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Last Build Date: Sat, 18 Nov 2017 19:34:20 +0100

 



EL LADRÓN __ GUY DE MAUPASSANT

Sun, 08 Apr 2012 12:22:30 +0200

http://unpocodetodo2008.blogspot.com/2008/05/el-ladrn-guy-de-maupassant.html EL LADRÓN __ GUY DE MAUPASSANT EL LADRÓN GUY DE MAUPASSANT_—Si se lo cuento, no me van a creer.—Cuéntelo de todos modos.—Lo haré. Pero antes desearía dejar bien sentado que mi historia es verdadera en todos sus puntos, por más inverosímil que parezca. Sólo los pintores no se sorprenderían, especialmente los viejos, porque han conocido esa época en que el espíritu burlón prevalecía de tal modo que estaba presente aun en las circunstancias más graves.Y el viejo artista se sentó a horcajadas en una silla.Esto ocurría en el comedor de un hotel de Barbizon.El artista continuó:—Esa noche habíamos cenado en la casa del pobre Sorieul, ya fallecido, el más entusiasta de todos. Éramos sólo tres: Sorieul, yo y Le Poittevin, creo; pero no me atrevo a afirmar que fuera él. Hablo, claro está, del pintor de marinas, Eugéne Le Poittevin, muerto también, y no del paisajista, sibarita y lleno de talento.»Decir que habíamos cenado en casa de Sorieul, significa que todos estábamos un poco ebrios. Sólo Le Poittevin había conservado su cordura, algo enturbiada es cierto, pero todavía lúcida. Entonces éramos jóvenes. Echados sobre la alfombra, discutíamos sobre toda clase de temas en la pequeña habitación que lindaba con el estudio del pintor. Sorieul, con la espalda en el suelo y las piernas sobre una silla, hablaba de batallas, discutía acerca de los uniformes del Imperio; súbitamente se puso de pie, sacó del gran armario de accesorios un traje completo de húsar, y se vistió con él. Después conminó a Le Poittevin a vestirse de granadero. Como éste se resistiera, lo acorralamos y, después de haberlo desvestido, lo introdujimos en un inmenso uniforme, en el que casi desapareció.»Yo mismo me disfracé de coracero. Y Sorieul nos mandó hacer un ejercicio complicado. Después gritó:»—Ya que esta noche somos veteranos, bebamos como veteranos.»Preparamos un ponche que fue encendido y bebido; luego, por segunda vez, la llama se elevó sobre la vasija llena de ron. Y cantamos a plena voz antiguas canciones, canciones que hace muchos años entonaban los viejos soldados del ejército.»De pronto Le Poittevin, que a pesar de todo era dueño de sí, nos hizo callar; después de un silencio que duró algunos instantes, dijo a media voz:—Estoy seguro de que alguien está andando por el taller.»Sorieul se puso de pie como pudo y gritó:—¡Un ladrón! ¡Qué oportunidad! —y en seguida comenzó a cantar La Marsellesa.»Después se precipitó sobre una panoplia y nos armó, según correspondía a nuestros uniformes. A mí me tocó una especie de mosquete y un sable; Le Poittevin recibió un gigantesco fusil con bayoneta, y Sorieul, no encontrando lo que necesitaba, cogió una pistola de fuste que deslizó en su cintura, y comenzó a blandir un hacha de abordaje. Luego abrió con precaución la puerta del altillo y el ejército entró en el territorio sospechoso.»Cuando llegamos al centro de la vasta habitación, repleta de telas inmensas, de muebles, de objetos curiosos e inesperados, Sorieul nos dijo:»—Yo me nombro general. Celebremos un consejo de guerra. Tú, el coracero, cortarás la retirada del enemigo, es decir, cerrarás con llave la puerta. Tú, el granadero, serás mi escolta.»Ejecuté la orden recibida; después, me reuní con el grueso de las tropas, que efectuaba un reconocimiento.»En el momento en que iba a unirme a ellos detrás de un gran biombo, estalló un enorme estruendo. Me lancé hacia allí, llevando una vela en la mano. Le Poittevin acababa de atravesar, de un golpe de bayoneta, el pecho de un maniquí al cual Sorieul cortó la cabeza a hachazos. Una vez reconocido el error, el general ordenó:»—Seamos prudentes —y las operaciones recomenzaron.»Después de veinte minutos habíamos registrado todas las esquinas y rincones del altillo, sin éxito; entonces, Le Poittevjn tuvo la idea de abrir un inmenso ropero. Era oscuro y profundo; yo estiré el brazo con que sostenía la luz [...]



La chica más guapa de la ciudad

Fri, 16 Apr 2010 01:49:55 +0200

     La chica más guapa de la ciudadCharles BukowskiCass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no las sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: "No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas... todo fachada y nada dentro..." Tenía un carácter rayando la locura; Un carácter que algunos calificaban de locura.Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía por el contrarío, realzarla.Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto.- ¿Tomas algo?- Claro, ¿Por qué no?No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión, Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.- ¿Crees que soy bonita?- preguntó.- Sé, desde luego. Pero hay algo más... algo más que tu apariencia...- La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita?- Bonita no es la palabra, no te hace justicia.Buscó en su bolso. Creía que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentía repugnancia y horror.Ella me miró y se echó a reír.- ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, i[...]



EL GRAN INQUISIDOR

Mon, 12 Apr 2010 16:07:57 +0200

EL GRAN INQUISIDORFIODOR DOSTOIEVSKI http://bloodgothic.blogspot.com Han pasado ya quince siglos desde que Cristo dijo: "No tardaré en volver. El día y la hora, nadie, ni el propio Hijo, las sabe". Tales fueron sus palabras al desparecer, y la Humanidad le espera siempre con la misma fe, o acaso con fe más ardiente aún que hace quince siglos. Pero el Diablo no duerme; la duda comienza a corromper a la Humanidad, a deslizarse en la tradición de los milagros. En el Norte de Germania ha nacido una herejía terrible, que, precisamente, niega los milagros. Los fieles, sin embargo, creen con más fe en ellos. Se espera a Cristo, se quiere sufrir y morir como Él... Y he aquí que la Humanidad ha rogado tanto por espacio de tantos siglos, ha gritado tanto "¡Señor, dignáos, aparecérosnos!", que Él ha querido, en su misericordia inagotable, bajar a la tierra.Y he aquí que ha querido mostrarse, al menos un instante, a la multitud desgraciada, al pueblo sumido en el pecado, pero que le ama con amor de niño. El lugar de la acción es Sevilla; la época, la de la Inquisición, la de los cotidianos soberbios autos de fe, de terribles heresiarcas, ad majorem Dei gloriam.No se trata de la venida prometida para la consumación de los siglos, de la aparición súbita de Cristo en todo el brillo de su gloria y su divinidad, "como un relámpago que brilla del Ocaso al Oriente". No, hoy sólo ha querido hacerles a sus hijos una visita, y ha escogido el lugar y la hora en que llamean las hogueras. Ha vuelto a tomar la forma humana que revistió, hace quince siglos, por espacio de treinta años.Aparece entre las cenizas de las hogueras, donde la víspera, el cardenal gran inquisidor, en presencia del rey, los magnates, los caballeros, los altos dignatarios de la Iglesia, las más encantadoras damas de la corte, el pueblo en masa, quemó a cien herejes. Cristo avanza hacia la multitud, callado, modesto, sin tratar de llamar la atención, pero todos le reconocen.El pueblo, impelido por un irresistible impulso, se agolpa a su paso y le sigue. Él, lento, una sonrisa de piedad en los labios, continúa avanzando. El amor abrasa su alma; de sus ojos fluyen la Luz, la Ciencia, la Fuerza, en rayos ardientes, que inflaman de amor a los hombres. Él les tiende los brazos, les bendice. De Él, de sus ropas, emana una virtud curativa. Un viejo, ciego de nacimiento, sale a su encuentro y grita: "¡Señor, cúrame para que pueda verte!" Una escama se desprende de sus ojos, y ve. El pueblo derrama lágrimas de alegría y besa la tierra que Él pisa. Los niños tiran flores a sus pies y cantan Hosanna, y el pueblo exclama: "¡Es Él! ¡Tiene que ser Él! ¡No puede ser otro que Él!"Cristo se detiene en el atrio de la catedral. Se oyen lamentos; unos jóvenes llevan en hombros a un pequeño ataúd blanco, abierto, en el que reposa, sobre flores, el cuerpo de una niña de diecisiete años, hija de un personaje de la ciudad.–¡Él resucitará a tu hija! –le grita el pueblo a la desconsolada madre.El sacerdote que ha salido a recibir el ataúd mira, con asombro, al desconocido y frunce el ceño.Pero la madre profiere:–¡Si eres Tú, resucita a mi hija!Y se posterna ante Él. Se detiene el cortejo, los jóvenes dejan el ataúd sobre las losas. Él lo contempla, compasivo, y de nuevo pronuncia el Talipha kumi (Levántate, muchacha).La muerta se incorpora, abre los ojos, se sonríe, mira sorprendida en torno suyo, sin soltar el ramo de rosas blancas que su madre había colocado entre sus manos. El pueblo, lleno de estupor, clama, llora.En el mismo momento en que se detiene el cortejo, aparece en la plaza el cardenal gran inquisidor. Es un viejo de noventa años, alto, erguido, de una ascética delgadez. En sus ojos hundidos fulgura una llama que los años no han apagado. Ahora no luce los aparatosos ropajes de la víspera; [...]



AIRE FRIO

Sat, 03 Apr 2010 08:27:37 +0200

 HOWARD PHILLIPS LOVECRAFTAIRE FRIOMe pides que explique por qué siento miedo de la corriente de aire frío; por quétiemblo más que otros cuando entro en un cuarto frío, y parezco asqueado yrepelido cuando el escalofrío del atardecer avanza a través de un suave díaotoñal. Están aquellos que dicen que reacciono al frío como otros lo hacen almal olor, y soy el último en negar esta impresión. Lo que haré está relacionadocon el más horrible hecho con que nunca me encontré, y dejo a tu juicio si éstaes o no una explicación congruente de mi peculiaridad.Es un error imaginar que ese horror está inseparablemente asociado a laoscuridad, el silencio, y la soledad. Me encontré en el resplandor de mediatarde, en el estrépito de la metrópolis, y en medio de un destartalado y vulgaralbergue con una patrona prosaica y dos hombres fornidos a mi lado. En laprimavera de 1923 había adquirido un almacén de trabajo lúgubre edesaprovechado en la ciudad de Nueva York; y siendo incapaz de pagar unalquiler nada considerable, comencé a caminar a la deriva desde una pensiónbarata a otra en busca de una habitación que me permitiera combinar lascualidades de una higiene decente, mobiliario tolerable, y un muy razonableprecio. Pronto entendí que sólo tenía una elección entre varias, pero después deun tiempo encontré una casa en la Calle Decimocuarta Oeste que me asqueabamucho menos que las demás que había probado.El sitio era una histórica mansión de piedra arenisca, aparentemente fechada afinales de los cuarenta, y acondicionada con carpintería y mármol quemanchaba y mancillaba el esplendor descendiendo de altos niveles de opulentobuen gusto. En las habitaciones, grandes y altas, y decoradas con un papelimposible y ridículamente adornadas con cornisas de escayola, se consumía undeprimente moho y un asomo de oscuro arte culinario; pero los suelos estabanlimpios, la lencería tolerablemente bien, y el agua caliente no demasiadofrecuentemente fría o desconectada, así que llegué a considerarlo, al menos, unsitio soportable para hibernar hasta que uno pudiera realmente vivir de nuevo.La casera, una desaliñada, casi barbuda mujer española llamada Herrero, no memolestaba con chismes o con críticas de la última lámpara eléctrica achicharradaen mi habitación del tercer piso frente al vestíbulo; y mis compañeros inquilinoseran tan silenciosos y poco comunicativos como uno pudiera desear, siendomayoritariamente hispanos de grado tosco y crudo. Solamente el estrépito delos coches en la calle de debajo resultaban una seria molestia.Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño.Un anochecer, sobre las ocho, oí una salpicadura sobre el suelo y me alertó deque había estado sintiendo el olor acre del amoniaco durante algún tiempo.Mirando alrededor, vi que el techo estaba húmedo y goteante; aparentemente lamojadura procedía de una esquina sobre el lado de la calle. Ansioso por detenerel asunto en su origen, corrí al sótano a decírselo a la casera; y me aseguró queel problema sería rápidamente solucionado.El Doctor Muñoz, lloriqueó mientras se apresuraba escaleras arriba delante demí, tiene arriba sus productos químicos. Está demasiado enfermo para medicarse - cadavez está más enfermo - pero no quiere ayuda de nadie. Es muy extraña su enfermedad -todo el día toma baños apestosos, y no puede reanimarse o entrar en calor. Se hace suspropias faenas - su pequeña habitación está llena de botellas y máquinas, y no ejercecomo médico. Pero una vez fue bueno - mi padre en Barcelona oyó hablar de él - y tansólo le curó el brazo al fontanero que se hizo daño hace poco. Nunca sale, solamente altejado, y mi hijo Esteban le trae comida y ropa limpia, y medicinas y productosquímicos. ¡Dios [...]



DEFINICIONES DE DEMONIOS

Mon, 15 Mar 2010 16:59:25 +0100

Categoría:Demonios D Dioses destructores Ángeles caídos AAamon Abadón Abere Abrahel Abraxas Agares Alal Alastor (mitología) Alauwaimis Alocer Alû Amdusias Amon (demonio) Andras Andrealphus Andromalius Anexo:Nomenclatura satánica Añá Apofis (mitología) Araziel Ariel (demonio) Arioch Asmodeo Astaroth Asura (hinduismo) Aswang Azazel Azi DahakaBBaal Bael Balam (demonio) Balay (mitología) Balberith Balí Baphomet Barbatos Barbiel Bathin Batin Behemot Belcebú Beldam Beleth Belfegor Belial Benthameleón Beret-seri Berith Bhasmāsura Bifrons Botis Buer BuneCCaim CimejesC (cont.)CurspiDDagón Dantalion Decarabia Diablo (mitología) Diablo CojueloEEdimmu Ekwensu EligosFFocalor Foras Forneus Furcas FurfurGGaap Gallu Glasya-Labolas Gremory Grigori Gualicho Guayota GusionHHaures Hun-CaméIImdugud Íncubo IposJJirania Kashipú JumbeeKKachpik Kamsa Kingu Kiskill-lilla Kúbera KumbhakarṇaLLamashtu Leraje Leviatán Lilim Lucifer Lucífago RofacaleMMaboya Mahiṣāsura Malphas Malthus (demonio) Mammon Mara (budismo) Marax Marbas Marchosias Mefistófeles Melek Taus Moloch Murmur (demonio)NNaamáN (cont.)Naberius Nala Nammá Nebiros Nergal Niká¹›iti Nirá¹›iti NisrochOOrobasPPaimon Pasittu Phenex Pishtako Preta Pruslas Purson PÅ«tanāRRahab (demonio) Rajú Raum Rāvaṇa Ronove Rāká¹£asaSSabnock Sallos Samigina Sariafing Satanachia Satanás Satariel Seir Semyazza Shax Sitri Stolas Súcubo SupayTTibicenas TzitzimimeUUtukku UvallVValefor Vapula Vassago Vepar Vine Volac Vucub Caquix Vucub-CaméWWekufeZZagan Zahhak Zepar Zipacnጌukra     [...]