidas de un color más bien oscuro. Apenas puedo recordar nada de lo que dijo el cura durante la ceremonia, solo sé que en aquel momento yo quería volver a mi casa y hacer como si nada hubiera ocurrido. Cuando acabó, y mientras nos dirigíamos  al cementerio, empezó a llover. Durante todo el día había estado nublado, pero no fue hasta aquel momento que empezó a gotear, como si de un mal augurio se tratara.
Una vez en el cementerio llevaron el féretro a la tumba. Me sorprendió no ver ni un solo rostro de tristeza, todos exhibían solemnidad. Cuando llegamos e introdujeron el ataúd en el nicho, un albañil empezó a tapiarlo con ladrillos, mientras los familiares se lo miraban con resignación. Yo fui a dar una pequeña vuelta por aquel lugar que para mí era nuevo. Al acabar, nos despedimos y nos fuimos a casa con total normalidad.
Ahora, unos años después, y cuando miro hacia atrás, solo me gustaría cambiar una cosa, la fecha. Porque hay cosas que cuando más tarde las hagas, mejor.

Robert Gotarra



La primera vez que dormí fuera de casa

2011-10-15T01:36:19.852+02:00




Ni el ruido de los pájaros, ni los primeros rayos del día conseguían despertarme. Podía pasarme toda la mañana durmiendo. Siempre me había gustado mucho dormir.  Me encantaba soñar. Me parece que era el momento del día que más me gustaba, hasta que llegó la primera vez que dormí fuera de casa.
 Tenía unos cinco años y mis padres se iban una semana a Sevilla. Me dejaron junto a mi hermano en casa de mis abuelos maternos. Hubiera preferido quedarme en casa de mis tíos, pues seguramente ahora no recordaría la primera vez.
Yo dormía en la que fue la habitación de mi madre, y no mucho más tarde de las 21:00 ya me encontraba allí, tumbada en esa cama que no se parecía para nada a la mía. El colchón era más blando que el mío; en cambio, la almohada, más dura. La cama no tocaba ninguna de las dos paredes laterales, y eso me provocaba inseguridad Me encantaba dormir con el cuerpo pegado a la pared. Estaba muy incómoda, pero pensé que me dormiría enseguida y podría sumergirme en el mundo de la fantasía que tanto me gustaba.
Estaba todo oscuro. Me daba miedo. En mi casa, siempre dejábamos la luz del baño abierta y la puerta casi cerrada. Me imaginé que alguien podía estar a mi lado o en la puerta, observándome, quieto y sin hacer ruido. Yo no paraba de dar vueltas y  de moverme en la cama. Me arropaba y abrazaba muy fuerte a mi perrito preferido de peluche. Seguramente sin él ya estaría llorando. La situación me superaba. Llamaba a mi abuela, pero nadie respondía. Era como si el mundo se hubiera parado para mí, o para el resto del mundo.
El ruido de los pájaros y los primeros rayos del día consiguieron despertarme.

Julia Ibáñez





Mi primera vez por las nubes

2011-10-15T01:13:13.669+02:00

Hacía un sol radiante que era capaz de calentar hasta las esquinas más recónditas del mundo. Era principios de agosto, es decir, época del año en la que no tienes preocupaciones ni obligaciones. Dicho de otra manera, la época del año en la cual eres más feliz. Eso conlleva, casi siempre, estar de vacaciones e irte  de viaje. Mis padres y yo solíamos ir a la montaña, cansados de tanto mar, a pasar unas vacaciones para llevar el estrés allí y traer aquí un poco de relax y paz. Casi siempre lo conseguíamos, pese a que sólo duraban un par de semanas. Pues bien, aquel año no fue igual a todos los demás, no. Aquel año decidimos irnos a ver mar, otro mar. Un mar por el cual habían pasado los ojos de varios de mis tíos y de muchos amigos de la familia que siempre nos recomendaban ir a verlo. Y así fue, mis padres y yo cogimos las maletas rumbo a Tenerife.  La isla esperada, la isla de nuestros sueños. Ir a Tenerife supone coger un barco o un avión. Y sí, éste es el relato de mi primera vez en avión. Medio dormida y con el desayuno aún bajando por el esófago,  me vi sentada en el asiento trasero del coche en dirección al aeropuerto de Barcelona. En el transcurso del camino, como era de esperar, me quedé profundamente dormida. Una vez en el aeropuerto, nos dirigimos a una cabina donde una señorita, con su nombre escrito en un cartel, nos daba las indicaciones necesarias para facturar nuestro equipaje y, más tarde, poder despegar.  Tras tres horas sentados esperando a que avisaran por megafonía nuestro vuelo, al fin, escuchamos la voz que nos puso en pie para dirigirnos al avión.  He de confesar que estaba muy nerviosa y asustada, ya que una muchedumbre se precipitaba para pasar un control de seguridad, en el cual había dos policías con cara de pocos amigos.  Una vez dentro del avión, por ese pasillo minúsculo, no paraban de pasar las azafatas, de un lado a otro, lo cual me ponía aún más nerviosa. “Abróchense los cinturones” las tres palabras mágicas, que eran la señal del despegue. Tres, dos, uno… ya está, no hay marcha atrás, ya estábamos en el aire. Dos minutos más tarde, el avión sobrevolaba la ciudad condal con un único destino: Tenerife.Meritxell Albertí[...]



Crucipresentaciones

2011-10-15T18:51:51.425+02:00

crucipresentaciones_ALUMNOS class="scribd_iframe_embed" src="http://www.scribd.com/embeds/67084682/content?start_page=1&view_mode=list&access_key=key-20e94clyaeysv1yw2xsa" data-auto-height="true" data-aspect-ratio="0.772727272727273" scrolling="no" id="doc_28356" width="100%" height="600" frameborder="0">



Abecegramas

2010-12-02T19:17:57.129+01:00

Los alumnos de 2º de ESO A hemos escrito nuestros abecegramas. A ver si adivinas quién se esconde detrás de estos cinco:1. A. Amigable a veces, afectuoso de vez en cuando, antojadizo siempre.B. Bromista cuando me da la gana.C. Cinéfilo muy poco, curioso mucho y cocinillas cuando me obligan. Chileno me siento a veces.D. Desprendido por obligación, dialogante cuando no hay nada que hacer.E. Expresivo, estudioso. Pero en mates, no.F. Familiar. Feliz cuando estoy satisfecho.G. Generoso cuando me lo puedo permitir.G. Impuntual casi siempre. Inquieto en clase. Internauta.J. Joven por edad, más que nada.L. Loco, casi siempre.M. Malo, a veces morboso.N. Navegante en Internet, no en la mar.O. Optimista casi siempre. Orgulloso.P. Pesado todo el rato.Q. QuejicosoR. RetorcidoT. TristeV.Videoaficionado_________________________________________________________2. Amigable, con mis compañeros.Buena con la personas.Comprensiva siempre, celosa a veces.Dulce con mis amigas.Enamoradiza con los que me gustan.Firme con mis opiniones.Graciosa siempre.Honrada si me conoces bien.Iberoamericana.Juvenil ahora.Lenta cuando quiero.Mandona, aunque ya no tanto.Noble de toda la vida.Observadora con las cosas que me interesan.Pesada, suelo ser pesada cuando me aburro o no tengo nada que hacer.Quisquillosa, cuando se meten conmigo.Ruidosa, suelo ser ruidosa cuando voy por la calle o cuando estoy sola en casa.Sensible, con algunas cosas que me dicen.Tardona, casi siempre llego tarde al instituto.Uruguaya desde que nací.Valiente, casi siempre.Xenófoba jamásYeísta, de toda la vida.Zalamera, cuando quiero algo importante.__________________________________________________3. A: Alegre con los conpañerosB: Bromista con la genteC: Cariñoso conla familiaD: Dulce con la genteE: elegante en las fiestasF: Fotogénico en las fotosN: negativo con la genteP: pequeño de alturaT: FuTbolero en el patioU: Útil en casa___________________________________________________4.. Amable con todos. Bromista algunas veces. Cariñosa siempre. Detallista con mi familia y amigos. Estudiosa cuando quiero. Feliz siempre. Generosa cada dia. Habladora cuando me aburro.. Inquieta cuando no hago nada.. Joven hasta hora. K. Lista cuando quiero. Mandona cuando tengo un mal dia.. Nerviosa cuando tengo exámenes u otras obligaciones.. Ñoña en el amor. Ordenada en todo. Pesimista en todo momento.. Quejica cuando no quiero algo.. Responsable cuando me mandan a un trabajo.. Sociable con toda la gente. Triste cuando me siento sola.. Única en todo. Vacilona con la gente que se lo merece._____________________________________________5.Amable con todo el mundo.Bromista con los que confío.C celosa según la situaciónDulceEstudiante. Estudiosa, no mucho.Fiestera cuando me degan salir.Graciosa con los amigosHabladora. Siempre estoy hablando.Impaciente Lo quiero todo al momento.   JovenK....LocaMandona cuando quiero algo y los demás no lo hacen. Nerviosa.  Sí,  siempre.Ñoña ....Ordenada, sí.Pesimista,  a menudoQuejica, un pocoResponsable con mis obligacionesSociable.  Intento hablar con todo el mundo.Triste quando pienso cosas que he vivido con alguienUnica creo que soy unicaVacilona ...W..X...Y...Z..  [...]



Instrucciones para mocarse

2009-04-26T21:36:07.330+02:00

Estas instrucciones han sido creadas únicamente para satisfacer las necesidades de las personas y acabar con la incomodidad producida en la zona nasal a causa de una sustancia viscosa llamada ‘moco’.

Para acabar con los mocos, necesitaremos un objeto cuadrado, preferentemente hecho de papel, al que llamaremos pañuelo. Con él, impediremos el uso de los dedos para llevar a cabo la acción de mocarse.

En primer lugar, desplegaremos el pañuelo y lo colocaremos abierto sobre la palma de la mano. Seguidamente, cogeremos aire por la nariz, y acercaremos la mano, con el pañuelo encima, a la nariz, hasta que la podamos rozar. Presionaremos las fosas nasales con las yemas de los dedos, al mismo tiempo que expulsamos el aire por la nariz con fuerza. Realizaremos esta acción tres o cuatro veces, depende del estado del pañuelo, y luego lo plegaremos meticulosamente para poder usarlo otra vez. La acción de mocarse finalizará cuando ya no notemos incomodidad en la zona nasal.


Marina Serra




¿Cómo encender un ordenador?

2009-05-01T13:01:45.068+02:00

Si usted sabe encender un ordenador no le hace falta ver este vídeo. Si usted tiene un ordenador portátil o de juguete no le servirá de nada este vídeo.

LE HARÁ FALTA:

1. Un ordenador con todas las partes

2. Una pastilla relajante

3. Electricidad

4. La Puça (publicitat amb traça)

5. Un dedo

1.Ir al lugar donde está situado el ordenador y visualizar la torre (o monitor)

2.Comprobar que el ordenador esté correctamente enchufado a la electricidad y dirigirse directamente a la torre o monitor.

3.Visualizar el botón normalmente poligonal, que seguramente se encuentra en la parte baja de la torre (o monitor).

Cuando llegue usted a este tramo del vídeo necesitará un dedo para poder seguir con su meta.

¿Ha localizado el botón? Pues vale, seguimos.

4.Con el dedo de la mano dirigirse sigilosamente al botón que seguramente se encuentra a la parte baja de la torre y presionarlo suavemente durante unos breves 3 o 4 segundos (no horas).

Cuando usted note que la luz del botón se ilumina, LE HABRÁ SERVIDO DE ALGO ESTE VÍDEO, pero si no es así, puede tener algunos de estos problemas:

* Puede que tenga un ordenador de la época de la "María Castaña".

* A lo mejor es de la tienda del todo a cien, o es de papel y se lo ha hecho su hijo.

* ¿Podría ser que el ratón se moviera? Si es que sí, ya tiene cena.

* O puede ser simplemente que usted sea tonto y haya presionado el botón del DVD.

Muy bien ahora ya sabe cómo encender un ordenador.

Necesitará un ordenador encendido para poder ver este vídeo.


Podéis ver el vídeo, pinchando aquí.


Ció Aragonés
Robert Gotarra



¿Cómo bailar Jumpstyle

2009-04-19T23:42:28.779+02:00

Hola a todos, hoy mi compañera Leandra y yo, Laia, os vamos a enseñar Duo-Jump, que es Jumpstyle pero en pareja. Bueno, antes de empezar con la coreografía os explicaremos un poco en què consiste el Jumpstyle. El Jumpstyle es un tipo de baile que se practica en la calle o en las discotecas. La música es como la de Tecktonik. El Jumpstyle se baila dando pequeños saltitos y dando golpes fuertes en el suelo al compàs de la música. Se baila solo con los pies. Nosotras lo que hemos hecho es aprendernos la base de este estilo y luego una vez con la base hemos montado una breve coreografía. Aquí os dejamos con una demostración.

Y ahora os enseñaremos los pasos:

Lo primero que hay que hacer es dar dos saltitos. Estos dos saltitos los tenéis que hacer con las rodillas flexionadas.

A continuación, con la pierna derecha golpeamos el pie del compañero por la parte interior. Recordad, siempre con las piernas flexionadas y todos los pasos siempre van acompañados de saltitos.

Seguidamente, hacemos lo mismo pero ahora con la pierna izquierda.

A continuación, pasamos la pierna izquierda por delante y cruzamos la pierna derecha por detrás para golpear el pie del compañero. Con la pierna izquierda , chocamos de nuevo al compañero, pero ahora le damos con la parte exterior del pie y seguidamente, volvemos con la pierna derecha a darle en la parte interior del pie del compañero y volvemos a hacer lo mismo con la pierna izquierda.

Esperamos que os haya quedado claro, si la respuesta es que no, ved de nuevo el vídeo.

Leandra Trenas

Laia Velasco

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Instrucciones para chutar una pelota

2009-09-14T10:22:18.493+02:00

Primer paso: El primer paso consiste en buscar un buen material.
Por ejemplo: un pantalón, una camiseta, unos calcetines, unas botas y una buena pelota de fútbol.

Segundo paso: Buscar un buen lugar donde aprender a chutar.
Por ejemplo: en el patio de casa (ojo con los cristales), la piscina de la comunidad (ojo con la maceta de la vecina) y el campo de fútbol del barrio.

Trecer paso: Hacer una portería con cualquier cosa. Por ejemplo: piedras, papeleras o prendas de ropa.

Después, calentar durante unas 2 horas, corriendo a tope.

Luego de realizar los pasos nombrados anteriormente, colocar el balón en un sitio plano y dar unos 35,5 pasos hacia atrás, correr sin tropezarse a la velocidad de la luz e inclinar la pierna derecha (o en el caso de ser zurdo, la izquierda) unos 40º hacia atrás.
Hacer fuerza hacia delante como si fueras a pegar a tu hermano pequeño, pero dale al balón. En el caso de que no le des a la pelota, la peor cosa que puede suceder es que se salga la bota y le des al portero. En ese caso, llama a la ambulancia. Como sé que no sabrás el número lo adjunto al final del texto.
Suerte chavalines. Si llevas gafas, recuerda quitártelas, aunque así no verás el número:000

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Manuel González
Víctor Pérez



¿CÓMO METERSE EN LA CAMA?

2009-09-14T10:23:39.674+02:00

Elementos necesarios

1-Una cama adecuada

2-Un dormitorio

3-Necesidad de dormir, descansar, relajarse o simplemente pasar el rato.

Para poder meterse adecuadamente en la cama deberá seguir los siguientes pasos:


Instrucciones

-En primer lugar, sitúese en el lateral de la cama manteniendo una corta distancia (aproximadamente unos 23 centímetros) entre usted y la estructura que sirve de soporte al colchón.

-Después ,inclínese y extienda la mano cuidadosamente para agarrar la punta de la sábana, colcha, manta, edredón o funda nórdica situadas en la parte saliente del somier para poder retirarlas hasta situarlas en la parte inferior, en el extremo opuesto de donde se encuentra ubicada la almohada.

-A continuación, apóyese unos instantes en la estructura rígida que se adosa a la pared, en la parte superior de la cama.

-Seguidamente, Sitúese de espaldas donde se encuentra la cama, incline parcialmente las piernas y déjese caer hasta conseguir posicionarse de una manera correcta y confortable para poder sentarse encima del colchón.

-En cuanto esté sentado, gire el cuerpo en un ángulo de 90º grados mientras permanece en la misma postura.

-Más tarde, extienda las piernas situándolas debajo de las cubiertas y posando la cabeza en la parte superior de la almohada ubicada en el colchón.

-Acto seguido, mientras permanece tendido en la cama eleve la espalda y extienda ambas manos para agarrar el extremo de la sábana mientras desciende enérgicamente para recuperar la posición.

-Finalmente, cúbrase mientras permanece tendido.




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Jesús Cruz
Nil Ramos